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Aquí puedes convertir WOFF a WOFF2 gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
WOFF a WOFF2
Un archivo con esta extensión casi nunca está solo. Vive en un directorio `fonts` junto a un `.eot`, un `.svg`, un `.ttf` y a veces un segundo `.woff` para la cursiva, con una hoja de estilos cerca que contiene una lista de cinco orígenes y un comentario sobre Internet Explorer. Esa carpeta la generó un servicio web de tipografías cuando servir cuatro contenedores era la única forma de llegar a todos los navegadores.
Nada de eso sigue siendo cierto, y el encuadre útil de esta conversión no es «hacer este archivo más pequeño» sino «dejar esta carpeta en un archivo por peso». El reenvoltorio es la parte fácil. Lo que merece cinco minutos es la regla que hay alrededor, el juego de caracteres con el que se cortó el kit y si tienes derecho a estar haciendo todo esto, que son los tres apartados siguientes.
La operación que ocurre en el servidor es literalmente cambiar el sabor del contenedor y volver a guardar. Los contornos de los glifos, el mapa de caracteres, las métricas horizontales, el interletraje y las prestaciones de OpenType son las mismas tablas antes y después; lo único distinto es cómo están empaquetadas.
La herramienta detecta además qué clase de curvas lleva el archivo mirando si existe una tabla CFF dentro, y eso le permite negarse a producir un archivo mal etiquetado cuando el destino es un formato de escritorio. Hacia WOFF2 ese motivo de rechazo no se da nunca: los dos contenedores admiten cualquiera de los dos tipos de curva, así que un WOFF con curvas PostScript sale como WOFF2 con curvas PostScript sin discusión.
Las dos especificaciones comprimen de forma distinta: WOFF envuelve las tablas y las desinfla una a una, y WOFF2 primero las transforma a una representación pensada para comprimir mejor y después aplica un compresor más moderno. Que el segundo salga más pequeño es la razón de ser del formato.
Cuánto más pequeño depende de la tipografía, del número de glifos que le quedaran al kit y de qué prestaciones lleve dentro, y nosotros no lo hemos medido sobre una muestra representativa. Vas a encontrar cifras redondas repetidas por todas partes; nosotros preferimos que mires el número de tu propio archivo, que lo tienes delante en cuanto termina la conversión, a que te fíes de una media que no hemos comprobado.
Da la impresión de que hay que ir a buscar el original de escritorio por principio, y en este caso concreto es indiferente. WOFF es un contenedor sin pérdida, así que desenvolverlo recupera exactamente las tablas que se metieron, y volver a envolverlas como WOFF2 da el mismo resultado que partir del TTF de la misma carpeta. No hay nada parecido a la pérdida generacional de las imágenes ni ningún ajuste que se pueda equivocar.
Vale la pena decirlo porque el consejo es el contrario en otras conversiones de esta familia. Yendo de un WOFF a un TTF u OTF instalable, la procedencia importa muchísimo: la copia web suele estar recortada y renombrada, y el original de escritorio es un archivo materialmente mejor. Hacia WOFF2 te quedas dentro del mismo juego de caracteres en cualquier caso, así que usa el archivo que tengas.
Una regla generada entonces enumera cinco orígenes: EOT con un truco de cadena de consulta, WOFF2 si llegó a generarse, WOFF, TTF y SVG con un identificador de fragmento. Dos de esos son para navegadores que ya no usa nadie: la entrada EOT existe para Internet Explorer 8 y la entrada SVG para una versión de Safari en iOS anterior al formato que todo el mundo usa hoy.
Lo que hace segura la reducción es que WOFF2 llega a todos los navegadores actuales, así que una sola línea con el WOFF2 es la regla moderna. Mira tus propias analíticas antes de borrar la entrada WOFF y no después, porque «todos los navegadores actuales» y «todos los navegadores que visitan este sitio en concreto» no son la misma frase: una intranet corporativa es el caso que la rompe. Todo lo que hay por debajo del WOFF se puede quitar sin comprobar nada.
Las licencias comerciales de tipografía web prohíben con frecuencia modificar, convertir o recodificar los archivos entregados, y una conversión es exactamente eso aunque de la tipografía no cambie absolutamente nada. Hay fundiciones que entregan ellas mismas el WOFF2 y esperan que se lo pidas en vez de fabricarlo.
Una fuente que llegó con un proyecto heredado tiene su licencia en algún sitio: en los registros de compra, en el traspaso de marca, en el historial del repositorio o en un archivo de texto que el generador dejó caer en la misma carpeta. Búscala primero. Si la fuente venía dentro de una plantilla descargada, trátala como no licenciada hasta que se demuestre lo contrario: que el autor de una plantilla pudiera incluirla no dice nada sobre tu derecho a servirla. Las licencias abiertas son el caso fácil; la SIL Open Font License permite convertir, recortar y redistribuir siempre que la fuente no se venda por separado y no se reutilicen los nombres reservados.
Casi todo el ahorro de peso de una tipografía web viene de quitar glifos, así que aquellos kits se recortaban rutinariamente al latín básico y unos cuantos signos de puntuación. Recortado por quien montaba sitios en inglés, eso deja fuera precisamente lo que el español necesita todos los días.
