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Aquí puedes convertir OTF a WOFF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
OTF a WOFF
Las especificaciones sobreviven a los motivos que las produjeron. Un manual de marca redactado en 2015, la ficha de requisitos de una plataforma o la lista de entregables que alguien copió de un tutorial siguen enumerando .woff porque en su momento era la respuesta sensata, y nadie ha vuelto a mirarla desde entonces.
Discutirlo rara vez compensa la hora que cuesta. Genera el WOFF, genera también el WOFF2 y deja escrito en la entrega cuál de los dos va a usar realmente el navegador. Así el pliego queda cumplido y quien recibe el paquete acaba mejor servido de lo que el propio pliego pedía.
La herramienta abre la fuente, le fija el «flavor» a woff y la guarda. Los contornos no se tocan en ningún momento: la tabla CFF con las curvas PostScript, el mapa de caracteres, las métricas, el interletraje y todas las funciones OpenType que definió el tipógrafo pasan tal cual y quedan comprimidas dentro del contenedor.
Antes de escribir nada, el script mira si el archivo lleva una tabla CFF o CFF2 para saber qué curvas contiene de verdad, y no qué promete su extensión. Esa comprobación decide los desempaquetados: pedir un TTF de una fuente con curvas PostScript se rechaza con un error en lugar de devolver un archivo cuya extensión miente. Hacia WOFF ni se plantea, porque un WOFF admite los dos tipos de curva.
Una entrega en español arrastra un juego de caracteres que conviene mirar uno a uno antes de darla por buena: ñ y Ñ, las cinco vocales acentuadas en mayúscula y minúscula, la ü de vergüenza, los signos de apertura ¿ y ¡, los ordinales º y ª, las comillas latinas « » y el guion largo. Ninguno está en el ASCII básico.
Esta conversión no recorta nada: lo que entra en el OTF sale en el WOFF. El riesgo aparece cuando alguien subconjunta la familia en otro paso, con un perfil de «latín básico» pensado en inglés. Entonces la ñ y los signos de apertura se dibujan con la tipografía de reserva del sistema y desentonan en mitad de la palabra. Escribe «¿Cuántos años? Ñandú, pingüino, 3.º» en una página de prueba y míralo antes de entregar.
Conviene decirlo antes de una entrega y no después: un WOFF es una copia comprimida de la fuente, no un envoltorio que la proteja. Quien lo reciba puede desempaquetarlo y obtener un archivo instalable en el escritorio en cuestión de segundos, con esta misma web o con cualquier herramienta tipográfica.
De ahí que lo que restringe al OTF restrinja igual al WOFF. No existe un formato web que impida copiar una fuente; lo único que separa un uso legítimo de otro es el contrato, y ningún contenedor hace ese trabajo.
La mayoría de las licencias comerciales nombran al licenciatario y no permiten cederla. Un estudio que compró una licencia de escritorio y entrega los archivos convertidos a su cliente no ha convertido al cliente en licenciatario: ha puesto a dos partes a usar una sola licencia, y la exposición suele recaer sobre quien firmó.
Las salidas practicables son las de siempre. Que el cliente compre la licencia web a su nombre —algo que las fundiciones hispanohablantes como Latinotype, Sudtipos o TipoType venden igual de bien que las estadounidenses— o que el proyecto se apoye en una familia con licencia abierta. Lo publicado bajo la SIL Open Font License se puede convertir, subconjuntar, redistribuir y alojar en servidor propio mientras no se venda por separado ni se reutilicen los nombres reservados, y esa es la razón por la que tanto trabajo de cliente acaba discretamente ahí.
WOFF2 lo leen todos los navegadores actuales y pesa menos que el WOFF de la misma fuente, porque comprime con Brotli y un preprocesado pensado para tipografías en lugar de con zlib. Diga lo que diga el pliego, ese es el archivo que el sitio debería servir, y producirlo cuesta una conversión más.
Lo que no conviene es apilarlos como alternativas dentro de la misma regla @font-face. El navegador se queda con la primera fuente que entiende, que siempre será el WOFF2, así que el WOFF pasa a ser un archivo que nadie descarga y nadie actualiza: una copia envejecida de la tipografía esperando en el servidor a que alguien reordene la regla. Entrega los dos y di por escrito cuál es el que se usa.
El navegador elige el archivo por el peso y el estilo declarados en la regla @font-face, no por el nombre del archivo. Pero el nombre es lo que lee una persona tres meses después, así que los dos deberían decir lo mismo: marca-600-cursiva.woff junto a una regla con font-weight 600 y font-style italic no deja nada a interpretación.
Lo que esto evita es la letra sintética. Una familia entregada solo con la redonda y usada luego en negrita produce una negrita calculada por el navegador, claramente peor que el corte real, y donde primero se nota es en las mayúsculas acentuadas, porque el engorde deforma la tilde antes que la letra. Es el defecto más habitual de un paquete tipográfico y es un fallo de empaquetado, no de conversión.
