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Aquí puedes convertir 3MF a PLY gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
3MF a PLY
Hay un trabajo bien distinto que no es imprimir ni modelar: averiguar si una pieza es lo que se supone que tiene que ser. Si la pared mide de verdad 1,6 mm donde lo dice el plano. Qué volumen de material va a consumir. Si el archivo del proveedor coincide con la geometría que se aprobó. Cuánto se ha desviado la pieza impresa del modelo, una vez escaneada.
Nada de eso pasa en un laminador, y todo eso pasa con naturalidad en MeshLab, CloudCompare, Open3D o trimesh, que tratan el PLY como el formato que no hay que explicar. Así que esta conversión es un paso dentro de una medición y no una entrega, y las preguntas que merece la pena responder aquí son sobre la fidelidad de los números y no sobre el aspecto.
Un PLY no registra unidades. Tampoco lo hacen el STL, el OBJ ni el glTF. Un escaneo de un aparato viene en milímetros, el de otro en metros, y una malla salida de un programa de modelado viene en lo que estuviera pensando quien la hizo. Por eso el volumen calculado sobre un PLY cualquiera es un número cuya unidad hay que establecer por separado, normalmente preguntando.
El 3MF es la excepción, porque el formato obliga a declararla en el elemento del modelo. El lector la resuelve con una tabla fija: micra por 0,001, milímetro por 1, centímetro por 10, pulgada por 25,4, pie por 304,8 y metro por 1.000. El PLY que sale está en milímetros dijera lo que dijera el origen, de modo que el volumen que informa MeshLab son milímetros cúbicos y sus distancias son milímetros, sin ningún factor de conversión apuntado en un papel.
En España e Hispanoamérica se trabaja en milímetros y esa resolución de unidades parece un adorno hasta que llega un 3MF hecho en Estados Unidos. Un modelo autorado en pulgadas, descargado de un repositorio de piezas, entra multiplicado por 25,4 y sale en la misma escala que todo lo demás de tu carpeta.
La alternativa —lo que hacen las herramientas que ignoran la declaración— es una pieza veinticinco veces más pequeña de lo que debería, que en un visor parece perfectamente normal porque un visor encuadra lo que le den. Ese es el error que solo se descubre al medir o al imprimir, y aquí no puede ocurrir porque la unidad se lee y se aplica.
Algunos orígenes de esta web se sueldan al entrar, porque un STL guarda tres vértices sin compartir por triángulo y de otro modo produciría archivos absurdos. Un 3MF ya guarda una lista de vértices indexada, así que aquí no se suelda nada ni se renumera nada dentro de un objeto: las posiciones y los índices de triángulo pasan tal como los tenía el archivo.
Esa es justamente la propiedad que necesita una comparación. Si el origen declara 48.212 vértices, la cabecera del PLY dice 48.212, y una diferencia es una diferencia real y no un residuo de la conversión. También significa que los vértices duplicados que dejara el programa de modelado siguen ahí, cosa que conviene saber antes de lanzar un algoritmo que da por supuesta una malla limpia: fusiona con una tolerancia que elijas tú, en tu herramienta, en lugar de suponer que ya está hecho.
Un 3MF separa qué es un objeto de dónde va: la sección de recursos guarda las mallas y la sección de construcción coloca cada una con una transformación. El lector aplica esas transformaciones a los vértices, porque un PLY no tiene forma de expresar una colocación.
La consecuencia es una trampa de medición que conviene nombrar. Las coordenadas del PLY son coordenadas de bandeja y no de pieza, así que una pieza colocada al fondo a la izquierda de una cama de 256 mm queda lejísimos del origen: su caja envolvente es correcta y su posición no describe nada útil sobre la pieza. Para volumen, área y espesor da igual. Para registrar contra un escaneo, o para comparar dos exportaciones de la misma pieza, traslada cada malla a su propio centroide antes, o el alineamiento arranca desde un desfase de cien milímetros que tiene que descubrir solo.
Un PLY tiene una sola lista de vértices y una sola lista de caras. Un 3MF con tres objetos con nombre, o con un objeto colocado cinco veces, produce por tanto una sola superficie con las listas de vértices concatenadas y los índices de cara desplazados en consecuencia.
La geometría queda intacta y la identidad desaparece: ni nombres, ni fronteras entre objetos, ni metadatos por pieza. Un análisis de componentes conexos recupera los trozos, pero un volumen calculado sobre el archivo fundido es el total de todo lo que había en la bandeja, que es la respuesta equivocada a «cuánto material lleva esta pieza». Si los números tienen que ser por pieza, borra las demás en el laminador, vuelve a guardar y convierte de una en una.
Un objeto de un 3MF puede estar definido como ensamblaje —una lista de componentes que apuntan a otros objetos, cada uno con su transformación— en lugar de como malla. El lector resuelve esas referencias de forma recursiva y multiplica cada transformación por la que tiene encima, así que una pieza anidada dos niveles cae donde el archivo dice y no en el origen.
