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AI
Archivos de trabajo de Illustrator. Las versiones recientes son PDF por dentro, que es lo único que los hace legibles.
AI
AI es un formato de documento, que describe páginas y no píxeles. Guarda formas y coordenadas en lugar de píxeles, así que se mantiene nítido a cualquier tamaño: un logotipo llevado al tamaño de una valla publicitaria no pierde nada. Se usa para la impresión, la edición y logotipos y dibujo lineal.
La extensión es .ai y el nombre completo, Adobe Illustrator Artwork. Ambos importan menos que lo que el archivo puede contener, y de eso trata el resto de esta página.
Adobe lo publicó en 1987.
A un formato que lleva tanto tiempo siendo legible se le puede confiar algo que quieras recuperar dentro de diez años.
Leerla fuera del software del propio fabricante depende del trabajo de otras personas, casi siempre por inspección y no por documentación. Eso funciona casi siempre y a veces no, y esa es la razón para convertir lo que pienses conservar.
AI guarda su contenido exactamente. Volver a guardarlo no cambia nada, así que puedes abrirlo, editarlo y guardarlo tantas veces como quieras sin acumular daño; eso es lo que lo convierte en un formato de trabajo y no de entrega.
AI lleva un canal alfa, así que un logotipo conserva sus bordes suaves sobre lo que haya detrás en vez de llegar dentro de una caja blanca.
Puede trabajar en RGB y CMYK, el modelo que necesita una imprenta.
CMYK es el que decide si una imprenta acepta el archivo, y es lo primero que se pierde al convertir a un formato de pantalla.
Un archivo AI no está limitado a una página, y eso importa al convertirlo a algo que sí lo está: de una conversión sale un único archivo con una sola página dentro — la primera, salvo que el conversor te deje elegir cuál.
AI guarda las partes de una imagen por separado en vez de fundidas, y eso es lo que lo convierte en un archivo de trabajo. Casi todos los formatos a los que se convierte las funden, y la fusión no tiene vuelta atrás: conserva el original con capas.
Adobe Illustrator lo lee, y también la mayoría de programas del mismo tipo.
Cuando un archivo no se abre, el formato rara vez es el problema: lo más habitual es que el programa sea anterior al formato. Convertir a algo más antiguo es la salida fiable, y para eso está el resto de este sitio.
Ningún navegador lo lee.
Ese es el motivo más frecuente para convertirlo: no que el formato sea malo, sino que el sitio donde quieres mostrar el archivo no sabe leerlo.
AI está pensado para abrirse y cambiarse. Guarda el archivo en este formato mientras el trabajo siga en marcha y exporta desde él cada vez que haga falta una copia terminada.
Las quejas recurrentes: fuera de su terreno la compatibilidad es irregular.
Nada de esto es motivo para evitar el formato. Son las cosas que conviene conocer antes de que una de ellas te sorprenda, que es una afirmación distinta y más útil.
Desde Illustrator 9, en el año 2000, guardar un `.ai` con la casilla «Crear archivo compatible con PDF» activada produce un archivo que es un PDF válido. La casilla viene marcada de fábrica y casi ningún diseñador la toca. Así que el archivo que te ha mandado el estudio se abre, muchísimas veces, copiándolo, cambiando la extensión de la copia a `.pdf` y haciendo doble clic.
Es lo más útil que se puede saber de este formato y casi nunca se dice directamente. Lo que obtienes es la ilustración tal y como estaba al guardarla: fiel, imprimible y visible en cualquier programa que lea PDF. Lo que no obtienes es la estructura editable, y de eso va el apartado siguiente.
Un `.ai` compatible con PDF lleva el dibujo dos veces. Está el flujo PDF, que cualquier lector sabe pintar, y al lado los datos privados de Illustrator con las capas, los trazados editables, los atributos de apariencia, los efectos, las mesas de trabajo y el rastro de cómo se construyó la ilustración.
De ahí salen dos cosas. Que los archivos pesen tanto, y que desmarcar la compatibilidad reduzca el tamaño casi a la mitad. Y que el truco de renombrar te enseñe la imagen y no el proyecto: los lectores de PDF ven su mitad y pasan de todo lo demás, que es exactamente para lo que se pensó el invento.
Editarla como la editaría quien la hizo. Abrir la representación PDF en otro editor vectorial te da trazados, pero las capas, los efectos vivos, la pila de apariencia, los símbolos y el texto sobre un trazado han quedado aplanados en lo que fuera que produjese el resultado visible.
