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Aquí puedes convertir AVIF a SVG gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
AVIF a SVG
Esta es la única conversión de la familia AVIF donde el archivo que tienes decide si merece la pena empezar. Vectorizar consiste en buscar los bordes entre zonas de color parecido y dibujar un contorno alrededor de cada una. Un dibujo —un logotipo, un icono, un escudo, una ilustración plana, un dibujo a plumilla escaneado— está lleno de esos bordes y sale limpio.
Una fotografía no. Cada región de una fotografía es un degradado, así que no hay bordes que encontrar y el trazador los fabrica aplanando antes la imagen en franjas de color. Lo que sale es una copia posterizada montada con miles de trazados, cada uno de ellos una frontera que no existe en el motivo y que solo existe porque el aplanado la puso ahí. No es un defecto de esta herramienta: es lo que vectorizar significa, y ningún ajuste de esta página lo cambia.
AVIF existe para aligerar páginas web, y lo que pesa en una página web son las fotografías. Los sitios lo usan para imágenes de cabecera, fotos de producto y portadas de artículo, así que el AVIF típico que circula es exactamente el material que peor se vectoriza. Además es el formato que el servidor entrega cuando el navegador dice que lo acepta, con lo cual quien lo guardó nunca lo eligió y a menudo no sabe qué era el original.
La excepción es la razón de ser de esta página. Las cadenas de compilación convierten todos los recursos de un directorio, logotipos e iconos incluidos, y quien recibe esa salida tiene una marca plana atrapada dentro de un formato de entrega fotográfico. Ese archivo se vectoriza estupendamente, y devolverlo a vector es una recuperación de verdad y no una curiosidad.
Cualquier otro par de este sitio coge una representación de una imagen y escribe otra representación de la misma imagen. Este lee la imagen y dibuja algo nuevo que se le parece. Nada del SVG salió del AVIF sin modificar: ni un píxel, ni una frontera de color, ni un borde.
La consecuencia práctica es que el resultado hay que mirarlo en lugar de confiar en él. Una conversión a TIFF o a BMP se puede dar por buena porque los píxeles cruzan; una vectorización puede ser la recuperación limpia de un logotipo o una aproximación inservible, y la única manera de saberlo es abrirla. Ábrela al tamaño al que se va a usar, que en un archivo vectorizado suele ser mucho mayor de aquel al que se mostraba el AVIF: los fallos de un trazado son invisibles en miniatura y evidentes en una lona.
La decisión de incluir esta función se tomó sobre pruebas y las pruebas están anotadas en el código. Un logotipo plano hace el viaje de ida y vuelta con fidelidad: un PNG de 6 KB salió como un SVG de 16 KB. Un degradado sale con bandas visibles. Una captura de pantalla con texto produjo un SVG cuarenta veces mayor que el PNG del que venía. Y una fotografía salió cuatro veces más grande y posterizada.
Esas cuatro líneas son la mejor guía que podemos darte sobre qué esperar, porque describen el comportamiento real y no una intención. La biblioteca que hace el trazado está publicada bajo Unlicense; las alternativas más conocidas del sector son GPL, y la más moderna no declara licencia alguna en su empaquetado para navegador, así que ninguna de las dos podía entrar aquí.
Cuatro colores le va bien a una marca de un solo color, a un monograma o a un logotipo bitono, y produce el menor número de trazados y el archivo más pequeño. Ocho es el valor por defecto y la respuesta correcta para la mayoría de las ilustraciones planas. Dieciséis y treinta y dos conservan más matiz y multiplican la cantidad de trazados en la misma proporción.
El impulso de subir el número casi siempre es un error. Cada banda de color añade otra capa de contornos apilada sobre las de abajo, así que treinta y dos en un dibujo que solo tuvo cinco colores da un archivo más grande, más lento de abrir y no más fiel. Las bandas de más se van a los bordes suavizados de cada forma, que es justo donde un AVIF con pérdida es menos exacto, de modo que los trazados añadidos describen artefactos de compresión en lugar del dibujo. Empieza en cuatro u ocho y sube solo contra algo que veas que falta.
