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1 cm = 10 mm
Escribe un valor y la conversión de centímetro a milímetro se actualiza mientras tecleas. El factor es exactamente 10: eso es lo que corresponde en mm a 1 cm. El cálculo se hace en tu propio dispositivo; después de cargar, esta página no vuelve a consultar ningún servidor.
178 cm is 1780 mm
— una estatura bastante corriente.
30 cm is 300 mm
— una regla escolar.
21 cm is 210 mm
— el lado corto de un folio A4.
180 cm is 1800 mm
— el hueco de una puerta normal.
| cm | mm |
|---|---|
| 1 | 10 |
| 2 | 20 |
| 3 | 30 |
| 5 | 50 |
| 10 | 100 |
| 20 | 200 |
| 50 | 500 |
| 100 | 1000 |
Convertir cm a mm
El centímetro es la medida cotidiana: la estatura, la talla de ropa, el papel, los muebles. Es además la única unidad métrica sin equivalente anglosajón directo, y por eso se convierte tanto a través de ella.
El milímetro es la medida de los planos técnicos y las fichas de producto: un número entero de milímetros basta para casi todo lo que se fabrica a máquina, y no hay coma decimal que se pierda al copiar.
Pasar de centímetros a milímetros desplaza la coma 1 lugar hacia la derecha y no cambia nada más. No hay factor que recordar ni redondeo que decidir: las cifras siguen en el mismo orden y solo cambia su posición.
1234 cm son 12340 mm: las mismas cifras, corridas de sitio. Conviene saberlo porque es la única conversión que se comprueba de un vistazo — si las cifras del resultado no son las mismas con las que empezaste, lo que le ha pasado al número no ha sido esta conversión.
centi- y mili- no forman parte de la unidad: son multiplicadores puestos delante, y el mismo prefijo significa lo mismo en cualquier unidad en la que aparezca.
Aquí eso es una centésima de metro frente a una milésima de metro: 1 potencia de diez de distancia, y debajo de las dos está el mismo metro. La magnitud no cambia en nada; lo único que cambia es de cuántas en cuántas la vas contando.
Un plano de vivienda se acota casi siempre en centímetros, porque a esa escala los números caben en el papel y se leen de un vistazo. El taller que fabrica la ventana, la mampara o el frente de armario trabaja en milímetros enteros, porque su maquinaria se programa así. Entre los dos documentos hay una multiplicación por diez que nadie firma y que todo el mundo da por hecha.
La consecuencia práctica es que conviene escribir el número en las dos unidades cuando se envía: «218,5 cm = 2185 mm». No es redundancia, es la única forma de que un decimal perdido salte a la vista antes de que la pieza esté cortada. Un 2185 solo, sin su equivalente, no delata nada si en realidad debía ser 2815.
Ninguna abertura de obra es perfectamente cuadrada. Un hueco de ventana en una casa de veinte años se abre y se cierra unos milímetros de arriba abajo, y una encimera apoya contra paredes que no forman noventa grados. Por eso se mide el ancho arriba, en el centro y abajo, y el alto en los dos laterales y en el medio: son cinco números, no dos.
Con esos cinco números en milímetros la decisión es inmediata, porque la pieza tiene que pasar por el punto más estrecho. Se encarga el mínimo, no el promedio ni el que se midió primero. Si la diferencia entre el mayor y el menor pasa de unos ocho o diez milímetros, el problema ya no es de medida sino de qué tapajuntas o qué remate va a cubrir el hueco que queda.
Un pedido a medida no se devuelve: la pieza solo sirve para el hueco que se describió. Eso convierte el redondeo en una decisión asimétrica. Una pieza dos milímetros corta se disimula con silicona, con un junquillo o con un perfil; una pieza dos milímetros larga no entra, y no hay nada que hacer con ella salvo volver a cortarla si el material lo permite, cosa que el vidrio templado no permite.
