Cookies de estadística y publicidad
Usamos cookies de estadística y de publicidad, y ambas van a Google. Si rechazas, para ti no cambia nada visible.Ir a la página de privacidad
Aquí puedes convertir XLSX a ODS gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
XLSX a ODS
La mayor parte de este sitio convierte dentro de tu navegador y lo dice. Ésta no. Traducir un libro de Excel a OpenDocument requiere un programa de hoja de cálculo de verdad, así que el archivo viaja por una conexión cifrada hasta un contenedor que ejecuta LibreOffice en modo headless y nada más. Es una de las 89 conversiones del sitio que funcionan así, frente a las 439 que no salen del equipo.
Decirlo claro es parte del trato. Una página que promete que nada se sube y luego sube el archivo es exactamente el tipo de sitio del que este proyecto intenta distinguirse. Si el libro contiene nóminas, datos de clientes o un padrón, la decisión de subirlo o no es tuya y hay que tomarla con la información delante, no después.
El archivo se escribe en un directorio temporal recién creado para ese trabajo, y se guarda con el nombre `input.xlsx`: el nombre que tú le habías puesto no llega a tocar el disco, lo cual importa más de lo que parece cuando un libro se llama `nominas_marzo_definitivo.xlsx`. LibreOffice convierte dentro de ese directorio y el directorio entero se borra al terminar, en un bloque que se ejecuta también cuando la conversión falla.
El contenedor no tiene salida a internet, así que ni el libro ni nada derivado de él puede irse a ningún otro sitio desde ahí. El resultado vuelve marcado como no almacenable en caché. En el despliegue no hay ni base de datos, ni almacén de objetos, ni nada donde pudiera quedarse una copia: las únicas piezas conectadas son el contenedor y el contador de cuota.
El tope de esta página es de 25 MB por archivo. Es la mitad de la mitad de los 100 MB que aceptan las conversiones que corren en tu navegador, y la razón es sencilla: una conversión local no nos cuesta nada y ésta ocupa una máquina que pagamos nosotros.
Un libro llega a los 25 MB por imágenes incrustadas y por hojas muy grandes, casi nunca por tener muchas fórmulas. Merece la pena mirar el peso antes de soltarlo, porque la zona de arrastre de este sitio aplica el límite de 100 MB a todo lo que se le suelte sin distinguir el tipo de conversión: un libro de 60 MB parecerá aceptado en la interfaz y lo rechazará después el servidor. Si el tuyo pesa así, quítale las imágenes o pártelo por hojas antes de intentarlo.
La cuota de las conversiones de servidor es de cien por visitante y día, y la ventana es el día UTC: se reinicia a medianoche de Greenwich, no a la tuya. Hay además un límite de ráfaga de cinco peticiones cada sesenta segundos, que es lo que impide que una carpeta soltada de golpe atropelle al resto.
Ese contador no guarda quién eres. El registro que se escribe tiene dos campos, el día y el número usado, sin dirección IP, sin nombre de archivo y sin agente de usuario; la clave con la que se busca es un resumen criptográfico salado de la IP que rota cada día, y el propio registro se borra solo unas veinticuatro horas después del último uso. Las conversiones que corren en el navegador no pasan por este contador en absoluto, porque no gastan nada nuestro.
Cada proceso que se lanza en el servidor se mata a los sesenta segundos y la petición devuelve un error de tiempo agotado. Es un límite por proceso y no por trabajo entero, matiz que importa en las conversiones que encadenan varios pasos, aunque una hoja de cálculo normalmente sea uno solo.
En la práctica un libro de tamaño razonable se convierte en bastante menos que eso. Si el tuyo agota el minuto, la causa casi siempre es el volumen —decenas de miles de filas con muchísimas fórmulas, o un montón de imágenes— y la salida es abrir el archivo en LibreOffice Calc en tu propio equipo y guardarlo como ODS desde ahí, que hace exactamente el mismo trabajo sin reloj encima.
El contenedor instala un conjunto concreto de fuentes: Liberation, Liberation 2, Carlito, Caladea, DejaVu Core, Noto Core y Noto CJK. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria, lo que significa que ocupan exactamente el mismo espacio que las originales.
