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Aquí puedes convertir WAV a OPUS gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
WAV a OPUS
Casi nunca de una descarga. Salen de una grabadora de mano, de la exportación de un editor, de un programa de transcripción, de una mesa de sonido, de un sintetizador de voz. Son ficheros de trabajo: nadie los eligió por su tamaño, los eligió porque era el formato que la herramienta anterior escribía sin discutir.
El problema aparece cuando esos ficheros dejan de ser material intermedio y tienen que ir a alguna parte —un servidor, un correo, un móvil, un disco que se está llenando—. Ahí el WAV deja de ser cómodo y pasa a ser caro, y Opus es la respuesta con menos concesiones que existe hoy para ese salto.
Un WAV no comprime, así que su tamaño se calcula y no se estima: frecuencia de muestreo por profundidad por número de canales. Estéreo de 16 bits a 44.100 Hz son 176.400 bytes por segundo, es decir unos 10 MB por minuto y unos 600 MB por hora, tanto si la grabación es una orquesta como si es una sala en silencio.
Eso es lo que hace que la conversión cambie qué es posible y no sólo qué es ordenado. Una entrevista de una hora deja de ser un fichero que vive en una máquina y pasa a ser un adjunto que se manda sin pensarlo. Lo que no se puede calcular de antemano es el tamaño de salida, y el apartado siguiente explica por qué esta página no te va a dar ese número.
Hay tres bandas —archivo pequeño, equilibrada y calidad alta— y no vas a leer aquí a cuántos kilobits corresponde cada una. El motivo es concreto: nuestro código no las resuelve a números. Entrega las constantes de calidad de la biblioteca de codificación tal cual, y esas constantes se resuelven de manera distinta según el códec. Publicar una cifra sería atribuirnos una decisión que no tomamos y que ninguna prueba de este repositorio comprueba.
La forma práctica de decidir es mejor que una tabla, además. Convierte el mismo minuto en las tres bandas, mira lo que ocupa cada fichero y escúchalos con los auriculares o el altavoz donde el resultado se va a oír de verdad. El tamaño depende también del contenido —silencio, una voz, una sala llena— y una cifra genérica no sabe nada de eso.
La diferencia entre códecs no está arriba, está abajo. Cuando el presupuesto de bits es amplio, casi cualquier códec moderno hace un trabajo del que nadie se queja. Cuando el presupuesto se estrecha es cuando se separan, y Opus fue diseñado en 2012 sin ninguna obligación de seguir siendo compatible con nada anterior, que es una ventaja de diseño que no se puede recuperar a posteriori.
Por eso el argumento a favor de Opus es más fuerte precisamente para quien ha llegado aquí buscando ficheros pequeños. Si lo que quieres es una copia generosa que ocupe poco menos que el original, la ventaja se diluye y el formato deja de importar tanto. Si lo que quieres es una fracción, importa mucho.
Opus se construyó a partir de dos diseños a la vez: un codificador pensado para la voz y otro de propósito general, y el codificador alterna o mezcla los dos según lo que oye. Los códecs anteriores tenían que elegir una estrategia y aplicarla a todo.
El efecto práctico es que no hace falta declarar qué contiene tu WAV. Una entrevista con música de fondo, una clase con un vídeo reproducido en la sala, un programa con una cortinilla: todo se codifica razonablemente con un solo ajuste. Es una comodidad real cuando conviertes una carpeta cuyo contenido no has escuchado entero.
Una parte enorme de los WAV que circulan son ficheros estéreo con un solo micrófono duplicado en los dos canales: notas de voz, grabaciones de reunión, entrevistas de una sola fuente, salida de un sintetizador de habla. Esta página no ofrece ningún ajuste de canales, así que un WAV estéreo produce un Opus estéreo.
Si quieres mezclar a mono, hazlo antes en un editor. Y donde los dos canales lleven contenido distinto —dos micrófonos, dos ponentes separados, una toma ambiente y una de proximidad—, déjalo estar: esa separación es lo que hace utilizable la grabación más adelante y no se recupera después.
Cuando el audio se entrega por red, la diferencia de tamaño es la decisión de producto. Una página que envía treinta megabytes de sonido y otra que envía tres se comportan de manera distinta en un móvil con datos limitados, y la segunda se escucha. En buena parte de Hispanoamérica —y en cualquier zona rural de la península— esa diferencia decide si el archivo llega a reproducirse o el visitante se va.
La excepción conviene planificarla en lugar de descubrirla. Si tus estadísticas muestran tráfico apreciable desde equipos antiguos, publica también una versión en un formato veterano y deja que el marcado elija. Servir un único fichero Opus y confiar es una decisión legítima, pero debe tomarse a propósito.
