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Aquí puedes convertir WebM a AVIF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
WebM a AVIF
AVIF vale la pena solo cuando el tamaño de una imagen es un número que alguien está mirando de verdad: un tiempo de carga que hay que bajar en un sitio con poca cobertura, un presupuesto de datos en una app que se usa sobre todo con el móvil, un informe de rendimiento del que alguien tiene que dar explicaciones. Si nada de eso aplica, la versión en WebP del mismo fotograma ya pesa menos que un JPG, se genera al instante y no necesita nada de respaldo — esa basta y sobra.
Cuando el presupuesto de datos sí es real, AVIF es la opción más eficiente disponible, y en Latinoamérica y en buena parte de España, donde los planes de móvil siguen limitando los megabytes fuera de wifi, esa diferencia se nota en algo más que un indicador de rendimiento: se nota en si la imagen carga antes de que la persona se vaya.
AVIF no es un códec de imagen nuevo desde cero: es un fotograma intra de AV1 —un solo fotograma clave del códec de vídeo— envuelto en el mismo tipo de contenedor que HEIC. Y AV1 es uno de los códecs que puede llevar dentro un WebM, cada vez más habitual en grabadores de navegador y en vídeo web moderno.
Así que cuando el origen es un WebM en AV1, esta conversión descodifica un fotograma que AV1 codificó y se lo vuelve a entregar a AV1 para codificarlo otra vez como imagen fija. No es un proceso sin pérdida —el fotograma se descodifica por completo a píxeles en el proceso—, pero es el emparejamiento más natural de este bloque de conversiones.
Una imagen en JPG o WebP aparece casi al instante. Un AVIF tarda varios segundos, y en un fotograma en 4K sobre un portátil modesto puede tardar bastante más que eso. No es la página funcionando mal: es lo que cuesta codificar en AV1.
El motivo es la búsqueda: AV1 consigue su eficiencia probando un número enorme de formas de describir cada bloque de píxeles antes de elegir una, y ese trabajo se paga en tiempo. Es un buen trato para una imagen que se va a servir un millón de veces desde una página, y uno pobre si solo se va a mirar una vez en el propio equipo.
El fotograma llega a las dimensiones exactas del vídeo, sin escalar. Un vídeo en 1080p da un AVIF de 1920 por 1080; una grabación en 4K da uno con cuatro veces esa área, y tarda notablemente más en generarse.
El redimensionado, si hace falta, conviene hacerlo después con la herramienta que sabe qué anchos necesita el diseño de la página. Es también el momento de decidir cuántos tamaños distintos merece la pena generar, porque con AVIF el tiempo de codificado sí es un factor real a tener en cuenta.
Los navegadores actuales de escritorio y móvil descodifican AVIF sin problema, pero el soporte llegó bastante después que el de WebP, y siguen circulando equipos y navegadores más antiguos que no lo entienden — algo especialmente cierto en dispositivos Android de gama baja que se venden mucho en la región y no siempre reciben las últimas versiones.
La solución es un elemento `<picture>` con una fuente en AVIF, otra en WebP y un `<img>` final en JPG. Tres líneas, sin JavaScript, y el navegador elige la primera que entiende.
Un fotograma sacado de un vídeo comprimido lleva encima todo lo que le hizo el códec de vídeo: los bits se repartieron pensando en el movimiento, el color se guardó a menos resolución en cada dirección, y un fotograma tomado durante un barrido de cámara nunca se codificó con nitidez en primer lugar. AVIF conserva todo eso de forma muy eficiente; no repara nada de ello.
La consecuencia práctica es que el instante elegido importa más que el formato de salida. Un fotograma tomado en un momento estático guardado como JPG gana, en casi cualquier medida incluido el peso, a un fotograma tomado en movimiento guardado como AVIF, porque una imagen borrosa tiene más detalle que describir, no menos.
