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Aquí puedes convertir ODP a PPTX gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
ODP a PPTX
Esto no es una decisión de archivo. En algún sitio hay un portátil conectado a un proyector, con la versión de Office que instalaron allí y las tipografías que venían con ella, y lo vas a conocer unos cuatro minutos antes de hablar. Todo lo que hay en esta página sale de ahí.
El valor de convertir con antelación es que traslada el paso arriesgado a un momento en el que todavía puedes hacer algo. Una presentación traducida aquí se puede abrir esta noche, pasar entera y arreglar. La misma traducción hecha por un programa desconocido en un ordenador desconocido, delante de una sala, no te ofrece esa posibilidad. Por eso lo que sigue es más una lista de comprobaciones que una comparación de formatos.
Las versiones recientes de Office leen presentaciones de OpenDocument, así que en principio podrías entregar el .odp y confiar. A veces funciona perfectamente, y si la sala es amable y el portátil es tuyo, es una opción razonable.
Deja de serlo en cuanto alguna parte de la cadena no está en tus manos. Los formularios de subida validan extensiones. El técnico de audiovisuales copia los archivos una hora antes y no va a depurar una importación. Las instalaciones corporativas y las de muchas administraciones desactivan compatibilidades que das por hechas. Y hay un factor humano: a un técnico que ve una extensión que no reconoce, diez minutos antes de una sesión, le sale decir que no, y hace bien. Un .pptx no abre esa conversación.
Aquí sí hay una respuesta concreta, y es la parte de esta página que conviene leer despacio. El contenedor que hace la conversión lleva instaladas Liberation y Liberation 2, Carlito, Caladea, DejaVu Core, Noto Core y Noto CJK. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria, lo que significa que ocupan exactamente lo mismo carácter a carácter.
De ahí se deduce el límite exacto de lo que se puede afirmar: que la maquetación se conserva es defendible para presentaciones hechas con Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri, Cambria o con tipografías incrustadas en el archivo, y no lo es para nada más. Cualquier otra familia se sustituye en silencio y el texto se recompone, que en una diapositiva no es un detalle: un título que ocupaba una línea pasa a ocupar dos y se mete encima de lo que hubiera debajo.
Notas del ponente, transiciones, animaciones encadenadas, vídeo y sonido incrustados: lo que un filtro de conversión hace con cada una de esas cosas no es algo que este sitio pueda afirmar por ti, y prometerlo sería exactamente el tipo de frase que esta página existe para no escribir. Lo que sí se puede decir es cómo averiguarlo en diez minutos.
Abre el archivo convertido y pásalo entero en modo presentación, no haciendo clic por las miniaturas. Mira las notas de dos o tres diapositivas y comprueba que son las actuales. Fíjate en las diapositivas con construcción por pasos, que son las que peor viajan entre dos modelos de animación distintos. Y si una animación no ha llegado, la reparación más rápida es quitarla, no reconstruirla: una diapositiva que lo enseña todo de golpe es una diapositiva sobre la que se puede hablar.
Un vídeo dentro de una presentación es la parte menos fiable de cualquier entrega, y falla por motivos que no tienen nada que ver con la conversión: el archivo tiene que estar, el ordenador de la sala tiene que saber descodificarlo y el sonido tiene que llegar a unos altavoces que alguien haya acordado encender.
Lleva los vídeos aparte en la misma memoria, sabiendo a qué diapositiva pertenece cada uno, y ten preparada una frase para la sala si uno se niega a reproducirse. Quien cuenta en diez segundos qué se veía en el vídeo y sigue adelante ha perdido diez segundos. Quien se pelea cuatro minutos con un cuadro de diálogo ha perdido la sala.
Conviene decirlo sin rodeos, porque en la mayoría de las páginas de este sitio ocurre lo contrario. Convertir entre dos formatos de presentación exige un programa de presentaciones, así que este par se ejecuta en un servidor: la presentación viaja por una conexión cifrada hasta un contenedor que ejecuta LibreOffice en modo sin interfaz y nada más.
De las 528 conversiones que este sitio tiene en marcha, 89 funcionan así y 439 no salen del navegador. Esta es una de las 89. Decirlo es la parte que la mayoría de los conversores se salta, y es también lo que permite describir con precisión qué le pasa al archivo, que es lo que viene ahora.
