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1 m = 0,000621371192237 mi
Escribe un valor y la conversión de metro a milla se actualiza mientras tecleas. El factor es exactamente 0,000621371192237: eso es lo que corresponde en mi a 1 m. El cálculo se hace en tu propio dispositivo; después de cargar, esta página no vuelve a consultar ningún servidor.
100 m is 0,06214 mi
— la distancia de los cien lisos.
8849 m is 5,499 mi
— la altura del Everest.
42200 m is 26,219 mi
— un maratón.
4828 m is 3 mi
— un trayecto corto al trabajo.
| m | mi |
|---|---|
| 100 | 0,0621371192237 |
| 200 | 0,124274238447 |
| 300 | 0,186411357671 |
| 500 | 0,310685596119 |
| 1000 | 0,621371192237 |
| 2000 | 1,24274238447 |
| 5000 | 3,10685596119 |
| 10000 | 6,21371192237 |
Convertir m a mi
Desde 1983 el metro se define como la distancia que recorre la luz en 1/299.792.458 de segundo. Ya no es un objeto: la barra de platino guardada cerca de París quedó jubilada.
Una milla son 1.760 yardas, una cifra que viene de los mil pasos dobles romanos y que en el siglo XVI se ajustó por ley al furlong. Son exactamente 1.609,344 metros.
El factor es 0,000621, y casi nadie lo lleva encima. Redondeado a 0,00062 se desvía un 0,22 %, que pasa desapercibido en cifras pequeñas y se convierte en una unidad entera alrededor de 1000 m.
Ese es el dato que interesa antes de redondear: no el error en sí, sino a partir de dónde deja de ser despreciable. Por debajo de ahí el factor corto es el sensato; por encima, usa el campo de arriba, que no redondea hasta el momento de escribir el resultado.
El acuerdo internacional de la yarda y la libra de 1959 fijó la milla en términos métricos, y en las unidades de esta página eso sale a 1609,344 m. La definición es exacta por convenio, no por medida: no se midió y no se puede afinar midiéndola mejor. Y el decimal de arriba está entero, sin nada redondeado al final.
Antes de aquel acuerdo la versión estadounidense y la británica diferían ligeramente, y algunas cifras catastrales antiguas siguen arrastrando la definición vieja. Fuera de la topografía la diferencia queda muy por debajo de la precisión con la que trabaja nadie.
Una milla son 1.609,344 metros, y los 1.500 son la distancia que más se confunde con ella. La diferencia son 109,344 m, algo más de un cuarto de vuelta en una pista de 400 m, demasiado para tratar las dos como intercambiables y lo bastante cerca como para que a los 1.500 se les llame desde hace décadas «la milla métrica». Al nivel más alto, la diferencia entre los récords de ambas pruebas ronda los diecisiete segundos.
La misma casi coincidencia recorre las distancias más antiguas. Media milla son 804,672 m frente a los 800 actuales, y las 880 yardas imperiales eran esa prueba más larga; un cuarto de milla son 402,336 m frente a los 400. En todos los casos la distancia métrica es la más corta, razón por la que las marcas conseguidas en pistas imperiales se ajustaron a la baja cuando se trasladaron a los registros, y por la que una mejor marca personal de los años sesenta no se puede comparar con una de hoy sin saber en qué prueba se corrió.
El programa de pista y ruta es métrico de principio a fin, y las cifras en millas merece la pena conocerlas porque muchos listados y planes de entrenamiento en inglés no lo son. Cinco mil metros son 3,107 millas, diez mil son 6,214, la media maratón de 21.097,5 m son 13,109 y la maratón de 42.195 m son 26,219. El famoso «y 385 yardas» de la maratón es justo ese fragmento por encima de las 26 millas, que son 352 m.
Ninguna de esas cifras es redonda en millas, y esa falta de simetría cuenta toda la historia del deporte: las distancias métricas se eligieron primero y las cifras en millas son lo que resulta de convertirlas. Vale la pena quedarse con las dos referencias más cercanas en vez de con la cifra exacta —un 5K son algo más de tres millas, un 10K son algo más de seis— y usar la calculadora solo cuando una cifra tenga que publicarse o introducirse en algún sitio.
Las distancias se convierten una vez y el ritmo se convierte en cada sesión, así que es la cuenta que conviene tener siempre a mano. Un ritmo por kilómetro se convierte a ritmo por milla multiplicando por 1,609: cinco minutos por kilómetro son 8:03 por milla, cuatro y media son 7:14, cuatro exactos son 6:26. En sentido contrario se divide, así que una milla en siete minutos son 4:21 por kilómetro y una milla en seis minutos son 3:44.
