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Aquí puedes convertir HEIF a JPG gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
HEIF a JPG
No le pasa nada al HEIF. Es la norma ISO/IEC 23008-12, publicada en 2015, y guarda una fotografía mejor que nada de lo anterior. El problema es la imagen de dentro, comprimida con HEVC, cuya descodificación está cubierta por consorcios de patentes en los que muchos fabricantes decidieron no entrar. De ahí que Windows te mande a la tienda a por un códec y que editores con unos años se nieguen a abrirlo.
Por eso la búsqueda que aterriza aquí casi nunca es «qué formato es mejor». Es un formulario de una sede electrónica que admite JPG y PDF, una gestoría que no ve el justificante, la aplicación de un seguro que rechaza la foto del parte, un correo donde el adjunto sale como un recuadro gris. La decisión de formato la tomó otra persona hace años; lo que queda es cumplirla sin estropear la fotografía más de lo necesario.
JPEG es la recomendación ITU-T T.81, normalizada en 1992, y su alcance no lo tiene ningún otro formato de imagen: cualquier teléfono, cualquier cámara, cualquier gestor de contenidos, cualquier controlador de impresora y cualquier copia de diez años de cualquier programa lo lee. Ese alcance es todo lo que estás comprando y es exactamente lo que necesitabas.
El precio son todas las cosas que JPEG nunca aprendió: ocho bits por canal, ningún canal alfa, ninguna animación, ninguna segunda imagen dentro del archivo. No son defectos que haya que sortear, son la forma de un formato diseñado antes de que nada de eso fuera normal, y son precisamente el motivo de que siga siendo universal.
El control de calidad va de 1 a 100 y arranca en 82. Es el mismo número para los cuatro codificadores con pérdida del sitio, elegido porque aguanta una mirada de cerca sobre una fotografía sin gastar bytes que nadie va a ver. Por debajo de 70 los artefactos empiezan a asomar en cielos y en piel; por encima de 90 el archivo crece deprisa y la imagen no mejora.
Lo que conviene tener claro es que esta es la segunda compresión y no la primera. El HEIF ya descartó información cuando la cámara lo escribió, y el JPG descarta otro tanto de lo que quedaba. Una sola pasada es invisible. Lo que no lo es, es repetirla: convertir, editar, volver a guardar, volver a convertir. Guarda el HEIF como original y trata el JPG como una copia que siempre puedes rehacer.
El descodificador de HEIF de esta página entrega la imagen en un búfer de ocho bits por canal, así que un HEIF grabado con más profundidad llega al codificador ya reducido a esa cifra. JPEG tampoco tiene dónde poner más, de modo que el límite se encuentra dos veces por el camino.
En una fotografía corriente no vas a verlo. Donde asoma es en superficies amplias y suaves —un cielo despejado, un fondo de estudio, un degradado detrás de un sujeto—, que pueden ganar un bandeado tenue que no tenían. No hay ningún ajuste que lo evite, porque no es una decisión del codificador sino la anchura del carril por el que va pasando la imagen.
La conversión descodifica a píxeles y vuelve a codificar desde ahí, y en ese camino no viaja ningún perfil ICC. El archivo que sale lleva valores de píxel y nada que le diga a un visor cómo interpretarlos, así que se leerán como sRGB corriente.
Para la inmensa mayoría de los usos eso es justo lo que querías, porque sRGB es lo que suponen un navegador, un documento de oficina y una impresora normal. El caso en que importa es una toma deliberadamente saturada: rojos y verdes intensos pueden aterrizar algo más apagados de lo que se veían en el teléfono. Si el color exacto es el objetivo, ese es un argumento para conservar el original y entregárselo a quien pueda leerlo.
JPEG puede transportar EXIF, XMP, IPTC, un perfil de color y coordenadas GPS: es uno de los contenedores de metadatos más ricos que hay en uso. El archivo que sale de aquí no lleva nada de eso, y no porque se haya filtrado: la conversión descodifica la imagen a píxeles crudos y codifica desde ellos, y un bloque EXIF no puede cruzar ese hueco.
Tómalo como el valor por defecto útil que es. Una foto de teléfono suele venir marcada con la latitud y la longitud del sitio donde se hizo, que muy a menudo es el domicilio de alguien, y publicarla en un tablón de anuncios o en un portal de segunda mano publica también eso. Si necesitabas la fecha de captura, léela del HEIF antes de convertir, porque en el JPG no está.
HEIF admite un canal alfa y JPEG no, así que lo transparente tiene que convertirse en algo. Se convierte en el color de fondo que hay sobre la zona de arrastre, que arranca en blanco. Si escribes ahí un valor que no sea un código de color válido, se usa blanco en lugar de fallar.
En la práctica esto casi nunca aparece, porque lo que la gente tiene en un .heif es una fotografía, y las fotografías son rectangulares y opacas. Si lo que conviertes es una imagen con un recorte de verdad —un producto sobre fondo transparente, un gráfico exportado—, el destino sensato es PNG, que conserva el recorte en lugar de pedirte que lo resuelvas con un color.
El contenedor es un contenedor, y tiene permiso para guardar una ráfaga, un conjunto de alternativas o una secuencia. El descodificador de esta página coge la imagen primaria —la que te enseña el teléfono al abrir el archivo— y ahí se detiene.
Es deliberado. Convertir todas las imágenes del contenedor convertiría un archivo soltado en una sorpresa de ocho, y la foto que querías es la que estabas viendo. Si de verdad necesitas el resto, eso es trabajo de un programa que sepa recorrer el contenedor, no de un conversor que promete un archivo de entrada y uno de salida.
