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1 kB = 0,001 MB
Escribe un valor y la conversión de kilobyte a megabyte se actualiza mientras tecleas. El factor es exactamente 0,001: eso es lo que corresponde en MB a 1 kB. El cálculo se hace en tu propio dispositivo; después de cargar, esta página no vuelve a consultar ningún servidor.
500 kB is 0,5 MB
— una página web ligera.
64 kB is 0,064 MB
— un correo largo.
5000 kB is 5 MB
— una canción a buena tasa de bits.
4000000 kB is 4000 MB
— una película con calidad normal.
| kB | MB |
|---|---|
| 1 | 0,001 |
| 2 | 0,002 |
| 5 | 0,005 |
| 10 | 0,01 |
| 50 | 0,05 |
| 100 | 0,1 |
| 500 | 0,5 |
| 1000 | 1 |
Convertir kB a MB
Un kilobyte son 1.000 bytes cuando lo define un organismo de normalización y 1.024 cuando lo define un sistema operativo. Esta página calcula con 1.000; la unidad de 1.024 se llama kibibyte.
Un megabyte es un millón de bytes. Los fabricantes de almacenamiento siempre han contado en decimal, y por eso sus cifras parecen mayores que lo que muestra el ordenador.
Pasar de kilobytes a megabytes desplaza la coma 3 lugares hacia la izquierda y no cambia nada más. No hay factor que recordar ni redondeo que decidir: las cifras siguen en el mismo orden y solo cambia su posición.
1234 kB son 1,234 MB: las mismas cifras, corridas de sitio. Conviene saberlo porque es la única conversión que se comprueba de un vistazo — si las cifras del resultado no son las mismas con las que empezaste, lo que le ha pasado al número no ha sido esta conversión.
El megabyte de esta página es un millón de bytes, es decir, mil kilobytes, así que pasar de kB a MB es correr la coma tres lugares. Es la misma lógica que usa cualquier prefijo del sistema métrico: kilo es mil, mega es un millón, y cada peldaño de la escalera vale lo mismo que el anterior multiplicado por mil. Esa regularidad es la ventaja de trabajar en decimal: el cálculo se hace de cabeza.
El par binario —kibibyte y mebibyte— usa 1.024 en cada peldaño, así que un mebibyte son 1.048.576 bytes, un 4,9% más que un megabyte. Con dos peldaños la diferencia ya se nota: 5.000 kB son 5 MB en decimal pero solo 4,77 en binario. La mayoría de las veces esa diferencia es menor que el margen de error del propio total, salvo cuando lo que hay enfrente es un límite exacto.
Casi nadie convierte un solo archivo de kB a MB; lo que convierte es una suma. La lista sale de un cliente de correo, de una carpeta de fotos, de un gestor de archivos. Lo más seguro es sumar en kilobytes y convertir una sola vez al final, porque redondear cada línea antes de sumarla introduce un pequeño error por fila que casi siempre tira hacia el mismo lado: los tamaños publicados se redondean a la baja más a menudo que al alza.
Lo segundo que oculta una lista es lo que no cuenta. Un cliente de correo suma los adjuntos y no el cuerpo del mensaje ni las imágenes incrustadas; un gestor de archivos suma los archivos y no las carpetas vacías ni los metadatos. El total en megabytes es tan completo como la lista que lo alimenta, y ahí es donde suele aparecer la sorpresa, no en la división.
Muchos trámites administrativos —una solicitud de empleo público, una alegación, una matrícula universitaria— fijan un tamaño máximo por documento o por conjunto de adjuntos, casi siempre expresado en megabytes redondos: 5 MB, 10 MB, 25 MB. El formulario suele mostrar el tamaño acumulado según se van subiendo los archivos, así que la conversión sirve para anticipar si un PDF escaneado a demasiada resolución va a dejar fuera al resto.
El escollo habitual es el archivo que el propio sistema genera al firmar electrónicamente o al comprimir en el navegador, porque ese paso añade unos cientos de kilobytes que no estaban en el documento original. Sumar los archivos sueltos y compararlos con el límite antes de firmar evita descubrir el problema en el último paso del trámite, cuando ya no queda margen para volver a escanear nada.
El disquete de alta densidad de 3,5 pulgadas almacenaba 1.474.560 bytes, es decir, 1.440 kibibytes. La cifra de la etiqueta salió de dividir ese número por 1.024 una vez y luego por 1.000 otra vez, de modo que el «megabyte» de «1,44 MB» valía 1.024.000 bytes: una unidad híbrida que no existe en ningún estándar y que inventó el marketing de un solo producto. En las unidades de esta página el disquete guardaba 1,47 MB; en unidades binarias, 1,41 MiB.
Es el ejemplo más claro de lo que pasa cuando la etiqueta se elige después de la cuenta y no antes. Nadie mintió y cada cifra de la caja salía de un recuento real de bytes, y aun así el resultado fue una unidad que no significa nada. El mismo instinto —dividir por el número que hace que la cifra quede bonita y poner detrás el sufijo más familiar— es el que sigue produciendo desacuerdos entre gestores de archivos hoy.
Un listado de archivos de Windows que muestra «1.024 KB» ha dividido un recuento de bytes por 1.024, así que sus kilobytes son en realidad kibibytes con otro nombre. Sumar esas cifras y dividir por 1.000 mezcla los dos sistemas: el resultado no es ni un megabyte limpio ni un mebibyte limpio, y quedará a un 2,4% de cualquiera de los dos que el lector asuma. En una lista de cien archivos eso es un sesgo constante, no ruido.
La salida es tomar el recuento en bytes cuando esté disponible: el propio Windows lo muestra en las propiedades del archivo, y cualquier herramienta de línea de comandos lo expone también. Si solo existe la columna de kilobytes redondeados, el total sirve para una estimación aproximada y no debería usarse contra un límite que otro sistema va a medir con su propio criterio.
Un decimal en una cifra de megabytes representa cien kilobytes y dos representan diez, así que el número de dígitos que tiene sentido depende de para qué se va a usar el total. Un presupuesto de peso de página se discute en décimas, porque una décima de megabyte puede ser una fuente tipográfica entera. Una biblioteca de fotos no se discute así, porque cien kilobytes de más o de menos no cambian ninguna decisión.
Lo que nunca conviene es citar más decimales de los que tenía la entrada. Una lista de tamaños redondeados a kilobytes enteros no sostiene tres decimales en megabytes, por muy segura que los imprima una hoja de cálculo. Si los bytes exactos están disponibles, esos dígitos son reales; si la lista ya venía redondeada, los dígitos extra son el redondeo del redondeo.
1 kB son 0,001 MB. El valor es exacto y no está redondeado: la equivalencia de kilobyte a megabyte está fijada por definición.
No. El cálculo ocurre en tu navegador. Puedes desconectarte de internet y seguir calculando, que además es la forma más sencilla de comprobarlo.
Porque dos unidades distintas llevan el mismo nombre. Los fabricantes cuentan 1 GB = 1.000.000.000 bytes; Windows muestra gibibytes, es decir 1.073.741.824 bytes, pero los llama «GB». El mismo disco parece así un siete por ciento más pequeño. No ha desaparecido nada.
Un MB son 1000 kB. Es la misma relación leída al revés, así que un resultado de una página pasado por la otra tiene que volver al punto de partida.
Lo que esta página afirma sobre unidades de información se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.
El factor está en la página como una constante y el cálculo son cuatro operaciones. No se envía nada ni se espera a nada: lo que escribes no sale del navegador porque no existe ninguna petición en la que pudiera viajar.