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Aquí puedes convertir RTF a ODT gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
RTF a ODT
El RTF se inventó para mover un documento con formato de un programa a otro, y en eso funciona muy bien. Nunca se pensó para ser el archivo dentro del cual alguien trabaja durante tres semanas, y la diferencia se nota de una manera fácil de pasar por alto: cada vez que pulsas guardar, Writer vuelve a escribir el documento entero como texto RTF y lo reconstruye desde ahí la próxima vez que lo abres.
Todo aquello para lo que el filtro no tiene una representación se aproxima o se cae en ese momento. Ciertos tipos de campo, algunas propiedades de sección y de marco, determinadas configuraciones de listas y las partes más finas del modelo de estilos no tienen equivalente en RTF, y la pérdida es silenciosa porque en pantalla el documento sigue pareciendo el mismo. Una ida y vuelta no se ve. Veinte, sobre un archivo que se edita a diario, sí.
El patrón siempre tiene la misma forma: un programa río arriba que emite RTF y una persona río abajo que tiene que trabajarlo en LibreOffice. Las agencias de traducción mandan los originales en RTF porque es lo que leen todas las herramientas TAO y todos los clientes. Las plataformas de transcripción y de dictado devuelven los borradores así. Las editoriales pequeñas reciben manuscritos en ese formato porque es lo que puede producir cualquier autor con cualquier ordenador.
Ninguno de esos remitentes va a cambiar, y tampoco debería: el RTF es la elección correcta para la entrega precisamente porque nadie puede fallar al abrirlo. El error está en tratar el formato de entrega como el formato de trabajo. Convierte al recibir, trabaja en ODT y exporta al final a lo que pida el cliente. Eso es una conversión en cada frontera en lugar de una en cada guardado.
Un RTF son caracteres. Ábrelo en un editor de texto y ahí está la prosa a la vista, rodeada de palabras de control precedidas por barra invertida que describen la tabla de fuentes, la de colores, la hoja de estilos y el formato de cada fragmento. Es verboso, imprimible entero, reparable a mano y no lo valida nada: un archivo ligeramente mal formado suele abrirse, ligeramente mal.
Un ODT es un ZIP con XML dentro: el texto en un archivo, los estilos en otro, un manifiesto y las imágenes como ficheros reales en una carpeta. Es OpenDocument, la norma ISO/IEC 26300, y lo leen tanto Writer como Word y Google Docs. Puedes descomprimir uno y buscar dentro del XML, que es una propiedad sorprendentemente útil cuando un documento se ha estropeado o cuando hay que hacer la misma sustitución en cien.
Por dos motivos que se acumulan. El primero es el ZIP: el XML del interior se comprime antes de llegar al disco, y el XML se comprime extraordinariamente bien porque repite sus propias etiquetas todo el rato. El RTF no tiene compresión de ninguna clase y escribe cada palabra de control literalmente.
El segundo son las imágenes. El RTF guarda una fotografía incrustada como texto hexadecimal, unos dos caracteres por cada byte de imagen, mientras que el ODT mete el archivo original en el paquete sin tocarlo. Un documento con media docena de capturas de pantalla puede ser un orden de magnitud mayor en texto enriquecido. Si el RTF que te han mandado parecía imposiblemente grande para doce páginas de carta, esa es la razón.
El RTF tiene estilos de verdad, que es más de lo que sugiere su edad y el motivo de que esta conversión funcione tan bien: los estilos de párrafo con nombre, los títulos, los estilos de carácter, las fuentes, los cuerpos y los espaciados encuentran su equivalente en OpenDocument en lugar de aplastarse en formato directo. Las tablas conservan celdas, bordes y combinaciones; las listas, su numeración; encabezados, pies, notas, enlaces, marcadores y configuración de página existen en ambos lados.
Lo que añade OpenDocument es profundidad que el formato antiguo no sabe dónde poner. Los estilos de página son objetos de primera clase en vez de propiedades de sección, los estilos de lista se definen una vez y se reutilizan, y la separación entre el contenido y los estilos permite cambiar el aspecto de un documento entero sin tocar una palabra del texto. Para quien piense aplicar un diseño de casa a una pila de documentos entrantes, esa separación es todo el argumento.
El texto enriquecido es un formato de siete bits. Cualquier cosa fuera del ASCII básico se escribe como una secuencia de escape que se interpreta contra un juego de caracteres declarado en la cabecera, y ahí es donde el castellano paga la factura: las tildes, las eñes, las diéresis de «pingüino» y las comillas tipográficas. Un programa antiguo en una máquina con otra configuración regional puede nombrar una página de códigos que no coincide con lo que el archivo realmente lleva.
