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Aquí puedes convertir ODT a DOCX gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
ODT a DOCX
El archivo casi nunca falla. LibreOffice Writer produce un documento OpenDocument normal y corriente, y cualquiera con LibreOffice, con un Word reciente o con Google Docs lo abre sin pestañear. Lo que lo rechaza es la capa de software que hay en medio: el formulario de una sede electrónica cuyo campo de subida enumera `.doc` y `.docx`, la solicitud de una convocatoria, la plantilla que devuelve una editorial, el gestor documental que indexa archivos de Word y calla con todo lo demás.
Ninguno de esos va a hacer una excepción contigo. Convertir es el camino más barato para pasar de largo, y para el tipo de documento que suele necesitarlo —un currículum, una carta de motivación, una memoria, un anexo— no cuesta prácticamente nada. La defensa de los formatos abiertos es buena y no es una discusión que se gane en las cuatro horas que quedan para que cierre el plazo.
Microsoft Word lleva mucho tiempo leyendo y escribiendo OpenDocument. Si lo único que hay entre tú y quien lo recibe es una persona con un Word actualizado, manda el ODT y sáltate esta página entera. Es una respuesta legítima y es más rápida que convertir.
Convierte cuando el obstáculo no sea una persona. La validación de un formulario no sabe lo que Word puede hacer. Tampoco lo sabe una plantilla de combinación de correspondencia, ni una cadena de montaje documental, ni un departamento de informática que desactivó el soporte de ODF en su día. Un DOCX además elimina toda una categoría de correo —el que dice que tu archivo no se abre bien—, y ese correo cuesta muchísimo más tiempo que la conversión.
Del otro lado hay un LibreOffice sin interfaz gráfica corriendo dentro de un contenedor, con los componentes de texto, hoja de cálculo y presentación instalados, lanzado una vez por archivo con su propio directorio de perfil. Es exactamente la ruta que seguirías tú abriendo el documento y eligiendo «Guardar como» en tu máquina, sin la máquina.
Eso vale más de lo que parece. No hay un tercero en medio formándose su propia opinión sobre qué quiso decir la especificación de OpenDocument con un estilo de lista: el mismo código base lee el archivo y escribe el documento de Word. Es también la razón por la que en España, donde tantas administraciones autonómicas y universidades han trabajado durante años sobre distribuciones con LibreOffice de serie, este par aparece tanto: el documento nació en Writer porque esa era la instalación que había.
Un documento no lleva sus tipografías dentro salvo que alguien las incruste a propósito, y cambiar de contenedor no cambia eso. Si el ODT se escribió con una tipografía que no tiene quien lo recibe, el DOCX nombrará la misma tipografía ausente y Word sustituirá lo que le parezca, casi siempre con métricas distintas, que es lo que mueve todos los saltos de línea del archivo.
La máquina que hace esta conversión tiene instaladas las familias Liberation, Carlito, Caladea, DejaVu y Noto. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria, y las Liberation lo son de Arial, Times New Roman y Courier New. La consecuencia exacta, y es la única que podemos escribir con honestidad: la maquetación se sostiene si el documento usa esas tipografías o las trae incrustadas. Cualquier otra se sustituye en silencio y el texto se recoloca. Escribir la solicitud en Calibri o en Times New Roman no es conservadurismo tipográfico, es la manera de que llegue igual.
Muchos conversores enumeran aquí una lista tranquilizadora: que los estilos siguen siendo estilos, que las tablas conservan sus celdas combinadas, que las marcas de revisión pasan, que el índice sigue siendo un campo que se actualiza. Nosotros no la vamos a escribir, porque no hemos medido ninguna de esas cosas contra este contenedor y este sitio tiene por norma no publicar una afirmación sobre su propio software que nadie haya comprobado.
Lo que sí se puede decir es qué hacer con esa incertidumbre, y es barato: abre el resultado en el Word de verdad —no en LibreOffice, que te lo enseñará como lo escribiste— y mira tres sitios. El índice, para ver si sigue actualizándose. Una tabla, para ver si las combinaciones están donde estaban. Y la última página, porque los desplazamientos se acumulan hacia el final. Cinco minutos antes de subir valen por cualquier lista de promesas.
Las macros de un ODT están escritas en LibreOffice Basic contra el modelo de objetos de LibreOffice. Word ejecuta VBA contra otro modelo distinto, con otros nombres para otras cosas. No hay traducción entre los dos y ningún conversor de formato la puede improvisar.
Para la inmensa mayoría de los documentos esto es invisible, porque no llevan macros. Donde importa —un formulario que suma totales, una plantilla que rellena campos al abrirse— convertir es directamente la herramienta equivocada, y ese comportamiento hay que reconstruirlo en el programa de destino por alguien que entienda para qué estaba. Si el archivo automatiza algo, cuéntaselo a quien lo reciba en lugar de dar por hecho que llegó.
