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Aquí puedes convertir GZ a 7Z gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
GZ a 7Z
El momento que trae a la gente aquí es siempre el mismo. Llega un archivo llamado algo como `proyecto-4.2.tar.gz`, Windows no ofrece ninguna manera obvia de abrirlo, se instala un compresor y el resultado de descomprimirlo es un único archivo llamado `proyecto-4.2.tar`, que hay que descomprimir otra vez. No se ha roto nada ni has hecho nada mal: eso es literalmente lo que es el formato.
Del lado de Unix ese problema no existe, porque `tar xzf` hace las dos capas en un solo comando desde hace cuarenta años. Esta conversión está para el otro lado del intercambio: quien recibe una exportación de un servidor, un volcado de un proveedor o el código fuente de una herramienta y necesita encontrar dentro un archivo de configuración concreto sin montar un taller.
TAR agrupa y no comprime: escribe los miembros uno detrás de otro con una cabecera delante de cada uno donde constan el nombre, la ruta, el tamaño, los permisos y las fechas. No reduce ni un byte. Gzip hace lo contrario: comprime un único flujo y no tiene ningún campo donde anotar un nombre, una ruta ni un segundo miembro.
Ninguno de los dos está incompleto; se diseñaron para componerse, y de ahí viene la convención más duradera del mundo Unix. Un 7Z hace los dos trabajos en un solo formato: lleva un directorio de entradas con sus nombres y sus rutas, y comprime el contenido. Esa es la diferencia estructural que compras aquí, y no es que un formato sea mejor que el otro.
Primero se descomprime el flujo gzip, lo cual produce exactamente una cosa, porque una cosa es todo lo que un flujo gzip puede contener. Si esa cosa resulta ser un TAR, se desenvuelve a su vez y los archivos que llevaba dentro pasan a ser los miembros del 7Z. Si es un archivo corriente, se queda tal cual y se convierte en el único miembro.
El desenvoltorio interior se hace forzando el tipo tar en lugar de fiarse del nombre, y ese detalle fue un fallo de verdad antes de ser una nota de diseño. Gzip guarda en su cabecera el nombre original, así que el tar interior aparece llamado `output.tar` y una comprobación por nombre lo encuentra; XZ y BZ2 no guardan ningún nombre, así que ese mismo tar aparecía llamado `input` y la comprobación no lo veía. El síntoma era un archivo con un único elemento opaco dentro en lugar de los treinta que habían entrado: una conversión que informa de éxito y devuelve otra cosa.
Un `informe.csv.gz` o un `volcado.sql.gz` son gzip de un solo archivo corriente, que es un uso igual de legítimo y bastante frecuente en exportaciones de bases de datos. Se descomprime, no se encuentra un tar debajo, y ese archivo suelto entra en el 7Z por sí solo.
Eso convierte al conversor en una prueba de diagnóstico barata. Si esperabas encontrar una carpeta y el 7Z contiene un único archivo, no ha fallado nada: te está diciendo que lo que tenías nunca fue un tarball. Vale la pena mirarlo antes de escribir a quien te lo mandó.
Este es el beneficio que de verdad se nota, y es independiente del tamaño. Un 7Z anota sus entradas dentro del propio archivo, así que un compresor puede enseñarte todas las rutas y todos los tamaños de un archivo de 500 MB leyendo unos pocos kilobytes. Por eso al hacer doble clic se abre una ventana enseguida.
Un tarball comprimido no puede hacer eso de ninguna manera. Los nombres viven en el TAR, el TAR está dentro del flujo comprimido, y el flujo hay que descomprimirlo desde el principio para llegar hasta ellos: no hay índice ni sitio donde ponerlo. Lo que parezca listar un `.tar.gz` deprisa está leyéndolo entero y tirándolo. Para un archivo que vas a rebuscar en lugar de consumir de golpe, esa sola propiedad vale más que la tasa de compresión.
Los archivos salen byte por byte, eso está garantizado. Lo que puede no sobrevivir es lo que el contenedor guardaba *sobre* ellos en lugar de dentro de ellos: una contraseña, y en algunos formatos los permisos originales y las marcas de tiempo.
Para muchos tarballs eso no es un detalle menor. Una entrega con un script de instalación dentro depende de que el script llegue con permiso de ejecución, y si el destino de todo esto es una máquina Unix donde algo se va a ejecutar, la conversión es un cambio que hay que probar y no dar por supuesto. Si lo que llevas dentro son documentos, un conjunto de datos o código que solo vas a leer en Windows, nada de esto te afecta.
Esta conversión se ejecuta en nuestro servidor, así que el límite gratuito es de 25 MB por archivo y no de los 100 MB de las conversiones que corren en el navegador. Un tarball de código fuente cabe con holgura; una exportación de una base de datos de producción, no siempre.
Hay un segundo tope y es más interesante. Antes de extraer nada se le pregunta al archivo a cuánto declara que se expande, y si la cifra supera los 2 GB se rechaza con un mensaje en lugar de empezar. Un tarball muy bien comprimido —registros de texto, volcados SQL, archivos de configuración repetidos— puede anunciar honestamente una expansión enorme desde muy pocos megabytes, así que es un límite que se toca de verdad.
