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Aquí puedes convertir ODT a RTF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
ODT a RTF
En España el ODT llega por todas partes: administraciones que publican plantillas en formato abierto, universidades y centros educativos con LibreOffice instalado por defecto, ayuntamientos que exigen documentos editables sin atarse a un proveedor. Quien trabaja ahí dentro produce ODT sin pensarlo, porque es lo que le da el programa que tiene delante.
El problema aparece al salir de ese círculo. El destinatario es una persona con un portátil doméstico sin ninguna suite ofimática, un ordenador corporativo bloqueado donde no se instala nada, un puesto compartido en una recepción o un taller. Ahí el archivo raro es el tuyo. Esta conversión no arregla un ODT defectuoso: le da al otro lado un archivo que su sistema ya sabe abrir.
WordPad en las versiones de Windows que aún lo traen, TextEdit en cualquier Mac, y prácticamente todo lo que se llame procesador de textos, incluido Word y el propio Writer. Es una lista corta y aburrida, y esa es exactamente su virtud: son programas que ya estaban en la máquina antes de que llegara tu documento.
Conviene comprobar el caso concreto antes de convertir, porque a veces la conversión sobra. Word lee OpenDocument desde hace más de una década, así que un destinatario con Word puede abrir tu ODT tal cual. El RTF gana en la franja estrecha en la que no hay ninguna suite: si la hay, mandar el original ahorra un paso y una pérdida.
Un ODT es un archivo comprimido con XML dentro: el texto en una parte, los estilos en otra, un manifiesto y las imágenes guardadas como imágenes de verdad. Es una norma abierta de 2005 con varias implementaciones y una especificación viva.
El RTF es de Microsoft y de 1987, y es texto plano: las palabras del documento rodeadas de instrucciones precedidas de barra invertida que describen la tabla de fuentes, la de colores y el formato de cada tramo. Su especificación dejó de crecer hace años, y para este uso concreto eso es una ventaja y no un abandono. Un formato que ya no va a cambiar es un formato que un programa antiguo va a seguir leyendo dentro de diez años.
El ODT venía comprimido por definición, porque es un ZIP. El RTF no comprime nada en absoluto: cada palabra de control se escribe literalmente, y el archivo resultante suele ser varias veces mayor que el documento del que sale.
Las imágenes son el caso extremo. Un RTF guarda una fotografía incrustada como texto hexadecimal, de modo que cada byte de la imagen se convierte en dos caracteres dentro del archivo. Un informe con capturas de pantalla y un membrete repetido puede multiplicar su tamaño de forma incómoda justo cuando tiene que caber en un adjunto. Si el destino tiene tope, reduce las imágenes dentro del Writer antes de convertir.
La máquina que hace la conversión lleva instaladas Liberation, Liberation 2, Carlito, Caladea, DejaVu Core, Noto Core y Noto CJK. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria, así que un documento escrito en Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri o Cambria conserva los saltos de línea en el mismo sitio, aunque la letra que dibuje el contenedor no sea literalmente la misma.
Fuera de ese conjunto la sustitución ocurre en silencio y el texto se recompone. Un escrito maquetado con la tipografía del manual de identidad de una entidad, o con una fuente descargada para el encabezado, va a paginar de otra manera. Y el RTF tampoco puede llevar la fuente dentro: la nombra y se acaba ahí, de modo que la máquina del destinatario dibujará lo que tenga instalado.
La sintaxis del RTF no tiene ningún sitio donde alojar código, así que la automatización que llevara el documento no viaja. No es una decisión nuestra: es que el formato no tiene esa casilla.
Para la mayoría de los documentos eso es irrelevante y de vez en cuando es justo el objetivo. Un buzón corporativo que trata cualquier archivo capaz de ejecutar algo como contenido sospechoso deja pasar un documento inerte sin discusión. Donde sí duele es en un documento que hacía trabajo al abrirse —rellenar una referencia, sellar una fecha, mostrar un párrafo u otro según una variable—: el RTF es una foto fija de ese estado y nada de eso volverá a ejecutarse.
Writer va a dibujar su propia salida de maravilla y no te va a enseñar nada. Ábrelo en el programa más limitado que tengas a mano, porque eso se parece mucho más a lo que verá alguien con una máquina desnuda: WordPad en Windows, TextEdit en un Mac.
Mira en este orden: primero las tablas, después las imágenes y cualquier marco que estuviera colocado en vez de estar dentro del texto, y por último el índice y las referencias cruzadas. Si vas a mandar varios documentos, revisa uno a fondo y el resto por encima: los fallos vienen de las construcciones que usas y no del archivo concreto, así que lo que se rompa en uno se romperá en todos.
