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Aquí puedes convertir AAC a AIFF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
AAC a AIFF
Un archivo .aac suelto es una sucesión de tramas, cada una repitiendo en su cabecera la frecuencia de muestreo y la configuración de canales, sin ningún contenedor alrededor. Ese diseño existe para que un flujo se pueda cortar por cualquier sitio y unir a cualquier otro, y el precio es que nada dentro del archivo declara su duración.
El software se las arregla estimando: recorriendo el archivo entero, o dividiendo su tamaño por un caudal supuesto. Con material de tasa variable las dos cuentas fallan. De ahí vienen las importaciones que muestran una duración equivocada, las formas de onda que no dejan desplazarse y los cortes que aterrizan en la línea de tiempo con la longitud que no era. El AIFF que sale de aquí escribe su número exacto de tramas en el bloque COMM, y para bastante gente eso —y no la compresión— es lo que esta conversión arregla de verdad.
La compresión AAC quitó partes de la grabación de forma permanente, según un modelo de lo que un oyente no echaría de menos. AIFF hace después el trabajo contrario a la perfección: guarda cada muestra tal como se la entregan, sin comprimir absolutamente nada. Sumando las dos cosas, el resultado es un archivo grande que contiene exactamente el audio que contenía el AAC.
Eso interesa cuando algo aguas abajo exige PCM, y no es una ganancia de calidad por ninguna medida. Los pliegos de entrega nombran formatos sin comprimir para que todo lo que llega esté en un estado conocido y no se vuelva a codificar dentro de la casa. Si existe un origen mejor —la sesión, el máster, el volcado original—, eso es lo que hay que entregar, y un correo cuesta menos que cualquier conversión.
Un AIFF es una secuencia de bloques y el que se produce aquí tiene exactamente dos. COMM declara el número de canales, el número de tramas, la profundidad de bit y la frecuencia de muestreo. SSND contiene las muestras. No se escribe nada más: ni nombre, ni anotación, ni autor, ni referencia de código de tiempo, ni medición de sonoridad, ni carátula.
Es una limitación que hay que conocer antes de entregar y no después. Los pliegos de radio y televisión piden esas cosas en el mismo párrafo en que piden audio sin comprimir, y un conversor no puede inventarlas. Saberlo hoy sale más barato que un rechazo de entrega dentro de una semana.
La referencia europea es EBU R 128, con el nivel integrado en −23 LUFS, y en buena parte de América se trabaja contra ATSC A/85 en −24 LKFS. Si el pliego te pide el valor medido junto al archivo, aquí no hay dónde ponerlo: los dos bloques que se escriben no tienen campo para ello.
Hay dos salidas y las dos son razonables. O el valor viaja fuera del audio, en la hoja de entrega o en el sistema de tráfico, que es como funciona en muchas emisoras; o el archivo pasa por un editor capaz de escribir metadatos de radiodifusión después de esta conversión. Lo que no funciona es suponer que un conversor lo ha rellenado por su cuenta.
Aquí no se remuestrea nada. La frecuencia que declare la cabecera del flujo es la frecuencia que recibe el AIFF, escrita en el bloque COMM como el número en coma flotante extendida de 80 bits que el formato exige. El audio producido para televisión, vídeo o conferencias suele ir a 48.000 Hz; el destinado a un disco compacto o procedente de uno, a 44.100.
El desajuste duele en los dos extremos de la cadena. Un CD de audio son 44.100 Hz y nada más, así que un entregable a 48 kHz se rechaza o lo remuestrea la herramienta de autoría sin avisar. Una emisora que trabaja toda su planta a 48 kHz remuestreará un archivo a 44,1 en la ingesta, que es un procesado que nadie pidió. Lee la frecuencia del origen antes de convertir un lote, porque un conjunto mezclado es la versión de este problema que aparece tarde.
El PCM que se escribe aquí es de dieciséis bits con signo. Desde un máster sin pérdida esa sería una decisión que merecería examen, porque un origen de veinticuatro bits lleva un margen que dieciséis no pueden sostener. Desde un archivo AAC no es una decisión en absoluto: un códec con pérdida no tiene profundidad adicional que preservar, y escribir veinticuatro bits produciría un archivo la mitad más grande sin una sola información más dentro.
Dieciséis bits a 44.100 o 48.000 Hz es además lo que nombra la mayoría de pliegos para este tipo de material. Cuando una hoja pide veinticuatro bits sin comprimir, este conversor no puede darlos y la herramienta correcta es una de escritorio; aunque conviene preguntarse qué contendrían esos veinticuatro bits, dado que el origen era un flujo comprimido.
El PCM sin comprimir de dieciséis bits en estéreo a 44.100 Hz cuesta 176.400 bytes por segundo, unos 10 MB por minuto, tanto si el minuto es denso como si es silencio, porque cada muestra se escribe como un número sin más.
Con eso, una cuña de treinta segundos pasa de aproximadamente medio megabyte a unos 5 MB, un corte de cinco minutos de 5 MB a unos 50, y un programa de una hora de unas decenas de megabytes a alrededor de 600. Esta conversión no ofrece control de calidad porque no hay nada que negociar: AIFF no comprime, y esa es exactamente la razón por la que los pliegos lo piden.
