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°F = (K − 273.15) × 9/5 + 32
Escribe un valor y la conversión de kelvin a grado Fahrenheit se actualiza mientras tecleas. Aquí no hay un factor simple sino un desplazamiento de la escala, y por eso la fórmula de más abajo lleva un sumando. El cálculo se hace en tu propio dispositivo; después de cargar, esta página no vuelve a consultar ningún servidor.
293,15 K is 68 °F
— una habitación a temperatura agradable.
0 K is -459,7 °F
— el cero absoluto.
449,8 K is 350 °F
— calor medio, tal como lo escribe una receta estadounidense.
310,1 K is 98,6 °F
— la cifra clásica de la temperatura corporal.
| K | °F |
|---|---|
| -40 | -531,67 |
| -18 | -492,07 |
| 0 | -459,67 |
| 20 | -423,67 |
| 37 | -393,07 |
| 100 | -279,67 |
| 200 | -99,67 |
Convertir K a °F
El kelvin arranca en el cero absoluto, donde ya no queda energía térmica que retirar, y sus pasos son del mismo tamaño que los de Celsius. No lleva símbolo de grado: se escribe 300 K, no 300 °K.
Fahrenheit sitúa la congelación en 32 y la ebullición en 212. Un grado Fahrenheit mide así cinco novenos de un grado Celsius, y esa diferencia de tamaño es la razón por la que la conversión no solo desplaza, sino que además multiplica.
El kelvin y el grado Fahrenheit no empiezan a contar en el mismo sitio, así que ningún número por sí solo convierte entre las dos. Multiplicar es justo el error que esta página existe para evitar: acierta a una única temperatura y falla en todas las demás, y el fallo crece cuanto más te alejas de ese punto.
Los dos extremos de la escala de esta página lo enseñan. 0 K son -459,67 °F y 100 K son -279,67 °F: cien pasos de un lado, 180 del otro, y los dos ceros en sitios distintos. Por eso la fórmula de arriba tiene dos partes, algo por lo que multiplicar y algo que sumar; si quitas la suma, el resultado deja de equivocarse despacio y empieza a equivocarse mucho.
El kelvin arranca en el cero absoluto, el punto en el que ya no queda energía térmica que quitar y por debajo del cual no hay nada que medir. Eso es lo que la convierte en una escala sobre la que sí se puede multiplicar: 200 K son de verdad el doble que 100 K, cosa que 200 °C no son respecto de 100 °C.
Ni Celsius ni Fahrenheit pueden decir lo mismo. Sus ceros se eligieron, no se encontraron, y por eso el doble de una lectura en Celsius no significa absolutamente nada.
Los pasos del kelvin y los del grado Celsius miden lo mismo, y los del Fahrenheit son cinco novenos de ese tamaño. La conversión necesita entonces las dos operaciones: multiplicar por 1,8 para ajustar el tamaño del grado y restar 459,67 para colocar el cero. Ese 459,67 es el cero absoluto expresado en la escala Fahrenheit, y es la mitad que se olvida.
El camino en dos etapas es más fácil de comprobar mentalmente: primero se restan 273,15 para pasar a Celsius, y después se aplica la fórmula conocida de multiplicar por 1,8 y sumar 32. Da el mismo resultado —459,67 es exactamente 273,15 × 1,8 menos 32— y tiene la ventaja de que el valor intermedio en Celsius suele bastar para detectar un disparate.
Con tres equivalencias memorizadas casi nunca hace falta calcular. El cero absoluto, 0 K, son −459,67 °F. La congelación del agua, 273,15 K, son 32 °F. La ebullición, 373,15 K, son 212 °F. Entre las dos últimas caben cien kelvin y ciento ochenta grados Fahrenheit, que es la proporción de 1,8 vista desde otro ángulo.
A partir de ahí, situar una cifra es cuestión de comparar. Una temperatura ambiente agradable ronda los 293 K; el cuerpo humano, 310. Cualquier valor de tres cifras que empiece por 2 o por 3 está en el terreno de lo cotidiano, y cualquiera de cuatro cifras o más ya no describe un ambiente sino un filamento, una llama o una estrella.
La caja de una lámpara LED dice 2700 K, 4000 K o 6500 K, y esos números no describen la temperatura de nada. Son temperatura de color correlacionada: el color de la luz que emitiría un cuerpo negro calentado hasta esa temperatura. Convertir 2700 K a Fahrenheit da una cifra correcta y completamente inútil, porque la bombilla no está a esa temperatura ni de lejos.
