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Aquí puedes convertir OTF a WOFF2 gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
OTF a WOFF2
Aquí no se redibuja nada. La conversión lee la fuente, le pone la marca de contenedor que corresponde a WOFF2 y la vuelve a guardar; las tablas que traía siguen siendo las mismas y los contornos llegan al navegador tal cual salieron del OTF. Es una operación de empaquetado, no de tipografía.
Eso decide también qué ocurre si algún día se desenvuelve el archivo. Un OTF guarda curvas cúbicas de PostScript en una tabla CFF; un TTF guarda cuadráticas. Un WOFF2 lleva cualquiera de las dos sin inmutarse, y uno que contenga curvas de PostScript vuelve a ser un OTF, nunca un TTF.
El conversor mira lo que la fuente contiene de verdad, no lo que dice su extensión: comprueba si hay una tabla de curvas PostScript dentro. Si la hay y el destino solicitado es TTF, el trabajo termina con un mensaje en vez de con un archivo.
La razón es que convertir cúbicas en cuadráticas es un redibujado con aproximación, no un reempaquetado, y aquí no se hace. Devolver un archivo llamado TTF que en realidad guarda curvas de PostScript sería mentir en la extensión, y una fuente mal etiquetada rompe en el sitio más incómodo posible: dentro del navegador de otra persona. Para la web esto no te afecta, porque WOFF2 admite ambas familias de curvas.
Las fundiciones venden por separado la licencia de escritorio y la de web, y esta última suele facturarse por tramos de visitas mensuales: una web de portafolio y una cadena de tiendas pagan cifras distintas por la misma familia. El archivo que subes es idéntico en ambos casos, así que nada en la conversión te dirá en qué tramo estás.
Ese es exactamente el problema. El paso técnico dura treinta segundos y no avisa de nada. Un OTF de escritorio convertido y colgado en un servidor público es la forma ordinaria en que se incumple una licencia, y quien firmó el contrato suele ser el estudio de diseño, no quien subió el archivo. Las familias con licencia abierta, del tipo SIL Open Font License, son el caso limpio: convierte, subconjunta y aloja en tu servidor.
Comprar una licencia web a una fundición comercial suele venir acompañado de archivos web ya preparados: el WOFF2 hecho, con frecuencia ya dividido en paquetes por repertorio de caracteres y a veces con un ajuste de pantalla distinto al de la versión de escritorio.
Esos archivos son mejores que cualquier conversión del OTF de escritorio, y además ya los has pagado. Mira la cuenta o el correo de entrega antes de convertir nada. Esta conversión es la vía correcta para familias de licencia abierta, para una tipografía encargada a medida y para el caso en que la fundición solo entrega archivos de escritorio.
Monta una página de comprobación una vez y reutilízala en todos los proyectos: un párrafo de texto corrido, un titular, una línea de versalitas, una cifra grande, un importe en euros y —esto es lo que se olvida— la ñ y la Ñ, los signos de apertura ¿ y ¡, las vocales acentuadas en mayúscula, la ü de vergüenza, la ç si trabajas también en catalán, y los ordinales ª y º.
Míralo en un navegador a los tamaños que el diseño usa de verdad. Casi todos los problemas que se atribuyen a la conversión resultan ser una variante de @font-face que falta, un subconjunto que se llevó por delante un carácter o una prestación que nunca se activó, y las tres se ven en diez segundos en una página así.
Subconjuntar es el paso que de verdad reduce el peso de la página, y en una fuente rica es también el paso que puede deshacer en silencio el motivo por el que se eligió. Un subconjuntador al que se le pide conservar solo los caracteres presentes en el contenido ve los glifos de versalitas y las alternativas estilísticas como no usados, porque ningún texto corriente los referencia directamente.
Se van, y con ellos se van las tablas que apuntaban a esos glifos, de modo que el CSS que enciende las versalitas deja de hacer nada. Todo subconjuntador serio tiene una opción para retener prestaciones concretas o una lista de glifos; úsala. Y para un sitio en español, define el repertorio con las tildes y la eñe dentro en lugar de fiarte de un paquete llamado «latin» que quizá no las incluya.
Una fuente variable guarda un juego de contornos y las reglas para interpolar entre los extremos del diseño, así que un solo archivo cubre un rango continuo de grosores en lugar de seis cortes sueltos. Los navegadores llegan a él con el valor normal de grosor de la CSS y con los ajustes de variación para los ejes menos habituales.
