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Aquí puedes convertir TCX a KMZ gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
TCX a KMZ
Un TCX es un documento de entrenamiento. La extensión no le dice nada a casi nadie, hacer doble clic encima abre un editor de texto o no abre nada, y el programa que lo entiende de verdad es la plataforma deportiva que la otra persona quizá ni use. Enviarlo genera una respuesta preguntando qué es eso.
Un KMZ, en cambio, produce un globo terráqueo con una línea encima. Esa es toda la razón de esta conversión y conviene tenerla clara: no mejora el recorrido, no lo corrige y no lo completa. Cambia únicamente si quien lo recibe puede verlo sin que se lo expliques por teléfono.
Organizar una carrera popular, una marcha cicloturista o una ruta de club acaba siempre en el mismo trámite: alguien de un ayuntamiento, de Protección Civil o de la federación pide por dónde va exactamente el recorrido. Ese interlocutor no tiene ni va a instalar software deportivo, y lo que necesita es mirar el trazado sobre el mapa del municipio y ver dónde cruza carreteras.
Un KMZ es lo más parecido a un documento en ese contexto: un único adjunto, ligero, que se abre en Google Earth desde el navegador y también en QGIS, que es lo que suele haber en un departamento técnico. El TCX original se queda contigo para lo que sirve, que es el análisis del esfuerzo, y no viaja en un expediente donde no pinta nada.
La representación intermedia de esta conversión guarda latitud, longitud, altitud y hora de cada punto, más un nombre por recorrido. Todo lo demás se queda fuera por construcción, no por una decisión sobre el formato de destino: pulsaciones, cadencia, potencia, temperatura, calorías, distancia acumulada en cada punto y la estructura de vueltas del entrenamiento.
Es exactamente lo que quieres cuando el archivo sale de tus manos. Un TCX de una salida cuenta a qué ritmo ibas, cuánto te costó cada repecho y a qué hora estabas en cada sitio; eso es información sobre ti, no sobre el recorrido. Al ayuntamiento le interesa por dónde pasa la línea, y esta conversión entrega exactamente eso y nada más.
El nombre del marcador sale del atributo de deporte que el reloj escribió en la actividad, así que el destinatario ve entradas del tipo Running, Biking u Other en la barra lateral. El título que tú le pusiste —«Reconocimiento del kilómetro 8», «Ruta larga del domingo»— vive en la base de datos de la plataforma y no en el archivo exportado, de modo que no hay nada que copiar.
Para un envío suelto da igual. Para un expediente con tres recorridos —corta, larga e infantil— es un problema real, porque los tres llegan con la misma etiqueta y hay que ir encendiéndolos uno a uno para saber cuál es cuál. Convertir cada recorrido por separado y ponerle un nombre de archivo que se entienda resuelve el noventa por ciento del asunto sin tocar nada por dentro.
Un TCX organiza los puntos dentro de vueltas, porque así es como se estructura un entrenamiento: series, intervalos, parciales por kilómetro. Al leerlo, todas las vueltas de una actividad se juntan y se escriben como un único recorrido, igual que ocurre con los segmentos de un GPX.
Es la lectura correcta para lo que sale al otro lado: dar diez vueltas a un circuito sigue siendo un circuito, y una línea partida en diez trozos idénticos no informa de nada en un mapa. La consecuencia práctica es que el KMZ no sirve para hablar de parciales. Si la conversación va de tiempos por vuelta, esa conversación se tiene con el TCX abierto en la plataforma, no con el archivo que enviaste.
Un punto de seguimiento sin posición es perfectamente legal en un TCX y ocurre constantemente: el reloj sigue anotando pulsaciones mientras el receptor no ve el cielo. Esos puntos se descartan al leer, porque sin coordenadas no hay nada que dibujar.
En el mapa eso se ve como un tramo recto donde había un túnel, un paso inferior, un aparcamiento subterráneo o una calle estrecha entre edificios altos, a veces cruzando un río o atravesando una ladera. Parece un error y no lo es: esas posiciones nunca estuvieron en el archivo y ninguna conversión puede inventarlas. Merece una línea en el correo si el recorrido tiene un salto llamativo, porque la alternativa es que el destinatario concluya que el archivo está roto. Una sesión enteramente bajo techo no tiene ninguna posición, y entonces la conversión avisa de que no encontró ni recorridos ni puntos, que es la descripción exacta de lo que pasa.
Cada recorrido se escribe como una lista de coordenadas y nada más. La hora que el reloj anotó punto a punto no tiene dónde alojarse en esa estructura, así que al KMZ llega la forma del recorrido y ningún registro de cuándo estabas en cada sitio.