La regla que sale de ahí es sencilla: se redondea hacia abajo y se descuenta además la holgura que el fabricante indique. Si el número medido es 1224,6 mm, se pide 1224 y no 1225. Los tres milímetros que parecen sobrar son exactamente lo que hace que la pieza entre sin forzar el día que la humedad ha hinchado el marco.
Quien diseña un folleto suele tener el documento en centímetros —un A4 es 21 × 29,7 cm— y la imprenta le pide tres milímetros de sangrado por cada lado y unos cinco de margen de seguridad hacia dentro. En centímetros esas cifras son 0,3 y 0,5, números incómodos que invitan a escribirlos mal. El archivo se prepara mejor cambiando la unidad del documento a milímetros y trabajando con enteros: 210 × 297, más 3 de sangre.
El sangrado no es un capricho del impresor. La guillotina tiene su propia tolerancia, de manera que el corte cae cerca de la línea prevista pero rara vez encima. Sin esos tres milímetros de imagen sobrante, un desplazamiento mínimo deja una raya blanca en el borde; con ellos, el corte se lleva material de sobra y no se nota nada.
Casi todos los fallos de esta conversión son de un cero, no de un decimal, y tienen una comprobación instantánea: un número de milímetros que describe algo doméstico tiene cuatro cifras y empieza por 1, 2 u 8 según de qué se trate. Una puerta ronda los 2000 mm de alto y los 800 de ancho; una encimera de cocina, 600 de fondo; un peldaño, 180 de tabica. Cinco cifras en un mueble significan que la coma se ha ido de sitio.
La segunda comprobación es al revés: se divide el número final entre 1000 y se lee en metros. 2185 mm son 2,185 m, y eso encaja con una puerta. Si el resultado son 21,85 m no hay que pensar dónde está el fallo, solo que existe. Las dos comprobaciones ocupan cinco segundos y se hacen antes de pulsar «enviar», no después.
En un tablero de melamina, DM o contrachapado el grosor forma parte del nombre comercial: 16, 19, 22 milímetros. Ese número es nominal, y la pieza que llega puede quedarse unas décimas por debajo o por encima según el lote y la humedad. Para un mueble no importa; para una ranura fresada a la medida exacta del tablero, sí, y ahí se mide la pieza que hay encima de la mesa en lugar de fiarse de la etiqueta.
Con el vidrio pasa lo mismo en la otra dirección: un vidrio «de 6» son 6 mm nominales y el laminado 3+3 acaba en unos 6,8 con la lámina intermedia. Si el perfil que va a recibirlo se eligió por el número del catálogo, conviene sumar el espesor real antes de encargar, porque un milímetro largo en el vidrio es un perfil que no cierra.
Si el proyecto va a generar más de tres o cuatro medidas que acabarán en un taller, sale más barato cambiar de unidad desde el principio. Las cintas métricas ya están marcadas en milímetros —las rayas pequeñas entre número y número son eso—, y anotar 1224 en lugar de 122,4 elimina de golpe toda una categoría de error sin ganar ninguna otra.
La excepción es cuando el número tiene que ser leído por alguien que no está en la obra. Para explicarle a un cliente el tamaño de una mesa, 180 × 90 cm se visualiza y 1800 × 900 mm no. Ahí la conversión no sobra: la nota va en centímetros y el pedido, en milímetros, sacado del mismo número una sola vez.
1 cm son 10 mm. El valor es exacto y no está redondeado: la equivalencia de centímetro a milímetro está fijada por definición.
No. El cálculo ocurre en tu navegador. Puedes desconectarte de internet y seguir calculando, que además es la forma más sencilla de comprobarlo.
Un mm son 0,1 cm. Es la misma relación leída al revés, así que un resultado de una página pasado por la otra tiene que volver al punto de partida.
Lo que esta página afirma sobre unidades de longitud se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.
El factor está en la página como una constante y el cálculo son cuatro operaciones. No se envía nada ni se espera a nada: lo que escribes no sale del navegador porque no existe ninguna petición en la que pudiera viajar.