La conversión no lo arregla, y saberlo ahorra una tarde. Si el RTF ya se ve mal en Writer, los caracteres del archivo están mal y el ODT los arrastrará igual de mal, fielmente. OpenDocument es Unicode de principio a fin, así que una vez corregido el texto se queda corregido. Lo sensato es arreglar los apellidos afectados justo después de convertir y no al final del proyecto, cuando ya se han copiado a otros tres documentos.
Trabajar en ODT no te obliga a entregar un ODT. Writer exporta a DOCX, a RTF, a PDF y a texto plano, y Word lee OpenDocument directamente desde hace más de una década, así que mandar el propio ODT es una opción defendible con la mayoría de los clientes. La idea de convertir es que la exportación sea un acto deliberado al final y no un accidente que ocurre cada vez que pulsas guardar.
Si el entregable tiene que ser RTF porque lo pide la herramienta de la agencia o el sistema del cliente, exporta a RTF una sola vez desde el ODT terminado y revisa el resultado antes de mandarlo. Un viaje por el filtro pierde muy poco y es un viaje que has elegido. Quédate el ODT como copia maestra, porque ese es el archivo que todavía lo contiene todo.
Casi todo en este sitio ocurre dentro de tu navegador. Esta pareja no puede: convertir entre dos formatos de procesador de textos exige una suite ofimática completa, y eso no cabe en una pestaña. El archivo viaja cifrado a un contenedor que ejecuta LibreOffice sin interfaz y que no tiene salida a internet propia.
Cada trabajo recibe su directorio temporal y su propio perfil de LibreOffice — dos procesos compartiendo un perfil lo corrompen, y el síntoma no es un error sino una conversión que no vuelve nunca — y ese directorio se borra al terminar, haya salido bien o mal. Tu archivo se guarda además con un nombre genérico, así que el nombre que le pusiste tú no llega a tocar el disco. Cualquier proceso que siga vivo a los sesenta segundos se mata.
El límite gratuito de esta conversión es de 25 MB por archivo, la cuarta parte justa de lo que aceptan las conversiones que corren en tu navegador. Con RTF eso es menos documento de lo que suena, porque el formato es enorme comparado con lo que contiene: bastan unas cuantas fotografías escritas en hexadecimal para llegar.
Hay un detalle honesto que conviene conocer: la zona donde sueltas el archivo aplica el límite de las conversiones locales, de 100 MB, sin mirar de qué tipo es la pareja. Así que un RTF de 60 MB lo acepta la interfaz y lo rechaza el servidor con un mensaje. Si te pasa, el camino es adelgazar el original — sustituir las imágenes incrustadas por versiones razonables — antes de volver a intentarlo.
Mira la lista de estilos antes que el texto. Si el documento llegó con un juego de estilos con nombre, tienes el caso bueno y todo lo que venga después es fácil; si llegó como un único estilo con muchísimo formato directo, el programa que lo generó nunca usó estilos y ninguna conversión puede inventarlos. Saber cuál de los dos tienes decide si rediseñarlo es elegir una opción de menú o es un trabajo.
Después revisa los tres sitios donde está el riesgo: las tablas con celdas combinadas, la numeración de listas de varios niveles y el punto donde un documento largo cambia de página. Si el archivo es uno de un lote del mismo origen, revisar uno a fondo te dice casi todo sobre el resto, porque los fallos vienen de las costumbres del programa emisor y no del documento.
Las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones no suelen sobrevivir al cruce. En un flujo de traducción o de edición eso casi nunca es un problema, porque el RTF que llega de un sistema automático rara vez trae ninguna de las tres cosas, pero merece la pena comprobarlo antes de tirar el original.
Guarda el RTF de partida hasta que el primer documento haya recorrido tu proceso entero una vez. Es el único registro de lo que el remitente produjo realmente, y si algo aparece raro tres pasos más adelante, la pregunta siempre es la misma: ¿estaba ya así en el archivo que me mandaron?
| RTF | ODT | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Rich Text Format | OpenDocument Text |
| Extensión de archivo | .rtf | .odt |
| Tipo de medio | application/rtf | application/vnd.oasis.opendocument.text |
| Publicado por primera vez | 1987 | 2005 |
| Publicado por | Microsoft | OASIS |
| Especificación | — | ISO/IEC 26300 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Antiguo, aún se lee en todas partes | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | DOCX, TXT | DOCX, PDF |
RTF y ODT admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
RTF es de 1987 y está prácticamente superado. ODT es lo que escribe el software actual, así que convertir también es una forma de seguir pudiendo leerlo.
Microsoft Word y LibreOffice Writer leen tanto RTF como ODT, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
ODT viene de OASIS y es de 2005, recogido en ISO/IEC 26300. LibreOffice Writer, Microsoft Word y Google Docs lo leen.
RTF se publicó en 1987 y ODT en 2005. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
RTF y ODT describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo ODT terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente OpenDocument Text.