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Aquí puedes convertir OPUS a AIFF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
OPUS a AIFF
Conviene decirlo antes que nada porque cambia todo lo demás. En España y en toda Latinoamérica el `.opus` no es un formato que alguien elija: es lo que aparece en la carpeta cuando exportas una conversación de WhatsApp, cuando alguien te pasa una nota de voz por Telegram o cuando descargas el audio de un vídeo. Nadie codificó ese archivo a propósito y nadie decidió su calidad.
Eso importa porque marca las expectativas del resultado. Lo que vas a meter en la sesión es un audio de voz comprimido para viajar por una red móvil, no una toma de estudio. El AIFF lo va a guardar entero y con fidelidad absoluta, y lo que guardará es exactamente eso. Si el archivo original existe en algún sitio —la grabadora de quien lo mandó, el archivo del programa, la fuente del vídeo—, pedirlo vale más que cualquier conversión de esta página.
El destino AIFF de este sitio está fijado a PCM de 16 bits con signo en el código, sin ninguna opción que lo cambie. No hay un ajuste de profundidad en la página y no hay una ruta alternativa que escriba 24 bits.
Desde un OPUS eso no cuesta nada, y merece la pena entender por qué. Los 24 bits sirven para que la ganancia, la suma de pistas y la limitación tengan margen antes de que el ruido de fondo suba hasta oírse; un códec con pérdida ya descartó esa información mucho antes de que el descodificador se pusiera en marcha. Escribir 24 bits aquí produciría un archivo la mitad más grande con exactamente la misma información dentro. Si un pliego de entrega exige AIFF de 24 bits, esta herramienta no lo produce, y conviene preguntar qué contendrían esos bits dados los antecedentes del audio.
Esta conversión no tiene ninguna opción de frecuencia de muestreo. No existe en la página, no existe en la ruta de audio y no hay ningún paso que la toque: la frecuencia que declara el descodificador es la que se escribe en el bloque COMM del AIFF, tal cual.
Es el comportamiento correcto, porque remuestrear tiene consecuencias audibles y debe decidirse a propósito en un editor. También significa que la comprobación te toca a ti. Abre uno de los archivos convertidos, mira la frecuencia que declara y compárala con la del proyecto antes de importar una tanda entera. Un programa moderno convertirá al vuelo lo que no coincida, cosa que cuesta un paso de proceso que nadie decidió; un sampler de hardware o un secuenciador antiguo, en cambio, lo reproducirá a la velocidad y al tono equivocados.
Un AIFF es una sucesión de bloques y el que se escribe aquí tiene exactamente dos. COMM ocupa 18 bytes y declara canales, número de tramas, profundidad y frecuencia. SSND lleva las muestras. No se escribe ningún bloque NAME, ni ANNO, ni AUTH, ni una etiqueta ID3, ni una carátula.
El OPUS sí puede traer cosas en la cabeza: los comentarios Vorbis son una lista abierta de claves en mayúsculas con valores de texto, y una grabación de campo bien documentada o un audio exportado por una herramienta de transcripción a veces llevan ahí una fecha, un número de toma o una descripción. Nada de eso cabe en el AIFF que sale de aquí, y ninguna herramienta posterior lo recuperará del resultado. Apunta lo que necesites en el nombre del archivo o en una nota del proyecto antes de convertir.
El PCM sin comprimir en estéreo a 16 bits y 48.000 Hz cuesta 192.000 bytes por segundo, unos 11,5 MB por minuto, y los cuesta igual si el minuto es una orquesta que si es silencio, porque cada muestra se escribe como un número corriente. Una nota de voz codificada a unos 64 kbps ronda el medio mega por minuto, y muchas van bastante por debajo.
El múltiplo se va entonces cerca de veinte. Diez minutos de audio que te llegaron como un adjunto de 5 MB se convierten en unos 115 MB de AIFF, y una hora se acerca a los 700. Es un número que conviene comprobar contra la carpeta del proyecto y contra la copia de seguridad antes de convertir un lote, porque es facilísimo transformar un directorio de adjuntos diminutos en algo que ya no cabe en el disco de trabajo.
La compresión de Opus quitó partes del audio de forma permanente, siguiendo un modelo de lo que un oyente no echaría de menos, y esas partes no están guardadas de forma compacta en ningún rincón del archivo. El AIFF hace después su trabajo a la perfección: guarda cada muestra que recibe sin comprimirla y sin tocarla.
El resultado es un archivo enorme que contiene precisamente lo que contenía el pequeño. Es útil cuando algo más abajo en la cadena exige PCM y no es una mejora bajo ningún criterio. Ninguna herramienta posterior distingue este AIFF de uno hecho desde un máster salvo escuchando el audio, así que si el archivo va a circular conviene dejar escrito de dónde salió: dentro de seis meses parecerá un original.