No hay una página de JPG a HEIF en este sitio y no la va a haber. Leer HEIF lo hace libheif, con una licencia que un sitio estático puede cumplir honestamente si la nombra, publica su texto y la mantiene en su propio módulo reemplazable. Escribir exigiría un codificador HEVC, y el que usa todo el mundo tiene una licencia cuyas condiciones un sitio como este no puede satisfacer.
Así que es una función que falta por un motivo y no por descuido, y eso cambia qué deberías hacer con tus archivos: conserva los HEIF originales. Un JPG hecho a partir de ellos es una copia que siempre puedes volver a generar, y el viaje de vuelta aquí no existe a ningún precio.
Las dos extensiones nombran la misma especificación y la diferencia está anotada a ocho bytes del principio del archivo. Todos los de esta familia empiezan por una caja de tipo —su longitud en los cuatro primeros bytes, las letras ftyp en los cuatro siguientes— y después una marca: mif1 o msf1 para la forma genérica que se lleva la extensión .heif, y heic o sus variantes para la de sabor Apple.
Esto importa porque renombrar no arregla nada y tampoco hace falta. Cambiar .heif por .heic no consigue que un programa terco abra el archivo, y aquí las dos extensiones funcionan igual porque lo que se lee es la marca y no el nombre. Si tienes una carpeta con extensiones mezcladas de dispositivos distintos, conviértela entera de una pasada.
Muchos formularios no rechazan el formato sino el peso, y para eso está el campo de ancho máximo, que actúa sobre la anchura y deja que la altura siga la proporción. Una foto de 4.032 píxeles reducida a 1.600 pesa una fracción y sigue siendo más grande que cualquier cosa que ese formulario vaya a mostrar.
Merece la pena hacerlo en este paso y no después. Reducir y codificar ocurren en la misma pasada, así que el JPG se comprime ya al tamaño final en vez de comprimirse grande y volver a comprimirse pequeño en otro programa, que es la secuencia que sí deja marcas visibles.
El fallo que todo este ejercicio pretende evitar es descubrir a última hora que el archivo sigue sin ser aceptado. Así que prueba el destino real antes de borrar nada: sube un JPG al portal, adjunta uno al correo, ábrelo en el equipo que no podía leer el HEIF.
JPEG es la apuesta más segura disponible, pero un pliego también puede exigir un tamaño máximo, una resolución mínima o una proporción concreta, y ninguna de esas cosas es una cuestión de formato. Convertir un archivo primero y pasarlo por todo el proceso cuesta dos minutos y te dice cuál de los ajustes hay que cambiar para los treinta y nueve restantes.
El descodificador y el codificador corren los dos dentro de la página, sobre tu propio procesador. No hay subida, ni cola, ni cuenta, ni copia en un servidor que caduque, y por eso mismo funciona en un ordenador cuyo sistema operativo no sabe mostrar el HEIF: nadie le está preguntando al sistema operativo.
La capa gratuita admite archivos de hasta 100 MB y cien por tanda, con una fila de progreso por archivo, y en cuanto terminan dos aparece un botón para llevarse todo en un ZIP. Esa es la diferencia entre convertir cuarenta fotos de un viaje y pulsar cuarenta botones de descarga.
| HEIF | JPG | |
|---|---|---|
| Nombre completo | High Efficiency Image File Format | Imagen JPEG |
| Extensión de archivo | .heif | .jpg, .jpeg, .jpe |
| Tipo de medio | image/heif | image/jpeg |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 2015 | 1992 |
| Publicado por | MPEG | Joint Photographic Experts Group |
| Especificación | ISO/IEC 23008-12 | ITU-T T.81 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | 10 | 8 |
| Color que puede describir | YCbCr, gama amplia | RGB, escala de grises, YCbCr |
| Imagen más grande | — | 65.535 px por lado |
| Se abre en el navegador | Algunos navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | AVIF | WebP, AVIF, HEIC |
JPG no tiene canal alfa. Un archivo HEIF con transparencia sale con esas zonas rellenas —blancas si no indicas otra cosa— y ningún ajuste de JPG devuelve la transparencia.
JPG guarda una sola imagen fija. De un archivo HEIF animado queda el primer fotograma y se pierde el resto: la conversión sirve para extraer una imagen, no para llevarse el movimiento.
JPG contiene una página. Un archivo HEIF de varias páginas se convierte página por página, no en un único archivo.
HEIF guarda hasta 10 bits por canal y JPG 8. Esa precisión de más es lo que aguanta correcciones fuertes sin bandas, así que conviene convertir después de editar y no antes.
JPG se abre en cualquier navegador actual. HEIF llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
HEIF y JPG son formatos con pérdida, así que esto comprime una segunda vez sobre la primera. Si conservas el original, parte de él: cada vuelta cuesta un poco más que la anterior.
HEIF es el formato de MPEG, publicado en 2015. Registra 10 bits por canal.
JPG viene de Joint Photographic Experts Group y es de 1992, recogido en ITU-T T.81. Adobe Photoshop, GIMP y Preview lo leen.
JPG se publicó en 1992 y HEIF en 2015. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es libheif, el descodificador de referencia del HEIC de Apple; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. libheif se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
JPG comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El formato de destino no admite transparencia, así que las zonas transparentes se rellenan con el color de fondo.
JPG no tiene canal alfa. Un archivo HEIF con transparencia sale con esas zonas rellenas —blancas si no indicas otra cosa— y ningún ajuste de JPG devuelve la transparencia.
JPG guarda una sola imagen fija. De un archivo HEIF animado queda el primer fotograma y se pierde el resto: la conversión sirve para extraer una imagen, no para llevarse el movimiento.
JPG contiene una página. Un archivo HEIF de varias páginas se convierte página por página, no en un único archivo.
Lo que esta página afirma sobre HEIF y JPG se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.