Algunos editores — Inkscape, Affinity Designer, CorelDRAW — leen esa mitad lo bastante bien para trabajar de verdad, y esa es la vía práctica para quien tiene que tocar algo y no tiene Illustrator. Cuenta con rehacer lo ingenioso en lugar de heredarlo.
Un `.ai` puede llevar las tipografías incrustadas o limitarse a nombrarlas. Cuando solo las nombra y la máquina no tiene esa familia instalada, el programa sustituye por otra cosa y cambian los anchos de las letras — lo que en un logotipo significa, sin más, que la marca está mal escrita, y es un tipo de error que llega vivo hasta la imprenta.
La defensa de siempre es convertir el texto a contornos antes de entregar el archivo, es decir, convertir cada letra en una forma. Garantiza el aspecto y deja el texto imposible de editar para siempre. Para un logotipo que va a un impresor es lo correcto; para un archivo que el cliente tendrá que actualizar es un problema aplazado, así que conviene guardar las dos versiones.
Los archivos de Illustrator hechos para imprenta suelen estar en CMYK y llevar tintas directas con nombre: el Pantone concreto con el que se imprime la marca. Al convertir a cualquier formato de pantalla, todo eso se traduce a RGB, y algunos de esos colores no tienen equivalente.
El efecto visible se concentra en los cianes saturados, los azules profundos y los naranjas fuertes, que salen algo más apagados. No se ha roto nada. Manda el original a la imprenta y trata la copia convertida como la versión que mira la gente, en lugar de intentar que un solo archivo sirva para las dos cosas.
Un documento de Illustrator puede contener varias mesas de trabajo: lienzos separados dentro de un mismo archivo, que se usan para las variantes de un logotipo, para un juego de iconos o para todos los tamaños de un anuncio.
Convertidas a PDF se vuelven páginas, y convertidas a un formato de imagen la mayoría de herramientas se quedan solo con la primera. Si una conversión te devuelve una imagen donde esperabas seis, la explicación es esta. Abrir el PDF renombrado es la forma más rápida de contar cuántas mesas hay antes de decidir cómo convertir el archivo.
Adobe nunca ha publicado el formato `.ai`. Todo lo que sabe de él el resto del software viene de la mitad PDF, que sí está documentada, más ingeniería inversa del resto. Por eso el soporte fuera de las herramientas de Adobe va del bueno al inexistente sin apenas términos medios.
Es el mismo tipo de problema que el raw de las cámaras: un formato privado leído por deducción. La diferencia es que la capa de compatibilidad PDF le da a todo el mundo un camino documentado hasta la ilustración, que es una posición bastante mejor que la de los formatos raw.
Los anteriores a Illustrator 9 no son compatibles con PDF, porque la función todavía no existía. Aquellos están basados en PostScript y se comportan como un EPS: renombrarlos a `.pdf` devuelve un error, y leerlos requiere software que entienda la estructura antigua.
El propio Illustrator los abre, y algunos editores vectoriales también. Si un archivo es anterior al año 2000 y nada moderno lo lee, esa es la explicación y no un daño en el archivo; convertirlo es trabajo para una herramienta con soporte histórico de verdad, no para un conversor de uso general.
Conviene decirlo antes: este sitio no convierte archivos `.ai`, ni en un sentido ni en el otro. El formato es privado y lo único que se puede leer con garantías es su mitad PDF, así que las rutas de aquí abajo se recorren en el escritorio — con Illustrator, con un editor vectorial que lea esa mitad, o sobre la copia renombrada a `.pdf`.
A SVG para la web: sigue siendo vectorial como el original, se ve nítido a cualquier tamaño y lo pinta directamente cualquier navegador. Es el destino correcto para un logotipo que va a una página. A PDF para imprimir o para reenviarlo, que no pierde nada porque ya es la mitad de lo que el archivo contiene.
A PNG en un tamaño generoso para colocarlo en un documento o en una presentación, donde escalar da igual. Y en todos los casos, guarda el `.ai`: es la única versión que todavía tiene las capas, las mesas de trabajo y la construcción editable, y ninguna conversión las recupera.
| Extensión | .ai |
|---|---|
| Tipo de medio | application/illustrator |
| Publicado por | Adobe |
| Primera publicación | 1987 |