El paso que la gente suele fallar es el último. Multiplicar 4:30 por 1,609 significa multiplicar 4,5, no 4,30, y el resultado 7,242 hay que leerlo como siete minutos más 0,242 de minuto —14,5 segundos— y no como siete minutos catorce con dos. Tratar los dígitos después de los dos puntos como decimales es el error de ritmo más frecuente de todos, y al ritmo de 4:30 anterior vale unos diecinueve segundos por milla, más que el margen de casi cualquier plan de entrenamiento.
World Athletics mantiene récords mundiales para la milla y para ninguna otra distancia no métrica. Esa es la razón de que un deporte completamente métrico siga necesitando esta conversión: las carreras de la milla se corren, se homologan y se publican junto a los 1.500, y quien lee resultados de las dos tiene que manejar dos escalas a la vez. La barrera de los cuatro minutos, batida por Roger Bannister en mayo de 1954, es la razón de que la milla se ganara esa excepción, más que ningún argumento técnico.
El running en ruta la conservó también, sobre todo en Estados Unidos, donde la milla en calle es una prueba real con participación real y no una rareza. La consecuencia práctica para quien viene de una formación métrica es que un tiempo en milla y uno en 1.500 no se pueden comparar por simple escala: los 109 m de más se corren al final de un esfuerzo ya exigente, así que cuestan más de lo que su proporción sugiere. Las tablas de conversión entre ambas existen justo por eso, y no son lineales.
Una máquina configurada en millas y un plan escrito en metros es la versión cotidiana de este problema, y falla en silencio porque los dos números parecen razonables. Una sesión de 6 × 800 m son 6 × 0,497 millas, y programar la máquina a media milla en cada repetición añade 28 m en toda la sesión: nada. Programarla en 0,8 de milla en cambio añade 487 m por repetición, y convierte la sesión en otra completamente distinta.
Lo mismo pasa con la velocidad. Una cinta en millas por hora a 10,0 son 16,09 km/h, es decir, 3:44 por kilómetro; el 16 que parece equivalente en una cinta configurada en kilómetros son 3:45, un esfuerzo del todo distinto de 10 km/h. Conviene comprobar la unidad de la pantalla antes de la primera repetición, no después, y si la máquina permite cambiarla, dejarla en la unidad en la que está escrito el plan.
Todo circuito de ruta homologado se mide en metros, sea cual sea la unidad de su señalización. La medición se hace siguiendo la ruta más corta que un corredor podría tomar legalmente, con una bicicleta de contador calibrado, y se añade deliberadamente un margen de seguridad de una parte por mil, así que una maratón homologada se traza a al menos 42.237 m en vez de a 42.195. Un circuito que resultara corto invalidaría todas las marcas conseguidas en él, y esos 42 m de más son el seguro contra eso.
Las marcas de milla de un circuito así son, por tanto, posiciones derivadas de una medición métrica, colocadas a 1.609,344 m, 3.218,688 m y así sucesivamente. Por eso casi nunca coinciden exactamente con un reloj, y por eso la diferencia crece de forma constante y no a saltos: el reloj mide el trayecto realmente recorrido, que es más largo que la línea más corta, y la diferencia se acumula en cada curva.
La conversión es exacta y la entrada casi nunca lo es. Una ruta trazada sobre un mapa, una distancia sacada de un teléfono, un sendero estimado por la señalización: todas arrastran un error de al menos medio por ciento, y el posicionamiento por satélite bajo árboles o entre edificios puede irse varios puntos porcentuales en un tramo corto. Convertir 3.000 m en 1,86411 millas publica cinco decimales sobre una cifra cuyo primer decimal ya es incierto.
Dos decimales es el límite razonable para cualquier cosa medida y no definida, y uno basta para una conversación. Conserva toda la precisión solo donde la cifra en metros sea en sí misma exacta y estipulada: una prueba de pista, un circuito homologado, una distancia de récord. Esos son los casos en los que la cifra en millas es de verdad 3,10686 y no una estimación —y fuera del atletismo, una distancia guardada en metros en vez de en kilómetros suele ser la señal de que alguien ya la convirtió una vez antes.
1 m son 0,000621371192237 mi. El valor es exacto y no está redondeado: la equivalencia de metro a milla está fijada por definición.
No. El cálculo ocurre en tu navegador. Puedes desconectarte de internet y seguir calculando, que además es la forma más sencilla de comprobarlo.
Un mi son 1609,34 m. Es la misma relación leída al revés, así que un resultado de una página pasado por la otra tiene que volver al punto de partida.
Lo que esta página afirma sobre unidades de longitud se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.
El factor está en la página como una constante y el cálculo son cuatro operaciones. No se envía nada ni se espera a nada: lo que escribes no sale del navegador porque no existe ninguna petición en la que pudiera viajar.