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CBZ
Un cómic como ZIP lleno de imágenes de página. Simple, abierto y lo que prefieren casi todos los lectores.
CBZ
CBZ es un contenedor: una envoltura para flujos que ha codificado otra cosa. Se usa para entregar un archivo terminado.
La extensión es .cbz y el nombre completo, Comic Book Archive (ZIP). Ambos importan menos que lo que el archivo puede contener, y de eso trata el resto de esta página.
Está publicada entera, así que cualquiera puede implementarla leyendo el documento en vez de a base de inspeccionar archivos. Por eso aparece en tantos programas, y por eso los archivos escritos hace veinte años siguen abriéndose hoy. Publicada no quiere decir libre de regalías: cuando un formato envuelve un códec, la licencia de las patentes es un asunto aparte que la norma no resuelve.
CBZ guarda un directorio: nombres, carpetas y la estructura entre ellos. Eso es lo que le permite sustituir a una carpeta en un adjunto de correo.
Un archivo CBZ no está limitado a una página, y eso importa al convertirlo a algo que sí lo está: de una conversión sale un único archivo con una sola página dentro — la primera, salvo que el conversor te deje elegir cuál.
Calibre, YACReader y ComicRack lo leen, y también la mayoría de programas del mismo tipo.
Cuando un archivo no se abre, el formato rara vez es el problema: lo más habitual es que el programa sea anterior al formato. Convertir a algo más antiguo es la salida fiable, y para eso está el resto de este sitio.
Ningún navegador lo lee.
Ese es el motivo más frecuente para convertirlo: no que el formato sea malo, sino que el sitio donde quieres mostrar el archivo no sabe leerlo.
CBZ está pensado para entregarse, no para trabajar dentro. Editar uno es posible y rara vez agradable; lo sensato es cambiar el original y volver a exportar.
No es una simplificación pedagógica: un CBZ es literalmente un archivo ZIP con una imagen por página dentro. Renómbralo a .zip y cualquier gestor de archivos lo abre. No hay codificación propia, ni estructura secreta, ni gestión de derechos digitales, y por eso los lectores de cómic se pusieron de acuerdo en él.
De ahí se deduce todo lo demás. El contenedor no vuelve a comprimir las imágenes, así que un CBZ de páginas JPEG pesa aproximadamente lo que pesan esos JPEG sumados. Descomprimirlo devuelve una carpeta de imágenes idénticas a las que entraron. En ninguna de las dos direcciones se pierde nada, porque en ningún momento se transformó nada.
No hay índice, ni manifiesto, ni ningún dato que diga cuál es la página uno. El lector ordena los nombres alfabéticamente y muestra las imágenes en ese orden, lo cual funciona perfectamente hasta que alguien numera las páginas de 1.jpg a 12.jpg: entonces la 10 va justo detrás de la 1 y el tebeo se lee desordenado. El programa no se equivoca; se equivocó quien puso los nombres.
La solución completa son los ceros a la izquierda: 001.jpg, 002.jpg. Es lo primero que hay que mirar cuando un CBZ sale desordenado, y lo único que de verdad hay que hacer bien al montar uno a partir de una carpeta de escaneos.
El CBR es la misma idea dentro de un archivo RAR, y fue habitual durante años porque RAR comprimía un poco mejor con el hardware de entonces. Tiene un problema que no ha hecho más que crecer: RAR es propietario. El algoritmo no es abierto, las herramientas libres solo pueden desempaquetarlo, y fuera de Windows el soporte siempre ha ido a remolque.
ZIP lo lee cualquier sistema operativo sin instalar nada. Como ninguno de los dos contenedores comprime de verdad unas imágenes que ya venían comprimidas, la ventaja de tamaño era pequeña y hoy es irrelevante, mientras que la diferencia de compatibilidad sigue ahí. Pasar de CBR a CBZ no cuesta calidad y quita una dependencia de encima.
Los lectores dedicados son los que sacan partido al formato, porque están pensados para cómo se lee una historieta: dobles páginas, sentido de lectura de derecha a izquierda para el manga, ajustar la página al alto de la pantalla y no al ancho. Calibre, YACReader y ComicRack en el escritorio, y una docena de aplicaciones en tableta.
El problema está en todo lo demás. Ningún navegador muestra un CBZ, ningún lector de tinta electrónica antiguo lo reconoce, ningún cliente de correo lo previsualiza, y quien lo recibe sin saber qué es ve una extensión rara y da por hecho que el archivo está roto. Esa es la razón por la que la gente busca convertirlo.
