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Aquí puedes convertir WOFF2 a WOFF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
WOFF2 a WOFF
Todo lo demás en esta familia de formatos deja la fuente igual o la reduce. Esta la infla, y lo hace por diseño: WOFF2 comprime las tablas con un paso previo específico de tipografía y después con Brotli, mientras que WOFF se limita a aplicar zlib a las tablas tal como están. La misma letra, comprimida peor a propósito.
Por eso la primera pregunta aquí no es cómo sino si hace falta. Si nadie está exigiendo el contenedor antiguo, no lo generes: estarás sirviendo unos kilobytes de más en cada visita nueva para nada. Si alguien lo exige, el coste es pequeño frente a un sistema que no funciona, y esta página existe para ese caso concreto.
fontTools abre el WOFF2, recupera las tablas sfnt que había dentro y las vuelve a escribir dentro de un contenedor WOFF. Los contornos de cada glifo, la tabla de caracteres, las métricas horizontales, el interletraje y las funciones OpenType pasan sin tocarse. No hay ningún ajuste que puedas equivocar porque no hay ningún ajuste.
Eso convierte el viaje de ida y vuelta en algo exacto: si mañana vuelves a convertir ese WOFF a WOFF2, obtienes una fuente que se compone igual que la de partida. No existe aquí la pérdida generacional que sí tienen las imágenes, y esa es la razón por la que la decisión es puramente de tamaño y de compatibilidad.
Este es el problema que más afecta a quien trabaja en español y el que menos se anticipa. Las fuentes preparadas para la web se recortan casi siempre al juego de caracteres que la página necesitaba, porque de ahí sale la mayor parte del ahorro de peso, y muchos generadores de kits ofrecen «Latin» como opción por defecto sin dejar claro qué contiene.
El resultado aparece más tarde y en el peor sitio: un apellido con ñ, un nombre con ü, una cita que abre con ¿ o con ¡, y en su lugar un rectángulo vacío. La conversión no puede arreglarlo, porque el glifo no está en el archivo y ningún cambio de contenedor lo inventa. Comprueba el WOFF resultante escribiendo «Begoña, ¿mañana?» antes de darlo por bueno; si falla, el problema estaba en el WOFF2 desde el principio y hay que volver a la fuente de escritorio.
Tres orígenes cubren casi todos los casos. Formularios de subida y validadores con listas de extensiones escritas hace años y nunca revisadas, habituales en portales de administración y en gestores de contenidos corporativos. Configuraciones de compilación heredadas con un proyecto. Y equipos gestionados donde el navegador lo elige una política de sistemas y no la persona que trabaja delante.
Con los dos primeros merece la pena discutir una vez, brevemente, porque el arreglo es una línea y la alternativa es cargar con un activo más pesado para siempre. Con el tercero no: quien recibe el archivo en un equipo bloqueado no tiene autoridad para cambiar nada, y entregar el WOFF es sencillamente el trabajo.
Cada fuente arrastra su propia tabla de nombres, y los archivos web se renombran con frecuencia durante la preparación: un paso de subconjunto o un generador de kits escribe algo como «marcasans-webfont» dentro de un archivo cuya familia se llama de otra manera. Como la regla @font-face puede llamarla como quieras, el desajuste suele pasar inadvertido.
Deja de ser inofensivo cuando ese nombre coincide con el de una fuente instalada en la máquina, o cuando dos archivos preparados en momentos distintos reclaman la misma familia y el navegador tiene que elegir. Si los pesos bailan sin motivo aparente, abrir los archivos y leer sus nombres internos es la vía más rápida para entender qué está pasando.
Una fuente web es, por construcción, un archivo descargable: así es como el navegador la compone. Tener una copia no demuestra nada. Lo que manda es la licencia de la tipografía, y las licencias web comerciales se emiten habitualmente para un dominio concreto y una horquilla de visitas mensuales.
Si el archivo viene de un proyecto que mantienes, la licencia está en algún sitio del expediente y conviene localizarla antes de llevar la fuente a un segundo sitio. Si viene del sitio de otra persona, trátala como una fuente que no has licenciado. Las familias de licencia abierta se identifican sin dificultad: la SIL Open Font License permite convertir, recortar y redistribuir siempre que la fuente no se venda por separado y no se reutilicen los nombres reservados.
El original de escritorio es mejor punto de partida en todo. Tiene el juego de caracteres completo, las tablas de funciones enteras y ninguna decisión de recorte tomada por otra persona en otro momento, y el WOFF que salga de él será exactamente igual de compatible que el que salga del WOFF2.
