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1 TB = 1000 GB
Escribe un valor y la conversión de terabyte a gigabyte se actualiza mientras tecleas. El factor es exactamente 1000: eso es lo que corresponde en GB a 1 TB. El cálculo se hace en tu propio dispositivo; después de cargar, esta página no vuelve a consultar ningún servidor.
1 TB is 1000 GB
— un disco tal como lo describe su caja.
8 TB is 8000 GB
— un disco grande de sobremesa.
0,064 TB is 64 GB
— un móvil sencillo.
1 TB is 1000 GB
— un disco vendido como de un terabyte.
| TB | GB |
|---|---|
| 1 | 1000 |
| 2 | 2000 |
| 5 | 5000 |
| 10 | 10000 |
| 50 | 50000 |
| 100 | 100000 |
| 500 | 500000 |
| 1000 | 1000000 |
Convertir TB a GB
Un terabyte es un billón de bytes en la cuenta corta, es decir 10¹². Un disco vendido como de 1 TB tiene exactamente eso: el espacio que parece faltar es un desacuerdo sobre unidades, no una carencia.
Un gigabyte son mil millones de bytes, en el sentido decimal que usan los fabricantes de discos, las tarifas de datos y los tamaños de vídeo.
Pasar de terabytes a gigabytes desplaza la coma 3 lugares hacia la derecha y no cambia nada más. No hay factor que recordar ni redondeo que decidir: las cifras siguen en el mismo orden y solo cambia su posición.
1234 TB son 1234000 GB: las mismas cifras, corridas de sitio. Conviene saberlo porque es la única conversión que se comprueba de un vistazo — si las cifras del resultado no son las mismas con las que empezaste, lo que le ha pasado al número no ha sido esta conversión.
Un terabyte son 1.000 gigabytes. Las dos unidades usan el mismo prefijo del Sistema Internacional y el mismo salto de mil en mil, de modo que la conversión es correr la coma tres lugares y no hay ninguna letra pequeña: 2 TB son 2.000 GB, 0,5 TB son 500 GB y 12 TB son 12.000 GB. Ni el fabricante, ni la operadora, ni la factura de un servicio en la nube entienden otra cosa por esas dos palabras.
Merece la pena decirlo así de plano porque casi todo lo que se lee sobre unidades de información avisa de una trampa, y aquí no la hay. El desacuerdo famoso ocurre un piso más abajo, entre el gigabyte y el gibibyte, y es un problema distinto con un factor distinto. Cuando alguien dice que le faltan gigabytes en un disco de un terabyte, la operación que hay que revisar no es esta.
Casi nada se vende por terabytes. El almacenamiento en la nube se tarifa por gigabyte y mes, las tarifas móviles se anuncian en gigabytes, los planes de correo y de fotos se reparten en gigabytes, y los catálogos de juegos y de aplicaciones publican el tamaño de la descarga en gigabytes. El terabyte aparece en dos sitios: en la caja del disco y en el total de un contrato. Todo lo que ocurre entre esos dos extremos está expresado en la unidad pequeña.
De ahí que esta conversión sea la que permite comparar una compra con un consumo. Un plan de 2 TB al año se compara con un ritmo de 40 GB al mes multiplicando por mil y dividiendo por doce: 2.000 GB frente a 480 GB de uso anual, es decir cuatro años de margen si el ritmo no cambia. Ese cálculo no se puede hacer sin pasar antes el terabyte a la unidad en la que está medido el gasto.
Con los mil gigabytes delante, las cifras del catálogo se vuelven comparables. A los tres gigabytes por hora que publican los servicios de vídeo para alta definición, un terabyte da para unas 330 horas; en 4K, para unas 140. Los juegos actuales pasan a menudo de los 100 GB, así que en un disco de 1 TB caben menos de diez: esa es la razón entera de que el almacenamiento de una consola se llene tan deprisa a pesar de sonar generoso.
Las fotos y los documentos apenas cuentan al lado. A cuatro megabytes por fotografía de teléfono, un terabyte guarda un cuarto de millón; un archivo en bruto de una cámara seria ocupa entre 25 y 50 MB, así que el mismo disco guarda entre veinte y cuarenta mil. Cuando un terabyte se está llenando, la respuesta es casi siempre vídeo o juegos, y esta aritmética suele bastar para saber cuál de los dos sin mirar.