Opus es un códec de Xiph publicado en 2012 y Apple nunca lo incorporó a su ruta multimedia, así que las herramientas de audio de Mac anteriores a un descodificador incluido no tienen forma de leerlo. El hardware es el caso más duro: los samplers, las cajas de ritmos y los aparatos de estudio implementan PCM y ningún descodificador, porque un descodificador es firmware que alguien tendría que escribir y mantener.
Con software vale la pena probar antes de convertir. Los programas actuales importan bastantes formatos directamente y puede que el rechazo venga de una plantilla vieja y no del programa. Cuando la exigencia sale de un aparato o de un pliego de entrega escrito, convertir es la respuesta completa y no hay discusión posible.
Gran parte de lo que llega como `.opus` es mono de verdad: una nota de voz, una grabación con un solo micrófono, la pista de una llamada. Aquí nada lo asciende a estéreo, y ése es el resultado correcto, porque dos canales idénticos duplican el tamaño del archivo para transmitir la misma información y a 11,5 MB por minuto eso no es un desperdicio menor.
Dentro de una sesión, una región mono colocada en una pista estéreo se comporta con normalidad y el panorama lo decide la mesa, no el archivo. Si algo en tu cadena de importación convierte automáticamente las fuentes mono a estéreo, conviene desactivarlo antes de un lote: estarías duplicando unos archivos que ya son veinte veces su tamaño original.
Cada archivo que sueltes puede pesar hasta 100 MB, y para un OPUS eso son muchísimas horas de voz, así que el límite de entrada prácticamente nunca te frenará. Lo que sí frena es la salida: una grabación de dos horas que pasa el tope holgadamente como OPUS de 60 MB se convierte en más de un gigabyte de PCM dentro de una pestaña del navegador.
Para notas de voz, tomas, cortinillas y trozos sueltos esto va sobrado, y se pueden soltar hasta cien archivos de una vez y recogerlos juntos en un ZIP. Para una grabación larga, pártela antes en un editor o hazla con una herramienta de escritorio. Decirlo por adelantado es más útil que dejar que un archivo largo agote la memoria de la pestaña cuando ya lo ha leído entero.
Escribir AIFF no cuesta ninguna dependencia. Las muestras se multiplexan primero como WAV y después se reenvuelven con aritmética: la cabecera se rehace en orden de bytes grande, la frecuencia se escribe como el número en coma flotante extendida de 80 bits que exige el formato, y los bytes de cada muestra se invierten. No se baja ningún codificador en WebAssembly, al contrario de lo que ocurre con los destinos MP3, AAC y FLAC. Descodificar Opus tampoco cuesta nada, porque todos los navegadores lo implementaron para las llamadas.
De modo que esta conversión no mueve nada por la red en ninguna dirección, y se puede comprobar mientras ocurre abriendo la pestaña de red. Para un audio de un cliente, una conversación grabada o cualquier cosa bajo un acuerdo de confidencialidad, ésa es la propiedad que decide si el trabajo puede hacerse en un navegador, más que una comodidad añadida encima.
| OPUS | AIFF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Audio Opus | Audio Interchange File Format |
| Extensión de archivo | .opus | .aiff, .aif |
| Tipo de medio | audio/opus | audio/aiff |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Sin comprimir |
| Publicado por primera vez | 2012 | 1988 |
| Publicado por | Xiph.Org | Apple |
| Especificación | RFC 6716 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | — | 32 |
| Canales de audio | hasta 255 | hasta 8 |
| Se abre en el navegador | Navegadores actuales | Algunos navegadores |
| Considerado en su lugar | AAC, MP3 | WAV, FLAC |
OPUS contempla hasta 255 canales de audio y AIFF hasta 8. Una mezcla envolvente se pliega en lugar de conservarse.
AIFF es un formato de trabajo y OPUS uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Audacity lee tanto OPUS como AIFF, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
El resultado ocupa más que el original y no es mejor. OPUS ya descartó detalle y AIFF guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.
Los dos apuntan a trabajos distintos: OPUS a la transmisión y la web y AIFF a la edición y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
OPUS es el formato de Xiph.Org, publicado en 2012. Está recogido en RFC 6716, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
AIFF viene de Apple y es de 1988. Logic Pro, Audacity y Adobe Audition lo leen.
AIFF se publicó en 1988 y OPUS en 2012. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
AIFF comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El archivo se vuelve mucho más grande sin sonar mejor. AIFF guarda cada muestra que recibe, pero lo que descartó la compresión original ya no está.
El resultado ocupa más que el original y no es mejor. OPUS ya descartó detalle y AIFF guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.