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Aquí puedes convertir AAC a OPUS gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
AAC a OPUS
Quien llega aquí rara vez tiene una grabación. Tiene una carpeta que crece sola: la captura continua de una emisora, las sesiones de un pleno municipal, las actas sonoras de una comunidad, los cortes de una emisora comunitaria, el registro de un servicio de escucha. Ninguna pieza es grande y el conjunto no para.
La aritmética del origen sí se puede hacer sin misterio, porque la tasa del AAC la fijó quien capturó. Una captura continua a 128 kbps ocupa unos 57 MB por hora, en torno a 1,4 GB al día y del orden de 500 GB al año. Dos fuentes llenan un disco de un terabyte en un año, se escuche o no se escuche una sola de esas horas.
AAC se normalizó a finales de los noventa y Opus en 2012, a partir de dos códecs pensados para trabajos distintos —uno para voz y otro para música— entre los que Opus alterna según lo que oye. Ese diseño es la razón de que se sostenga a tasas muy bajas, allí donde AAC y MP3 empiezan a producir artefactos que un oyente nota.
Para un archivo de material hablado eso es justamente el punto. A tasas bajas, un boletín, una clase o el tráfico de una emisora siguen siendo perfectamente inteligibles, y lo que limita la calidad de una colección así casi siempre es la señal original —una recepción ruidosa, una cadena de emisión ya comprimida, un micrófono malo— y no el códec con el que se guarda. Si el material es música, el cálculo cambia y la banda más baja no procede.
Y es deliberado. Esta página ofrece tres bandas —archivo pequeño, equilibrada y calidad alta— y no publica a cuántos kilobits corresponde cada una, porque nuestro código no las resuelve a números: entrega las constantes de calidad de la biblioteca de codificación tal cual, y esas constantes se resuelven de forma distinta según el códec. Publicar un número sería atribuirnos una decisión que no tomamos y que ninguna prueba de este repositorio comprueba.
La consecuencia práctica es buena para ti: convierte un mes de muestra en dos bandas, mira lo que ocupa cada carpeta y escucha ambas. Ese procedimiento decide mejor que cualquier tabla, porque el tamaño resultante depende también del contenido —silencio, una voz, una sala llena— y una cifra genérica no lo sabe.
El AAC descartó permanentemente partes de la señal al capturarla, usando un modelo de lo que un oyente no echaría de menos. Opus trabaja ahora sobre lo que quedó y toma sus propias decisiones, gastando parte de su presupuesto en describir los artefactos del primer codificador como si fueran contenido. Nada de una segunda codificación sale gratis y ningún ajuste lo evita.
Lo que lo hace aceptable aquí es el origen. Las capturas de emisión suelen haber pasado ya por una cadena de estudio, un códec en el transmisor y una red antes de llegar a tu disco, así que la grabación nunca fue un documento fiel de una sala. Recodificar una copia que ya está varias generaciones abajo cuesta proporcionalmente menos que recodificar un original. Si el material tiene valor probatorio, ese razonamiento no vale y el AAC debe conservarse.
Lo que hay aquí como origen es un encadenado de tramas AAC, cada una repitiendo en una cabecera corta la frecuencia de muestreo y la configuración de canales, sin nada envolviéndolas. No hay contenedor, ni índice, ni campo de duración, y es a propósito: el formato existe para que un flujo se pueda cortar en cualquier punto y unir a cualquier otro.
Para un archivo eso tiene dos consecuencias. La duración de una grabación no está escrita en ninguna parte y hay que deducirla recorriendo el fichero, que es por lo que algunos reproductores informan de un tiempo equivocado o se niegan a desplazarse por él. Y no hay zona de metadatos en absoluto, de modo que cada dato sobre una captura —cuándo, desde dónde, qué canal— vive en el nombre del fichero y en la carpeta que lo contiene, o no vive.
Opus se escribe aquí dentro de un contenedor Ogg, y Ogg admite comentarios al estilo Vorbis: una lista abierta de claves con valores de texto, tantas como quieras. Ese es el primer punto de la cadena en el que una grabación puede declarar dentro de sí misma su fecha, su fuente, su canal, quién la hizo y su plazo de conservación.
Merece la pena hacerlo con una herramienta de etiquetado nada más convertir, y no dentro de un año. Un archivo que depende de su estructura de carpetas pierde su catálogo la primera vez que alguien reorganiza un disco o restaura una copia de seguridad en el sitio equivocado; un archivo cuyos ficheros se describen a sí mismos sobrevive a eso. Una vez escritas las etiquetas en el Ogg, viajan con cada copia posterior.