Cada trabajo recibe un directorio temporal recién creado y el archivo se guarda ahí con un nombre fijo, de modo que el nombre que tú le habías puesto no llega a escribirse en ningún disco. Ese directorio se borra al terminar el trabajo dentro de un bloque que se ejecuta también por todas las rutas de error, así que un fallo no deja restos.
El contenedor no tiene salida a internet, el resultado se devuelve con la cabecera que impide almacenarlo en caché, y en el despliegue no hay ni almacén de objetos ni base de datos: las únicas conexiones son el propio contenedor y el contador de cuota. Ese contador guarda un solo registro con el día y el número de conversiones usadas, sin dirección IP, sin nombre de archivo y sin agente de usuario, bajo una clave derivada con una función resumen que cambia cada día, y el registro se autodestruye unas veinticuatro horas después.
El límite gratuito en las conversiones de servidor es de 25 megabytes por archivo, no los 100 que se aplican a las que ocurren en el navegador. Una presentación llega ahí sin dificultad en cuanto lleva fotografías a resolución de cámara o un vídeo dentro.
Y hay un detalle desagradable que es mejor contar que descubrir: la zona donde sueltas el archivo aplica el límite del navegador a todo lo que se le echa, sin mirar si el par es de servidor. Es decir, una presentación de 40 MB la acepta la interfaz y la rechaza después la API con un error de tamaño. Si tu archivo pasa de 25 MB, comprime las imágenes o saca el vídeo antes, en lugar de esperar a que la barra de progreso termine en un mensaje.
Cada programa que se lanza en el servidor se detiene a los sesenta segundos. Para una presentación eso rara vez importa, porque el filtro de LibreOffice trabaja en segundos, pero es el motivo por el que un archivo enorme y muy cargado puede terminar en un mensaje de tiempo agotado en vez de en una descarga.
El cupo gratuito son cien conversiones de servidor por visitante y día, contadas por día UTC —es decir, se reinicia a medianoche en tiempo universal y no a la tuya—, más un tope de ráfaga de cinco peticiones por minuto. Convertir las nueve presentaciones de unas jornadas no roza ninguno de los dos números. Las conversiones que ocurren en el navegador no cuentan para ese cupo, porque no nos cuestan nada.
Convierte a PDF además de a PPTX y pon los dos archivos en la memoria. Un PDF se abre en cualquier máquina del edificio, incluido un móvil, no necesita suite ofimática, no recompone el texto, no sustituye una tipografía y no pregunta si quieres habilitar nada. Es el seguro más barato que existe para una charla.
No animará ni reproducirá vídeo, que es justo el trato que quieres en ese momento: una presentación que seguro se ve gana a una presentación que idealmente es interactiva. Presenta desde el PPTX sabiendo que el PDF está a una carpeta de distancia. Y pon las dos cosas y los vídeos en una única carpeta con el nombre de la charla, en un soporte que no esté cifrado con un programa que la sala no va a tener.
Si la presentación se entrega para ser leída —unas actas, un comité que reparte documentación, un compañero que se perdió la sesión—, un archivo de PowerPoint es más de lo que necesitan y les da la posibilidad de editar tu trabajo, además de arrastrar tus notas del ponente dentro del archivo que circula.
En ese caso manda un PDF y conserva el ODP como original tuyo. La conversión a PPTX es para la situación concreta de la que habla esta página: una persona de pie en una sala, moviendo tus diapositivas con un programa que no es el suyo, en un ordenador que no eligió.
| ODP | PPTX | |
|---|---|---|
| Nombre completo | OpenDocument Presentation | Presentación de PowerPoint |
| Extensión de archivo | .odp | .pptx |
| Tipo de medio | application/vnd.oasis.opendocument.presentation | application/vnd.openxmlformats-officedocument.presentationml.presentation |
| Publicado por primera vez | 2005 | 2007 |
| Publicado por | OASIS | Microsoft |
| Especificación | ISO/IEC 26300 | ECMA-376 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar |
ODP y PPTX admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
LibreOffice Impress y Microsoft PowerPoint leen tanto ODP como PPTX, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
ODP es el formato de OASIS, publicado en 2005. Está recogido en ISO/IEC 26300, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
PPTX viene de Microsoft y es de 2007, recogido en ECMA-376. Microsoft PowerPoint, LibreOffice Impress y Keynote lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
ODP y PPTX describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo PPTX terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente PowerPoint Presentation.