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Aquí puedes convertir DOC a RTF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
DOC a RTF
Esta conversión responde a una norma y no a una preferencia, y la norma suele ser invisible hasta que salta. Word dice que ese tipo de archivo está bloqueado por una configuración. Un correo llega con el adjunto retirado y una nota de un aparato de seguridad. Un formulario de subida enumera los formatos que admite y el .doc no está. Un sistema de entrada de expedientes normaliza todo lo que recibe y exige texto enriquecido.
Nada de eso es un juicio sobre tu documento. El DOC binario es un archivo de almacenamiento estructurado —una especie de sistema de ficheros diminuto dentro de un fichero, con flujos con nombre que pueden guardar un proyecto de macros, objetos incrustados y bastante más— y durante dos décadas fue la vía más fiable para meter algo indeseado en una organización. Bloquearlo entero es una defensa tosca que funciona, y no se va a levantar por una entrega. El RTF está al otro lado de esa línea porque es texto, y el texto no ejecuta.
Conviene tener claro que esto no es modernizar nada. El registro marca los dos formatos como heredados: el RTF que escribe esta conversión viene de la especificación de 1987, y el DOC binario que lee es el de Word 97, la variante de archivo compuesto OLE que sigue siendo la que circula hoy. Microsoft dejó de desarrollar la especificación del texto enriquecido en 2008. Estás cambiando un envase binario por uno de texto de la misma quinta, y el cambio solo tiene sentido porque a quien recibe le importa el envase.
Si nadie está rechazando el archivo, esta es la página equivocada. Un documento con el que vas a seguir trabajando debería convertirse en DOCX, que es un formato vivo con una estructura validable; uno que solo hay que leer debería convertirse en PDF, que fija la maquetación y no se altera por accidente. Elige RTF cuando un sistema concreto lo haya nombrado, o cuando quien lo recibe no tenga ninguna suite ofimática y lo que tenga sea el editor que viene con el sistema.
Los dos formatos fallan en direcciones opuestas y las dos merecen conocerse. Un DOC binario guarda el texto en una tabla de fragmentos que reconstruye el documento pieza a pieza: denso, eficiente para el hardware de finales de los noventa y completamente ilegible sin una biblioteca que lo entienda.
Un RTF es lo contrario en todo. Ábrelo en un editor de texto y la prosa se lee, envuelta en palabras de control precedidas de contrabarra para la tabla de tipografías, la de colores, la hoja de estilos y cada tramo de formato. Esa transparencia explica que un RTF sobreviva a sistemas que estropean el contenido binario, y que uno roto se pueda a veces reparar a mano. También explica que nadie lo compruebe: un DOC con un flujo dañado se niega a abrirse, mientras que un RTF ligeramente mal se abre ligeramente mal y no dice nada. Que se vea bien no es prueba de que esté bien.
Casi todo, porque el texto enriquecido se inventó justamente para esto. Los estilos de párrafo con nombre llegan como estilos y no como formato manual, porque el RTF tiene una hoja de estilos de verdad. Las tablas conservan sus celdas, sus bordes y sus combinaciones; las listas conservan la numeración; encabezados, pies, paginación, notas al pie, notas al final, hipervínculos, marcadores y configuración de página tienen representación directa a los dos lados.
La conversión la hace LibreOffice, que lee el DOC binario y escribe RTF como filtros de primera clase. En la máquina que lo ejecuta hay sustitutos de métrica compatible para Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri y Cambria: tipografías dibujadas de otra manera y medidas igual, que es lo que mantiene los saltos de línea en su sitio. Un documento compuesto con cualquier otra cosa se sustituye en silencio y se recoloca, y eso incluye a las tipografías corporativas y a las decorativas.
Es una limitación compartida y explica la mitad de las sorpresas de maquetación. Los dos formatos nombran tipografías y ahí acaban: quien abre el archivo pone lo que tenga. Es decir, el documento ya se estaba sustituyendo antes de que tú convirtieras nada, si quien lo abría no tenía instalado lo que pedía.
La consecuencia práctica es que la comparación honesta no es «el DOC original contra el RTF», sino «cómo se ve el DOC en la máquina de destino contra cómo se ve el RTF allí mismo». En una entrega a un organismo o a un cliente, eso suele significar comprobarlo en un ordenador que no sea el tuyo, o resignarse a que la única maquetación garantizada la da un PDF.
Los archivos de Word antiguos acumulan cosas que sus autores nunca quisieron mandar. Las propiedades guardan el autor original, la empresa a la que se registró la licencia, el tiempo total de edición y a menudo una cadena de rutas anteriores. Las versiones viejas escribían fragmentos de texto borrado dentro del archivo, y un documento que ha pasado por quince revisiones puede contener frases que nadie quiso conservar. Los objetos incrustados —una hoja de cálculo enlazada, un gráfico pegado— pueden arrastrar datos muy por encima de lo que se ve en la página.