Convertido a PDF, el cómic se abre en cualquier parte y se imprime. Lo que se gana es una estructura de documento que el CBZ nunca tuvo; lo que se pierde es que el lector deje de tratar las páginas como imágenes: se acabaron las dobles páginas automáticas, el sentido de lectura invertido y el ajuste al alto de pantalla.
El tamaño es la otra consideración. Un CBZ de escaneos a alta resolución ya es grande, y un PDF que envuelva esas mismas imágenes sin tocarlas es algo mayor todavía por la estructura de documento que añade. Si el programa que uses recodifica las páginas al meterlas, el resultado dependerá de sus ajustes y no del formato de destino; lo que ningún PDF hace por su cuenta es encoger una imagen. Si el archivo tiene que adelgazar, eso hay que hacérselo a las páginas antes.
Conviene decirlo sin rodeos, porque es lo contrario de lo que promete el resto de la web: la conversión de CBZ a PDF está declarada aquí pero no está operativa, porque el programa que la ejecutaría no está instalado en el contenedor. Prometer lo contrario sería exactamente el tipo de afirmación sin comprobar que este sitio existe para no publicar.
Mientras tanto, la ruta de escritorio es corta: Calibre convierte un CBZ a PDF sin conexión y en el propio equipo, que además es lo razonable con archivos de varios cientos de megas. Si lo que necesitas es solo mirar las páginas, renombrar a .zip y descomprimir te deja la carpeta de imágenes en un paso.
EPUB es el formato del texto que se recompone, y recomponerse es justo lo que un cómic no debe hacer. Un EPUB de maquetación fija sí puede llevar una historieta como es debido, con paginación real, metadatos y soporte en los lectores comerciales, y varias editoriales lo distribuyen así.
El CBZ es más simple y más honesto sobre lo que es: imágenes, en orden. No tiene un estándar de metadatos digno de ese nombre, ni índice, ni un campo de autor o de colección en el que todos los lectores estén de acuerdo — algunos leen un fichero ComicInfo colocado dentro del archivo, y eso es una costumbre, no una especificación. Para una biblioteca personal basta. Para distribuir, la falta de metadatos es su debilidad real.
Nombra los archivos con ceros a la izquierda, ponlos en una carpeta, comprime el contenido de la carpeta y no la carpeta entera, y cambia la extensión. Ese es todo el procedimiento, y explica que el formato lleve treinta años funcionando sin tener una especificación escrita.
Dos detalles ahorran disgustos después. Mantén un mismo formato de imagen y una misma resolución en todo el álbum, porque los lectores escalan cada página por separado y una mezcla produce páginas que saltan visiblemente de nitidez. Y coloca la portada la primera, como 000 o 001: no hay campo de portada, así que el primer archivo es la portada por costumbre, y esa costumbre es la que verá tu biblioteca.
| Extensión | .cbz |
|---|---|
| Tipo de medio | application/vnd.comicbook+zip |
Con un lector de cómic como Calibre, YACReader o ComicRack, que manejan bien las dobles páginas y el ajuste de página. Como alternativa, renómbralo a .zip y ábrelo con cualquier gestor de archivos: por dentro es un ZIP corriente de imágenes.
El archivo comprimido que llevan dentro. El CBZ es un ZIP, que lee cualquier sistema sin instalar nada; el CBR es un RAR, que es propietario y va peor fuera de Windows. Como ninguno comprime de verdad unas imágenes ya comprimidas, el CBZ es la opción sensata.
Porque no hay índice: el lector ordena por nombre de archivo, y las páginas numeradas del 1 al 12 colocan la 10 justo detrás de la 1. Renombrar con ceros a la izquierda, de 001 a 012, lo arregla del todo.
Todavía no. El par figura declarado, pero el programa que haría la conversión no está instalado, así que hoy no se ejecuta. Calibre lo hace en tu propio equipo y sin conexión, que además es lo práctico con archivos grandes.
Depende del programa que lo haga, y no es algo que puedas comprobar aquí: el par está declarado y no se ejecuta. Unas herramientas colocan las páginas tal cual y otras las recodifican con sus propios ajustes, así que conviene mirarlos antes de convertir un escaneo. Lo que vale en cualquier caso es que envolver imágenes en un PDF no las hace más pequeñas: si el archivo tiene que adelgazar, hay que hacérselo a las páginas antes.
Numera las imágenes con ceros a la izquierda, comprime en ZIP el contenido de la carpeta y cambia la extensión a .cbz. Mantén un mismo formato y una misma resolución, y deja la portada en primer lugar: no hay campo de portada, la primera imagen hace de portada por convención.