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Aquí puedes convertir KML a KMZ gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
KML a KMZ
El formato comprimido se inventó para resolver un problema de empaquetado. Un KML que use chinchetas propias, una fotografía superpuesta o un plano georreferenciado apunta a esos archivos por ruta relativa, y en cuanto el documento se envía solo por correo las referencias se rompen y el mapa llega vacío. Meter el documento y sus recursos en un único archivo lo arregla, y esa es la razón de ser del formato.
El segundo motivo es más llano: un KML es texto verboso y el texto comprime bien. Si tu documento no tiene recursos externos —un conjunto de chinchetas, una ruta dibujada, una exportación de una base de datos—, lo que compras no es empaquetado sino tamaño. Ese es el caso que esta conversión atiende, y conviene tener claro cuál de los dos buscas antes de pulsar nada.
Esta es la parte que hay que entender antes de convertir. La conversión no coge tu KML y lo comprime. Lo analiza y lo reduce a la misma forma interna por la que pasan todos los formatos de rutas de este sitio —puntos con latitud, longitud, altitud opcional y hora opcional, agrupados en líneas y chinchetas con nombre— y a partir de esa forma escribe un KML nuevo, que es el que se comprime.
La consecuencia es que el KML de dentro del archivo no es idéntico al tuyo, y en la mayoría de los casos ni se le parece. Será más corto, sus elementos irán en otro orden y todo aquello para lo que la forma interna no tiene sitio estará ausente. Si descomprimes el resultado esperando encontrar tu archivo, no lo vas a encontrar: encontrarás un documento mínimo y limpio que describe la misma geometría.
En concreto: las definiciones de estilo y las referencias a ellas, con lo que desaparecen colores de línea, grosores e iconos personalizados. Los globos de descripción, incluido cualquier HTML que llevaran. Los datos extendidos y los campos con esquema propio. La estructura de carpetas, porque la forma interna es una lista plana. Las vistas de cámara guardadas, así que la posición desde la que el autor quería que se mirara el mapa no se restituye. Y los enlaces de red y las superposiciones, del todo.
También se pierden las marcas de tiempo punto a punto que llevaba una traza, porque el escritor solo emite líneas simples y no el elemento que guarda tiempos por vértice. En una ruta grabada con GPS eso significa que la forma del recorrido sobrevive intacta y el ritmo al que se hizo, no.
Aquí es donde la advertencia deja de ser teórica para el lector español. Las capas que se descargan de la sede del Catastro, de un visor del SIGPAC o del IGN llevan la información útil precisamente en los datos extendidos: la referencia catastral, el uso, la superficie declarada, el recinto. La geometría del polígono no significa gran cosa sin ese acompañamiento.
Convertido por esta página, lo que queda es el dibujo y el nombre, y la referencia catastral que hacía identificable cada parcela ya no está. Para un archivo así, la ruta correcta no es esta conversión sino comprimirlo a mano, y el apartado correspondiente explica cómo se hace en un minuto. Preferimos decírtelo aquí que dejar que lo descubras al abrir el resultado delante de un cliente.
Cada punto se convierte en una chincheta con su punto, cada línea y cada traza se convierten en una chincheta con una línea, y cada una conserva el nombre que tenía. El nombre del documento se mantiene. La altitud y la hora de cada punto se conservan cuando el origen las traía.
Para un archivo cuyo contenido es dónde están las cosas y cómo se llaman —una lista de sedes, un conjunto de puntos de interés, un recorrido dibujado a mano para compartir con un grupo—, eso es absolutamente todo lo que había. Para un mapa de presentación con estilo propio, es una fracción pequeña.
Las coordenadas se escriben con seis cifras decimales. En latitud eso equivale a algo más de once centímetros sobre el terreno, y en longitud a algo menos según la latitud a la que estés: en la península ibérica, alrededor de ocho centímetros.
Para senderismo, logística, puntos de interés o gestión de activos eso sobra con muchísimo margen. Donde se queda corto es en trabajo topográfico fino, y ahí el problema real no es el redondeo sino que KML fija el sistema de referencia y estos formatos no son los que se usan para levantamientos. Las horas, en cambio, se copian exactamente como las escribió el origen y no se reformatean nunca.
El archivo lo escribe una implementación propia sobre las herramientas de compresión del navegador. Cada entrada de más de 64 bytes se intenta comprimir, y el resultado comprimido se usa únicamente si es más pequeño que el original; si no, la entrada se guarda tal cual. Así el contenido nunca crece.
Lo que sí añade peso es la estructura del propio archivo: una cabecera local, una entrada de directorio central y un registro final, poco más de cien bytes para un miembro llamado `doc.kml`. Como además el KML de dentro se ha reescrito en lugar de copiarse, un documento diminuto puede salir ligeramente mayor de lo que entró. A partir de unos pocos kilobytes eso es ruido, y en una lista de coordenadas la reducción es grande: las listas de números decimales con separadores repetidos están cerca del caso ideal para este tipo de compresión.
