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Aquí puedes convertir KMZ a CSV gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
KMZ a CSV
Casi nunca es tuyo el KMZ que intentas abrir. Llega adjunto de una empresa de topografía, de una compañía suministradora, del área de urbanismo de un ayuntamiento, de un patronato de turismo o de una consultora ambiental, generado con la herramienta que esa organización tenga estandarizada, y dando por supuesto que al otro lado hay un Google Earth. Si lo que tienes es un parte de trabajo que rellenar o un recuento que verificar, instalar un visor de globo terráqueo para leer cuarenta coordenadas es un mal negocio.
Para eso está esta conversión. Abre el archivo comprimido, lee el documento que hay dentro y te devuelve las posiciones y los nombres como filas: lo suficiente para pegar una coordenada en un formulario, cruzarla con un inventario de activos o confirmar que el archivo contiene de verdad los dieciocho emplazamientos que decía el correo. Lo que no te va a dar es el mapa, y si el mapa es el entregable, entonces Google Earth sí es la herramienta correcta.
No existe un modelo de datos KMZ. El formato es un archivo ZIP cuyo miembro principal es un documento KML, y todo lo que un KMZ puede expresar lo expresa ese KML. El contenedor existe para que un mapa viaje como un solo archivo junto con las imágenes a las que hace referencia —iconos de chincheta propios, una superposición fotográfica, un plano escaneado y georreferenciado sobre el terreno— en lugar de como una carpeta que se rompe cuando alguien se deja un fichero.
El lector busca `doc.kml`, que es el nombre que escribe Google Earth, y si no está, se queda con el primer miembro que termine en `.kml`. Ese repliegue no es prudencia decorativa: la especificación solo exige que el documento principal del archivo sea un KML, no que se llame de una manera concreta, y lo que exportan otras herramientas viene con nombres del tipo `Emplazamientos_Fase2.kml`. Si ningún miembro termina en `.kml`, la conversión se detiene y lo dice en lugar de devolver una tabla vacía.
Un KMZ de 4 MB casi nunca son 4 MB de coordenadas. El grueso suele ser una carpeta `files/` o `images/` con iconos PNG, una superposición JPEG y de vez en cuando un plano escaneado de varios miles de píxeles de lado. Nada de eso aparece en el CSV, y no es un descuido: una tabla no tiene dónde meter una imagen, y una columna de nombres de fichero apuntando a ficheros que ya no tienes sería activamente engañosa.
La consecuencia práctica es que un KMZ cuyo contenido real es un dibujo se convierte en un CSV casi vacío. Un plano georreferenciado con dos marcas de esquina te da dos filas y nada del plano. Si eso es lo que encuentras, el archivo es un documento y no un conjunto de datos, y la respuesta es descomprimirlo a mano para mirar la imagen, no buscar otro conversor.
Cada fila lleva un tipo, un nombre, una latitud, una longitud, una elevación y una hora. El tipo distingue un punto suelto de un vértice de una línea dibujada, y es lo primero por lo que conviene filtrar: un KMZ de ubicaciones de activos debería ser todo filas `waypoint`, y un bloque grande de filas `track` significa que el archivo trae además recorridos o lindes.
El nombre es la etiqueta que llevaba el elemento, repetida en cada vértice de una línea para que aislar un solo elemento de un archivo grande no requiera ninguna unión. La latitud y la longitud van en grados decimales. La elevación y la hora están vacías con frecuencia, porque un mapa dibujado no registra ninguna de las dos, y vacío es la salida correcta para un valor que el origen nunca tuvo.
La tabla sale en grados decimales sobre el sistema geográfico que usa el propio KML, con seis decimales, que son unos 11 centímetros. Eso entra directamente en el buscador de cualquier web de mapas, en un sistema de flotas o de despacho y en una API de geocodificación, que es casi siempre la razón inmediata por la que alguien quería la tabla.
Y no es lo que usa buena parte del trabajo técnico en España, donde la referencia habitual son coordenadas UTM en ETRS89 con el huso correspondiente, ni lo que aparece en un plano catastral o en un proyecto de obra. Este conversor no reproyecta nada: te entrega lo que el archivo traía. Si tienes que cruzar estas filas con un levantamiento en UTM, la transformación es un paso aparte y consciente, y conviene hacerlo con una herramienta que declare qué sistema está usando en vez de con una conversión aproximada.
Dentro del KML las coordenadas se escriben con la longitud primero, que es al revés que en casi todo lo demás y la forma más común de equivocarse con estos archivos. La conversión les da la vuelta, de manera que en el CSV la latitud va delante.
Lo que hay que vigilar es qué espera el destino. Escrito como `40.416775, -3.703790`, un buscador de mapas lee la latitud primero y cae donde querías. Un sistema construido sobre GeoJSON o sobre una biblioteca SIG suele querer la longitud delante, y cambiar el par de sitio mueve un punto de Madrid al golfo de Guinea: lo bastante lejos como para que se vea a la primera, y lo bastante fácil de pasar por alto cuando le ocurre a una fila de cada cuatrocientas.
