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1 TiB = 1099,51162778 GB
Escribe un valor y la conversión de tebibyte a gigabyte se actualiza mientras tecleas. El factor es exactamente 1099,51162778: eso es lo que corresponde en GB a 1 TiB. El cálculo se hace en tu propio dispositivo; después de cargar, esta página no vuelve a consultar ningún servidor.
1 TiB is 1100 GB
— lo que cabe en un disco de 1,1 TB, en las unidades del sistema operativo.
16 TiB is 17590 GB
— una pequeña cabina de servidores.
0,05821 TiB is 64 GB
— un móvil sencillo.
0,9095 TiB is 1000 GB
— un disco vendido como de un terabyte.
| TiB | GB |
|---|---|
| 1 | 1099,51162778 |
| 2 | 2199,02325555 |
| 5 | 5497,55813888 |
| 10 | 10995,1162778 |
| 50 | 54975,5813888 |
| 100 | 109951,162778 |
| 500 | 549755,813888 |
| 1000 | 1099511,62778 |
Convertir TiB a GB
Un tebibyte son 1.024 gibibytes. La distancia respecto al terabyte crece en cada escalón: 2,4 % en kilo, 4,9 % en mega, 7,4 % en giga y 10 % en tera.
Un gigabyte son mil millones de bytes, en el sentido decimal que usan los fabricantes de discos, las tarifas de datos y los tamaños de vídeo.
Un TiB son 1.024 de la unidad de debajo; un TB, 1.000. En esta página eso es la diferencia entre 1099,5116 GB y 1000 GB —un 10 %—, y la distancia crece en cada escalón: por eso es un redondeo despreciable en una foto y un trozo visible de un disco duro.
En eso consiste entero el misterio del espacio que falta, y en esta página vale un 10 %. Un disco vendido en TB tiene exactamente lo que dice la etiqueta; lo que pasa después es que Windows divide entre 1.024 en vez de entre 1.000, conserva el nombre decimal y muestra 1000 GB donde la caja ponía 1099,5116 GB. macOS cuenta estas cifras en unidades decimales desde 10.6, y por eso el mismo disco puede parecer de dos tamaños en dos ordenadores: no falta nada ni redondea nadie, son los mismos bytes con dos nombres.
Un tebibyte son 1.099.511.627.776 bytes y un gigabyte decimal mil millones, de modo que un TiB equivale a 1.099,51 GB y no a los mil redondos que sugiere la costumbre. Diez tebibytes son 10.995,12 GB; cien, 109.951,16. La diferencia respecto al redondeo cómodo es siempre del 9,95 %, y va en la dirección que encarece: la cifra real es mayor que la estimada.
Ese porcentaje pasa desapercibido en una conversación y no en una hoja. Sobre un pool de cien tebibytes son 9.951 gigabytes de diferencia, más de nueve tebibytes que aparecen o desaparecen del presupuesto según cómo se hiciera la cuenta. Merece la pena hacer la conversión completa una vez y arrastrarla, en lugar de repetir de cabeza una aproximación que se desvía siempre hacia el mismo lado.
Antes de convertir hay que saber contra qué. Un formulario de aprovisionamiento que pide gigabytes puede estar contando en mil millones o en 1.073.741.824, y el resultado se separa un 7,4 %. La prueba práctica consiste en pedir un volumen pequeño y de tamaño conocido —uno de 100 unidades— y mirar qué informa el sistema por debajo; con dos cifras se sabe qué divisor usó.
Cuando no hay forma de probarlo, la salida es documentar el supuesto en la propia oferta: «capacidad utilizable de 110.000 GB, entendidos como 10⁹ bytes». Esa frase convierte una ambigüedad que se descubriría en la entrega en una condición que se discute en la firma, que es donde cuesta mil veces menos. Ninguna otra parte del documento defiende esa cifra por sí sola.
La cifra que se pide y la cifra que hay que comprar no son la misma, y la conversión de unidades es solo el primer paso. Sobre 10 TiB utilizables, un conjunto con doble paridad de doce miembros necesita doce doceavos partidos entre diez de capacidad en bruto, es decir un 20 % más; y encima queda el margen de espacio libre con el que el sistema tiene que funcionar, que rara vez baja del 15 %.
