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Aquí puedes convertir DOCX a ODT gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
DOCX a ODT
El Esquema Nacional de Interoperabilidad, aprobado por el Real Decreto 4/2010, y la norma técnica de catálogo de estándares que cuelga de él incluyen ODF entre los formatos admitidos para los documentos electrónicos del sector público. De ahí salen la mayoría de los formularios de presentación que rechazan un .docx sin dar explicaciones: no es una manía del funcionario de turno, es una lista publicada.
La lógica detrás es de conservación, no de preferencia técnica. OpenDocument es un estándar mantenido al margen de cualquier fabricante concreto, y un expediente que hay que poder abrir dentro de treinta años no puede depender de que una empresa siga vendiendo el programa que lo escribió. Si el formulario pide ODT, ningún otro formato lo sustituye.
La mayoría de las conversiones que salen de un DOCX terminan en PDF, y un PDF es la decisión de dejar de editar. Esta va en dirección contraria. Lo que baja es un documento de trabajo que se abre en LibreOffice Writer, en OpenOffice y en varios editores más, y en el que puedes seguir escribiendo donde lo dejaste.
Eso cambia qué significa que la conversión haya salido bien. En un PDF a nadie le importan los estilos de párrafo, porque nadie los va a usar nunca. Aquí sí: un título tiene que seguir siendo un título y no un párrafo en negrita del mismo tamaño, y una lista numerada tiene que seguir numerándose sola cuando insertes un punto en medio.
El contenedor que hace la conversión instala Liberation, Liberation 2, Carlito, Caladea, DejaVu Core, Noto Core y Noto CJK, y nada más. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria: métrico significa que cada letra ocupa exactamente lo mismo que la original, así que las líneas rompen donde rompían.
De ahí sale la única promesa defendible sobre maquetación. Si tu documento usa Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri, Cambria o tipografías incrustadas en el propio archivo, el reflujo no debería moverse. Cualquier otra cosa —una fuente corporativa instalada solo en tu equipo, una tipografía comprada para la marca— se sustituye en silencio y el texto se recoloca. No hay aviso: hay que abrir el resultado y mirar.
Es la pregunta que más gente hace y merece una respuesta sincera en lugar de una cómoda. Nada en el código de este sitio decide qué ocurre con las marcas de revisión y los comentarios: lo decide la suite ofimática que ejecutamos, y no lo hemos medido. Así que no vas a leer aquí ni un «se conservan» ni un «se pierden».
Lo que sí podemos decirte es qué hacer con esa incertidumbre. Convierte, abre el ODT y mira el panel de revisiones antes de borrar nada. Un documento cerrado, sin cambios pendientes de aceptar, no corre ningún riesgo. Un contrato con tres rondas de correcciones dentro merece dos minutos de comprobación, y ese es exactamente el archivo donde una pérdida silenciosa saldría cara.
Aquí no se pierde nada porque no había nada que perder. El formato .docx no tiene sitio donde guardar un proyecto de código: Word se niega a escribirlo ahí y ofrece .docm en su lugar, que es la razón de que en cualquier organización los archivos con automatización lleven esa segunda extensión.
Si el tuyo es en realidad un .docm, la situación es distinta y conviene saberlo antes: LibreOffice usa otro sistema de scripting con otro modelo de objetos, así que no hay nada a lo que traducir el código. Cuando la automatización es el motivo de existir del documento, rehacerla en el programa de destino es trabajo de una persona y no de un conversor.
El límite gratuito de esta conversión es de 25 MB por archivo, la mitad de la mitad de lo que admiten las conversiones que se ejecutan en el navegador. Para texto sobra; se llega a él con manuales ilustrados y con documentos que arrastran capturas de pantalla sin comprimir.
Y hay un detalle desagradable que preferimos contarte a que lo descubras: la zona donde sueltas los archivos aplica el límite de 100 MB a todo lo que cae en ella, sin mirar si la conversión es de navegador o de servidor. Un DOCX de 60 MB entra tranquilamente en la interfaz y luego lo rechaza la API con un error de tamaño. No es que te hayamos engañado, es un fallo conocido de la comprobación previa.
Las conversiones que corren en nuestro servidor sí llevan un contador: 100 al día por visitante, más un tope de ráfaga de cinco peticiones cada sesenta segundos para que nadie tumbe la cola. Lo que se ejecuta en tu navegador no cuenta para nada de eso, porque no nos cuesta nada.
La ventana es el día UTC, no las últimas veinticuatro horas. Desde España eso significa que el contador se pone a cero a la una o a las dos de la madrugada según la época del año, y desde Ciudad de México o Buenos Aires a otra hora distinta. Si estás migrando un archivo grande, es un dato práctico: conviene empezar la tanda larga después del corte y no justo antes.