Cada programa que lanzamos se mata a los sesenta segundos. La distinción importa aquí más que en ninguna otra familia del sitio, porque una conversión de archivo comprimido encadena varios procesos seguidos: descomprimir, desenvolver el tar interior, volver a empaquetar. La petición completa puede pasar legítimamente del minuto sin que nada esté colgado.
Así que si ves que tarda más de lo que esperabas, no es necesariamente un error. Lo que sí es un límite duro es cada paso por separado, y el paso que suele acercarse es el de empaquetado, que es donde el compresor trabaja de verdad.
Es el contrapeso honesto a todo lo anterior. El Explorador de Windows abre un ZIP sin instalar nada y no abre un 7Z; el Finder de macOS se comporta igual. 7-Zip, Keka y PeaZip lo manejan todos, y todos hay que instalarlos antes.
Eso hace de 7Z un formato excelente para un archivo que te vas a quedar y bastante malo para uno que vas a enviar. Si conviertes para trabajar tú más cómodo en tu propia máquina, es el destino correcto. Si conviertes para reenviárselo a alguien, ZIP es la respuesta: es el único formato de archivo que se abre en todas partes sin una conversación previa sobre qué programa instalar.
Cuando sueltas varios archivos, los resultados vuelven juntos dentro de un ZIP que escribe este sitio, y ahí sí sabemos exactamente qué ocurre con los nombres: se guardan en UTF-8 con el bit de la cabecera que declara esa codificación. Sin ese bit, un `Diseño final.7z` llega al otro lado convertido en un galimatías, y con él llega entero.
Ese empaquetado de lote es plano, sin carpetas dentro, y si dos resultados coinciden en nombre se numeran en lugar de pisarse: un ZIP tolera nombres duplicados y quien extrae pierde uno de los dos sin enterarse. Todo esto vale para el ZIP que te damos nosotros; sobre cómo escribe los nombres el 7Z que sale de la conversión no vamos a afirmar nada que no hayamos comprobado.
El nombre que tú le pusiste al archivo no llega a tocar el disco del servidor: se guarda con un nombre fijo, en un directorio temporal recién creado que se borra al terminar, incluido cuando la conversión falla. El contenedor donde ocurre todo no tiene salida a internet.
Lo que no vamos a escribir es un absoluto sobre los nombres que van *dentro* del archivo comprimido. Cuando una herramienta de línea de comandos escribe un error, parte de ese mensaje acaba en nuestros registros, y un mensaje de error de un compresor puede mencionar un miembro concreto. Está anotado como asunto abierto en nuestra propia revisión, y preferimos decirlo a redactar una frase tranquilizadora que no hemos medido.
Abre el resultado y compara la lista de entradas antes de tirar nada. Lo que importa es el recuento y las rutas: este es un reempaquetado, así que una diferencia nunca va a ser un archivo corrompido, va a ser una sorpresa de estructura, casi siempre una carpeta raíz que está en uno y no en el otro.
7-Zip trae una orden de prueba que verifica cada entrada contra su suma de comprobación sin escribir nada en el disco, y treinta segundos ahí valen la pena en cualquier archivo que vayas a conservar. Y si lo que aparece es un solo elemento donde esperabas un árbol de directorios, vuelve al apartado sobre los `.gz` de un archivo suelto: la conversión te está contando algo cierto sobre lo que descargaste.
| GZ | 7Z | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Archivo Gzip | Archivo 7-Zip |
| Extensión de archivo | .gz, .tgz | .7z |
| Tipo de medio | application/gzip | application/x-7z-compressed |
| Compresión | Sin pérdida — no se descarta nada | Sin pérdida — no se descarta nada |
| Publicado por primera vez | 1992 | 1999 |
| Especificación | RFC 1952 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | BZ2, XZ, ZIP | ZIP, XZ |
No se descarta nada. GZ y 7Z guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
7Z es un formato de trabajo y GZ uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
7Z contiene un directorio entero, mientras que GZ es un único flujo comprimido. Nombres, carpetas y fechas quedan registrados en lugar de fundirse en un solo bloque.
7-Zip y Keka leen tanto GZ como 7Z, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
7Z trabaja por tramos de 16 MB frente a los 32 KB de GZ: para comprimirse, una repetición tiene que caber entera dentro de uno. De ahí viene la diferencia de compresión y también el tiempo de más.
GZ se publicó en 1992. Está recogido en RFC 1952, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
7Z es de 1999. 7-Zip, Keka y PeaZip lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace 7-Zip, el archivador, en su forma de línea de comandos.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque 7-Zip necesita una máquina nuestra para funcionar.
No. 7Z guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original. Los archivos salen byte a byte iguales. Lo que no sobrevive es lo que el contenedor sabía *sobre* ellos y no lo que había *dentro*: una contraseña y, en algunos formatos, los permisos y las marcas de tiempo originales.
7Z contiene un directorio entero, mientras que GZ es un único flujo comprimido. Nombres, carpetas y fechas quedan registrados en lugar de fundirse en un solo bloque.
No se descarta nada. GZ y 7Z guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
7Z es un formato de trabajo y GZ uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.