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Aquí puedes convertir OGG a AIFF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
OGG a AIFF
Conviene decirlo antes que nada, porque todo el vocabulario de la práctica archivística empuja en la dirección contraria. Vorbis y Opus descartan partes de una grabación de forma permanente, según un modelo de lo que un oyente no va a echar en falta. El AIFF guarda después cada muestra que recibe, sin comprimir, exactamente como se la han dado. El resultado es un archivo grande que contiene precisamente lo que contenía el Ogg.
Eso satisface un pliego escrito alrededor de formatos de archivo. No protege la grabación, no la mejora y no recupera nada de lo que el codificador original quitó. Cuando el pliego es un modo de decir «dadnos algo que todavía se pueda abrir dentro de cuarenta años», está haciendo un trabajo útil; cuando se lee como «dadnos la mejor copia», la mejor copia es lo que escribió la grabadora y ninguna conversión puede fabricarla.
Un AIFF es una secuencia de bloques, y el que sale de esta página lleva dos. COMM declara el número de canales, el número de tramas, la profundidad de bits y la frecuencia de muestreo. SSND contiene las muestras. No hay bloque de nombre, ni de anotación, ni de autor, ni de carátula: no se escriben porque el archivo se construye desde cero con aritmética.
El Ogg, en cambio, lleva una lista abierta de comentarios, y en historia oral y en documentación lingüística esos campos suelen contener a la persona que habla, a quien entrevista, el lugar, la fecha, la lengua, el código de proyecto y la referencia del consentimiento. Todo eso se queda fuera. Exporta los comentarios a un documento acompañante antes de convertir y deposita los dos juntos, porque al AIFF ya no se le puede preguntar después qué contiene.
Los proyectos de documentación de quechua, aimara, guaraní, náhuatl, mapudungun o euskera producen colecciones donde la grabación sin su ficha vale la mitad. Un archivo de sonido anónimo, sin comunidad, sin fecha y sin variante dialectal es material que un investigador futuro no podrá citar y que un comité de ética no podrá revisar.
Por eso el orden de las operaciones es lo primero de esta página y no una nota al pie. Volcar los comentarios a una tabla, comprobar que cada fila apunta al nombre de archivo correcto y solo después convertir. Si el flujo es al revés, la información sigue existiendo en los Ogg originales, así que no los borres hasta que el depósito esté cerrado y aceptado.
Si el repositorio acepta FLAC, pregunta por FLAC antes de convertir nada. Es un formato sin pérdida y ocupa aproximadamente la mitad que el mismo audio en AIFF, lo que sobre cien horas de campo es la diferencia entre un disco y varios. Muchos archivos lo han añadido a sus listas de formatos admitidos justamente por eso.
Lo que esta página no va a afirmar es qué metadatos sobreviven si conviertes a FLAC aquí: el conversor no pasa ninguna instrucción sobre etiquetas a la biblioteca que escribe el archivo, así que el resultado depende de lo que esa biblioteca haga por su cuenta y no es algo que podamos garantizarte. La conclusión práctica es la misma en los dos destinos: el documento acompañante con la descripción no es opcional.
El PCM que se escribe aquí es de 16 bits con signo. Desde un original sin pérdida eso sería discutible, porque una grabación de campo de 24 bits lleva un margen que 16 bits no sostienen. Desde un origen Vorbis u Opus no es ni siquiera una decisión: un códec con pérdida no tiene profundidad adicional que preservar, y escribir 24 bits produciría un archivo la mitad más grande sin una sola información más dentro.
Cuando un pliego pide audio sin comprimir de 24 bits, este conversor no puede producirlo, y la respuesta correcta es volver a las grabaciones originales en lugar de rellenar un archivo con pérdida. Si la grabadora escribió WAV de 24 bits antes de que nada se comprimiera a Ogg, esos archivos son el depósito para el que se escribió el pliego, y merece la pena buscarlos antes de convertir nada.
En esta página no hay ningún control de frecuencia de muestreo y nada remuestrea. La frecuencia que declare el decodificador es la que recibe el AIFF, así que una grabación Vorbis a 44.100 Hz produce un AIFF a 44.100 Hz y una a 48.000 produce uno a 48.000. Para un depósito eso es lo correcto, porque remuestrear es una decisión con consecuencias y debe tomarse a propósito.
Opus es la excepción y no es opcional. El códec funciona sobre un reloj fijo de 48.000 Hz y un decodificador informa de esa frecuencia con independencia de a cuál se grabara, de modo que una grabación Opus hecha a 44,1 o a 32 kHz llega como un AIFF a 48 kHz. Un catálogo que anote la frecuencia técnica del archivo depositado va a contradecir así las notas de campo: escribe la frecuencia original en el documento acompañante.
El PCM de 16 bits en estéreo a 44.100 Hz cuesta 176.400 bytes por segundo, unos 10 MB por minuto, sea ese minuto de habla o de silencio, porque cada muestra se escribe como un número. En mono es la mitad. Una grabación Vorbis a 128 kbps cuesta alrededor de 0,96 MB por minuto, así que el multiplicador ronda el diez.
