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Aquí puedes convertir ODS a XLSX gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
ODS a XLSX
Un ODS es una hoja de cálculo completa, con una norma publicada detrás, y no tiene nada de malo. Lo que la rechaza está siempre aguas abajo: la gestoría cuyo programa importa libros de Excel, la plantilla de presupuesto de una convocatoria de subvenciones, la pantalla de importación de un ERP cuyo selector de archivos enumera una sola extensión, el cliente que nunca ha instalado nada distinto de Office.
Ninguno de ellos va a cambiar por un archivo, y la discusión no compensa cuando el arreglo dura unos segundos. Hay además un coste silencioso en enviar un formato que la otra parte no conoce: mucha gente no dirá nada. Archivará el adjunto, no conseguirá abrirlo y la entrega no se procesará nunca, y eso se descubre cuando el plazo ya ha pasado.
Calc guarda directamente en xlsx y es exactamente el mismo programa que se ejecuta aquí, así que cuando lo tienes abierto la ruta rápida es «Guardar como». Decirlo le cuesta una conversión a esta página y es sencillamente cierto.
Las veces en que no es la ruta rápida son concretas y frecuentes: el equipo está bloqueado y no puedes instalar nada, el archivo te ha llegado al móvil, estás en el portátil de otra persona, o hay cuarenta hojas y abrir cada una, esperar, elegir formato y descartar el diálogo que pregunta si de verdad quieres otro formato es literalmente una tarde. Para eso está esta página.
La conversión no reescribe la hoja con una biblioteca propia. Se lanza LibreOffice sin interfaz, con su filtro de exportación a xlsx, y se recoge lo que produce. Por eso el resultado es el mismo archivo que habrías obtenido con «Guardar como» en tu propio equipo: mismo programa, mismo filtro, misma versión.
Esa frase es a la vez la garantía y su límite. Todo lo que Calc hace bien al exportar, lo hace igual de bien aquí; todo lo que Calc traduce a medias, se traduce a medias aquí. Lo que esta página no puede hacer es prometerte una fidelidad que el programa no promete, y en las secciones siguientes se separa lo que está comprobado de lo que hay que mirar.
La ficha de esta conversión no dice «sin pérdida», y es deliberado. El aviso del registro para los pares de ofimática lo resume así: el formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no. Son tres cosas distintas y las tres se pierden por motivos distintos.
Las macros porque LibreOffice Basic y el lenguaje de macros de Excel se dirigen a modelos de objetos que no se corresponden. Los objetos incrustados porque dependen de que la otra máquina tenga el mismo programa asociado. Y el historial porque es información sobre cómo llegó el documento hasta aquí, no información dentro de él. Si tu hoja lleva automatización, cuenta con rehacerla al otro lado, y plantéate si de verdad hace falta: una macro que rellenaba una plantilla para ti no le sirve de nada a quien solo va a leer el resultado.
El contenedor que hace la conversión tiene instalado un conjunto acotado de fuentes: las familias Liberation, Carlito, Caladea, DejaVu y los paquetes básicos de Noto. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria, y las Liberation lo son de Arial, Times New Roman y Courier New.
De ahí sale una regla que se puede sostener: si tu hoja usa Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri o Cambria, o lleva las fuentes incrustadas, la maquetación se mantiene. Cualquier otra cosa se sustituye en silencio y el texto se recoloca. Eso importa más de lo que parece en una plantilla corporativa con una tipografía de pago: las columnas se ensanchan, un encabezado pasa a dos líneas y la hoja que enviaste no es la que se ve al abrirla.
Un número se guarda como número en los dos formatos, así que los valores no cambian. Lo que cambia es la presentación: el símbolo de moneda, el separador de miles y el separador decimal los resuelve la configuración de la máquina que abre el archivo, no la tuya.
Ahí está el error caro de verdad. Una cifra escrita como 1.500 significa mil quinientos en España y en buena parte de América, y una hoja abierta con la configuración contraria puede leer uno coma cinco. Nada en el archivo está mal y nada avisa a nadie. Si la hoja cruza una frontera, etiqueta las columnas de importe en su cabecera y no confíes en el símbolo, y comprueba un total contra el archivo de origen antes de darlo por enviado.
El mismo mecanismo alcanza a las fechas, y con peores consecuencias porque el resultado sigue siendo una fecha válida. Un 03/04 escrito aquí es el tres de abril y leído con otra configuración es el cuatro de marzo, y ninguna hoja de cálculo del mundo va a marcarlo como sospechoso.