Búscalo en la compra de la tipografía, en el manual de marca, en el histórico del repositorio o en la entrega del diseñador antes de aceptar la copia web como maestra. Trabajar desde el original es la diferencia entre un activo tipográfico que puedes volver a preparar para el próximo proyecto y uno congelado en lo que alguien decidió hace años.
Desenvolver una fuente web hasta un archivo de escritorio obliga a decidir: una fuente con curvas TrueType sale como TTF y una con curvas PostScript sale como OTF, y pedir la otra se rechaza con un error en lugar de entregar un archivo cuya extensión miente sobre su contenido. Es la salvaguarda que evita fuentes mal etiquetadas circulando por ahí.
WOFF y WOFF2 admiten los dos tipos de curva, así que esta conversión nunca tiene que elegir. Lo que hubiera dentro del WOFF2 entra en el WOFF sin que nadie lo examine, y por eso es la única dirección de esta familia que no puede fallar por un motivo relacionado con la propia tipografía.
No hay compilación de fontTools para el navegador, así que las diez conversiones tipográficas de este sitio se ejecutan en un servidor. Tu archivo viaja por una conexión cifrada hasta api.quinvert.com, se escribe en una carpeta de trabajo recién creada y con el nombre input más la extensión, de modo que el nombre que tú le habías puesto no llega a tocar el disco.
El contenedor que hace el trabajo no tiene salida a internet, la carpeta entera se borra al terminar el trabajo, también cuando falla, y el resultado se devuelve con la cabecera que impide almacenarlo en caché. Es una promesa distinta de la de las páginas que se ejecutan en el navegador, y por eso está escrita aquí en lugar de disimulada.
En el plan gratuito son 25 MB por archivo y cien conversiones de servidor al día, contadas por día UTC, con un tope adicional de cinco peticiones por minuto para que nadie sature la cola. Una tipografía completa rara vez se acerca a los 25 MB: el problema, si aparece, será el número de archivos y no su tamaño.
Puedes soltar hasta cien de una vez y recogerlos juntos en un ZIP, que suele ser exactamente la forma de este encargo, porque el validador que rechaza un archivo los rechaza todos. Cada proceso individual se corta a los sesenta segundos; una familia con varios pesos e itálicas encadena varios procesos, así que la petición completa puede tardar algo más que ese minuto sin que nada vaya mal.
Antes de generar un segundo archivo por cada peso, comprueba qué está rechazando exactamente el WOFF2. Si el navegador que falla es uno concreto de un parque de equipos, la regla @font-face admite varias fuentes en orden de preferencia y el navegador moderno seguirá tomando el WOFF2; solo el antiguo bajará al WOFF, y nadie más paga los bytes.
Si lo que rechaza es un validador de subida, la conversión es inevitable pero la duplicidad no tiene por qué serlo: sube el WOFF donde te lo exigen y conserva el WOFF2 como el archivo que sirves. Mantener dos formatos es barato; mantener dos versiones distintas de la misma letra, preparadas en momentos distintos y con recortes distintos, es la manera segura de acabar con una eñe que aparece en unas páginas y no en otras.
| WOFF2 | WOFF | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Web Open Font Format 2 | Web Open Font Format |
| Extensión de archivo | .woff2 | .woff |
| Tipo de medio | font/woff2 | font/woff |
| Publicado por primera vez | 2018 | 2009 |
| Publicado por | W3C | W3C |
| Especificación | WOFF 2.0 | WOFF 1.0 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Antiguo, aún se lee en todas partes |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | TTF | TTF |
No se descarta nada. WOFF2 y WOFF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
fonttools y FontForge leen tanto WOFF2 como WOFF, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
WOFF2 es el formato de W3C, publicado en 2018. Está recogido en WOFF 2.0, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
WOFF viene de W3C y es de 2009, recogido en WOFF 1.0. FontForge y fonttools lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace fontTools, la biblioteca de fuentes con la que se construyen las webfonts.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque fontTools necesita una máquina nuestra para funcionar.
No. WOFF guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original. Lo que sale al desempaquetar lo deciden los contornos: un WOFF con curvas PostScript se convierte en OTF y uno con curvas TrueType en TTF. Si pides el otro, lo rechazamos en vez de devolverte un archivo mal etiquetado.
No se descarta nada. WOFF2 y WOFF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.