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Aquí puedes convertir GIF a PDF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
GIF a PDF
Muy poca gente convierte un GIF a PDF porque le apetezca un PDF. Lo hace porque algo al otro lado lo impone: una sede electrónica que enumera exactamente tres extensiones admitidas, una imprenta cuyo formulario de entrada solo acepta PDF, un expediente académico, una plataforma de reclamaciones. La imagen está bien; el envase es el equivocado.
Ese encuadre decide qué aspecto tiene aquí una buena conversión. No hay que mejorar nada, ni redimensionar, ni optimizar: el archivo simplemente tiene que llegar dentro de un envoltorio que el otro lado abra, con el contenido intacto. Esta página hace eso y se detiene ahí.
Los GIF que aparecen en un trámite rara vez son animaciones. Suelen ser escaneos antiguos, salidas de un programa de fax, capturas guardadas por una aplicación clínica o de gestión que en su día solo sabía escribir ese formato, o imágenes recortadas de una intranet de hace quince años. Son archivos que han sobrevivido a varios ordenadores y que ahora hay que aportar como documentación.
Ese origen es una buena noticia para esta conversión, porque un escaneo en 256 colores o un dibujo de líneas es justo el material que cruza sin perder nada. Los problemas de esta página —la animación, la transparencia— pertenecen a la otra mitad de los GIF, la que viene de internet, y probablemente no sea la tuya.
La imagen se descodifica y se vuelve a guardar dentro del PDF como un flujo comprimido sin pérdida, del mismo tipo que usa un PNG. Con un escaneo en blanco y negro o un gráfico de pocos colores eso comprime muy bien y el PDF puede quedar incluso por debajo del GIF de partida.
Con una fotografía reducida en su día a 256 colores ocurre lo contrario, porque el ruido fotográfico es lo que peor lleva una compresión sin pérdida, y el PDF sale mayor. Si el resultado tiene que caber bajo el límite de un formulario, el camino es comprimir el PDF después con la herramienta de compresión de este mismo sitio, y no reducir la imagen antes de convertirla.
Una página de PDF no tiene línea de tiempo. Describe marcas sobre una hoja fija, que es exactamente por lo que se imprime igual en todas partes, y esa misma propiedad significa que una imagen en movimiento no tiene dónde vivir dentro. Un GIF animado convertido a PDF se queda en un solo fotograma, el primero, y no hay ajuste en ninguna herramienta que cambie eso.
Si lo que necesitas de verdad es conservar el movimiento y salir del formato GIF, el destino es un vídeo: la conversión de GIF a MP4 mantiene todos los fotogramas, se reproduce en cualquier sitio y suele ocupar una fracción, porque los codificadores de vídeo tratan los fotogramas repetidos muchísimo mejor de lo que el GIF supo hacerlo nunca.
Un GIF contiene como mucho 256 colores, elegidos cuando se creó el archivo. Esos colores se leen y se escriben dentro del PDF tal como están, sin ninguna pasada con pérdida por encima, así que la conversión no puede introducir bloques, bandas ni bordes blandos. Una captura de texto se queda nítida y un dibujo de líneas conserva su negro duro.
Lo que tampoco puede es devolver lo que el GIF ya había tirado. Si el original era una fotografía reducida a 256 colores hace años, las bandas del cielo están cocidas en el archivo y el PDF las mostrará fielmente. Convertir a PDF es un cambio de envase y no una restauración.
Por defecto la página mide justo lo que mide la imagen. Sin borde blanco, sin franjas, sin decisión sobre el papel, que es la respuesta correcta para una subida donde el archivo se va a mirar en una pantalla y al formulario le da igual el papel.
Elige un tamaño de papel cuando el PDF se vaya a imprimir o a archivar junto a otros documentos. Y aquí hay una elección regional que conviene no automatizar: A4 es la norma de oficina en España y en buena parte de Sudamérica, mientras que en México, Chile y varios países más el tamaño habitual es Carta, que es lo que en esta página aparece como US Letter. Poner A4 en un expediente que se imprime en Carta produce márgenes raros y, a veces, una segunda página vacía.
Con un tamaño de papel elegido, la imagen se centra en la hoja y se reduce si no cabe. Lo que no ocurre en ningún caso es que se amplíe: un icono de 200 píxeles se queda pequeño en mitad de un A4 en lugar de estirarse hasta llenarlo.
Esa regla es deliberada. Ampliar convierte una marca nítida en una borrosa, y el resultado honesto de una imagen pequeña sobre una hoja grande es una imagen pequeña sobre una hoja grande. Si lo que necesitas es que ocupe la página, el sitio donde se decide eso es un editor de imagen antes de convertir, no el conversor.
El margen se indica en milímetros y admite de 0 a 50. Con el tamaño ajustado a la imagen hace crecer la página; con A4 o Carta reduce el espacio que se le concede a la imagen. Merece la pena ponerlo cuando el documento va a una impresora, porque la mayoría no puede llevar tinta hasta el borde del papel y, si no lo pones, recortará dentro de tu imagen.