Una entrevista de una hora pasa de unos 57 MB a unos 600, y cien horas de trabajo de campo pasan de menos de 6 GB a casi 60. Ese es el número que hay que llevarle a quien paga el almacenamiento, y es el argumento práctico más fuerte para preguntar si se aceptaría FLAC: el mismo depósito sin pérdida a la mitad de espacio.
Ogg es un contenedor y admite Vorbis, Opus y también FLAC. Las grabaciones hechas con herramientas libres de hace años suelen ser Vorbis; lo que salga de una grabadora o un conversor recientes puede ser Opus; y un Ogg que lleve FLAC dentro ya era sin pérdida. El tamaño los distingue: una hora ronda los 57 MB en Vorbis a 128 kbps y varios cientos en FLAC.
Si el contenedor lleva FLAC, convertir a AIFF es un paso sin pérdida en términos de audio y sigue descartando los comentarios, lo que lo convierte en un mal trato salvo que el pliego obligue. Si lleva Vorbis u Opus, el depósito debería dejar constancia en algún sitio de que el archivo sin comprimir deriva de un original con pérdida, porque un investigador futuro que se encuentre un AIFF de 600 MB va a suponer que es un máster.
Buena parte del audio de documentación es de una sola fuente: una solapa, una grabadora de mano sobre la mesa. La conversión no lo asciende a estéreo, y no debería, porque dos canales idénticos duplican el archivo sin añadir información. El bloque COMM anota fielmente el número de canales, así que una grabación mono llega como un AIFF mono.
Cuando se usaron dos micrófonos y cada canal lleva a una persona distinta, esa separación suele ser la propiedad técnica más útil de la grabación, porque hace que una transcripción sea atribuible. Aquí nada la mezcla. Lo que el AIFF no puede registrar es qué significa cada canal: COMM dice cuántos hay, no cuál micrófono estaba dónde, y eso pertenece al documento acompañante como todo lo demás.
Para este lector esto no es una propiedad accesoria. Las entrevistas se hacen bajo formularios de consentimiento que nombran el proyecto y con frecuencia prohíben la cesión a terceros, y pasar un archivo por un servicio de conversión que lo retiene una hora es una cesión, lo lea alguien o no.
Aquí no sale nada. Escribir AIFF no cuesta ninguna dependencia: las muestras se generan como WAV y se reenvuelven con aritmética, y el decodificador de Ogg ya está en tu máquina, así que no se descarga ningún paquete y no se transmite ningún audio. Los archivos admiten hasta 100 MB cada uno, que a 128 kbps son cerca de hora y tres cuartos de Vorbis, y puedes soltar cien de una vez y recogerlos como un ZIP.
Primero pregunta al responsable de la colección si el pliego admite FLAC, porque esa respuesta cambia el resto. Segundo, exporta los comentarios de los Ogg a una tabla acompañante con el nombre de archivo como clave. Tercero, convierte y comprueba un archivo de cada sesión: duración, número de canales y frecuencia, contrastados contra las notas.
Ese último paso pilla justo el error que este camino puede introducir, que es el salto a 48 kHz de las grabaciones Opus. Si la frecuencia del archivo depositado no coincide con la de la ficha, todavía estás a tiempo de anotarlo en lugar de dejar que lo descubra dentro de diez años alguien sin acceso al original.
| OGG | AIFF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Ogg Audio | Audio Interchange File Format |
| Extensión de archivo | .ogg, .oga | .aiff, .aif |
| Tipo de medio | audio/ogg | audio/aiff |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Sin comprimir |
| Publicado por primera vez | 2000 | 1988 |
| Publicado por | Xiph.Org | Apple |
| Especificación | RFC 3533 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | — | 32 |
| Canales de audio | — | hasta 8 |
| Se abre en el navegador | Navegadores actuales | Algunos navegadores |
| Considerado en su lugar | MP3, AAC, OPUS | WAV, FLAC |
las propiedades del documento pueden pasar: OGG y AIFF tienen dónde guardarlo.
AIFF es un formato de trabajo y OGG uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Audacity lee tanto OGG como AIFF, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
Los dos apuntan a trabajos distintos: OGG a la web y entregar un archivo terminado y AIFF a la edición y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
OGG es el formato de Xiph.Org, publicado en 2000. Está recogido en RFC 3533, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
AIFF viene de Apple y es de 1988. Logic Pro, Audacity y Adobe Audition lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
AIFF comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El archivo se vuelve mucho más grande sin sonar mejor. AIFF guarda cada muestra que recibe, pero lo que descartó la compresión original ya no está.
Solo algunos navegadores leen AIFF. Es el menos portátil de los dos, así que conviene asegurarse de que el destinatario lo acepta antes de enviarlo.
AIFF es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
las propiedades del documento pueden pasar: OGG y AIFF tienen dónde guardarlo.