El paso por RTF se lleva por delante buena parte de eso de forma incidental, porque en su sintaxis no hay sitio donde poner un flujo de objeto ni un juego de propiedades de archivo compuesto. Ese es uno de los motivos por los que algunos sistemas de entrada piden texto enriquecido. No es motivo para fiarse a ciegas: lee el documento convertido antes de mandarlo, sobre todo si el DOC es viejo y su historia no la conoces.
La sintaxis del RTF no tiene ningún lugar para un proyecto de macros, así que cualquier automatización del documento se queda atrás por definición y no por política. En un DOC de los noventa eso es más probable de lo que la gente supone: las plantillas con macros eran práctica de oficina normal, y un documento creado a partir de una hereda lo que la plantilla llevara.
Si Word te ha enseñado alguna vez un aviso de seguridad al abrir este archivo, de eso iba, y convertir es la respuesta más limpia posible. Las palabras, las tablas y la maquetación llegan al otro lado; el código no llega, y no puede. Para un sistema que acepta documentos inertes y rechaza envases capaces de ejecutar algo, esta conversión es la respuesta que respeta el requisito en lugar de discutirlo.
El texto enriquecido no tiene compresión de ninguna clase y guarda una imagen incrustada como texto hexadecimal: aproximadamente dos caracteres en el archivo por cada byte de imagen. Un DOC hecho casi todo de prosa crece poco. Un DOC con un membrete en cada página, una firma escaneada y dos fotografías puede multiplicarse varias veces.
Aquí eso importa más que en otras páginas, porque el motivo para convertir es con frecuencia un límite de adjunto o de subida. Salvar un bloqueo de política y estrellarse después contra un límite de tamaño es un mal negocio. Si el documento lleva ilustraciones, redúcelas en Word antes de convertir y no después: el coste de una imagen se paga entero, y un membrete decorativo repetido en cada página es lo primero que hay que quitar. Una página escaneada pegada dentro de un documento suele ser el elemento más pesado de todos.
Merece la pena decirlo por si el plan era ir y volver: este sitio lee el formato binario de Word y no lo escribe nunca. Ninguna conversión de aquí produce un .doc, y eso es una decisión y no una carencia: no tiene sentido fabricar archivos nuevos en un formato que las organizaciones están bloqueando.
Si necesitas devolver el documento en algo que Word edite con comodidad, el destino es DOCX. Y si la ida y vuelta la vas a hacer para conservar el original, no la hagas: guarda el DOC de partida tal cual junto al RTF, porque ninguna conversión entre formatos de texto enriquecido es reversible al byte.
En nuestro servidor y no en tu navegador. Leer un archivo binario de Word y escribir texto enriquecido necesita un motor ofimático de verdad, y esta página lo dice claro en vez de insinuar que todo lo de este sitio se ejecuta en local. El archivo viaja por una conexión cifrada hasta un contenedor con LibreOffice, y ese contenedor no tiene salida propia a internet.
Cada trabajo recibe su propio directorio y su propio perfil de LibreOffice —dos procesos compartiendo un perfil lo corrompen, y el síntoma no es un error sino una conversión que nunca vuelve— y el directorio se borra al terminar, salga bien o salga mal. Todo lo que siga corriendo a los sesenta segundos se termina, cosa que importa especialmente con documentos antiguos, porque ante un binario malformado LibreOffice tiende a quedarse parado en vez de fallar. Un documento con contraseña cae en el mismo caso: no hay ninguna ventana donde teclearla, así que el proceso se queda esperando y el corte llega por el límite de sesenta segundos y no por un aviso que nombre la contraseña. El límite gratuito es de 25 MB por archivo.
Revisa el resultado antes de entregarlo, y ábrelo en lo que más se parezca al destino en lugar de en lo que tengas a mano. Un mismo archivo mostrado por Word y mostrado por el analizador de un sistema de entrada pueden diferir, y el que decide si la entrega se acepta es el segundo. Un editor mínimo es un buen sustituto precisamente porque soporta muy poco.
Mira primero las tablas, y después todo lo que fuera un campo: una fecha que se actualizaba sola, un recuento de páginas, una referencia cruzada. Cada una de esas cosas se resuelve al valor que tenía en el momento de convertir y deja de estar viva. Luego repasa la primera y la última página en busca de los desperfectos corrientes de un archivo de treinta años. Treinta segundos ahí salen más baratos que una entrega rechazada y un plazo que se cierra.
| DOC | RTF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Documento de Word 97-2003 | Rich Text Format |
| Extensión de archivo | .doc | .rtf |
| Tipo de medio | application/msword | application/rtf |
| Publicado por primera vez | 1997 | 1987 |
| Publicado por | Microsoft | Microsoft |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Antiguo, aún se lee en todas partes | Antiguo, aún se lee en todas partes |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | DOCX, PDF | DOCX, ODT, TXT |
DOC y RTF admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
Microsoft Word y LibreOffice Writer leen tanto DOC como RTF, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
RTF viene de Microsoft y es de 1987. Microsoft Word, LibreOffice Writer y TextEdit lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
DOC y RTF describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo RTF terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Rich Text Format.