El ajuste de detalle controla cuánto se ciñen los contornos a la rejilla de píxeles. Suave redondea las curvas y descarta las motas más pequeñas, equilibrado es el valor por defecto, y nítido sigue los píxeles lo bastante de cerca como para que una escalera del origen se convierta en una escalera en el vector.
Cuál conviene depende de cómo se hizo el AVIF. Un recurso que pasó por compresión AVIF con pérdida arrastra un ligero bloqueo alrededor de los bordes duros, y nítido convierte fielmente ese daño en nodos permanentes; suave lo tira junto con un poco de detalle legítimo. Para cualquier cosa guardada desde una web, suavizar suele ser el mejor trato. Lo que no se toca en ningún ajuste es el desenfoque previo, que se mantiene siempre a cero: desenfocar antes de trazar reduce las motas y lo hace ablandando exactamente los bordes nítidos que son el único motivo para vectorizar un logotipo.
El coste de vectorizar crece con el número de bordes y no con el tamaño del archivo, y una imagen grande tiene un borde casi en todas partes. Por eso, si el lado mayor supera los 1.600 píxeles, la imagen se reduce antes de trazar. Sin ese tope, un origen de doce megapíxeles puede tardar decenas de segundos y devolver varios megabytes de SVG, que es peor que el problema que venías a resolver.
Y aquí reducir no es perder fidelidad en el sentido que tendría en una conversión entre formatos de píxeles, porque la salida es independiente de la resolución: un logotipo trazado a 1.600 píxeles de ancho y uno trazado a 4.000 se dibujan idénticos a cualquier tamaño. Lo único que cambia es cuánto se pegan los trazados a la rejilla original. La reducción se hace además con un escalado filtrado y no punto a punto, porque un reescalado sin filtro convertiría cada diagonal en una escalera que el trazador reproduciría después con toda fidelidad.
Un logotipo que AVIF guardaba como cuarenta mil píxeles puede salir como treinta órdenes de trazado, y entonces el SVG es una fracción del tamaño y está nítido a cualquier dimensión. Ese es el caso bueno y es habitual con el material para el que está escrita esta página.
El caso malo va en la otra dirección y llega lejos. Un SVG es XML, así que cada forma se escribe en texto legible con sus coordenadas en números, y una fotografía vectorizada es un documento que enumera miles de ellas. Escribir tantas formas ocupa muchísimo más que un códec construido para comprimir fotografías, y la diferencia suele ser de un orden de magnitud. La comparación se hace por ti al terminar y se enseña antes de que descargues nada, que es la respuesta más rápida disponible a si esto era buena idea.
Se abre en Inkscape, en Illustrator y en Figma, y cada trazado se puede seleccionar y recolorear. Lo que no está es la estructura. Un logotipo dibujado tiene el círculo, el logotipo tipográfico y el fondo como objetos separados y con nombre; uno vectorizado tiene una pila de regiones de color que casualmente se parecen a esas cosas.
Sirve muy bien para escalar, imprimir en grande, cortar y recolorear en bloque, y bastante mal para editar una letra o ajustar un elemento de una composición. El texto es el caso más claro: un logotipo tipográfico vectorizado no contiene texto en absoluto, solo contornos con forma de letras, así que no se puede volver a componer, ni reespaciar, ni corregir una falta de ortografía. Si quien hizo el original todavía conserva el archivo fuente, un correo vale más que cualquier ajuste de esta página.
El destino más frecuente de un trazado en español no es la web: es un plóter de corte. El rotulista necesita contornos porque la cuchilla sigue una trayectoria, no unos píxeles, y lo que le llega del cliente es cada vez más a menudo un archivo descargado de la propia web del cliente, en el formato que sirviera ese día.
Los escudos municipales, los emblemas de club y la señalética institucional son casi siempre el mejor material posible: pocos colores, bordes duros, superficies planas. Los peores son los que llevan un degradado moderno o una sombra suave, porque el trazador los devuelve como una serie de franjas planas concéntricas que parecen un error. Cuando eso pase, bajar a cuatro colores suele dar un resultado utilizable, y a veces la única salida honesta es pedirle el vector original a quien diseñó la marca.
