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Aquí puedes convertir MP3 a AIFF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
MP3 a AIFF
La compresión MP3 funciona borrando partes de una grabación que un modelo del oído humano considera que no se van a echar de menos. Esas partes no están guardadas de forma compacta en algún rincón del archivo: no están. AIFF hace después el trabajo contrario a la perfección, porque guarda cada muestra que recibe, sin comprimir, exactamente como se la entregan.
Juntando las dos cosas, el resultado es un archivo grande que contiene precisamente el audio que contenía el MP3. Es algo útil de tener cuando algo más adelante exige PCM sin comprimir, y no es una mejora bajo ningún criterio. Si la grabación existe en mejor estado en alguna parte, esa copia es la que debería entrar en la sesión.
AIFF es el formato sin comprimir de Apple, de 1988, y las herramientas de audio del Mac crecieron dándolo por supuesto: Logic y los formatos de sampler que lo precedieron, los programas de creación de CD y los estándares internos de estudio escritos cuando esas herramientas eran las únicas. Logic actual importa un MP3 sin ningún problema, así que la exigencia suele venir de otro sitio: de una plantilla, de un pliego de entrega o de un aparato.
El aparato es el menos negociable de los tres. Los samplers, las cajas de ritmos y el material de estudio antiguo implementan PCM y nada más, porque un descodificador es firmware que alguien tendría que escribir y mantener. Cuando una máquina dice AIFF, convertir es toda la respuesta y no hay discusión posible con ella.
Hay un caso muy concreto y muy común en español que trae gente a esta página: la entrega a una emisora. Las cadenas de radio y las productoras publicitarias en España y en América Latina siguen especificando la entrega de cuñas, promos y caretas en un archivo sin comprimir, con frecuencia AIFF o WAV a 16 bits, porque el material va a pasar todavía por un proceso de mezcla y de normalización antes de emitirse.
Quien recibe el encargo tiene a veces solo un MP3, porque así se lo mandó el cliente o así salió del sistema de producción. Convertirlo cumple el requisito formal del pliego y no mejora el sonido, y esas dos frases hay que separarlas: si es posible pedir el original a quien lo grabó, siempre es mejor eso que entregar un AIFF hecho a partir de un MP3 de 128 kbps.
El estéreo sin comprimir a calidad de disco compacto cuesta 176.400 bytes por segundo —44.100 muestras, dos canales, dos bytes por muestra—, es decir unos 10,6 MB por minuto, tanto si el minuto es una orquesta como si es silencio, porque cada muestra se escribe como un número. Un MP3 a 192 kbps cuesta 1,44 MB por minuto y uno a 128 kbps, 0,96.
De ahí sale el multiplicador: alrededor de siete veces desde un archivo a 192 kbps y en torno a once desde uno a 128. Un tema de cuatro minutos pasa de unos 5,8 MB a unos 42. No hay ningún ajuste que cambie esto, porque AIFF no comprime en absoluto, que es exactamente el motivo por el que algo lo pide.
Un AIFF es una sucesión de trozos, y el que se escribe aquí tiene exactamente dos. COMM declara el número de canales, el número de cuadros, la profundidad de bits y la frecuencia de muestreo; SSND lleva las muestras. No se escribe nada más.
La frecuencia va guardada en el tipo más raro de todo el formato: un número en coma flotante extendida de 80 bits, con signo, quince bits de exponente y una mantisa de 64 bits cuyo bit alto es explícito. Es el motivo por el que la mayoría de la gente recurre a una biblioteca para escribir AIFF, y aquí se calcula con aritmética, sin dependencia ninguna, porque para los valores que ocurren de verdad —44.100, 48.000, 8.000— el resultado es exacto.
Consecuencia directa de lo anterior: si solo hay COMM y SSND, no queda ningún sitio donde meter un título, un artista, un álbum, un año, un comentario o una carátula. Todo el bloque ID3 del MP3 está ausente del resultado, y ningún paso posterior puede recuperarlo del AIFF, porque no está dentro.
Para un archivo que va a una sesión de Logic, a una ranura de sampler o a una línea de tiempo de creación de CD eso es del todo correcto y nadie lo va a notar. Para cualquier cosa destinada a una biblioteca musical es una pérdida real. Si los datos importan, anótalos antes de convertir: el nombre del archivo es lo único que va a sobrevivir al viaje.
El PCM que se escribe aquí es de 16 bits por muestra. Con una fuente sin pérdida esa sería una decisión que discutir, porque un máster de 24 bits tiene una profundidad que 16 no puede sostener. Con un MP3 no es siquiera una decisión: el origen no tiene profundidad adicional que conservar, y rellenar hasta 24 bits produciría un archivo más grande con la misma información dentro.
Dieciséis bits a 44.100 Hz es además lo que especifican la mayoría de los destinos de esta conversión: creación de CD, ranuras de sampler y pliegos de entrega. Si la sesión trabaja a 24 bits, el AIFF se sienta dentro como archivo de 16 y se comporta con normalidad; la profundidad de la sesión habla de la mezcla, no de cada fuente que entra en ella.
