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Aquí puedes convertir PPT a PPTX gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
PPT a PPTX
Esta conversión es para una presentación que todavía tiene trabajo por delante, no para una que se archiva. Un temario de formación que se actualiza cada convocatoria, unas diapositivas de una asignatura que hereda otro profesor, la plantilla de un congreso, el guion de una visita guiada, unos esquemas técnicos que alguien dibujó con paciencia en 2004 y que nadie quiere volver a dibujar. El contenido vale y tiene que seguir siendo editable, lo cual descarta el PDF.
Lo que rara vez falla es el propio PowerPoint de escritorio, que suele abrir un .ppt salvo que un administrador lo haya desactivado. Falla todo lo que hay alrededor: una política de bloqueo de tipos de archivo, una pasarela de correo, un formulario de subida cuya lista de extensiones admitidas termina en .pptx, un campus virtual, o una herramienta de colaboración que sencillamente nunca implementó un formato de los años noventa. Convertir una vez pone el archivo del lado correcto de todas esas puertas a la vez.
El .ppt binario está construido como un fichero compuesto OLE: una especie de sistema de archivos en miniatura dentro de un único archivo, con flujos con nombre donde viven las diapositivas, el patrón, los objetos incrustados y, si los hay, el proyecto de macros. Todo se guarda sin comprimir y la estructura es opaca sin una biblioteca que la entienda.
El .pptx es otra cosa: un archivo ZIP que contiene XML, con una parte por diapositiva, partes para los patrones y los diseños, un tema, un grafo de relaciones y las imágenes guardadas como ficheros de imagen normales dentro de una carpeta. Se puede descomprimir y leer, y eso importa más de lo que parece: una presentación que se ha estropeado se puede inspeccionar, y a un lote entero se le puede aplicar la misma corrección con un script. Es también la razón de que el archivo suela quedar más pequeño, porque el XML se comprime muy bien.
El aviso que acompaña a todos los pares de ofimática de este sitio dice que el formato sobrevive y que las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no. Está escrito así, con ese “normalmente”, porque es lo que se puede sostener: LibreOffice lee el formato binario de PowerPoint como un filtro de primera clase y escribe PPTX igual, y entre esos dos extremos hay material que se traduce bien y material que no.
Conviene saber lo que esa frase no dice. No dice en qué se convierte exactamente un objeto incrustado, ni qué animaciones concretas se conservan, ni qué ocurre con cada efecto de la interfaz de 2003. Aquí no vas a leer una lista de garantías inventada sobre esos puntos, porque nada en el programa la establece. Lo que vas a leer es qué mirar cuando tengas el archivo delante, que es la parte útil de todos modos.
Un archivo .pptx no puede contener un proyecto de VBA. Microsoft separó las extensiones en 2007 justamente para que un programa pudiera distinguir un archivo que quizá ejecute código de otro que no puede hacerlo, y una presentación con macros tiene que guardarse como .pptm. Así que la automatización que llevara la presentación antigua se queda por el camino.
En una presentación de la época binaria eso suele ser una ganancia y no una pérdida. Las macros en presentaciones eran poco frecuentes y casi siempre resolvían un truco de navegación —un botón que saltaba a una sección, un bucle que avanzaba solo, un test que se corregía a sí mismo— y hoy se consigue lo mismo con hipervínculos y acciones sin una línea de código. Si el archivo alguna vez ha provocado un aviso de seguridad al abrirse, esta conversión es la respuesta limpia a ese aviso, y es muy probablemente el motivo por el que el servidor de correo rechazaba el adjunto.
El formato binario podía incrustar un objeto vivo de otra aplicación: una gráfica pegada desde un Excel 97, una fórmula del Editor de ecuaciones 3.0, un organigrama de la herramienta que venía con Office 2000, un dibujo de Visio, una tabla de Word. Cada uno de ellos se guardaba como un flujo que solo el programa de origen sabía editar, y varios de esos programas llevan más de una década sin existir.
Es la parte de la conversión sobre la que el aviso avisa: los objetos incrustados normalmente no sobreviven. Lo que no se puede prometer es en qué se convierte cada uno, y por eso el consejo aquí es de revisión y no de predicción. Abre la presentación convertida y haz doble clic en cada gráfica, cada esquema y cada fórmula. Lo que se abra sigue siendo editable; lo que no se abra hay que rehacerlo, y es infinitamente más barato descubrirlo hoy que la mañana de la ponencia. Empieza por las fórmulas, porque una ecuación ilegible en pantalla es de las pocas cosas que un público no perdona.
La máquina que hace la conversión instala Liberation, Liberation 2, Carlito, Caladea, DejaVu Core, Noto Core y Noto CJK. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria, y las Liberation cubren Arial, Times New Roman y Courier New con los mismos anchos de carácter que los originales. Eso significa que “el diseño se mantiene” es defendible para una presentación compuesta en Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri, Cambria o con las fuentes incrustadas en el propio archivo.
