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Aquí puedes convertir XZ a TAR gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
XZ a TAR
Casi todo en este sitio va en la dirección de hacer el archivo más pequeño. Esta página va en la contraria y es completamente deliberada: hay herramientas que aceptan un tarball plano y rechazan cualquier cosa comprimida. `docker load` lee la imagen de un tar. Importadores de equipos, de firmware y de instrumentos leen un tar porque el cargador se escribió para recorrer cabeceras tar y nadie añadió nada después. Utilidades de migración esperan una forma de exportación concreta.
Hay un segundo motivo, menos técnico y muy frecuente: querer mirar dentro. Un tarball se lista, se compara, se recorre con un script y se pasa a otro programa sin una descompresión delante de cada operación. Si vas a tocar el archivo veinte veces en una tarde, quitar la compresión una vez y volver a ponerla al final es una forma razonable de trabajar.
La versión de esta página que circula por ahí supone una terminal de Unix y un `xz -d` a mano. Muchísima gente que llega aquí no la tiene: está en un equipo corporativo con Windows, sin permisos de instalación, con un `.tar.xz` que le ha mandado un proveedor y con un plazo. El gestor de archivos que trae el sistema no sabe qué hacer con esa extensión.
Ese es el caso que esta página resuelve sin pedir nada a cambio: una pestaña del navegador, el archivo y un tarball de vuelta. Si en cambio sí tienes una terminal a mano, sigue leyendo hasta la sección de las sumas de verificación, porque ahí hay un motivo concreto para hacerlo tú en local en vez de aquí.
Son dos formatos apilados que hacen mitades distintas del trabajo. El xz comprime un único flujo de bytes y no tiene ningún campo para un nombre de archivo, ninguna noción de carpeta y ninguna forma de decir dónde acaba un miembro y empieza el siguiente.
El tar es exactamente el complemento: una cabecera delante de cada miembro con el nombre, la ruta, el tamaño, el propietario, el grupo, los permisos y las fechas, y ninguna compresión en absoluto. Por eso `.tar.xz` parece un apaño y en realidad es el reparto previsto. Esta conversión quita la mitad de fuera y te entrega la de dentro.
Es la frase más importante de la página para quien esté manejando una publicación oficial. Aquí no se despega la capa xz de tu archivo: el contenido se extrae por completo en un directorio de trabajo y después se escribe un tar nuevo a partir de lo extraído. Los archivos de dentro salen byte a byte, porque el reempaquetado no toca su contenido. El tarball que los envuelve no es el mismo objeto que el de origen.
La consecuencia es concreta: el SHA-256 de las notas de versión, el hash de una receta de empaquetado o una firma hecha sobre el tarball no van a verificar contra lo que te descargues de aquí. Si la verificación forma parte del trabajo, la descompresión hay que hacerla en tu propia máquina, donde solo se toca la capa exterior y el tarball queda tal y como lo escribió su autor. Usa este conversor cuando necesites que exista un tarball y sus bytes exactos no formen parte de ningún contrato: inspeccionar, importar, trabajo puntual. No para empaquetar.
Una cabecera tar tiene campos para el propietario, el grupo, los bits de permiso y la fecha de modificación, y en muchos tarballs eso es funcional: una publicación con un script de instalación depende de que el script llegue ejecutable. El tar es de los pocos formatos que puede llevar todo eso.
La advertencia que acompaña a todos los pares de archivos de este sitio lo dice con precisión: los archivos salen byte a byte, y lo que está en riesgo es lo que el contenedor guardaba sobre ellos y no dentro de ellos —una contraseña, y en algunos formatos los permisos y las fechas originales—. Como aquí se desempaqueta y se vuelve a empaquetar, esos campos son los que hayan sobrevivido al viaje. Si el tarball va a `docker load` o a algo que ejecute lo que desempaqueta, listalo y míralo antes de fiarte.
No todo `.xz` envuelve un tarball. Un volcado de base de datos, una imagen de disco o una exportación en CSV se comprimen a menudo por su cuenta, y ahí dentro no hay ningún tar. El conversor contempla los dos casos: descomprime el flujo, intenta desenvolver un tar interior y, cuando no lo hay, se queda con el archivo único que ha encontrado.
Ese intento se hace forzando el tipo en lugar de fiarse del nombre, y ese detalle tiene historia. El gzip guarda el nombre original del archivo y el xz no guarda ninguno, así que una comprobación por extensión encontraba el tar en un caso y lo pasaba por alto en el otro: el síntoma era un archivo con un único fichero opaco dentro en vez de los tres que habían entrado. Si tu resultado trae un solo miembro y esperabas una carpeta, el original nunca fue un archivo de varios ficheros: el xz no guarda nada que te lo pudiera haber dicho.
Antes de extraer, se le pregunta al archivo a cuánto dice que se expande, y una cifra declarada por encima de 2 GB se rechaza en ese momento con un mensaje. Es una comprobación que importa aquí más que en casi ningún otro sitio, porque la salida de esta conversión es literalmente el tamaño sin comprimir.
