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Aquí puedes convertir WebM a MP4 gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
WebM a MP4
Casi nadie se propone crear un WebM. Llega solo. Lo escribió el grabador de pantalla del navegador, lo dejó la herramienta de videoconferencia al guardar la sesión, lo produjo la extensión con la que se grabó una clase, lo descargó un programa que se limitó a guardar el flujo que la página ya estaba sirviendo. Google publicó el formato en 2010 justamente para poder entregar vídeo en la web sin pagar licencias, y los navegadores lo leen todos.
Lo demás, en buena medida, no. Un reproductor de escritorio no trae descodificador de VP9 de serie, los editores de vídeo tampoco, una presentación se niega a insertarlo y el carrete de un teléfono no lo admite. Ese desajuste —todos los navegadores sí, casi todo lo demás no— es la razón entera de esta conversión, y es por lo que la respuesta es MP4 y no instalar un paquete de códecs.
El caso concreto que trae aquí a la mayoría es este. Alguien graba la reunión de departamento, la sesión de formación, la clase en línea o la junta de la comunidad, y la herramienta deja un .webm. La persona que lo grabó lo ve sin problema en su navegador y da por hecho que está resuelto. Al mandarlo, empiezan los mensajes: no se abre, no se ve, no se puede insertar en las diapositivas, la plataforma de la empresa lo rechaza al subirlo.
Convertirlo a MP4 resuelve las cuatro cosas a la vez porque cambia las dos mitades del problema: el envoltorio y el códec de dentro. Merece la pena hacerlo una sola vez y repartir el MP4, en lugar de que cada destinatario pelee por su cuenta con un archivo que su equipo no entiende.
Algunas conversiones de contenedor consisten en reescribir una cabecera y copiar los datos comprimidos tal cual. Esta no es una de ellas. Un WebM lleva VP8, VP9 o AV1; el MP4 que se escribe aquí lleva H.264, porque es el códec que descodifica por hardware cualquier aparato de los últimos veinte años. Dos códecs distintos significan que cada fotograma se descodifica a píxeles y se vuelve a comprimir desde cero.
Y no es una casualidad del formato: al codificador se le entrega siempre una tasa de bits, y eso por sí solo descarta cualquier atajo de copia directa de paquetes. Calcula en consecuencia. Un clip de un minuto a 1080p suele estar listo antes de que hayas cambiado de pestaña; cuarenta minutos de grabación de pantalla son minutos de trabajo sostenido de tu propio equipo, y la pestaña tiene que quedarse abierta mientras tanto: cerrarla cancela el trabajo, no lo encola en ningún sitio.
La pista de vídeo se escribe como H.264 y el audio, que en un WebM hecho por un navegador es casi siempre Opus, se escribe como AAC. Esa pareja es una decisión deliberada: un MP4 con AV1 dentro es un MP4 perfectamente válido que un televisor va a rechazar, y una conversión que produce un archivo que el destino no acepta no ha resuelto nada.
La consecuencia práctica es que el MP4 se reproduce por omisión en todos los sitios donde se espera un MP4: iOS y Android, los reproductores de escritorio, cualquier editor y el formulario de subida de cualquier plataforma. Es también lo que significa que no puedas aprovechar un WebM que ya viniera en AV1: por moderno que sea el códec de origen, la salida es la misma pareja compatible.
Como cada fotograma se está reconstruyendo de todos modos, cambiar la resolución no cuesta nada adicional. El selector ofrece la original, 2160, 1440, 1080, 720, 480 y 360, y la anchura sigue automáticamente, así que la imagen nunca se estira.
Pedir más de lo que el archivo tiene se ignora en silencio. Una grabación de 720p puesta a 4K sería cuatro veces el archivo sin un solo píxel de detalle nuevo, así que la petición se trata como «déjalo como está». La dirección útil es hacia abajo: una captura en 4K bajada a 1080 tiene la cuarta parte de píxeles y el MP4 encoge más o menos en proporción, que muchas veces es la diferencia entre entrar en un límite de subida y no entrar.
La calidad se ajusta como banda —archivo pequeño, equilibrado, alta— y arranca en la del medio. Está expresada así a propósito: quien convierte la grabación de una reunión sabe si la quiere pequeña o buena, y no sabe si eso son 96 o 192 kilobits, cifra que además cambia mucho entre códecs.
Aquí tampoco vas a encontrar a qué número se traduce cada banda, y esa ausencia es deliberada: quien las resuelve es la biblioteca de codificación, por códec, y ninguna prueba de este repositorio fija esos valores. Publicar una cifra como si fuera nuestra sería inventarla. Lo que sí se puede decir es cómo elegir: equilibrado para algo que se va a ver una vez, y la banda alta cuando el MP4 va a entrar en un editor y volverá a exportarse, porque la segunda compresión parte de lo que dejó la primera.
La mayoría de los WebM que hay que convertir son grabaciones de pantalla, y el contenido de pantalla es inusualmente amable con una recodificación. Los paneles planos de interfaz, los bloques de color sólido y el texto quieto se comprimen extraordinariamente bien y sobreviven a una segunda pasada casi sin nada visible perdido: una demostración de software convertida a MP4 se ve idéntica al WebM que tiene al lado.