Es el caso en que el envoltorio WOFF2 rinde más, porque los datos de interpolación se comprimen bien. Comprueba la licencia aparte: algunas fundiciones tratan la versión variable como un producto propio con su propio precio, y el hecho de que la conversión funcione no dice nada sobre si tienes derecho a publicarla.
Cuando el archivo convertido sigue pesando mucho, el motivo habitual no es la compresión sino el contenido. Una fuente comercial arrastra latín extendido, cirílico, griego y cientos de glifos que una web de marca no va a mostrar jamás, y ninguna compresión puede eliminar lo que sigue estando dentro.
El ahorro vive en el recorte previo, no en el formato de destino. Conviene medirlo con números propios: pesa el OTF, conviértelo, y luego repite el ciclo con el subconjunto que tu sitio realmente necesita. Si la diferencia entre las dos versiones convertidas es pequeña, es que el recorte no ha recortado.
Los contenedores que este sitio lee y escribe son cuatro: TTF, OTF, WOFF y WOFF2, en las diez combinaciones que tienen sentido. EOT no está —nada de lo instalado escribe uno— y el par TTF a OTF tampoco, no por falta de herramienta sino porque no es un reempaquetado.
Eso significa que un WOFF2 hecho aquí se puede desenvolver más adelante sin sorpresas, siempre que se le pida el destino correcto. Si dentro guarda curvas de PostScript, volverá a ser un OTF; pedirle un TTF termina en el mismo mensaje de rechazo, y con razón. Es una propiedad útil de cara al archivo: el envoltorio se puede cambiar tantas veces como haga falta sin que la letra se degrade en el camino.
El WOFF2 es un artefacto de publicación. El OTF es la fuente que has licenciado, la que se instala en un equipo para el trabajo impreso y aquella de la que deberían generarse todos los archivos web futuros. Guárdalo con el documento de licencia al lado, porque la licencia es la parte que se pierde.
Merece la pena porque las webs se rehacen y las marcas cambian de estudio. Dentro de tres años, quien tenga que reconstruir la identidad querrá el archivo original y el papel que dice qué se puede hacer con él, no un WOFF2 subconjuntado del que nadie recuerda con qué criterio se recortó.
Buena parte de las herramientas de este sitio funcionan dentro del navegador; esta no. La biblioteca que manipula fuentes no tiene versión para navegador, así que el archivo viaja cifrado hasta un contenedor que la ejecuta y vuelve convertido. El límite gratuito es de 25 MB por archivo, que ninguna tipografía normal se acerca a alcanzar.
Ese contenedor no tiene salida a internet. Cada trabajo recibe un directorio propio, la fuente se guarda ahí con un nombre neutro —el nombre de tu archivo no llega a tocar el disco— y el directorio se borra al terminar, también cuando el trabajo falla. Cualquier proceso que siga vivo pasados sesenta segundos se corta. Si prefieres que la fuente no salga de tu máquina, fontTools en local hace exactamente lo mismo.
| OTF | WOFF2 | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Fuente OpenType | Web Open Font Format 2 |
| Extensión de archivo | .otf | .woff2 |
| Tipo de medio | font/otf | font/woff2 |
| Publicado por primera vez | 1996 | 2018 |
| Publicado por | Adobe | W3C |
| Especificación | ISO/IEC 14496-22 | WOFF 2.0 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | TTF | WOFF, TTF |
No se descarta nada. OTF y WOFF2 guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
FontForge lee tanto OTF como WOFF2, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
Los dos apuntan a trabajos distintos: OTF a la composición tipográfica y la impresión y WOFF2 a la web. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
OTF es el formato de Adobe, publicado en 1996. Está recogido en ISO/IEC 14496-22, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
WOFF2 viene de W3C y es de 2018, recogido en WOFF 2.0. fonttools y FontForge lo leen.
OTF se publicó en 1996 y WOFF2 en 2018. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace fontTools, la biblioteca de fuentes con la que se construyen las webfonts.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque fontTools necesita una máquina nuestra para funcionar.
No. WOFF2 guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original. Lo que sale al desempaquetar lo deciden los contornos: un WOFF con curvas PostScript se convierte en OTF y uno con curvas TrueType en TTF. Si pides el otro, lo rechazamos en vez de devolverte un archivo mal etiquetado.
No se descarta nada. OTF y WOFF2 guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.