Si el KML lleva estilos, descripciones o datos extendidos que necesitas, el paquete fiel te lo haces tú. Renombra tu documento a `doc.kml`, añádelo a un archivo ZIP de manera que quede en la raíz y no dentro de una carpeta, y cambia la extensión de `.zip` a `.kmz`. Cualquier sistema operativo hace los dos pasos sin instalar nada, y el resultado es un KMZ cuyo documento es tu documento, sin tocar.
La posición en la raíz es el detalle que la gente falla. Un KMZ cuyo KML está un directorio más abajo se abre en algunos lectores y falla en silencio en otros, y el fallo parece un mapa vacío en lugar de un error. Si has creado el archivo pulsando con el botón derecho sobre una carpeta, es exactamente lo que ha pasado: hay que seleccionar el archivo, no la carpeta que lo contiene.
Un KML de enlace de red no contiene datos en absoluto: guarda una dirección y unas instrucciones de refresco, y todo lo que veías al abrirlo lo trajo un servidor después de cargar el archivo. Las capas de tráfico en vivo, los conjuntos de datos por suscripción y los mapas compartidos de un equipo están hechos así, y el archivo en disco suele ocupar unos pocos kilobytes.
Dado a esta conversión, un archivo de ese tipo no aporta ni chinchetas ni líneas, y lo que sale es el mensaje de que no se ha encontrado ninguna ruta ni ningún punto. Es el resultado correcto y no un error de lectura, y además te informa de algo útil: el mapa que estabas mirando nunca estuvo en el archivo, así que no hay nada local que comprimir ni copia sin conexión que hacer.
Google Earth, al guardar un KMZ, recorre el documento buscando cada recurso referenciado, copia cada uno dentro del archivo y reescribe las rutas por el camino. Esa recogida es la sustancia de lo que hace una herramienta de autoría de KMZ, y esta conversión no la intenta.
Lo que sale contiene un documento y ningún recurso más, así que un KML que apunte a iconos locales produce un archivo más pequeño de lo esperado e incompleto como paquete. Como el estilo que los referenciaba se había perdido igualmente en la reescritura, las dos limitaciones se cancelan en un resultado coherente en vez de en un archivo a medias: geometría llana, dibujada con la apariencia por defecto del lector, y nada colgando.
Convertir después el archivo otra vez a KML devuelve el documento mínimo, no el que tenías al principio. La reescritura ocurrió a la entrada, y nada posterior puede reponer un bloque de estilo, un globo de descripción o un campo propio que se descartó antes de comprimir. Las dos conversiones se componen en un único paso con pérdida en lugar de anularse.
Esa es la razón práctica para conservar el original en lugar de tratar el archivo comprimido como su sustituto. El espacio no es la limitación —el documento fuente es el mayor de los dos y aun así se mide en cientos de kilobytes— y es la única copia que guarda el estilo, la estructura de carpetas y los campos de datos. Trata el KMZ como tratarías un PDF exportado de un documento: lo que entregas, no lo que mantienes.
El documento se analiza, se reescribe y se comprime dentro de esta pestaña. Ninguna petición lo lleva a ningún sitio, cosa que puedes verificar en el panel de red mientras conviertes, y la página sigue funcionando con la conexión desconectada.
En este par eso vale más de lo habitual, porque la alternativa obvia es una web de comprimir archivos. Un KML de fincas, sedes, clientes o instalaciones es información de negocio con coordenadas pegadas, y el camino habitual para hacerlo más pequeño consiste en entregárselo al servidor de un desconocido, esperar y descargarlo de vuelta. Hacer la compresión en local elimina ese salto en lugar de pedirte que te sientas cómodo con él.
| KML | KMZ | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Keyhole Markup Language | KML comprimido |
| Extensión de archivo | .kml | .kmz |
| Tipo de medio | application/vnd.google-earth.kml+xml | application/vnd.google-earth.kmz |
| Publicado por | Keyhole | Keyhole |
| Especificación | OGC KML 2.3 | OGC KML 2.3 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | GPX | GPX |
Google Earth y QGIS leen tanto KML como KMZ, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
KML es el formato de Keyhole. Está recogido en OGC KML 2.3, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
KMZ viene de Keyhole, recogido en OGC KML 2.3. Google Earth y QGIS lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez.
KML y KMZ describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. Las posiciones, la altitud y las marcas de tiempo sí viajan. Los datos de sensores, los estilos y las imágenes incrustadas no.
Para la conversión no: ocurre en el navegador que ya tienes abierto. Para abrir el resultado necesitas después el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Zipped KML.