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Aquí puedes convertir MP4 a WebM gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
MP4 a WebM
En buena parte de Latinoamérica, y en muchos planes de móvil en España, los datos siguen teniendo un tope mensual o un coste por megabyte fuera de wifi. Un vídeo de fondo en la web de un negocio, una demo de producto o un tutorial que pesa la mitad se nota directamente en la factura de quien lo ve, no solo en la velocidad de carga.
Esta página sirve para eso: quien tiene un MP4 y quiere colocarlo en su propia web, pensando en cuánto va a costarle al visitante descargarlo, no solo en cuánto tarda en verse.
La mayoría de conversiones entre contenedores de vídeo son cosméticas: el mismo flujo H.264 metido en una caja distinta. Esta no puede serlo. WebM se definió alrededor de un códec concreto, y el archivo que sale de aquí lleva vídeo VP9 con audio Opus, mientras que el MP4 casi con toda seguridad traía H.264 con AAC.
No se comparte nada entre uno y otro, así que cada fotograma se descodifica y se vuelve a codificar desde cero. Por eso esta conversión tarda más que cambiar a MOV o MKV, y por eso el ajuste de calidad aquí sí cambia el resultado que se ve.
El elemento `<video>` acepta más de un `<source>`, y el navegador usa el primero que puede reproducir. Poniendo el WebM primero y el MP4 original después, los navegadores actuales cogen el archivo más ligero y cualquier caso raro cae al MP4 sin una sola línea de JavaScript.
Conviene guardar el MP4 en vez de borrarlo: no cuesta nada aparte de espacio en disco, es el archivo que se entrega a quien pida una descarga, y es el que seguirá abriéndose en un editor de vídeo dentro de diez años. El WebM es un formato de entrega, no la copia maestra.
Las tres bandas de calidad —baja, media y alta— se resuelven a un objetivo de bits por segundo que decide el propio codificador según el códec, y media es la opción por defecto. Para un vídeo de fondo silenciado, la banda baja suele bastar: nadie lo mira con atención y compite con el resto de la página por el ancho de banda.
Para cualquier vídeo con caras, texto o detalle que alguien vaya a mirar de cerca, media es el mínimo razonable. La banda alta tiene sentido si el archivo se va a volver a editar o a codificar más adelante, no para servirlo directamente: ahí se gastan bytes que nadie va a notar en pantalla.
Un fotograma más pequeño necesita menos bits para verse igual de bien, y la relación no es suave: reducir a la mitad el ancho y el alto reduce a una cuarta parte el número de píxeles. Si el vídeo se muestra en una columna de 800 píxeles de ancho, servir un archivo en 4K es gastar ancho de banda en detalle que el propio diseño de la página descarta antes de que nadie lo vea.
Pedir un tamaño mayor que el del vídeo original se ignora en vez de ampliarse, porque ampliar solo produciría un archivo más pesado con el mismo detalle que ya había. Ajustar la resolución aquí una vez, en vez de dejar que el navegador la reescale en cada reproducción, es la forma correcta de hacerlo.
El audio se recodifica como Opus, que es genuinamente mejor que AAC en bitrates bajos —es lo que usan los navegadores para las llamadas de voz precisamente por eso. En voz a tamaños pequeños la diferencia se nota a favor de Opus.
El coste inevitable es que se trata de una segunda ronda de compresión con pérdida sobre un audio que el MP4 ya había comprimido una vez. Para un fondo sin sonido o una demo con voz en off es algo académico; para un vídeo donde el audio es lo importante, conviene extraer el sonido del original en alta calidad por separado antes de aceptar lo que deja esta conversión.
WebM es de los pocos formatos de vídeo con canal alfa, y esa fama lleva a un malentendido concreto aquí: un MP4 no tiene ningún canal alfa que entregar, así que no hay nada que transferir por mucho que el destino lo admita.
Si el objetivo es un vídeo que se asiente sobre el fondo de una página sin un rectángulo visible alrededor, las alternativas habituales son un color de fondo sólido que coincida con la página, o un modo de fusión CSS sobre un vídeo opaco. Ambas son más fiables que un vídeo con transparencia real, que varios navegadores siguen tratando de forma desigual.
La conversión comprueba si el navegador puede codificar VP9 antes de leer un solo byte del archivo, y si no puede lo dice claramente, nombrando navegadores que sí pueden. Esa comprobación existe para que el fallo aparezca de inmediato en vez de después de varios minutos de trabajo.
No hay ninguna alternativa en software por decisión deliberada: un codificador VP9 en WebAssembly pesa decenas de megabytes y es un orden de magnitud más lento que el codificador de hardware que ya está disponible en el equipo. Ofrecerlo en silencio convertiría un rechazo claro en una conversión que parece colgada.
Codificar vídeo cuesta minutos de procesador, y por eso los conversores alojados en un servidor ponen marca de agua, limitan la duración o piden una cuenta: alguien tiene que pagar esos minutos. Aquí son los tuyos, así que nada de eso aplica y el MP4 nunca sale de tu equipo.
El tope práctico en el plan gratuito es de 100 MB por archivo y, a partir de ahí, la memoria y la paciencia de cada equipo. En un conversor con servidor, solo la subida del archivo suele tardar más que esta conversión entera.
Incrustar un reproductor de YouTube o Vimeo es más simple y no exige convertir nada, pero carga el reproductor completo de ese servicio, sus propias peticiones y, en algunos casos, cookies de terceros que hay que declarar en el aviso de privacidad. Un WebM servido desde el propio dominio no arrastra nada de eso.
La contrapartida es que el propio sitio pasa a ser responsable del ancho de banda que consume el vídeo, así que el peso del archivo importa de una forma en la que no importa cuando lo sirve un servicio externo. Esa es la razón de fondo por la que esta conversión existe: no es solo una cuestión de formato, es una cuestión de quién paga la descarga.
Se puede soltar una carpeta entera de MP4 en la página, hasta cien archivos por lote, cada uno con su propio indicador de progreso. Útil cuando una tienda o un pequeño estudio tiene una serie de clips de producto que hay que servir todos en WebM con el mismo ajuste de calidad.
No hay cuenta diaria de conversiones que agotar ni cola de espera detrás de otras personas: cada archivo consume el procesador del propio dispositivo, así que el lote número cien se comporta igual que el primero.
| MP4 | WebM | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Vídeo MPEG-4 | Vídeo WebM |
| Extensión de archivo | .mp4 | .webm |
| Tipo de medio | video/mp4 | video/webm |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 2001 | 2010 |
| Publicado por | MPEG | |
| Especificación | ISO/IEC 14496-14 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | MKV, MOV | MKV |
WebM es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente VP8, VP9 y AV1—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
VLC lee tanto MP4 como WebM, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
MP4 es el formato de MPEG, publicado en 2001. Está recogido en ISO/IEC 14496-14, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
WebM viene de Google y es de 2010. VLC y FFmpeg lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
WebM comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El vídeo se recodifica en lugar de copiarse, así que se pierde algo de detalle incluso en el ajuste más alto. Las pistas de subtítulos y los capítulos no viajan. Cuando el sonido está en un formato que el navegador no sabe descodificar —AC-3, E-AC-3, DTS y TrueHD, habituales en copias de disco y de streaming—, la imagen se convierte igual y el resultado sale mudo.
WebM es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente VP8, VP9 y AV1—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Esta página convierte lo uno en lo otro. Si todavía estás decidiendo en vez de convirtiendo, MP4 vs WebM responde para qué sirve cada uno y qué hace mal cada uno.