La confusión se agrava con el vocabulario, que va al revés de la física. En la tienda, 2700 K se llama luz cálida y 6500 K luz fría, aunque en la escala física el número mayor sea el más caliente. La regla que sirve es la del uso: por debajo de unos 3000 K la luz tira a amarilla, alrededor de 4000 K queda neutra, y por encima de 5500 K se vuelve azulada y se vende como luz de día.
El nitrógeno líquido hierve a 77 K, es decir a −321 °F. El helio líquido, a 4,2 K o −452 °F. La radiación de fondo del universo está a 2,7 K, que son −455 °F. Los tres números en Fahrenheit se parecen tanto entre sí que la escala deja de distinguir cosas que en kelvin están separadas por un factor de casi treinta.
Ese apelotonamiento es el motivo por el que la criogenia y la física de bajas temperaturas trabajan siempre en kelvin. Cuando el texto de origen habla de milikelvin o de décimas de kelvin, la conversión a Fahrenheit no aporta intuición: aporta cuatro cifras significativas idénticas y una diferencia escondida en el último decimal.
La temperatura efectiva de la superficie del Sol es de unos 5.772 K, que son alrededor de 9.930 °F. Una estrella roja fría anda por los 3.000 K y una azul supera los 20.000. Ese es el terreno en el que un lector hispanohablante se topa con esta conversión más a menudo: un artículo de divulgación traducido del inglés que ha dejado la cifra original sin convertir, o convertida solo a medias.
A esas alturas de la escala el orden de magnitud es lo único que se retiene, y conviene redondear en consecuencia. Decir que el Sol está a casi diez mil grados Fahrenheit transmite lo mismo que 9.929,93 y no finge una precisión que la propia cifra en kelvin tampoco tiene, porque «temperatura de la superficie» de una estrella es ya una definición convencional.
Si lo que se convierte no es una temperatura sino una variación, el 459,67 no interviene. Un aumento de 10 K es un aumento de 18 °F, sin más: solo actúa el factor de tamaño del grado. Aplicar la fórmula completa a una diferencia produce un número absurdo y negativo, y es el error más común de toda la página.
La señal de alarma es la palabra que acompaña al número en el texto original. «Se calentó hasta 310 K» pide la fórmula entera; «se calentó 10 K» pide solo la multiplicación. Lo mismo vale para tolerancias, derivas y coeficientes: cualquier magnitud expresada por kelvin —por ejemplo una dilatación por kelvin— se convierte multiplicando por 1,8 y nada más.
El kelvin se escribe con K mayúscula y sin el signo de grado: 300 K, nunca 300 °K. En español el nombre de la unidad va en minúscula y su plural es «kélvines», con tilde, aunque tras la cifra se deja casi siempre invariable: «trescientos kelvin». Lo que no cambia nunca es el símbolo, que se escribe «300 K» y no admite ni plural ni punto.
La ausencia del grado no es una convención tipográfica caprichosa. Celsius y Fahrenheit miden distancias desde un cero elegido por convenio, y por eso llevan «grados»; el kelvin mide desde el cero absoluto, así que una cifra en kelvin es una cantidad de temperatura y no una posición en una escala. Esa es también la razón por la que se pueden hacer proporciones con kelvin —el doble de 150 K son 300 K— y no con grados Fahrenheit.
En temperatura no hay un valor fijo de conversión, porque las escalas arrancan en puntos distintos. La fórmula está más abajo, y la calculadora de arriba te ahorra sustituir a mano.
No. El cálculo ocurre en tu navegador. Puedes desconectarte de internet y seguir calculando, que además es la forma más sencilla de comprobarlo.
Porque Celsius y Fahrenheit no empiezan en el mismo punto. En longitud o en peso, cero es cero y basta un factor. En temperatura el cero está en otro sitio, y por eso la fórmula necesita además un desplazamiento.
Un °F son 255,928 K. Es la misma relación leída al revés, así que un resultado de una página pasado por la otra tiene que volver al punto de partida.
Lo que esta página afirma sobre unidades de temperatura se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.
El factor está en la página como una constante y el cálculo son cuatro operaciones. No se envía nada ni se espera a nada: lo que escribes no sale del navegador porque no existe ninguna petición en la que pudiera viajar.