Los dos contenedores guardan lo mismo —muestras PCM sin comprimir— y discrepan casi únicamente en el orden de los bytes: WAV es el formato de Microsoft y se escribe empezando por el byte menos significativo, AIFF es el de Apple y lo hace al revés. De hecho, aquí el AIFF se produce muxando primero un WAV y reescribiéndolo después con aritmética.
Así que la elección entre uno y otro casi nunca es técnica. Es lo que diga el pliego, o lo que espere el sistema de ingesta, o simplemente de qué lado del taller viene la costumbre. Si la hoja de entrega nombra los dos, elige el que use el resto del proyecto: convertir uno en el otro más adelante no cuesta calidad, pero sí cuesta una revisión.
Merece la pena comprobar qué tienes antes de convertir. Buena parte de lo que la gente llama «el AAC» es en realidad un M4A: el mismo códec dentro de un contenedor que sí declara la duración, la frecuencia y el número de pistas, y que este sitio también lee como origen hacia AIFF.
Si tu archivo es un M4A, el argumento de la duración de esta página no te aplica, porque tu archivo ya sabe cuánto dura. Lo que sigue aplicando es todo lo demás: el material sigue estando comprimido con pérdida, el AIFF seguirá siendo unas diez veces mayor y seguirá sin llevar sonoridad ni código de tiempo. La conversión estará igual de justificada por el pliego y no lo estará más por la calidad.
AAC maneja muchos más canales de los que AIFF describe, así que un flujo multicanal ancho no tiene aquí a dónde ir, mientras que mono, estéreo y las configuraciones intermedias pasan con sus canales intactos. Un mono sigue siendo mono en lugar de duplicarse en un falso estéreo, que es el resultado correcto para una locución o una conexión telefónica.
Lo que el AIFF registra es cuántos canales hay y no qué representa cada uno. COMM declara una cifra; no existe campo para una asignación de altavoces ni para un orden de canales. Un entregable multicanal hay que comprobarlo contra el orden que espera el pliego en vez de darlo por supuesto, y un par estéreo que en realidad eran dos monos sin relación tendrá exactamente el mismo aspecto que una mezcla estéreo de verdad.
Los otros destinos de audio de este sitio cargan un codificador cuando el equipo no ofrece el suyo. AIFF no: las muestras descodificadas se envuelven primero como WAV y después se reescriben con aritmética —la cabecera en orden de bytes contrario, la frecuencia convertida a coma flotante extendida de 80 bits, los bytes de cada muestra invertidos—, y para eso no hace falta biblioteca alguna.
El descodificador de AAC ya está en tu máquina, expuesto por el navegador. La consecuencia práctica es que este par empieza a trabajar de inmediato, sin la pausa inicial que se nota en los destinos que sí tienen que traerse un codificador.
Se admiten archivos de hasta 100 MB cada uno y cien de golpe, que vuelven como un ZIP. Para cuñas todavía no emitidas, programas bajo embargo o cualquier cosa cubierta por una cláusula de confidencialidad, la propiedad útil es que esto se comprueba en lugar de prometerse: abre la pestaña de red, convierte un archivo y mira cómo no se mueve nada.
Es una diferencia real frente a la costumbre del sector, que consiste en subir el material a la primera web que aparece en el buscador a cambio de un archivo de vuelta. Aquí no hay servidor en el camino, así que tampoco hay una copia en ningún sitio que después haya que confiar en que alguien borre.
| AAC | AIFF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Advanced Audio Coding | Audio Interchange File Format |
| Extensión de archivo | .aac | .aiff, .aif |
| Tipo de medio | audio/aac | audio/aiff |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Sin comprimir |
| Publicado por primera vez | 1997 | 1988 |
| Publicado por | MPEG | Apple |
| Especificación | ISO/IEC 13818-7 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | — | 32 |
| Canales de audio | hasta 48 | hasta 8 |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Algunos navegadores |
| Considerado en su lugar | MP3, OPUS | WAV, FLAC |
AAC contempla hasta 48 canales de audio y AIFF hasta 8. Una mezcla envolvente se pliega en lugar de conservarse.
AIFF es un formato de trabajo y AAC uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Los programas de siempre no coinciden: AAC se abre en VLC, FFmpeg y iTunes, y AIFF en Logic Pro, Audacity y Adobe Audition, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
El resultado ocupa más que el original y no es mejor. AAC ya descartó detalle y AIFF guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.
Los dos apuntan a trabajos distintos: AAC a entregar un archivo terminado, la transmisión y los teléfonos y AIFF a la edición y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
AAC es el formato de MPEG, publicado en 1997. Está recogido en ISO/IEC 13818-7, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
AIFF viene de Apple y es de 1988. Logic Pro, Audacity y Adobe Audition lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
AIFF comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El archivo se vuelve mucho más grande sin sonar mejor. AIFF guarda cada muestra que recibe, pero lo que descartó la compresión original ya no está.
El resultado ocupa más que el original y no es mejor. AAC ya descartó detalle y AIFF guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.