Cambiar la extensión a `.zip` y hacer doble clic es una forma legítima de llegar al contenido, y merece la pena saberlo porque no cuesta nada y confirma qué es el archivo de verdad. Cualquier sistema operativo lo abrirá, y verás el KML junto a las imágenes que viajaron con él.
Lo que tienes entonces es XML: coordenadas escritas como tríos de longitud, latitud y altitud pegados dentro de un mismo elemento, envueltos en una estructura de carpetas y elementos. Eso es legible para una persona que busca un número y es inservible como conjunto de datos. La conversión hace la segunda mitad —recorrer el árbol, partir las coordenadas, darles la vuelta— que es la parte tediosa y fácil de estropear.
La compresión hace que el tamaño en disco sea mala guía de cuánto hay dentro. El KML es texto repetitivo y se comprime extraordinariamente bien, con factores del orden de cinco a uno, así que un KMZ de 3 MB puede contener varios cientos de miles de coordenadas.
El techo libre de 100 MB se aplica al KMZ tal como está, de modo que en la práctica lo primero que se encuentra es la memoria de tu propia pestaña y no el número. Si un archivo grande se atasca, el diagnóstico útil es renombrarlo a `.zip` y mirar el tamaño sin comprimir del miembro KML: esa cifra, y no la del archivo comprimido, es la que hay que analizar y sostener en memoria.
Hay dos fallos distintos que producen algo parecido a nada. Si el archivo comprimido no contiene ningún miembro KML, la conversión lo dice con esas palabras, y la causa es casi siempre un fichero renombrado en lugar de exportado. Si el KML está pero no produce geometría, el mensaje es que no se encontraron ni recorridos ni puntos, que es otro problema con otra solución.
La causa habitual del segundo es que el archivo consista en polígonos. Las superficies —una linde de parcela, una zona inundable, una huella de cobertura— guardan su contorno dentro de un elemento `Polygon` en el que este lector no desciende, así que un KMZ compuesto solo de regiones sombreadas no produce ninguna fila. Los enlaces de red, que traen su contenido de una dirección en lugar de guardarlo, vuelven vacíos por un motivo más profundo: el archivo realmente no contiene datos.
El nombre de cada elemento cruza. Casi nada más de lo que lleva una exportación profesional lo hace, y en esta clase de archivo esa es la ausencia que más va a doler: el número de activo, el diámetro de la tubería, la fecha de inspección, la referencia catastral y la nota del técnico suelen vivir en la descripción del globo o en un bloque de datos extendidos, y ninguno de los dos se lee. Un KMZ que en Google Earth parecía densísimo puede convertirse en una tabla de nombres y números con toda la sustancia fuera.
Hay dos maneras de recuperarlo. Renombrar el archivo a `.zip`, extraer el KML y leerlo: los campos extendidos son verbosos pero perfectamente legibles, y un elemento que dice `name="referencia"` explica qué es. O pedirle a quien te lo mandó la tabla de la que se generó el KMZ, que casi siempre existe, porque un archivo con un esquema propio dentro salió de una base de datos y no de alguien dibujando sobre un globo.
El archivo se descomprime, se analiza y se reescribe dentro de esta pestaña. No se transmite nada, cosa que el panel de red confirma durante una conversión, y la página sigue funcionando con la conexión apagada. No hay cuenta que crear y no queda ningún archivo esperando en una cola.
En este par el argumento es tan contractual como personal. Un KMZ de un cliente, de una suministradora o de una administración llega con frecuencia bajo condiciones sobre dónde puede almacenarse, y pegarlo en un conversor web gratuito es exactamente la clase de cesión que esas condiciones existen para impedir. Hacer la conversión en local significa que no hay un tercero al que nombrar ni un contrato de encargo que ir a buscar.
| KMZ | CSV | |
|---|---|---|
| Nombre completo | KML comprimido | Comma-Separated Values |
| Extensión de archivo | .kmz | .csv |
| Tipo de medio | application/vnd.google-earth.kmz | text/csv |
| Publicado por primera vez | — | 1972 |
| Publicado por | Keyhole | — |
| Especificación | OGC KML 2.3 | RFC 4180 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | KML, GPX | XLSX, JSON, Parquet |
Los programas de siempre no coinciden: KMZ se abre en Google Earth y QGIS, y CSV en Microsoft Excel, LibreOffice Calc y pandas, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
Los dos apuntan a trabajos distintos: KMZ a los mapas y CSV a mover datos entre programas. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
KMZ es el formato de Keyhole. Está recogido en OGC KML 2.3, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
CSV es de 1972, recogido en RFC 4180. Microsoft Excel, LibreOffice Calc y pandas lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez.
KMZ y CSV describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. Una fila por cada punto registrado. Todo lo que el archivo guardaba más allá de posición, altitud y hora no cabe en una tabla.
Para la conversión no: ocurre en el navegador que ya tienes abierto. Para abrir el resultado necesitas después el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Comma-Separated Values.