De ahí sale la única afirmación honesta sobre el aspecto del resultado: se puede confiar en que la maquetación se mantenga si el libro usa Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri, Cambria o fuentes incrustadas. Cualquier otra se sustituye en silencio y el texto refluye, lo que en una hoja de cálculo se nota en columnas que ya no cuadran y en celdas donde el texto deja de caber. Si el libro está maquetado con una tipografía corporativa, ábrelo después y mira los anchos antes de mandarlo a nadie.
Hay dos motivos y son distintos. El primero es práctico: quien trabaja todo el día en LibreOffice Calc prefiere tener un archivo nativo antes que uno que el programa traduce cada vez que se abre y cada vez que se guarda, porque cada una de esas traducciones es otra ocasión para que algo se mueva.
El segundo es normativo. OpenDocument está publicado como ISO/IEC 26300 y lo mantiene OASIS, y el marco de interoperabilidad de la Administración española lo incluye entre los formatos admitidos para documentos que deben seguir siendo legibles al margen del calendario comercial de un fabricante. Cuando un formulario de una sede electrónica pide un `.ods`, ningún argumento sobre lo abierto que sea la alternativa cambia lo que ese formulario acepta. Y hay un tercer motivo que no es ninguno de los dos y es el más frecuente: alguien mandó un libro a una persona que no tiene Excel.
Aquí conviene ser exacto sobre quién hace qué. Nuestro código recibe el archivo, lo coloca en un directorio limpio, llama a LibreOffice y devuelve lo que LibreOffice escribe. La traducción entre los dos formatos —cómo se reexpresan las fórmulas, qué ocurre con lo que sólo existe en uno de los dos— la hace el programa, y este sitio no la inspecciona ni la comprueba después.
Por eso esta página no te va a prometer qué sobrevive y qué no. Lo que sí se puede decir es qué hacer con el resultado: ábrelo en Calc, mira si aparecen valores de error, que destacan a la vista en una hoja de números, y comprueba a mano dos o tres totales contra el original. Cinco minutos de revisión valen más que cualquier lista de garantías que nadie ha medido.
El caso de volumen es siempre una migración: un departamento que se pasa a LibreOffice, un archivo que se estandariza, una entrega de modelos. Se puede soltar la carpeta entera, hasta cien archivos por tanda, y cada libro se convierte por turno y vuelve dentro de un ZIP. Recuerda que la cuota diaria de servidor son cien conversiones, así que una migración grande son varios días o una herramienta de escritorio.
Revisa la salida por riesgo y no por orden alfabético. Abre el libro con más fórmulas, el que tiene una tabla dinámica y aquel en el que alguien hizo un gráfico, porque ahí es donde una conversión falla de verdad. Un truco rápido para ordenarlos es el peso: el libro pequeño con dos mil fórmulas es un modelo y hay que mirarlo; el de doce megas sin ninguna es un volcado de datos que se convertirá perfectamente.
Si lo que quieres son los datos —para importarlos, para cargarlos en un script, para dárselos a un sistema que espera una tabla—, convertir a otra hoja de cálculo es arrastrar una maquinaria que vas a tirar acto seguido. Un CSV de la hoja que te interesa es más pequeño, no tiene ambigüedad y lo lee todo.
Además, esa ruta ni siquiera sale de tu equipo: pasar un XLSX a CSV en este sitio ocurre dentro del navegador, porque para eso hace falta un lector y no un motor de cálculo. Elige ODS cuando alguien vaya a seguir trabajando dentro del archivo, recalculándolo y ampliándolo. Es mejor guía que cualquier comparación de las prestaciones de los dos formatos, y encima decide de paso si el archivo se sube o no.
| XLSX | ODS | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Libro de Excel | OpenDocument Spreadsheet |
| Extensión de archivo | .xlsx | .ods |
| Tipo de medio | application/vnd.openxmlformats-officedocument.spreadsheetml.sheet | application/vnd.oasis.opendocument.spreadsheet |
| Publicado por primera vez | 2007 | 2005 |
| Publicado por | Microsoft | OASIS |
| Especificación | ECMA-376 | ISO/IEC 26300 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | CSV, Parquet | CSV |
XLSX y ODS admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
Microsoft Excel, LibreOffice Calc y Google Sheets leen tanto XLSX como ODS, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
XLSX es el formato de Microsoft, publicado en 2007. Está recogido en ECMA-376, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
ODS viene de OASIS y es de 2005, recogido en ISO/IEC 26300. LibreOffice Calc, Microsoft Excel y Google Sheets lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
XLSX y ODS describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo ODS terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente OpenDocument Spreadsheet.