Si el AVIF salió de un sitio que controlas, la cadena que lo produjo partió de algo, y ese algo era probablemente un SVG o un documento de un editor. Recuperarlo no cuesta nada y no pierde nada.
Y si lo que quieres es una impresión grande y no un archivo editable, quizá no haga falta vectorizar. AVIF admite hasta 65.536 píxeles de lado, así que un origen a una resolución razonable suele ser ya suficiente para el cartel, y una conversión directa a TIFF o a PNG conserva la imagen en lugar de reinventarla. La regla es para qué sirve el archivo: vectorizar está bien cuando el dibujo tiene que rehacerse, escalarse sin límite o cortarse con una máquina, y está mal cuando solo tiene que imprimirse una vez a un tamaño conocido.
Suelta una carpeta de iconos y cada uno se traza por turno con los mismos ajustes, y todos vuelven juntos en un ZIP. Eso encaja con un conjunto de recursos convertido en bloque a AVIF por una cadena de compilación, que es la situación que produce las mejores entradas para esta página. Una advertencia sobre los lotes: los ajustes se aplican a todos por igual, y un directorio que mezcle iconos planos con cabeceras fotográficas producirá vectores buenos e inservibles dentro del mismo archivo.
Todo corre en tu propio procesador, así que no se sube nada, no hay cola, ni cuenta, ni cupo diario, y el techo es de 100 MB por archivo. También significa que puedes cambiar los ajustes y repetir el trazado en segundos, cosa que aquí importa más que en ningún otro par: el primer resultado casi nunca es el que te quedas.
| AVIF | SVG | |
|---|---|---|
| Nombre completo | AV1 Image File Format | Scalable Vector Graphics |
| Extensión de archivo | .avif | .svg |
| Tipo de medio | image/avif | image/svg+xml |
| Compresión | Ambas, según el ajuste | Sin comprimir |
| Publicado por primera vez | 2019 | 2001 |
| Publicado por | Alliance for Open Media | W3C |
| Especificación | AV1 Image File Format | SVG 1.1 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | 12 | — |
| Color que puede describir | RGB, YCbCr, gama amplia | RGB |
| Imagen más grande | 65.536 px por lado | — |
| Se abre en el navegador | Navegadores actuales | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | WebP, JXL, JPG | PNG, PDF |
La transparencia se conserva. AVIF y SVG guardan canal alfa, así que un recorte sigue recortado y detrás no se rellena nada.
La animación se conserva. AVIF y SVG admiten varios fotogramas, así que el resultado sigue moviéndose.
SVG es un formato de trabajo y AVIF uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
SVG se abre en cualquier navegador actual. AVIF llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
Los programas de siempre no coinciden: AVIF se abre en GIMP, Squoosh y ImageMagick, y SVG en Inkscape, Adobe Illustrator y Figma, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
AVIF es el formato de Alliance for Open Media, publicado en 2019. Registra 12 bits por canal.
SVG viene de W3C y es de 2001, recogido en SVG 1.1. Inkscape, Adobe Illustrator y Figma lo leen.
SVG se publicó en 2001 y AVIF en 2019. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez.
AVIF y SVG describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. Calcar vuelve a dibujar la imagen como formas planas, que es justo lo que permite escalar el resultado a cualquier tamaño sin que pierda nitidez. Funciona buscando los bordes entre zonas de color parecido y trazando un contorno alrededor de cada una, así que da lo mejor de sí donde esas zonas existen de verdad: un logotipo, un icono, una ilustración plana, un dibujo de línea escaneado. Una fotografía no tiene zonas planas, así que el calco se las inventa: el resultado sale escalonado y más pesado que el original. El archivo calcado se compara con el tuyo, y la página te dice cuál de los dos casos ha ocurrido antes de que lo descargues.
La transparencia se conserva. AVIF y SVG guardan canal alfa, así que un recorte sigue recortado y detrás no se rellena nada.
La animación se conserva. AVIF y SVG admiten varios fotogramas, así que el resultado sigue moviéndose.
SVG es un formato de trabajo y AVIF uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
Lo que esta página afirma sobre AVIF y SVG se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.