La defensa es más antigua que los dos formatos y sigue funcionando: escribe las fechas en un formato que solo se lea de una manera, con el año delante y el mes en cuatro cifras si hace falta, o añade una columna de texto con la fecha escrita en letra para las filas que decidan algo. Un plazo de justificación mal leído cuesta bastante más que una columna de más.
Muchas páginas de conversión aseguran que las fórmulas llegan vivas y siguen recalculando. Puede que en tu hoja ocurra exactamente eso. Lo que este sitio no tiene es ninguna comprobación automática que lo fije, así que no lo vamos a publicar como si la tuviéramos.
Lo que sí puedes hacer es mirar. Abre el archivo convertido y busca celdas con error antes de enviarlo: un error visible es el buen desenlace, porque un valor distinto y verosímil no lo detecta nadie. Y si la otra parte solo necesita las cifras y no el modelo, pega esa columna como valores; una hoja de resultados no puede romperse en la máquina de nadie, y para justificar un presupuesto suele ser lo que hace falta.
A un servidor, no a tu navegador. Reescribir una hoja de cálculo entre dos formatos de ofimática requiere un programa de ofimática, y no existe una biblioteca de tamaño razonable que lo haga bien dentro de una pestaña. El archivo viaja por una conexión cifrada hasta un contenedor que ejecuta LibreOffice sin interfaz, y ese contenedor está configurado sin salida a internet.
Cada trabajo recibe un directorio propio y un perfil de LibreOffice propio, y ese directorio se borra al terminar sea cual sea el desenlace, incluidos los fallos. El archivo se guarda además con un nombre neutro, de modo que el nombre que tú le pusiste no llega a escribirse en disco, y el resultado se devuelve con la cabecera que impide que se guarde en cachés intermedias. Cualquier proceso que pase de sesenta segundos se corta.
El plan gratuito acepta 25 MB por archivo en las conversiones que pasan por el servidor, y hasta cien de ellas por visitante y día, contadas por día UTC. Las conversiones que ocurren en tu navegador no gastan ese cupo, porque no nos cuestan nada.
Hay un detalle incómodo que preferimos decir: la zona donde sueltas el archivo aplica el techo de las conversiones locales, que es de 100 MB, sin distinguir si el par va al servidor. Así que una hoja de 40 MB parece aceptada en la interfaz y la rechaza después la API. Si eso te ocurre, no es un fallo de tu archivo; es este límite. Divide el libro o elimina las imágenes incrustadas, que son casi siempre lo que engorda una hoja de cálculo.
Si quien lo recibe va a leer las cifras y no a trabajar con ellas, un PDF elimina de golpe todas las preguntas de esta página: no hay configuración regional, ni errores de fórmula, ni diferencias de versión, ni posibilidad de que alguien cambie un número y te lo cite después.
Si quien lo recibe es un sistema y no una persona, lo que su rutina de importación quiere de verdad suele ser un CSV de la hoja relevante, diga lo que diga el formulario sobre Excel. Manda un XLSX cuando alguien vaya a abrirlo y a usarlo como hoja de cálculo; ese es el caso que esta conversión resuelve bien. Y si el destino admite las dos cosas, mandar el libro y un PDF del mismo contenido resuelve de una vez las dos preguntas que la otra parte iba a hacerte por correo.
| ODS | XLSX | |
|---|---|---|
| Nombre completo | OpenDocument Spreadsheet | Libro de Excel |
| Extensión de archivo | .ods | .xlsx |
| Tipo de medio | application/vnd.oasis.opendocument.spreadsheet | application/vnd.openxmlformats-officedocument.spreadsheetml.sheet |
| Publicado por primera vez | 2005 | 2007 |
| Publicado por | OASIS | Microsoft |
| Especificación | ISO/IEC 26300 | ECMA-376 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | CSV | CSV, Parquet |
ODS y XLSX admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
LibreOffice Calc, Microsoft Excel y Google Sheets leen tanto ODS como XLSX, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
ODS es el formato de OASIS, publicado en 2005. Está recogido en ISO/IEC 26300, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
XLSX viene de Microsoft y es de 2007, recogido en ECMA-376. Microsoft Excel, LibreOffice Calc y Google Sheets lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
ODS y XLSX describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo XLSX terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Excel Workbook.