La mayoría de las conversiones de este sitio ocurren dentro de tu navegador y no transmiten nada. Esta no puede: convertir un documento OpenDocument en uno de Word necesita una suite ofimática completa. El archivo viaja por una conexión cifrada hasta un contenedor que ejecuta LibreOffice y nada más, y ese contenedor no tiene salida a internet.
Un detalle que en este par se agradece: tu archivo se guarda allí con el nombre `input` más su extensión, de modo que el nombre que le pusiste tú nunca llega a tocar el disco. Un currículum se suele llamar con el nombre y los apellidos de quien lo firma, y ese dato personal se queda en tu carpeta. Cada trabajo recibe su propio directorio temporal, y ese directorio se borra al terminar tanto si la conversión salió bien como si falló.
El límite gratuito de las conversiones que van al servidor son 25 MB por archivo, la cuarta parte del que se aplica a las que ocurren en tu navegador. Un documento de texto rara vez se acerca: cien páginas de prosa no llegan al megabyte, y los que sí llegan es porque llevan fotografías dentro, no porque sean largos.
Hay que avisar de un fallo conocido, porque toca justo a este par. La zona donde sueltas el archivo aplica el límite de las conversiones locales, es decir 100 MB, sin mirar si la conversión es de servidor. Así que un ODT de 60 MB lo acepta la interfaz y lo rechaza la API con un error de tamaño. No es que a veces funcione: no cabe. Si tu memoria pesa tanto, comprime las imágenes en Writer antes de convertir, que además es lo que quiere la sede al otro lado.
Cada programa que se lanza en el contenedor se mata a los sesenta segundos. Es una medida contra una avería concreta y frecuente: un documento mal formado hace que LibreOffice se quede colgado en lugar de devolver un error, y sin ese corte el trabajo se quedaría ahí para siempre.
Conviene decirlo con precisión, porque la frase fácil es falsa: el límite es por proceso, no por petición. Una conversión que encadene varios pasos puede pasar legítimamente de un minuto sin que nada se haya roto. Lo que no puede es que un solo paso se eternice. Si un documento se queda a medias una y otra vez, casi siempre es una imagen enorme o un objeto incrustado, y quitarlo antes de convertir resuelve más veces que reintentar.
Las conversiones que pasan por el servidor cuestan dinero, así que llevan una cuenta: cien al día por visitante, y como mucho cinco en un minuto para evitar ráfagas. La ventana es el día UTC, no las últimas veinticuatro horas, de modo que el contador se pone a cero a medianoche en Greenwich: la una de la madrugada en la España peninsular en invierno, las dos en verano, y bastante antes de terminar la jornada en México o en Chile.
Lo que se guarda de esa cuenta es un único registro con la fecha y el número de usos, sin dirección IP, sin nombre de archivo y sin agente de usuario. La clave con la que se localiza es un resumen criptográfico salado de la IP que rota cada día, y el registro se borra solo unas veinticuatro horas después del último uso. Las conversiones que ocurren en tu navegador no cuentan para nada de esto, porque no nos cuestan nada.
Si nadie va a escribir dentro del documento, DOCX es el objetivo equivocado. Mandar un archivo de Word para que lo lean es mandar una copia editable de tu trabajo, con tus estilos, las propiedades del documento y cualquier resto de revisión que se te olvidara limpiar. Y es una invitación a que alguien cambie algo y te lo devuelva sin decírtelo.
Convierte el ODT a PDF cuando la cosa esté terminada: una factura, una carta firmada, una memoria presentada, un anexo de una convocatoria. Elige DOCX cuando alguien vaya a editarlo de verdad. Esa única pregunta decide el formato con mucha más fiabilidad que cualquier comparación de características entre los dos, y de paso se salta todo lo que esta página ha tenido que dejar sin prometer.
| ODT | DOCX | |
|---|---|---|
| Nombre completo | OpenDocument Text | Documento de Word |
| Extensión de archivo | .odt | .docx |
| Tipo de medio | application/vnd.oasis.opendocument.text | application/vnd.openxmlformats-officedocument.wordprocessingml.document |
| Publicado por primera vez | 2005 | 2007 |
| Publicado por | OASIS | Microsoft |
| Especificación | ISO/IEC 26300 | ECMA-376 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | PDF, RTF | PDF, RTF |
las propiedades del documento pueden pasar: ODT y DOCX tienen dónde guardarlo.
ODT y DOCX admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
LibreOffice Writer, Microsoft Word y Google Docs leen tanto ODT como DOCX, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
ODT es el formato de OASIS, publicado en 2005. Está recogido en ISO/IEC 26300, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
DOCX viene de Microsoft y es de 2007, recogido en ECMA-376. Microsoft Word, LibreOffice Writer y Google Docs lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
ODT y DOCX describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
las propiedades del documento pueden pasar: ODT y DOCX tienen dónde guardarlo.