El soporte es excelente en programas y desigual en aparatos. Equipos de coche, reproductores portátiles antiguos, algunos televisores, algunos reproductores de salón y móviles de cierta edad mostrarán el fichero y se negarán a reproducirlo. No es un problema que vaya a desaparecer deprisa, porque esos aparatos no reciben actualizaciones.
La prueba es rápida y merece la pena antes de una conversión masiva: convierte un fichero, ponlo en el aparato de destino y dale a reproducir. Si suena, convierte el resto. Si no, el formato veterano correspondiente sigue siendo el respaldo que nada rechaza, a costa de varias veces más tamaño.
Los demás formatos de audio de este sitio traen su codificador cuando hace falta, en forma de módulo que se carga en el momento. Opus no: todos los navegadores lo incorporaron para las llamadas de voz por web, así que el codificador ya está en la pestaña antes de que sueltes nada, igual que el manejo del PCM que trae el WAV.
Eso tiene dos consecuencias visibles. La primera conversión no espera a ninguna descarga, y una tanda entera puede ejecutarse con la red parada. Para material grabado bajo un deber de confidencialidad —entrevistas, sesiones, actas, llamadas— eso no es una comodidad: es la condición para que la conversión se pueda hacer.
Toda esta ruta se ejecuta sobre los códecs de tu propia máquina, y no hay ningún respaldo en servidor al que caer: el único módulo de este sitio que envía un fichero a alguna parte no lee ni escribe formatos de audio ni de vídeo. Cuando algo no se puede hacer, se dice.
En audio esa situación es poco probable, porque siempre hay una respuesta disponible. Donde sí aparece es leyendo el origen: un WAV que en realidad contiene una variante poco común de PCM puede no descodificarse, y entonces lo que recibes es una frase que nombra navegadores donde sí funciona, no una traza de error ni un silencio.
El tope de la capa gratuita son 100 MB por fichero, que con la aritmética de más arriba equivale a algo menos de diez minutos de estéreo a calidad de disco. Las grabaciones largas hay que trocearlas antes, y ese techo es la memoria del navegador sosteniendo el fichero, no una asignación que nadie pueda ampliar.
Por tanda caben hasta cien ficheros y vuelven juntos en un ZIP. Encaja bien con la forma en que llegan estas grabaciones, que suelen estar ya cortadas por pistas, por temas o por bloques de una sesión, así que un día entero de trabajo cabe en una sola pasada.
Opus es un viaje de ida. Convertir el resultado de vuelta a WAV devuelve el tamaño y no devuelve el sonido: lo que el codificador descartó no está en el fichero pequeño y nada puede reconstruirlo. Si el WAV es un máster, o si vas a editarlo otra vez, guárdalo.
También conviene que todas las versiones que necesites salgan de este WAV y no unas de otras. Si hace falta un Opus para la web, un formato veterano para un aparato terco y una copia pequeña para un servicio de transcripción, haz tres conversiones desde el original. Encadenar dos formatos con pérdida acumula dos tandas de descarte, y el segundo codificador no sabe qué faltaba ya.
| WAV | OPUS | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Waveform Audio | Audio Opus |
| Extensión de archivo | .wav, .wave | .opus |
| Tipo de medio | audio/wav | audio/opus |
| Compresión | Sin comprimir | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 1991 | 2012 |
| Publicado por | Microsoft | Xiph.Org |
| Especificación | RIFF WAVE | RFC 6716 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | 32 | — |
| Canales de audio | hasta 65.535 | hasta 255 |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Navegadores actuales |
| Considerado en su lugar | FLAC, AIFF | AAC, MP3 |
WAV contempla hasta 65535 canales de audio y OPUS hasta 255. Una mezcla envolvente se pliega en lugar de conservarse.
Los navegadores actuales leen OPUS; los antiguos no. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
Audacity lee tanto WAV como OPUS, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
El archivo se reduce mucho, y se reduce descartando detalle. WAV lo guarda todo; OPUS guarda lo que el ojo apenas nota. En una fotografía el cambio casi no se paga; en texto, una captura de pantalla o un dibujo lineal se ve como halos en los bordes.
Los dos apuntan a trabajos distintos: WAV a la edición y el archivado y OPUS a la transmisión y la web. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
WAV es el formato de Microsoft, publicado en 1991. Registra 32 bits por canal.
OPUS viene de Xiph.Org y es de 2012, recogido en RFC 6716. VLC, FFmpeg y Audacity lo leen.
WAV se publicó en 1991 y OPUS en 2012. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
OPUS comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad.
El archivo se reduce mucho, y se reduce descartando detalle. WAV lo guarda todo; OPUS guarda lo que el ojo apenas nota. En una fotografía el cambio casi no se paga; en texto, una captura de pantalla o un dibujo lineal se ve como halos en los bordes.
Los navegadores actuales leen OPUS; los antiguos no. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.