Buena parte del habla capturada es mono en origen o mono en la práctica: un solo transmisor, un micrófono, una mezcla de sala sumada antes de salir del recinto. Guardar dos canales idénticos desperdicia la mitad del presupuesto, y donde la captura es realmente de una sola fuente, sumar a mono antes de convertir vuelve a reducir el resultado por encima de lo que ahorra el códec.
En esta página no hay control de canales: un AAC estéreo produce un Opus estéreo, y la reducción hay que hacerla antes en un editor o con una herramienta por lotes. Donde los dos canales lleven contenido distinto —dos frecuencias capturadas a la vez, una mesa de conferencia con oradores separados—, déjalo estar, porque esa separación es lo que hace utilizable la grabación más adelante.
Conviene saberlo para no dar vueltas: los dos destinos escriben un flujo Opus dentro de un contenedor Ogg, con el mismo codificador. Lo único que cambia es la extensión del fichero que descargas.
Para un archivo, .opus es la mejor elección de las dos, porque es la convención que se ha asentado para Opus dentro de Ogg y le dice a quien lo encuentre dentro de diez años qué hay dentro sin tener que abrirlo. Un .ogg, en cambio, puede contener varias cosas distintas según quién lo escribiera, y esa ambigüedad es exactamente lo que un archivo no necesita.
Si el material puede tener valor probatorio, si va a ser periciado, o si existe la posibilidad de que alguien tenga que examinar de cerca un fragmento concreto, conserva el AAC. Cada recodificación es irreversible y añade su propio daño, y una cadena de custodia no admite un paso en el que el fichero cambió porque hacía falta sitio.
Convierte cuando el archivo es un registro de referencia de material hablado y la alternativa real es borrar lo más antiguo para hacer hueco. Reducir el almacenamiento a una fracción solo vale la pena cuando las grabaciones deben durar más que el disco donde están, que es precisamente la situación de casi todos los archivos sonoros institucionales.
El tope es de 100 MB por fichero y hasta cien por tanda, que vuelven juntos en un ZIP. Las capturas suelen llegar ya troceadas por horas o por programas, y eso encaja bien con esta forma de trabajar: la producción de un día es una sola pasada.
Opus es además el único destino de audio del sitio que no descarga ningún codificador, porque todos los navegadores lo incorporaron para las llamadas, y el descodificador de AAC ya está en tu máquina. Así que una tanda entera se ejecuta dentro de la pestaña con la red parada. Para señales monitorizadas, comunicaciones internas o cualquier cosa grabada bajo un deber de confidencialidad, eso no es una comodidad: es la condición para que la conversión pueda hacerse.
Haz la prueba sobre una muestra representativa y no sobre el fichero más limpio que tengas. Elige una hora ruidosa, una con música de fondo y una con varias voces solapadas, porque son las tres que peor van a resistir y las que deciden si la banda baja es aceptable.
Y no borres los originales hasta que la copia nueva haya sido escuchada y catalogada. La conversión no toca el AAC —produce un fichero nuevo al lado—, así que el momento de retirar el original es una decisión tuya y conviene tomarla después de comprobar, no antes por ahorrar el paso.
| AAC | OPUS | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Advanced Audio Coding | Audio Opus |
| Extensión de archivo | .aac | .opus |
| Tipo de medio | audio/aac | audio/opus |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 1997 | 2012 |
| Publicado por | MPEG | Xiph.Org |
| Especificación | ISO/IEC 13818-7 | RFC 6716 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Canales de audio | hasta 48 | hasta 255 |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Navegadores actuales |
| Considerado en su lugar | MP3 | MP3 |
Los navegadores actuales leen OPUS; los antiguos no. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
VLC y FFmpeg leen tanto AAC como OPUS, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
AAC y OPUS son formatos con pérdida, así que esto comprime una segunda vez sobre la primera. Si conservas el original, parte de él: cada vuelta cuesta un poco más que la anterior.
AAC es el formato de MPEG, publicado en 1997. Está recogido en ISO/IEC 13818-7, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
OPUS viene de Xiph.Org y es de 2012, recogido en RFC 6716. VLC, FFmpeg y Audacity lo leen.
AAC se publicó en 1997 y OPUS en 2012. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
OPUS comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. Los dos formatos están comprimidos, así que esta es una segunda ronda sobre un audio que ya perdió detalle. Elige el nivel de calidad más alto si el resultado se va a editar o volver a convertir.
Los navegadores actuales leen OPUS; los antiguos no. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AAC y OPUS son formatos con pérdida, así que esto comprime una segunda vez sobre la primera. Si conservas el original, parte de él: cada vuelta cuesta un poco más que la anterior.