Un CD de audio es estéreo de 16 bits a 44.100 Hz, y nada más. Esta conversión no ofrece ningún control de frecuencia de muestreo: no hay dónde pedir 44.100 si el origen no lo es, ni casilla que marcar para convertir de 48.000 a 44.100.
El caso que aparece en la práctica es el audio sacado de un vídeo, que suele venir a 48.000 Hz. Si tu programa de creación de discos exige 44.100, tendrá que remuestrear él o rechazará el archivo. Comprueba la frecuencia del resultado antes de convertir un disco entero de temas, porque un conjunto con frecuencias mezcladas es la versión de este problema que aparece justo en el momento de grabar.
Los codificadores de MP3 trabajan en bloques fijos y añaden un tramo corto de silencio en cada extremo de la grabación para completar el último, normalmente unas pocas decenas de milisegundos. Los reproductores que leen la información de relleno del codificador lo recortan; un archivo sin comprimir no tiene esa información, así que el silencio pasa a formar parte de las muestras.
Para un tema que cae en una línea de tiempo esto es invisible. Para cualquier cosa cortada a una longitud exacta o pensada para hacer bucle —un golpe de sampler, un disparo, un compás de un loop— es lo primero que hay que mirar, porque el archivo ya no empieza donde empieza la grabación. Recórtalo en un editor después de convertir: el AIFF conserva el relleno con la misma fidelidad con la que conserva todo lo demás.
Los dos guardan PCM sin comprimir idéntico y ninguno tiene ventaja sonora sobre el otro; discrepan en el orden de los bytes y en la forma de la cabecera, y en nada más. Si un pliego nombra uno, usa ese. Si no lo nombra nadie, el criterio de desempate es hacia dónde va el archivo.
AIFF es la opción más segura dentro de un flujo de trabajo exclusivamente de Mac y para lo que se entrega a un estudio que lo pidió con ese nombre. WAV lo es en cuanto aparece una máquina con Windows, una herramienta web, un servicio de transcripción o un motor de videojuego. Lo que no compensa es producir los dos y guardar los dos, porque cada copia son otros 10,6 MB por minuto del mismo audio.
El tope es de 100 MB por archivo. Se aplica a lo que sueltas, y un MP3 rara vez llega, pero el AIFF que se está montando a partir de él ocupa unos 10,6 MB por minuto, así que una grabación larga se traduce en muchísima memoria dentro de una pestaña; diez minutos es el orden de magnitud cómodo.
Para temas, golpes, pistas sueltas y locuciones eso sobra, y se pueden convertir cien archivos de una vez y recogerlos juntos en un ZIP. Para un concierto o una entrevista larga, pártelo antes en un editor. No se sube nada en ningún momento, de modo que la restricción es la memoria de la pestaña y no una asignación que alguien pudiera ampliarte.
| MP3 | AIFF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | MPEG Audio Layer III | Audio Interchange File Format |
| Extensión de archivo | .mp3 | .aiff, .aif |
| Tipo de medio | audio/mpeg | audio/aiff |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Sin comprimir |
| Publicado por primera vez | 1993 | 1988 |
| Publicado por | Fraunhofer IIS | Apple |
| Especificación | ISO/IEC 11172-3 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | — | 32 |
| Canales de audio | hasta 2 | hasta 8 |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Algunos navegadores |
| Considerado en su lugar | AAC, OPUS, FLAC | WAV, FLAC |
AIFF no tiene dónde guardar las etiquetas ID3 con intérprete, álbum, número de pista y carátula, así que no pasa del archivo MP3. Conviene comprobarlo antes de borrar el original, y saberlo si lo que buscabas era justamente eliminarlo.
AIFF es un formato de trabajo y MP3 uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Audacity lee tanto MP3 como AIFF, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
El resultado ocupa más que el original y no es mejor. MP3 ya descartó detalle y AIFF guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.
Los dos apuntan a trabajos distintos: MP3 a entregar un archivo terminado, los teléfonos y la transmisión y AIFF a la edición y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
MP3 es el formato de Fraunhofer IIS, publicado en 1993. Está recogido en ISO/IEC 11172-3, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
AIFF viene de Apple y es de 1988. Logic Pro, Audacity y Adobe Audition lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
AIFF comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El archivo se vuelve mucho más grande sin sonar mejor. AIFF guarda cada muestra que recibe, pero lo que descartó la compresión original ya no está.
El resultado ocupa más que el original y no es mejor. MP3 ya descartó detalle y AIFF guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF no tiene dónde guardar las etiquetas ID3 con intérprete, álbum, número de pista y carátula, así que no pasa del archivo MP3. Conviene comprobarlo antes de borrar el original, y saberlo si lo que buscabas era justamente eliminarlo.