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PDFaWebP
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
Aquí puedes convertir PDF a WebP gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Dónde se ejecuta
En tu navegador. El archivo no se sube.
Con pérdida
Se cambia algo de detalle por tamaño de archivo. WebP no puede guardar todo lo que guarda PDF.
Límite de tamaño
Hasta 100 MB por archivo, gratis y sin cuenta.
Conviene saberlo
El resultado es una imagen, así que el texto ya no se puede seleccionar ni buscar. Se convierte una página cada vez.
Casi siempre se trata de enseñar una página donde un PDF no pinta nada: en una entrada de blog, en la descripción de un producto, en un chat, en una vista previa de tu propia web. Un PDF incrustado le exige un clic al lector y carga un visor; una imagen simplemente está ahí.
WebP es justo el formato pensado para eso. A igual calidad pesa bastante menos que PNG y JPG, y cualquier navegador de los últimos años lo lee sin que nadie haga nada. Si la página va a Internet, es la opción evidente.
Frente a PNG, WebP ahorra en una página de texto normal entre una cuarta parte y la mitad; frente a JPG, a igual calidad visible, alrededor de una cuarta parte. Con mucho margen blanco la diferencia es máxima; con la página impresa de lado a lado, mínima.
Suena a poco, pero se acumula: un documento de veinte páginas como secuencia de imágenes es la diferencia entre una web que aparece de golpe y otra en la que se espera a las imágenes al bajar. Para eso compensa el cambio.
Con pérdida es lo predeterminado y sirve para casi todo. Con un nivel de calidad alto no se aprecia nada en una página de texto, y el archivo pesa una fracción de lo que pesaría sin pérdida.
Sin pérdida compensa en dibujos de línea, diagramas y tablas de trazo fino, donde con niveles bajos los bordes pueden vibrar. Y compensa si la imagen se va a seguir trabajando después, porque cada ronda adicional se come lo que queda.
Un PDF no tiene resolución: tiene tamaño de página. Solo al convertir se fija de cuántos puntos se compone la página, y esa única decisión determina si las notas al pie se leerán luego.
Para enseñarla en una web basta el nivel medio. Quien ofrezca ampliar la página o muestre una con letra pequeña, que coja el alto: una página calculada demasiado pequeña no se puede volver a afilar después; una demasiado grande solo hay que reducirla.
Cada página se convierte en una imagen propia. En un documento de varias páginas obtienes otros tantos archivos, numerados en el orden del documento, y puedes quedarte con el que te interesa.
Si solo hablamos de una página concreta, elegirla antes es más corto que descartar después, sobre todo en un documento de treinta páginas de las que te importa una.
Lo que en el PDF era texto seleccionable y buscable, en el WebP es una disposición de puntos. Ya no se copia, la búsqueda del navegador no encuentra nada y un lector de pantalla no lee nada.
Para una vista previa da igual, y hasta suele ser lo que se busca. Pero si la página lleva información que alguien debe poder encontrar, al lado va un texto alternativo o un enlace al PDF original. La imagen no sustituye al documento: solo lo enseña.
En el navegador, prácticamente en ningún sitio ya: eso está resuelto desde hace años. Fuera de él la cosa cambia: visores de imágenes antiguos, algún programa de edición y ciertas aplicaciones que procesan adjuntos no se aclaran con él.
De ahí una regla sencilla. Si la imagen va a Internet, WebP. Si va a alguien de quien no sabes con qué la abrirá, PNG o JPG: la ventaja de tamaño no compensa el enredo.
Un PDF que solo se abre con contraseña aquí también se abre solo con contraseña. Se te pide, y se usa exclusivamente para desbloquearlo en memoria: no va a ninguna parte y no se guarda.
Hay documentos que sí se abren pero prohíben extraer contenido. Esa restricción va dirigida al visor, no al archivo, y no la sorteamos: si un documento no es tuyo, eso se resuelve con quien lo envió y no con una herramienta.
La conversión ocurre íntegramente en el navegador. Tu archivo no se sube, no se almacena de forma intermedia y no se abre en ningún servidor: se queda en tu equipo de principio a fin.
Con un PDF eso rara vez es un detalle menor. Contratos, liquidaciones, informes médicos, títulos: esos son los documentos que existen en PDF, y ninguno debería estar en casa ajena por una vista previa.
| WebP | ||
|---|---|---|
| Nombre completo | Portable Document Format | Imagen WebP |
| Extensión de archivo | .webp | |
| Tipo de medio | application/pdf | image/webp |
| Compresión | Ambas, según el ajuste | Ambas, según el ajuste |
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin tope de cuántos archivos conviertes: se ejecuta en tu propio equipo y por eso no nos cuesta nada. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB.
PDF y WebP describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El resultado es una imagen, así que el texto ya no se puede seleccionar ni buscar. Se convierte una página cada vez.
Para la conversión no: ocurre en el navegador que ya tienes abierto. Para abrir el resultado necesitas después el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente WebP Image.
Lo que esta página afirma sobre PDF y WebP se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.