Encadenar las tres cosas en el orden correcto evita presupuestos que se quedan cortos: primero la capacidad utilizable pedida, después el margen de trabajo, después la redundancia, y solo al final la conversión a las unidades del catálogo. Hacerlo al revés —convertir primero y aplicar los porcentajes sobre la cifra comercial— da un número parecido y no igual, y la diferencia siempre aparece en la peor semana.
Los servicios de almacenamiento facturan por gigabyte y mes, y ahí el 9,95 % deja de ser una discusión de prefijos. Cien tebibytes a diez céntimos por gigabyte y mes son 10.995 al mes con la conversión exacta y 10.000 con la cómoda: casi mil de diferencia mensual, unos doce mil al año, sobre una cifra que alguien aprobó creyendo que estaba redondeando a su favor.
La misma aritmética se aplica a la salida de datos y a las peticiones, que también se cuentan en unidades decimales. Cuando un cálculo de costes parte de una capacidad informada en tebibytes, la conversión tiene que ocurrir en la primera línea de la hoja y no en la última; si aparece al final, cada cifra intermedia del documento estará en la unidad equivocada y nadie sabrá cuál de ellas revisar.
Un panel de almacenamiento suele mostrar varias cifras a la vez —bruta, utilizable, asignada, escrita, con reducción de datos aplicada— y no todas se pueden sumar entre sí. La capacidad asignada puede superar la utilizable si hay aprovisionamiento fino; la escrita puede ser menor que la asignada; y la que muestra el ahorro por reducción de datos es un cálculo, no un espacio que exista en algún sitio.
Para un presupuesto la única cifra que sirve de base es la utilizable, y conviene anotar de qué campo exacto se sacó. Un documento que dice «110 TB» sin decir si eran tebibytes utilizables o terabytes brutos obliga a rehacer el trabajo entero cuando alguien lo cuestione, y siempre hay alguien que lo cuestiona en la reunión donde ya no está el que hizo la cuenta.
Una cabina que reduce datos no cambia su capacidad física; cambia cuánto contenido lógico cabe en ella, y en una proporción que depende por completo de los datos. Máquinas virtuales muy parecidas se reducen muchísimo, material ya comprimido —vídeo, imágenes, archivos empaquetados— no se reduce prácticamente nada, y el promedio de una instalación es una medida y no una previsión.
De ahí que un presupuesto se construya sobre capacidad efectiva sin reducción y trate el ahorro como margen y no como capacidad comprada. Prometer un factor de reducción en una oferta es prometer algo sobre datos que todavía no existen; lo que sí se puede escribir es la capacidad utilizable en gigabytes decimales, que es una propiedad del hardware y no del contenido.
La costumbre que resuelve todas las discusiones anteriores cabe en una línea: junto a cada capacidad, el recuento en bytes. «10 TiB (10.995,12 GB; 10.995.116.277.760 bytes)» ocupa media línea más y elimina de golpe la ambigüedad del prefijo, el sentido del redondeo y el convenio del lector.
Sirve además como comprobación de la propia conversión. Si el número de bytes y la cifra en gigabytes no encajan al dividirlos, el error está en el documento y no en la cabina, y se ve antes de enviarlo. Es la única verificación de este tipo que no requiere acceso a ningún sistema: dos números escritos uno al lado del otro o se corresponden o no.
1 TiB son 1099,51162778 GB. El valor es exacto y no está redondeado: la equivalencia de tebibyte a gigabyte está fijada por definición.
No. El cálculo ocurre en tu navegador. Puedes desconectarte de internet y seguir calculando, que además es la forma más sencilla de comprobarlo.
Porque dos unidades distintas llevan el mismo nombre. Los fabricantes cuentan 1 GB = 1.000.000.000 bytes; Windows muestra gibibytes, es decir 1.073.741.824 bytes, pero los llama «GB». El mismo disco parece así un siete por ciento más pequeño. No ha desaparecido nada.
Un GB son 0,000909495 TiB. Es la misma relación leída al revés, así que un resultado de una página pasado por la otra tiene que volver al punto de partida.
Lo que esta página afirma sobre unidades de información se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.
El factor está en la página como una constante y el cálculo son cuatro operaciones. No se envía nada ni se espera a nada: lo que escribes no sale del navegador porque no existe ninguna petición en la que pudiera viajar.