Conviene tener localizado el sitio donde sí aparece la diferencia, aunque no sea esta página. Un kibibyte supera al kilobyte en un 2,4 %, un mebibyte al megabyte en un 4,9 %, un gibibyte al gigabyte en un 7,4 % y un tebibyte al terabyte en un 10 %, porque cada peldaño vuelve a multiplicar la proporción por 1,024. La distancia crece con la magnitud, y por eso una tarjeta de memoria no llama la atención y un arreglo de discos grande sí.
La consecuencia para quien está en esta página es sencilla: si el número que tienes delante viene de una tienda, de una factura o de una ficha técnica, está en unidades decimales y multiplicar por mil es todo lo que hace falta. Si viene de una ventana de propiedades o de una herramienta de sistema, puede estar contado en potencias de dos con etiqueta decimal, y entonces la conversión que necesitas es la otra.
La capacidad de un conjunto de discos no es la suma de sus etiquetas, y el descuento se hace antes que cualquier cuestión de unidades. Un arreglo con paridad simple sobre cuatro unidades de 4 TB pone a disposición tres de ellas: 12 TB, es decir 12.000 GB, porque la cuarta guarda la información que permite reconstruir cualquiera de las otras. Con paridad doble quedan dos, 8.000 GB. Un espejo entre dos unidades deja la mitad.
Ese descuento es una decisión de diseño y no una pérdida, y es de otra naturaleza que la del formato o la del nombre de la unidad. Conviene aplicarlo en el orden correcto al planificar: primero cuántas unidades quedan útiles, después el paso a gigabytes para compararlo con el contenido que hay que meter dentro, y solo al final la cifra que mostrará el sistema, que dependerá de qué convenio use para escribirla.
Una copia se planifica sumando lo que hay que guardar, y lo que hay que guardar viene medido en gigabytes: la carpeta de fotos, la biblioteca de vídeo, el volumen de una máquina virtual. Comparar esa suma con un destino anunciado en terabytes exige el paso a la misma unidad, y hacerlo al revés —dividir cada carpeta entre mil— multiplica los redondeos por el número de carpetas en lugar de dejar uno solo al final.
Al total conviene añadirle dos cosas antes de decidir el tamaño del destino. Las copias completas sucesivas ocupan cada una lo suyo salvo que el sistema deduplique, y las versiones históricas crecen con el ritmo de cambio y no con el tamaño del original. Un destino de 4 TB para 900 GB de contenido no es holgura desperdiciada: son 4.000 GB frente a 900, y lo que llena la diferencia es el historial.
La regla que funciona en un informe es no dejar ceros de adorno ni decimales sin información. Escribir 0,25 TB donde caben 250 GB obliga a quien lee a hacer la conversión mentalmente, y escribir 12.000 GB donde caben 12 TB entierra la magnitud en dígitos. El umbral cómodo está en el propio terabyte: por debajo, gigabytes; por encima, terabytes con uno o dos decimales.
La excepción es cualquier columna que vaya a sumarse o compararse. Ahí la unidad debe ser la misma en todas las filas aunque alguna quede fea, porque una tabla con unas filas en TB y otras en GB es una tabla en la que tarde o temprano alguien suma dos números que no son de la misma magnitud. Elige una unidad para la columna, dila en el encabezado y deja las cifras incómodas incómodas.
1 TB son 1000 GB. El valor es exacto y no está redondeado: la equivalencia de terabyte a gigabyte está fijada por definición.
No. El cálculo ocurre en tu navegador. Puedes desconectarte de internet y seguir calculando, que además es la forma más sencilla de comprobarlo.
Porque dos unidades distintas llevan el mismo nombre. Los fabricantes cuentan 1 GB = 1.000.000.000 bytes; Windows muestra gibibytes, es decir 1.073.741.824 bytes, pero los llama «GB». El mismo disco parece así un siete por ciento más pequeño. No ha desaparecido nada.
Un GB son 0,001 TB. Es la misma relación leída al revés, así que un resultado de una página pasado por la otra tiene que volver al punto de partida.
Lo que esta página afirma sobre unidades de información se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.
El factor está en la página como una constante y el cálculo son cuatro operaciones. No se envía nada ni se espera a nada: lo que escribes no sale del navegador porque no existe ninguna petición en la que pudiera viajar.