Para cualquier cosa que se quede en una pantalla, déjalo en cero. Un margen en una subida es solo espacio en blanco por el que quien revisa tiene que desplazarse.
Hay tres opciones de orientación y conviene saber qué hace cada una en realidad. Con el tamaño de página ajustado a la imagen, la orientación se ignora por completo: la página adopta la forma de la imagen y no hay nada que girar. Y entre las tres opciones, solo el apaisado cambia algo; vertical y automático se comportan igual.
Dicho de otra manera, la orientación solo importa cuando has elegido A4 o Carta y quieres la hoja tumbada. Es el tipo de detalle que este sitio prefiere escribir antes que dejar que el lector deduzca un comportamiento que el programa no tiene.
El GIF admite un único color transparente en lugar de un canal alfa de verdad: un píxel está del todo tapado o del todo visible. Esa transparencia se traslada a los datos de imagen dentro del PDF, pero no existe tal cosa como una página transparente, así que lo que ves al abrir el archivo es el dibujo apoyado sobre blanco.
Para un logotipo o un diagrama eso casi siempre es lo que se quería. El caso en el que muerde es una marca clara pensada para vivir sobre un fondo oscuro: sobre la página blanca desaparece. Colócala sobre el color al que pertenece antes de convertir y no después.
Lo que se pone en la página es una imagen, y nada más. No se dibuja texto, no se incrusta ninguna tipografía y no se ejecuta ningún reconocimiento óptico, así que el PDF no se puede buscar ni seleccionar aunque lo que se vea sea una captura llena de palabras.
Vale la pena comprobarlo antes de mandarlo si el trámite exige un documento «buscable», porque algunos lo hacen. En ese caso lo que necesitas es un paso de reconocimiento aparte, o el documento original en el formato del que salió la imagen. Un PDF hecho a partir de un GIF es una fotografía metida en una hoja.
Puedes soltar hasta cien archivos por tanda. Cada uno se convierte por separado con su propio progreso, conserva su nombre con la extensión cambiada y el conjunto vuelve como un único ZIP. Si sueltas más de cien de golpe, los que sobran se descartan sin avisar.
Cada GIF se convierte en su propio PDF de una página. Montar todos en un solo documento de varias páginas es un paso distinto: conviértelos aquí primero y después únelos con la herramienta de unir PDF de este mismo sitio, que copia las páginas sin volver a rasterizarlas.
La conversión la hace código que corre en tu pestaña, sobre tu propio procesador. El GIF no se sube, así que no hay copia en ningún servidor que haya que conservar ni borrar, no hay cuenta que crear y no hay cupo diario que agotar. Mirar la pestaña de red mientras conviertes es la forma honesta de confirmarlo: no sale nada que lleve el archivo dentro.
Eso importa más de lo que parece justamente para los documentos que acaban siendo PDF: escaneos de correspondencia, formularios con nombres, fotografías de papeles. La manera más fiable de que un archivo siga siendo privado es no mandarlo. El único techo nuestro son 100 MB por archivo.
| GIF | ||
|---|---|---|
| Nombre completo | Graphics Interchange Format | Portable Document Format |
| Extensión de archivo | .gif | |
| Tipo de medio | image/gif | application/pdf |
| Compresión | Sin pérdida — no se descarta nada | Ambas, según el ajuste |
| Publicado por primera vez | 1987 | 1993 |
| Publicado por | CompuServe | Adobe |
| Especificación | GIF89a | ISO 32000-2 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Antiguo, aún se lee en todas partes | Vigente |
| Profundidad de bits | 8 | — |
| Color que puede describir | paleta indexada | RGB, CMYK, escala de grises |
| Imagen más grande | 65.535 px por lado | — |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | WebP, MP4 | DOCX, HTML |
No se descarta nada. GIF y PDF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
La transparencia se conserva. GIF y PDF guardan canal alfa, así que un recorte sigue recortado y detrás no se rellena nada.
GIF es de 1987 y está prácticamente superado. PDF es lo que escribe el software actual, así que convertir también es una forma de seguir pudiendo leerlo.
Los programas de siempre no coinciden: GIF se abre en GIMP, Adobe Photoshop y ImageMagick, y PDF en Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
Los dos apuntan a trabajos distintos: GIF a la web y PDF a entregar un archivo terminado, la impresión y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
GIF es el formato de CompuServe, publicado en 1987. Registra 8 bits por canal.
PDF viene de Adobe y es de 1993, recogido en ISO 32000-2. Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es pdf-lib, un escritor de PDF que corre enteramente en JavaScript; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. pdf-lib se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
No. PDF guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original. Solo se convierte el primer fotograma: un GIF animado se queda en imagen fija.
No se descarta nada. GIF y PDF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
La transparencia se conserva. GIF y PDF guardan canal alfa, así que un recorte sigue recortado y detrás no se rellena nada.
Lo que esta página afirma sobre GIF y PDF se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.