Cualquier cosa que no sea una página web. Los clientes de correo no lo muestran. La mayoría del software de oficina tampoco. Los formularios de subida de otras webs a menudo rechazan la extensión directamente, y enviar un AVIF a un compañero de trabajo suele terminar con la pregunta de qué es ese archivo.
Su argumento entero depende de que lo descodifique un navegador sobre una red que alguien está pagando. Para una diapositiva, un documento o un mensaje, mejor un JPG; para un archivo o una impresión, mejor un TIFF.
La diferencia entre los dos existe de verdad, pero no siempre es enorme: sobre contenido con mucho detalle fotográfico, AVIF suele ganar por un margen claro; sobre interfaces planas o texto grande, la distancia se estrecha, y a veces no compensa el tiempo extra de codificado.
La forma honesta de decidir es medir ambos sobre el propio fotograma antes de elegir uno para todo un proyecto, en vez de asumir que el más nuevo siempre gana. Para una miniatura que se genera cientos de veces al día, esa diferencia de peso importa; para una sola imagen de cabecera, probablemente no tanto como para justificar la espera.
Muchos editores de vídeo permiten exportar un fotograma suelto, pero casi ninguno escribe AVIF de forma nativa: lo habitual es que solo ofrezcan JPG o PNG, y hay que pasar por un segundo programa para llegar al formato más ligero. Extraer aquí directamente ahorra ese paso intermedio.
La otra ventaja es que este proceso lee el archivo de vídeo tal cual, sin pasar por el motor de reproducción del editor, así que el fotograma sale a la resolución exacta del archivo y no a la del previsualizador, que en muchos programas trabaja a una calidad reducida para ir más fluido mientras se edita.
Codificar en AVIF es lo bastante caro como para que los servicios que lo ofrecen cobren por ello, lo pongan en cola o limiten cuántas imágenes se pueden hacer al día. Aquí corre en el propio navegador, así que los únicos límites son los de siempre —100 archivos por lote, 100 MB por archivo— y no hay ningún tope diario detrás.
También significa que el vídeo nunca sale del equipo. Es el mismo argumento de privacidad de siempre, con una ventaja práctica añadida en este par: subir una grabación entera para obtener una imagen de unos pocos kilobytes sería malgastar mucho ancho de banda para el resultado que se busca.
| WebM | AVIF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Vídeo WebM | AV1 Image File Format |
| Extensión de archivo | .webm | .avif |
| Tipo de medio | video/webm | image/avif |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Ambas, según el ajuste |
| Publicado por primera vez | 2010 | 2019 |
| Publicado por | Alliance for Open Media | |
| Especificación | — | AV1 Image File Format |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | — | 12 |
| Color que puede describir | — | RGB, YCbCr, gama amplia |
| Imagen más grande | — | 65.536 px por lado |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Navegadores actuales |
| Considerado en su lugar | MP4, MKV | WebP, JXL, JPG |
La transparencia se conserva. WebM y AVIF guardan canal alfa, así que un recorte sigue recortado y detrás no se rellena nada.
Los navegadores actuales leen AVIF; los antiguos no. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AVIF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente AV1—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Los programas de siempre no coinciden: WebM se abre en VLC y FFmpeg, y AVIF en GIMP, Squoosh y ImageMagick, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
AVIF viene de Alliance for Open Media y es de 2019, recogido en AV1 Image File Format. GIMP, Squoosh y ImageMagick lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
AVIF comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. Un fotograma, a resolución completa. Una imagen fija sacada de vídeo comprimido arrastra esa compresión: un instante con mucho movimiento sale más blando que uno quieto, y eso es la codificación del propio vídeo y no algo que haga esta conversión.
Los navegadores actuales leen AVIF; los antiguos no. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AVIF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente AV1—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
La transparencia se conserva. WebM y AVIF guardan canal alfa, así que un recorte sigue recortado y detrás no se rellena nada.
Lo que esta página afirma sobre WebM y AVIF se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.