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TTF
El estándar de fuente para el ordenador. Se instala en cualquier sistema operativo.
TTF
TTF es un formato binario, que solo significa algo para un programa que lo conoce. Se usa para la composición tipográfica.
La extensión es .ttf y el nombre completo, TrueType Font. Ambos importan menos que lo que el archivo puede contener, y de eso trata el resto de esta página.
Apple lo publicó en 1991. La especificación es TrueType Reference Manual.
A un formato que lleva tanto tiempo siendo legible se le puede confiar algo que quieras recuperar dentro de diez años.
Está publicada entera, así que cualquiera puede implementarla leyendo el documento en vez de a base de inspeccionar archivos. Por eso aparece en tantos programas, y por eso los archivos escritos hace veinte años siguen abriéndose hoy. Publicada no quiere decir libre de regalías: cuando un formato envuelve un códec, la licencia de las patentes es un asunto aparte que la norma no resuelve.
TTF guarda su contenido exactamente. Volver a guardarlo no cambia nada, así que puedes abrirlo, editarlo y guardarlo tantas veces como quieras sin acumular daño; eso es lo que lo convierte en un formato de trabajo y no de entrega.
FontForge, Glyphs y FontLab lo leen, y también la mayoría de programas del mismo tipo.
Cuando un archivo no se abre, el formato rara vez es el problema: lo más habitual es que el programa sea anterior al formato. Convertir a algo más antiguo es la salida fiable, y para eso está el resto de este sitio.
Cualquier navegador actual lo lee.
Eso lo convierte en algo que puedes poner en una página o adjuntar a un mensaje sin preguntarte qué tiene instalado el otro lado.
TTF está pensado para abrirse y cambiarse. Guarda el archivo en este formato mientras el trabajo siga en marcha y exporta desde él cada vez que haga falta una copia terminada.
Dibujos de letras, no. Una fuente TrueType guarda cada carácter como un contorno — un trazado cerrado descrito con puntos y curvas cuadráticas — más las instrucciones para componer texto con ellos. El contorno es escalable, y por eso el mismo archivo produce una letra nítida a 8 puntos y a 800.
Alrededor de los contornos hay tablas de datos: el mapa de caracteres, que dice qué contorno corresponde al código de la Á; las métricas, que dicen cuánto ocupa cada glifo y a qué distancia van las líneas; y los pares de kerning, que dicen que una A detrás de una V debe meterse un poco. Una tipografía es una pequeña base de datos, y las letras son solo una parte.
En Windows, doble clic y pulsar Instalar, o arrastrar el archivo a la sección de fuentes de la configuración. Instalarla para todos los usuarios pide permisos de administrador; instalarla solo para ti, no, y casi siempre basta con eso.
En macOS, doble clic y Catálogo Tipográfico se ofrece a añadirla. En Linux, dejar el archivo en una carpeta de fuentes dentro de tu carpeta personal y actualizar la caché. Y una cosa es igual en los tres sitios: los programas leen la lista de fuentes al arrancar. Una tipografía instalada con el procesador de textos abierto no aparecerá en su lista hasta que lo cierres y lo vuelvas a abrir, y ahí se pierde muchísimo tiempo todos los días.
Una tipografía es software y se licencia como tal. Una licencia de escritorio cubre instalarla en un número concreto de equipos y usarla para producir trabajos. No cubre automáticamente subir el archivo a un servidor web, incrustarlo en una aplicación ni entregárselo a un cliente: eso son licencias aparte, con precio aparte, y el archivo no te va a impedir ninguna de las tres cosas.
Importa sobre todo en la dirección que nadie espera. Convertir una tipografía de escritorio a un formato web es técnicamente trivial y con frecuencia incumple el acuerdo que venía con ella. Las tipografías libres suelen distribuirse bajo la SIL Open Font License, que sí lo permite — y que a cambio exige que la fuente no se venda por separado y que, si se renombra, no se reutilicen los nombres reservados. El archivo de licencia viene en la descarga y normalmente ocupa una página.
Los contornos TrueType llevan instrucciones — un pequeño programa por glifo — que le dicen al motor de dibujo cómo deformar la forma en tamaños pequeños para que los astiles caigan sobre píxeles enteros. Eso es el hinting, y con las resoluciones de los años noventa marcaba la diferencia entre legible y borroso.
Hoy importa mucho menos. Las pantallas de alta densidad tienen píxeles de sobra para que ese empujón sea invisible, y macOS ignora el hinting por completo. Las fuentes lo siguen llevando, las mal ajustadas se siguen viendo peor en Windows a tamaño pequeño, y todo el aparato va camino de la curiosidad histórica.
Son el mismo contenedor. OpenType se construyó sobre TrueType y hoy los dos están cubiertos por la misma norma internacional, así que la extensión sobre todo indica qué clase de contorno hay dentro: curvas cuadráticas en un TTF, curvas cúbicas de tipo PostScript en un OTF.
Para quien la usa, la diferencia práctica es casi nula. Las dos se instalan igual, las dos funcionan en cualquier programa y ninguna es de más calidad por su extensión. Lo que sí cambia es lo que metiera el diseñador: las funciones tipográficas avanzadas — versalitas de verdad, alternativas estilísticas, cifras de estilo antiguo — aparecen más a menudo en un OTF, aunque nada del formato impida que un TTF las lleve.