Una parte de las conversiones que se hacen en esta página no hacían falta. La lista de extensiones admitidas de una plataforma, de un formulario de presentación o de un correo corporativo suele estar escrita en algún sitio, y suele ser más larga de lo que la gente supone: muchas aceptan DOCX y unas cuantas aceptan ODT directamente.
Mirarlo cuesta un minuto y decide entre tres respuestas distintas. Si acepta ODT, manda el original y no pierdas nada. Si acepta DOCX, ese destino conserva más que el RTF y esta página no es la correcta. El RTF gana cuando la lista es corta y antigua, o cuando el problema no es una lista sino una persona con un ordenador sin nada instalado.
Hay que decirlo sin rodeos, porque la mayor parte de las herramientas de este sitio trabajan dentro del navegador y ésta no. Convertir entre dos formatos completos de procesador de textos necesita un motor ofimático de verdad, así que el archivo viaja por una conexión cifrada hasta un contenedor con LibreOffice funcionando sin interfaz gráfica.
Cada trabajo recibe un directorio temporal propio y el archivo se guarda ahí con el nombre `input` más su extensión, de modo que el nombre que tú le pusiste no llega a tocar el disco. Ese directorio se borra al terminar dentro de un bloque que se ejecuta también cuando la conversión falla. El contenedor no puede abrir conexiones hacia fuera, y la respuesta se devuelve marcada para que no se guarde en ninguna caché.
El techo gratuito son 25 MB por archivo enviado, y se mide sobre lo que subes, no sobre lo que se descarga: como el RTF suele salir mayor, lo que vuelve puede pasar holgadamente de esa cifra sin que sea un problema. Se admiten cien conversiones de servidor por visitante y día, contadas sobre el día UTC, con un tope de ráfaga de cinco peticiones por minuto.
El aviso es real y conviene conocerlo: la zona donde sueltas los archivos aplica el límite de las conversiones locales, que son 100 MB, sin comprobar si el par se resuelve en el servidor. Un ODT de 60 MB es aceptado por la interfaz y rechazado después por la API. Y el máximo de sesenta segundos se aplica a cada proceso que se lanza, no a la petición completa.
El documento maestro sigue siendo el ODT: es el que lleva los estilos, los campos vivos y todo lo que el texto enriquecido tuvo que dejar en la puerta. Vuelve a generar el RTF cuando cambie el documento, en vez de editar el RTF y perder la sincronía entre los dos.
Si el destinatario devuelve el archivo editado, cuenta con que el viaje de vuelta también cueste formato. Un documento que sale por esta conversión y regresa guardado desde un programa mínimo ha pasado por dos filtros distintos. Para un texto largo o muy maquetado sale más a cuenta pedir los cambios como comentarios sobre un PDF y aplicarlos tú en el ODT.
Son las dos salidas al mismo problema y responden a preguntas distintas. Manda PDF cuando el documento tiene que verse exactamente como lo maquetaste, cuando nadie debería modificarlo y cuando la tarea del otro lado es leer o imprimir. Lo abre cualquier cosa, incluido un móvil, y nada se mueve de sitio.
Manda RTF cuando el destinatario tiene que editar y devolver. Ésa es la franja estrecha en la que el texto enriquecido es de verdad la mejor opción: un documento modificable, abierto sin instalar nada, guardado y reenviado. Fuera de esa franja, casi siempre gana el PDF, y decirlo aquí es más útil que convencerte de usar esta página.
| ODT | RTF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | OpenDocument Text | Rich Text Format |
| Extensión de archivo | .odt | .rtf |
| Tipo de medio | application/vnd.oasis.opendocument.text | application/rtf |
| Publicado por primera vez | 2005 | 1987 |
| Publicado por | OASIS | Microsoft |
| Especificación | ISO/IEC 26300 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Vigente | Antiguo, aún se lee en todas partes |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | DOCX, PDF | DOCX, TXT |
ODT y RTF admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
LibreOffice Writer y Microsoft Word leen tanto ODT como RTF, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
ODT es el formato de OASIS, publicado en 2005. Está recogido en ISO/IEC 26300, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
RTF viene de Microsoft y es de 1987. Microsoft Word, LibreOffice Writer y TextEdit lo leen.
RTF se publicó en 1987 y ODT en 2005. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
ODT y RTF describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo RTF terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Rich Text Format.