El material de cámara es el caso difícil. El grano, el pelo, la vegetación y el movimiento rápido son justo aquello en lo que un códec gasta sus bits, y pedirle a un segundo códec que describa las aproximaciones del primero se nota. Si el WebM salió de una cámara web y el resultado va a un montaje en vez de directamente a un espectador, sube la banda de calidad antes de convertir y no después.
Lo que no cruza son los subtítulos y las marcas de capítulo. No es que el conversor decline convertirlos: lee pistas de vídeo y pistas de audio y nunca llega a verlos. Para una captura hecha por un navegador esto casi siempre da igual, porque esos archivos no tienen ni lo uno ni lo otro; para la grabación de una reunión con subtitulado automático, en cambio, significa que las leyendas hay que exportarlas aparte desde la herramienta que las generó.
La transparencia es la que sorprende de vez en cuando. VP9 dentro de un WebM puede llevar canal alfa —así se entregan en la web los rótulos y las animaciones superpuestas— y H.264 no tiene canal alfa en absoluto. Un WebM transparente convertido a MP4 vuelve opaco y ningún ajuste lo cambia. Si la transparencia es el activo, conserva el WebM y úsalo en un elemento de vídeo de la propia página.
El codificador de H.264 que se usa aquí pertenece al navegador y a la máquina, no a esta página, y esa es la única incertidumbre real de la familia de vídeo. Antes de aceptar el archivo se hace una comprobación una vez por sesión para saber si el equipo puede escribir ese códec. Chrome, Edge y Safari lo tienen en prácticamente cualquier ordenador o teléfono actual; algunas instalaciones de Firefox, sobre todo en Linux, no.
Cuando la respuesta es que no, la conversión se detiene antes de empezar con una frase que lo dice y nombra navegadores donde sí funciona, en lugar de fallar a mitad de camino. No hay respaldo por software y es una decisión, no un olvido: un codificador de H.264 compilado a WebAssembly son decenas de megabytes de descarga y aproximadamente un orden de magnitud más lento que el codificador por hardware que está al lado sin usar. Y tampoco hay respaldo en servidor: el único módulo de este sitio que envía archivos no lee ni escribe un solo formato de audio o de vídeo.
Los límites conviene decirlos con la cifra en vez de rodearlos. En la capa gratuita se aceptan archivos de hasta 100 MB, y se puede soltar una carpeta con hasta cien; si sueltas más, la lista se recorta hasta ese tope. Cada uno se convierte por su cuenta con su propia barra de progreso y, cuando hay más de uno terminado, se descargan juntos como un único ZIP.
Ese techo es incómodo justo para el vídeo largo y merece decirse: una grabación de dos horas se pasa con holgura, y para una biblioteca entera la herramienta adecuada es una de escritorio que trabaje de noche. Lo que esta página resuelve bien es el archivo suelto que hay que entregar hoy a alguien cuyo equipo no lo abre.
Las grabaciones de pantalla son probablemente la categoría de archivo más delicada que la gente convierte a diario. Contienen bandejas de entrada, paneles de control, nombres de clientes, herramientas internas y todo lo que estuviera en pantalla en ese momento, y la vía habitual para esta conversión es entregárselo entero a una web encontrada hace diez segundos.
Aquí el vídeo se descodifica, se recodifica y se empaqueta dentro de la pestaña, con los códecs que el navegador ya tiene. No sale ninguna petición que lleve el archivo, no hay cuenta y no hay cola detrás de las subidas de otros. Comprobarlo cuesta diez segundos: abre las herramientas de desarrollo, mira la pestaña de red y convierte algo. Se descargan los módulos del motor; el vídeo no se mueve.
| WebM | MP4 | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Vídeo WebM | Vídeo MPEG-4 |
| Extensión de archivo | .webm | .mp4 |
| Tipo de medio | video/webm | video/mp4 |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 2010 | 2001 |
| Publicado por | MPEG | |
| Especificación | — | ISO/IEC 14496-14 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | MKV | MKV, MOV |
MP4 es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente H.264, HEVC y AV1—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
VLC lee tanto WebM como MP4, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
MP4 viene de MPEG y es de 2001, recogido en ISO/IEC 14496-14. VLC, HandBrake y Adobe Premiere Pro lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
MP4 comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El vídeo se recodifica en lugar de copiarse, así que se pierde algo de detalle incluso en el ajuste más alto. Las pistas de subtítulos y los capítulos no viajan. Cuando el sonido está en un formato que el navegador no sabe descodificar —AC-3, E-AC-3, DTS y TrueHD, habituales en copias de disco y de streaming—, la imagen se convierte igual y el resultado sale mudo.
MP4 es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente H.264, HEVC y AV1—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Esta página convierte lo uno en lo otro. Si todavía estás decidiendo en vez de convirtiendo, WebM vs MP4 responde para qué sirve cada uno y qué hace mal cada uno.