No siempre fue así, y el fallo anterior merece nombrarse porque era silencioso. Al recorrer solo los elementos de malla, un archivo cuya construcción nombraba un objeto sin geometría propia salía vacío, y la salida de emergencia emitía entonces las piezas sueltas en el origen con todas las colocaciones perdidas: un ensamblaje de dos partes llegaba como dos partes superpuestas. Hoy, un archivo que no da ningún triángulo en ningún sitio se detiene con un mensaje que lo dice, y una cadena de componentes que se referencia a sí misma se corta en lugar de seguirse hasta desbordar la pila.
La cabecera dice siempre «format ascii 1.0». No hay opción binaria, así que cada coordenada se escribe con sus cifras decimales y cada cara como una línea que empieza por 3. Los resúmenes de formato —incluido el de esta web— describen el PLY como formato binario, y eso es cierto de la especificación y no de lo que sale de aquí.
La primera consecuencia es el tamaño: una coordenada empaquetada ocupa cuatro bytes y su forma escrita entre diez y quince caracteres, así que un 3MF de unos pocos megabytes, que además es XML comprimido, se convierte con normalidad en un PLY varias veces mayor. La segunda es más doméstica: los números van con punto decimal, porque así los escribe el motor. Si se te ocurre abrir el .ply en una hoja de cálculo configurada en español para echarle un vistazo a las coordenadas, verás fechas y millares donde había medidas. Ábrelo en un editor de texto o directamente en la herramienta de análisis.
Grupos de color, materiales base, asignaciones de propiedades por triángulo, nombres de objeto, ajustes de impresión, refuerzos de soporte, mallas modificadoras, el perfil de impresora, la definición de bandeja, la miniatura y hasta el último resto de metadatos del laminador. Nada de eso se lee, y el PLY declara únicamente las propiedades x, y y z: sin color, sin normales y sin coordenadas de textura.
Para medir eso es en general irrelevante, porque estás preguntando por geometría, con una excepción que conviene señalar. Si la pieza es multimaterial, la frontera entre materiales se expresa como asignación de propiedades por triángulo, y después de convertir no hay forma de distinguir una región de otra. Medir el volumen solo de la parte flexible es una pregunta que este archivo ya no puede responder.
MeshLab da en una sola pasada superficie, volumen, caja envolvente y centro de masas, y sus medidas topológicas informan del número de componentes conexos, de aristas de borde y de aristas no manifold, lo que junto responde a la vez a «cuánto material» y a «esto es realmente un sólido». Su comparación contra una malla de referencia coteja dos mallas vértice a vértice y produce un mapa de error en color.
CloudCompare es la herramienta mejor cuando uno de los dos lados es un escaneo: su distancia de nube a malla toma los puntos escaneados y el PLY convertido e informa de distancias con signo y su histograma, que es la manera estándar de enseñar que una pieza impresa está 0,3 mm por debajo de medida en una cara. Los dos números están en milímetros porque el 3MF lo dijo, y esa es toda la razón por la que esta conversión merece la pena en lugar de exportar un STL.
En esta pestaña. El archivo se descomprime y el XML del modelo se interpreta con código que corre dentro de la página, sin ningún módulo de WebAssembly que descargar, sin subida, sin cuenta y sin cupo diario. El tope por archivo es de 100 MB y un lote admite hasta 100 piezas de una vez.
Los archivos de impresión son con mucha frecuencia propiedad intelectual ajena —la pieza de un cliente, la geometría de un proveedor, un componente bajo acuerdo de confidencialidad—, y el trabajo de control de calidad que motiva esta página es exactamente la situación en la que eso es cierto. Una conversión que nunca manda el archivo a ningún sitio es la única versión de este flujo que no obliga a tener una conversación con alguien antes, y se comprueba mirando la pestaña de red mientras convierte.
| 3MF | PLY | |
|---|---|---|
| Nombre completo | 3D Manufacturing Format | Polygon File Format |
| Extensión de archivo | .3mf | .ply |
| Tipo de medio | model/3mf | model/ply |
| Publicado por primera vez | 2015 | 1994 |
| Publicado por | 3MF Consortium | Stanford University |
| Especificación | 3MF Core Specification | — |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | STL, OBJ | OBJ, STL |
Los programas de siempre no coinciden: 3MF se abre en PrusaSlicer, Cura y Microsoft 3D Builder, y PLY en MeshLab, Blender y CloudCompare, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
Los dos apuntan a trabajos distintos: 3MF a la impresión 3D y PLY a el escaneo y mover datos entre programas. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
3MF es el formato de 3MF Consortium, publicado en 2015. Está recogido en 3MF Core Specification, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
PLY viene de Stanford University y es de 1994. MeshLab, Blender y CloudCompare lo leen.
PLY se publicó en 1994 y 3MF en 2015. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez.
3MF y PLY describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. Solo la geometría. Los materiales, los colores, las texturas y la animación no viajan, y un modelo colocado varias veces vuelve con cada copia fijada en su propia posición.
Para la conversión no: ocurre en el navegador que ya tienes abierto. Para abrir el resultado necesitas después el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Polygon File Format.