Fuera de esa lista, la fuente se sustituye sin decir nada y el texto se recoloca. Es exactamente el caso de una presentación con la tipografía corporativa de una empresa, con la fuente de la identidad visual de un ayuntamiento o de una universidad, o con algo que alguien se descargó una vez en 2009 y nadie recuerda. La sustitución no produce un error, produce una diapositiva ligeramente distinta, que es peor porque no se nota.
Un documento fluye y una diapositiva no. Cuando una tipografía sustituta es un poco más ancha, un párrafo de Word empuja al siguiente hacia abajo y el documento acaba teniendo una página más; un título de una diapositiva se sale de su cuadro, se monta sobre la imagen o se cae del borde. Las presentaciones antiguas están especialmente expuestas porque los estilos de casa de los años noventa y dos mil se apoyaban en las fuentes que venían instaladas con el programa del momento.
De ahí que la revisión más rentable sea la más tonta: mirar los títulos de todas las diapositivas, no solo de las tres primeras. Un título es el texto que más probablemente se fijó en un tamaño elegido para que cupiera justo, y por tanto el primero que se rompe. Si la presentación se va a reutilizar durante años, este es además el momento de cambiar una fuente que ya no existe por otra que seguirá existiendo la próxima vez.
A nuestro servidor, no a tu navegador. Leer un fichero binario de PowerPoint necesita un programa de ofimática de verdad, y esta página lo dice en lugar de dar a entender que todo en este sitio se ejecuta en tu equipo. El archivo viaja cifrado hasta un contenedor con LibreOffice en modo sin interfaz, y ese contenedor no tiene salida a internet.
Cada encargo recibe un directorio propio y un perfil de LibreOffice propio —dos procesos soffice compartiendo perfil lo corrompen, y el síntoma no es un error sino una conversión que no vuelve nunca—, y ese directorio se borra al terminar el trabajo, también por los caminos de error, porque el borrado está en el bloque final. Dentro se guarda con el nombre input, así que el nombre que tú le habías puesto al archivo no llega a tocar el disco. El resultado vuelve marcado para no guardarse en caché.
La capa gratuita acepta 25 MB por archivo subido y cien conversiones de servidor por visitante y día, contadas por día UTC, con un tope de ráfaga de cinco peticiones por minuto. Las conversiones que se ejecutan en el navegador no cuentan para nada de eso, porque no nos cuestan nada. No hay cuenta, ni registro, ni marca de agua.
El corte de sesenta segundos se aplica a cada proceso que se lanza, y una conversión de ofimática lanza uno. Existe porque LibreOffice, ante un archivo antiguo malformado, tiende a quedarse parado en lugar de fallar, que es justo el comportamiento que un tiempo de espera resuelve y un mensaje de error no. Hay además un desajuste que conviene conocer: la zona de soltado de esta página aplica el tope de 100 MB de las conversiones locales a todo lo que recibe, sin mirar si el par va al servidor, así que una presentación de 60 MB la acepta la interfaz y la rechaza después la API.
La revisión útil son dos vistas. Primero el clasificador de diapositivas, que las enseña todas a la vez y hace evidentes los dos fallos habituales: una diapositiva con el texto desbordado y otra donde algo incrustado ha cambiado de tamaño o de aspecto. Después la presentación entera de principio a fin, que es la única forma de comprobar lo que no se ve en una miniatura.
Y no borres el original. El .ppt es el único registro de lo que la presentación era, y ninguna conversión merece perder eso; si la presentación forma parte de una serie hecha con la misma plantilla, además, los fallos se van a repetir, así que revisar una a fondo te dice qué corregir en todas las demás. Cuando la nueva versión se haya dado delante de gente una vez sin sobresaltos, el archivo viejo ya se puede archivar tranquilo.
| PPT | PPTX | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Presentación de PowerPoint 97-2003 | Presentación de PowerPoint |
| Extensión de archivo | .ppt | .pptx |
| Tipo de medio | application/vnd.ms-powerpoint | application/vnd.openxmlformats-officedocument.presentationml.presentation |
| Publicado por primera vez | 1990 | 2007 |
| Publicado por | Microsoft | Microsoft |
| Especificación | — | ECMA-376 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Antiguo, aún se lee en todas partes | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | PDF, ODP |
PPT y PPTX admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
PPT es de 1990 y está prácticamente superado. PPTX es lo que escribe el software actual, así que convertir también es una forma de seguir pudiendo leerlo.
Microsoft PowerPoint y LibreOffice Impress leen tanto PPT como PPTX, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
PPTX viene de Microsoft y es de 2007, recogido en ECMA-376. Microsoft PowerPoint, LibreOffice Impress y Keynote lo leen.
PPT se publicó en 1990 y PPTX en 2007. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
PPT y PPTX describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo PPTX terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente PowerPoint Presentation.