Merece la pena tenerlo en la cabeza al planificar. El archivo dejará de caber en un adjunto que el `.xz` pasaba sin despeinarse, tardará proporcionalmente más en copiarse por red, y en un portátil con el disco casi lleno extraer un tarball para dárselo a una herramienta que lo vuelve a extraer significa tener el contenido tres veces a la vez. Nada de eso es motivo para no convertir; es motivo para saber la cifra antes de empezar.
Las llamadas a la herramienta de descompresión se hacen sin contraseña, de modo que un archivo cifrado no se abre y la conversión termina con un error en lugar de intentar nada. No hay ninguna casilla en esta página para escribir una clave.
Es la respuesta correcta para una herramienta que se ejecuta en la máquina de otro. Una contraseña escrita en un formulario web es una contraseña que ha viajado, y el propósito de este sitio no encaja con eso. Un archivo protegido se abre en tu propio equipo, con el programa que ya tienes, y el resultado sin cifrar se puede traer aquí si todavía hace falta.
En el servidor, no en tu navegador. La mayoría de las herramientas de este sitio dejan el archivo en tu equipo y lo dicen; los archivos comprimidos son una de las excepciones, porque el trabajo necesita 7-Zip y xz como programas de verdad. El archivo viaja por una conexión cifrada hasta un contenedor que los ejecuta y que no puede abrir conexiones hacia fuera.
Cada trabajo recibe su propio directorio temporal y el archivo se guarda ahí con el nombre `input` más su extensión, así que el nombre que tú le pusiste no llega a tocar el disco. Ese directorio se borra al terminar dentro de un bloque que también se ejecuta cuando la conversión falla, y la respuesta se devuelve marcada para que no se almacene en ninguna caché.
Veinticinco megabytes por archivo subido en el nivel gratuito, medidos sobre lo que envías: como la salida va sin comprimir, lo que te descargas puede ser muchísimo mayor que esa cifra. Cien conversiones de servidor por visitante y día, contadas sobre el día UTC, y un tope de ráfaga de cinco peticiones por minuto.
El límite de tiempo tiene un matiz que en esta ruta se nota. Los sesenta segundos se aplican a cada proceso que se lanza, no a la petición entera, y esta conversión lanza varios en secuencia: descomprimir, desenvolver el tar interior y volver a empaquetar. Así que una petición puede legítimamente pasar del minuto sin que nada vaya mal.
Listar el contenido con las opciones detalladas de `tar` no cuesta nada y enseña dos cosas que valen su tiempo. La primera es el nivel superior: un archivo empaquetado desde dentro de una carpeta y otro empaquetado desde el directorio padre se diferencian en una carpeta al principio de cada ruta, y un importador que esperaba uno y recibió el otro falla quejándose de un archivo que no encuentra, no de una carpeta de más.
La segunda es la columna de permisos, sobre todo si algo del archivo está pensado para ejecutarse. Como el tar sí puede llevar ese bit, si llega mal todavía estás a tiempo de arreglarlo tú —extraer, cambiar permisos y volver a empaquetar— en vez de descubrirlo en una máquina que no controlas. Cuando el listado cuadre, el tarball está listo para lo que rechazaba la versión comprimida.
| XZ | TAR | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Archivo XZ | Archivo TAR |
| Extensión de archivo | .xz | .tar |
| Tipo de medio | application/x-xz | application/x-tar |
| Compresión | Sin pérdida — no se descarta nada | Sin comprimir |
| Publicado por primera vez | 2009 | 1979 |
| Especificación | — | POSIX.1-2001 ustar |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | GZ, BZ2, 7Z | ZIP, GZ |
No se descarta nada. XZ y TAR guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
TAR es un formato de trabajo y XZ uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
TAR contiene un directorio entero, mientras que XZ es un único flujo comprimido. Nombres, carpetas y fechas quedan registrados en lugar de fundirse en un solo bloque.
7-Zip y Keka leen tanto XZ como TAR, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
TAR guarda las muestras en crudo, así que el archivo crece bastante sin ganar nada. Solo tiene sentido cuando un programa del otro lado no acepta XZ, que suele ser la razón para hacerlo.
TAR es de 1979, recogido en POSIX.1-2001 ustar. tar, 7-Zip y Keka lo leen.
TAR se publicó en 1979 y XZ en 2009. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace 7-Zip, el archivador, en su forma de línea de comandos.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque 7-Zip necesita una máquina nuestra para funcionar.
No. TAR guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original. Los archivos salen byte a byte iguales. Lo que no sobrevive es lo que el contenedor sabía *sobre* ellos y no lo que había *dentro*: una contraseña y, en algunos formatos, los permisos y las marcas de tiempo originales.
TAR contiene un directorio entero, mientras que XZ es un único flujo comprimido. Nombres, carpetas y fechas quedan registrados en lugar de fundirse en un solo bloque.
TAR guarda las muestras en crudo, así que el archivo crece bastante sin ganar nada. Solo tiene sentido cuando un programa del otro lado no acepta XZ, que suele ser la razón para hacerlo.
No se descarta nada. XZ y TAR guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.