Los formatos de oficina necesitan una suite ofimática de verdad, y eso no cabe en una pestaña. Así que este es uno de los 89 pares de todo el sitio que sí suben el archivo, y lo decimos claro en lugar de esconderlo entre líneas.
El documento viaja cifrado, cae en un directorio temporal recién creado y se guarda con el nombre `input.docx`, de manera que el nombre que tú le pusiste no llega a tocar el disco. El contenedor donde se convierte no tiene salida a internet. El directorio entero se borra en un bloque que se ejecuta también cuando la conversión falla, y el resultado se devuelve marcado para que ningún intermediario lo guarde en caché.
Cada proceso que lanzamos se mata a los sesenta segundos. Conviene entender la frase con precisión, porque es fácil leerla mal: el límite es por proceso, no por petición completa, así que una conversión que encadena varios pasos puede tardar legítimamente más de un minuto sin que nada vaya mal.
Para un documento de texto esto casi nunca aparece. Aparece con archivos que llevan cientos de imágenes dentro o con tablas enormes que obligan a la suite a recalcular la paginación varias veces. Si un archivo concreto se corta siempre en el mismo punto, casi seguro es él y no la conexión.
El caso real de esta página no suele ser un archivo: es una carpeta de una secretaría, un centro educativo o un despacho que pasa a formatos abiertos. Suelta la carpeta entera; cada archivo se convierte por turno, conserva su nombre con la extensión cambiada y todo vuelve en un único ZIP.
Guarda los DOCX originales hasta que alguien haya abierto de verdad una muestra de los resultados, y elige la muestra a propósito: el documento con la plantilla corporativa, el que lleva la tabla más ancha, el que tiene el índice automático. Una migración que borra las fuentes antes de que nadie haya mirado nada es la que sale mal, y sale mal sin hacer ruido.
Un documento de oficina lleva tres partes de propiedades escondidas: los datos básicos, los de aplicación y los personalizados. Ahí van el autor, la organización, el último que guardó, la plantilla de la que salió y una miniatura incrustada del documento. Y va también un contador de minutos que el programa ha ido sumando durante toda la vida del archivo, que es el dato que más sorprende cuando alguien lo ve por primera vez.
Esta conversión no toca nada de eso, y no vamos a afirmar qué hace la suite ofimática con ello. Si te importa, este sitio tiene una herramienta aparte para quitar metadatos de documentos de oficina, y ahí sí está medido: las tres partes se sustituyen por partes vacías con la forma correcta en lugar de borrarse, para que los índices internos del archivo no apunten a piezas inexistentes, y la miniatura incrustada se elimina junto con su referencia. Es el paso que conviene hacer sobre la copia que se entrega, no sobre la que se sigue editando.
LibreOffice abre un DOCX directamente. Si lo único que quieres es leerlo o hacerle un cambio rápido, esa es la ruta corta y esta página sobra. Convertir tiene sentido cuando el archivo tiene que quedarse guardado, presentarse o entregarse como OpenDocument, que es una exigencia administrativa o de archivo, no una preferencia estética.
También merece la pena decidir el sentido de la marcha antes de empezar. Si el documento va a seguir editándose a cuatro manos con alguien que trabaja en Word, mantenerlo en DOCX y convertir solo la copia que se entrega evita el ida y vuelta entre dos formatos, que es donde se acumulan las diferencias pequeñas hasta que un día una tabla se descoloca y nadie sabe en qué paso ocurrió.
| DOCX | ODT | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Documento de Word | OpenDocument Text |
| Extensión de archivo | .docx | .odt |
| Tipo de medio | application/vnd.openxmlformats-officedocument.wordprocessingml.document | application/vnd.oasis.opendocument.text |
| Publicado por primera vez | 2007 | 2005 |
| Publicado por | Microsoft | OASIS |
| Especificación | ECMA-376 | ISO/IEC 26300 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | PDF, RTF | PDF, RTF |
las propiedades del documento pueden pasar: DOCX y ODT tienen dónde guardarlo.
DOCX y ODT admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
Microsoft Word, LibreOffice Writer y Google Docs leen tanto DOCX como ODT, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
DOCX es el formato de Microsoft, publicado en 2007. Está recogido en ECMA-376, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
ODT viene de OASIS y es de 2005, recogido en ISO/IEC 26300. LibreOffice Writer, Microsoft Word y Google Docs lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
DOCX y ODT describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
las propiedades del documento pueden pasar: DOCX y ODT tienen dónde guardarlo.