La lista es corta y reconocible: la ñ y la Ñ, las vocales acentuadas en mayúscula, la ü, los signos de apertura ¿ y ¡, los indicadores ordinales º y ª, y las comillas latinas « ». Reenvolver el archivo no repone ninguno. Si en un titular aparece un recuadro vacío o un glifo que canta porque viene de otra tipografía, ese carácter nunca estuvo dentro, y la solución es volver a recortar desde el original de escritorio con un juego que cubra lo que el sitio escribe de verdad. Es otro trabajo distinto de este, y es el que merece la pena si el kit tiene ya unos años.
Un kit de aquella época tiene un archivo por peso y por estilo: redonda, cursiva, media, seminegra, negra y negra cursiva. Seis descargas, seis bloques de declaración y un conjunto fijo de pesos entre los que un diseñador acabará queriendo colocarse.
Si la tipografía se ha publicado desde entonces como fuente variable, un solo WOFF2 puede sustituir a todos con un eje de peso continuo, y el total suele ser más pequeño que el conjunto estático al que reemplaza. Es una decisión sobre la tipografía y no sobre el contenedor, y toca tomarla en la misma sesión que esta conversión porque cambia qué conviertes. Comprueba si la fundición publica un corte variable antes de pasarte una tarde reenvolviendo seis archivos que vas a borrar.
Toda tipografía lleva una tabla de nombres, y los generadores de kits la reescribían con toda libertad: un archivo cuya tipografía se llama de una manera muy concreta aparece por dentro como `marcasans-webfont`. Como la regla declara el nombre de familia que a ti te apetezca, el desajuste pasa desapercibido durante años.
Deja de ser inofensivo en dos situaciones: cuando el nombre interno choca con una fuente instalada en la máquina de quien visita el sitio, y cuando dos archivos preparados en momentos distintos reclaman el mismo nombre de familia y el navegador tiene que elegir. Si el texto cambia de aspecto de forma imprevisible entre pesos en unos equipos y en otros no, abrir las fuentes y leer sus nombres internos es la vía más rápida hasta la causa. La conversión arrastra el nombre sin tocarlo: lo que dijera el WOFF, lo dice el WOFF2.
Esta conversión se ejecuta en nuestro servidor y no en tu navegador, porque la herramienta que hace el trabajo no tiene versión de navegador. Es una diferencia real con la mayoría de este sitio y la decimos aquí en lugar de enterrarla. El archivo viaja cifrado, se guarda con un nombre fijo en un directorio temporal recién creado, se convierte en un entorno sin salida a internet y ese directorio se borra al terminar, también cuando la conversión falla.
El límite gratuito es de 25 MB por archivo, muchísimo más de lo que ocupa cualquier tipografía web, y hay un tope de 100 conversiones de servidor al día por visitante que aquí nadie va a rozar. Puedes soltar la carpeta entera de una vez y vuelve como un único ZIP, que es lo que este trabajo suele ser en realidad: hay seis archivos y la regla se reescribe una sola vez.
Hay tres cosas que conviene ajustar en el mismo momento en que cambia el archivo, porque son el resto del coste de descarga. Una caducidad de caché larga con el nombre del archivo versionado, ya que una fuente no cambia nunca en su sitio. Una precarga para el uno o dos pesos que aparecen por encima del pliegue, que elimina el viaje de ida y vuelta que se pierde descubriendo la fuente después de analizar la hoja de estilos. Y el rango de caracteres si mantienes recortes separados, para que una página que no escribe ni una palabra en cirílico no descargue el archivo cirílico.
Las tipografías son además uno de los pocos tipos de recurso donde comprimir en el servidor es contraproducente: un WOFF2 ya viene comprimido por dentro, y volver a comprimirlo añade trabajo sin ahorrar nada. Casi todos los servidores excluyen por defecto los tipos MIME de fuentes; si el tuyo no lo hace, excluirlos es un cambio de una línea.
| WOFF | WOFF2 | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Web Open Font Format | Web Open Font Format 2 |
| Extensión de archivo | .woff | .woff2 |
| Tipo de medio | font/woff | font/woff2 |
| Publicado por primera vez | 2009 | 2018 |
| Publicado por | W3C | W3C |
| Especificación | WOFF 1.0 | WOFF 2.0 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Antiguo, aún se lee en todas partes | Vigente |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | TTF | TTF |
No se descarta nada. WOFF y WOFF2 guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
WOFF es de 2009 y está prácticamente superado. WOFF2 es lo que escribe el software actual, así que convertir también es una forma de seguir pudiendo leerlo.
FontForge y fonttools leen tanto WOFF como WOFF2, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
WOFF es el formato de W3C, publicado en 2009. Está recogido en WOFF 1.0, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
WOFF2 viene de W3C y es de 2018, recogido en WOFF 2.0. fonttools y FontForge lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace fontTools, la biblioteca de fuentes con la que se construyen las webfonts.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque fontTools necesita una máquina nuestra para funcionar.
No. WOFF2 guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original. Lo que sale al desempaquetar lo deciden los contornos: un WOFF con curvas PostScript se convierte en OTF y uno con curvas TrueType en TTF. Si pides el otro, lo rechazamos en vez de devolverte un archivo mal etiquetado.
No se descarta nada. WOFF y WOFF2 guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.