Aquí no se inspecciona ni se descarta nada: se cambia el envoltorio y se guarda. Eso significa que una familia variable, con sus ejes de peso, de anchura o de inclinación óptica, viaja con todas sus tablas dentro del WOFF igual que viajaría dentro del OTF. No hay un paso que decida qué tablas merecen sobrevivir, porque no hay ningún paso que las mire.
Lo que sí conviene comprobar es el otro extremo. Una variable resuelve en un solo archivo lo que antes eran ocho o dieciocho, y ese es su argumento fuerte para una web; a cambio, quien la reciba tiene que declararla con los rangos de peso en la regla @font-face y no con un peso fijo, o el navegador se quedará en la instancia por defecto y el paquete parecerá tener un solo corte. Dilo en la entrega, porque no es evidente mirando la carpeta.
Esta es la trampa que atrapa a los estudios en particular. En tu equipo el OTF está instalado, así que cuando el navegador no consigue cargar el WOFF cae en la familia instalada con el mismo nombre y la página se ve impecable. El cliente, que no tiene esa fuente, ve Arial.
Una ventana de incógnito no sirve de nada: la fuente está instalada en el sistema operativo, no en el navegador. Comprueba en un segundo equipo, en el móvil, o dándole temporalmente a la familia de @font-face un nombre que no use ninguna fuente instalada. Diez segundos de eso eliminan la forma más incómoda en que fracasa una entrega tipográfica.
La biblioteca que hace el trabajo es de Python y no tiene versión para navegador, así que esta conversión es una de las que suben el archivo. Viaja cifrado a api.quinvert.com, se escribe en un directorio de trabajo creado para ese encargo y se guarda con el nombre input.otf, de modo que el nombre que tú le habías puesto no llega a tocar el disco.
Ese directorio se borra cuando el trabajo termina, y también cuando falla, porque el borrado está en el bloque final y no en el camino feliz. El contenedor donde se ejecuta no tiene salida a internet y el resultado vuelve con Cache-Control: no-store. Es lo contrario de lo que cuenta la mayor parte de esta web, y precisamente por eso se dice aquí en vez de dejarlo implícito.
Hasta 25 MB por archivo, que es el tope de todo lo que pasa por el servidor, y 100 conversiones de servidor al día por visitante, contadas por día UTC y no en ventana móvil de 24 horas. Hay además un tope de ráfaga de cinco peticiones por minuto, que solo se nota si sueltas una familia grande de golpe.
El lote admite hasta 100 archivos y vuelve en un ZIP con los nombres conservados, que es justo la forma que quiere una entrega. Una familia completa y su segunda versión en WOFF2 caben de sobra. Un aviso: la zona de soltado aplica a todo lo que recibe el límite de 100 MB de las conversiones locales, así que un archivo de más de 25 MB lo acepta la interfaz y lo rechaza después la API.
No escribimos EOT, el contenedor de los Internet Explorer antiguos, y no convertimos curvas TrueType en curvas PostScript ni al revés. Son dos huecos de naturaleza distinta: el primero es una herramienta que no tenemos y el segundo es un algoritmo, porque rehacer los contornos de una fuente es rediseñarla un poco.
Por eso los diez pares tipográficos que hay aquí son todos repaquetados entre OTF, TTF, WOFF y WOFF2, y por eso pedir un TTF partiendo de un OTF con curvas cúbicas se responde con un error. Si de verdad necesitas ese cambio, se hace en FontForge o en Glyphs y se revisa glifo a glifo, que es un trabajo tipográfico y no una conversión.
| OTF | WOFF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Fuente OpenType | Web Open Font Format |
| Extensión de archivo | .otf | .woff |
| Tipo de medio | font/otf | font/woff |
| Publicado por primera vez | 1996 | 2009 |
| Publicado por | Adobe | W3C |
| Especificación | ISO/IEC 14496-22 | WOFF 1.0 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Antiguo, aún se lee en todas partes |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | TTF, WOFF2 | WOFF2, TTF |
No se descarta nada. OTF y WOFF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
FontForge lee tanto OTF como WOFF, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
Los dos apuntan a trabajos distintos: OTF a la composición tipográfica y la impresión y WOFF a la web. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
OTF es el formato de Adobe, publicado en 1996. Está recogido en ISO/IEC 14496-22, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
WOFF viene de W3C y es de 2009, recogido en WOFF 1.0. FontForge y fonttools lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace fontTools, la biblioteca de fuentes con la que se construyen las webfonts.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque fontTools necesita una máquina nuestra para funcionar.
No. WOFF guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original. Lo que sale al desempaquetar lo deciden los contornos: un WOFF con curvas PostScript se convierte en OTF y uno con curvas TrueType en TTF. Si pides el otro, lo rechazamos en vez de devolverte un archivo mal etiquetado.
No se descarta nada. OTF y WOFF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.