Lo que eso quita es la barra de tiempo de Google Earth, ese control que permite ver avanzar el punto a lo largo de la ruta. Quien esperaba una reproducción se encuentra una línea quieta. Para revisar un recorrido sobre el mapa es suficiente; para enseñar cómo se desarrolló una prueba no lo es, y ahí la respuesta es enviar el TCX o un GPX al lado, que sí conservan la hora de cada punto.
Hay dos efectos encadenados y conviene no confundirlos. El primero es que el archivo de entrenamiento se convierte en un dibujo: desaparece el marcado verboso que cada punto arrastra en XML, desaparecen los sensores y desaparecen las horas. Eso no es compresión, es contenido que se va, y no se recupera.
El segundo sí es compresión: el documento resultante se comprime dentro del archivo. Nuestro escritor de archivos comprimidos prueba a desinflar cada miembro y se queda con el resultado más pequeño de los dos, así que un documento de coordenadas —texto muy repetitivo— se reduce mucho y nunca puede salir más grande que su contenido. Presentar la suma de las dos cosas como «compresión» daría a entender que el entrenamiento sigue ahí dentro en alguna parte, y no está.
Si el TCX viene de una descarga masiva de la plataforma, puede contener muchas actividades en un solo documento, y cada una se convierte en su propio marcador. Todas toman el nombre del deporte, así que un mes de bicicleta aterriza en la barra lateral del destinatario como una columna de entradas idénticas, dibujadas unas encima de otras sobre el globo.
Separar antes de convertir es la solución sensata. Las actividades están claramente delimitadas dentro del XML y cortar el archivo en un documento por sesión es mecánico; convertirlas por separado da un archivo por salida con un nombre que dice cuál es. Entregar la pila entera y esperar que la otra persona la desenrede es trasladarle un trabajo que a ti te cuesta cinco minutos.
Un KMZ es para mirar. Los relojes, los ciclocomputadores y las aplicaciones de navegación leen GPX, y casi ninguno carga un archivo de Google Earth, así que una respuesta preguntando cómo meter esto en el aparato significa que enviaste el archivo equivocado. Esta conversión es un paso de presentación y no una entrega del recorrido.
La salida barata es mandar los dos. Este mismo sitio convierte un TCX a GPX, y los dos archivos juntos siguen cabiendo en un correo sin dificultad. Si solo puede ir uno, la pregunta que decide es qué va a hacer quien lo recibe: verlo sobre un mapa o seguirlo sobre el terreno. Preguntárselo sale más rápido que adivinarlo.
El TCX se analiza, el documento se escribe y el archivo se comprime dentro de esta pestaña. Ninguna petición se lleva el archivo a ninguna parte —el panel de red del navegador lo confirma durante una conversión— y la página sigue funcionando con la conexión apagada una vez cargada. El límite es de 100 MB por archivo y se pueden soltar hasta cien de golpe.
La forma de la alternativa merece un vistazo. Un TCX de un entrenamiento contiene tus horarios, tus rutinas y, con mucha frecuencia, el punto exacto donde empiezas y terminas todas las semanas, que suele ser tu portal. Pasarlo por un conversor web para que un adjunto pese menos entrega precisamente esos datos a una máquina de la que no sabes nada. Hacerlo en local elimina el trato entero en lugar de suavizarlo.
| TCX | KMZ | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Training Center XML | KML comprimido |
| Extensión de archivo | .tcx | .kmz |
| Tipo de medio | application/vnd.garmin.tcx+xml | application/vnd.google-earth.kmz |
| Publicado por primera vez | 2007 | — |
| Publicado por | Garmin | Keyhole |
| Especificación | Training Center XML | OGC KML 2.3 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | GPX, FIT | KML, GPX |
Los programas de siempre no coinciden: TCX se abre en Garmin Connect, Strava y TrainingPeaks, y KMZ en Google Earth y QGIS, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
Los dos apuntan a trabajos distintos: TCX a el registro deportivo y KMZ a los mapas. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
TCX es el formato de Garmin, publicado en 2007. Está recogido en Training Center XML, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
KMZ viene de Keyhole, recogido en OGC KML 2.3. Google Earth y QGIS lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez.
TCX y KMZ describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. Las posiciones, la altitud y las marcas de tiempo sí viajan. Los datos de sensores, los estilos y las imágenes incrustadas no.
Para la conversión no: ocurre en el navegador que ya tienes abierto. Para abrir el resultado necesitas después el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Zipped KML.