No enlaces el TTF directamente. Funciona, y es un desperdicio: WOFF2 es la misma tipografía comprimida para transporte, bastante más pequeña, y la leen todos los navegadores actuales. Convertir es el primer paso normal de poner una tipografía en un sitio.
El segundo paso es el subconjunto, y pesa más en el resultado que el propio formato: una fuente que cubre latino, cirílico y griego ocupa varias veces lo que una que cubre solo lo que aparece en tus páginas. Aquí conviene tener cuidado si escribes en español, porque un subconjunto pensado para el inglés recorta justo lo que necesitas: las vocales acentuadas, la eñe en mayúscula y minúscula, la diéresis de la ü, los signos de apertura ¿ y ¡, las comillas latinas « » y, según el idioma con el que convivas, la ç, la l·l o la ã. El síntoma es un rectángulo vacío o una letra en otra tipografía en mitad de una palabra, y solo aparece cuando alguien escribe la palabra concreta que falta.
Tres causas cubren casi todos los casos. El programa estaba abierto cuando se instaló la fuente y hay que reiniciarlo. Ya había instalada otra versión de la misma tipografía y el sistema se quedó calladamente con la vieja — hay que desinstalarla primero y volver a instalar. O el archivo se descargó de internet y el sistema operativo lo tiene bloqueado, lo que en Windows se manifiesta como una instalación que parece funcionar y no cambia nada.
Un archivo de fuente realmente corrupto es raro y suele anunciarse: el cuadro de instalación lo rechaza de entrada en lugar de funcionar a medias. Si se abre en un visor de tipografías, el archivo está bien.
Aquí solo se cambia el envoltorio. La herramienta abre la fuente, le pone el envase que has pedido y la vuelve a guardar: los contornos no se tocan en ningún momento, así que el dibujo de las letras, las métricas, el kerning y las tablas de funciones tipográficas salen tal cual entraron. Por eso pasar de TTF a WOFF2 y volver devuelve los mismos contornos, y por eso la conversión no puede mejorar ni empeorar el aspecto de nada.
Y por eso mismo hay algo que no hace, y prefiero decirlo aquí antes de que alguien lo intente: no convierte curvas. No existe una conversión de TrueType a PostScript ni al revés, porque eso no es reempaquetar sino redibujar. Si el archivo de origen lleva curvas PostScript dentro y pides un TTF, la herramienta se niega con un error en lugar de entregarte un archivo mal etiquetado, que es exactamente lo que debería hacer. EOT tampoco está disponible, y ahí la razón es distinta: falta la herramienta, no el algoritmo.
Las tipografías son una de las pocas familias de este sitio que no se convierten en el navegador. El archivo se envía a api.quinvert.com, se escribe en una carpeta temporal recién creada con un nombre fijo — tu nombre de archivo no llega a tocar el disco — y esa carpeta se borra al terminar, también cuando la conversión falla. El contenedor donde se ejecuta no tiene salida a internet, y el resultado se devuelve indicando que no se guarde en caché.
Los límites de esa vía son 25 MB por archivo y 100 conversiones por visitante y día, contadas por día UTC. Para tipografías eso no aprieta nunca: una fuente de texto completa se mide en cientos de kilobytes, y las familias enormes con muchos pesos llegan a unos pocos megabytes. Lo que sí conviene resolver antes de subir nada es la pregunta de la licencia, porque esa el conversor no la responde.
| Extensión | .ttf |
|---|---|
| Tipo de medio | font/ttf |
| Publicado por | Apple |
| Primera publicación | 1991 |
| Especificación | TrueType Reference Manual |
En Windows, doble clic y pulsar Instalar. En macOS, doble clic y dejar que Catálogo Tipográfico la añada. En Linux, ponerla en una carpeta de fuentes de tu carpeta personal y actualizar la caché. Después hay que reiniciar los programas que ya estuvieran abiertos, o no aparecerá en su lista.
Los dos son el mismo contenedor, normalizado conjuntamente. El TTF lleva contornos cuadráticos y el OTF, cúbicos de tipo PostScript. En el uso diario la diferencia es despreciable: los dos se instalan y funcionan igual. Las funciones tipográficas avanzadas son más frecuentes en las ediciones OTF, aunque el formato no lo exige.
Técnicamente sí, y conviene convertirla antes a WOFF2: la misma fuente, bastante más ligera, y la leen todos los navegadores actuales. Comprueba la licencia antes de hacer cualquiera de las dos cosas, porque una licencia de escritorio no suele cubrir el uso web y eso es una compra aparte, no un tecnicismo.
Porque el programa leyó su lista de fuentes al arrancar: reinícialo. Si eso no basta, puede que ya hubiera instalada una versión anterior de la misma tipografía que tiene preferencia — quítala primero — o que el sistema tenga bloqueado el archivo descargado.
Depende íntegramente de la licencia, no del formato. Las publicadas bajo la SIL Open Font License se pueden usar comercialmente y convertir; una licencia comercial de escritorio suele limitar el número de equipos y excluir el uso web y la incrustación en aplicaciones. El texto de la licencia viene con la descarga y suele ocupar una página.
No, y no es una carencia de este sitio sino de la operación: pasar de contornos cuadráticos a cúbicos es redibujar la letra, no reempaquetarla. Lo que sí se hace es cambiar el envoltorio entre TTF, WOFF y WOFF2 sin tocar un solo contorno.