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Aquí puedes convertir OGG a WAV gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
OGG a WAV
Ogg es un contenedor, no un códec, y esa distinción decide casi todo lo que sigue. El registro de este sitio le atribuye tres códecs posibles: Vorbis, que es lo que hay en la inmensa mayoría de los archivos antiguos; Opus, que aparece en exportaciones recientes y en grabaciones hechas por un navegador; y FLAC, poco frecuente pero real en material de archivo.
Si dentro hay Vorbis u Opus, el WAV que salga será un envase mucho mayor para un audio al que ya se le quitó detalle, y no puede ser otra cosa. Si dentro hay FLAC, lo que llega al WAV es lo que el codificador recibió. El panel de información de códec de VLC te lo dice en dos clics, y merece la pena gastarlos antes de decidir cuánto te importa el resto de esta página.
El audio comprimido hay que descodificarlo antes de sonar, y en un juego esa descodificación ocurre dentro del presupuesto de un fotograma. Por eso los efectos cortos se cargan casi siempre como muestras crudas, sea cual sea el formato que viajó en el disco, y por eso una herramienta de autoría prefiere que se le entregue ya el PCM.
Los muestreadores de hardware y las cajas de ritmos van más lejos: no llevan descodificador alguno. Leen muestras de una tarjeta, y un .ogg no es que lo rechacen, es que no existe para ellos. Con buena parte del instrumental de análisis y de proceso de señal pasa lo mismo. En todos esos casos el WAV no es una mejora de calidad, es la única forma en la que el sonido puede llegar.
El destino WAV de este conversor está fijado a PCM de 16 bits con signo. No es una preferencia editorial ni un ajuste por defecto que puedas mover: es el códec que la tabla de destinos declara para WAV, y es lo que sale siempre.
De ahí se deriva algo que conviene saber antes de buscarlo: en este par no hay control de calidad. Las tres bandas que aparecen al convertir a MP3, AAC u Opus no se ofrecen aquí, porque un formato que guarda las muestras tal cual no tiene nada que negociar. Lo único que hay que elegir es el archivo.
Es la advertencia que el propio registro pone sobre este par y merece repetirse sin adornos: el archivo se vuelve mucho más grande sin volverse mejor. Lo que la compresión original descartó no está en ninguna parte desde donde recuperarlo, y un formato sin pérdida sólo puede conservar lo que le llega.
Eso no invalida la conversión, la sitúa. Se convierte para poder abrir, editar, analizar o cargar el sonido en algo que sólo entiende muestras. No se convierte para «restaurar» nada, y cualquier herramienta que insinúe lo contrario está vendiendo una operación que no existe.
Dieciséis bits, dos canales y 44.100 muestras por segundo son 176.400 bytes cada segundo, es decir unos 10,6 MB por minuto; en mono, la mitad. Un efecto de dos segundos que ocupaba 30 KB como Vorbis ronda los 350 KB como WAV estéreo, que individualmente no es nada.
Multiplicado por una carpeta de dos mil efectos deja de ser nada: es la diferencia entre un directorio de 60 MB y uno cercano a 700 MB, que es exactamente por lo que el juego se distribuyó comprimido. La pauta sensata es convertir lo que estás tocando, no lo que posees, y devolverlo al formato que espera el motor cuando termines.
Una música de fondo o una ambientación que se repite suele llevar marcas de bucle, y en un Ogg viven como comentarios Vorbis corrientes: LOOPSTART y LOOPLENGTH son el par habitual, aunque hay motores que usaron LOOP_START, LOOPEND y media docena de nombres más. Son claves de texto que guardan desplazamientos en muestras.
Un WAV no guarda los bucles ahí, sino en una estructura binaria propia con su propia lista. No des por hecho que la travesía se hace sola: abre el Ogg con un editor de etiquetas, o pásale `vorbiscomment -l`, apunta los números y comprueba el WAV resultante antes de confiar en él. Un punto de bucle es una posición exacta en muestras, y no hay oído que lo reconstruya después.
Fuera del mundo de los videojuegos hay otro motivo por el que a un hispanohablante le llega un .ogg, y es institucional. Las distribuciones de GNU/Linux que las administraciones educativas llevan dos décadas repartiendo —Guadalinex en Andalucía, LliureX en la Comunidad Valenciana, MAX en Madrid, Huayra en Argentina— traían Vorbis como formato de sonido por defecto, y por la misma razón por la que lo eligió la industria del juego: era libre de patentes cuando MP3 no lo era.
De ahí salen grabaciones de clase, locuciones de material didáctico y audio de proyectos escolares guardados en un formato que después nadie quiere abrir. Ese material tiene además la particularidad de contener voces de menores con mucha frecuencia, lo que convierte la pregunta de dónde ocurre la conversión en algo más serio que una preferencia técnica.
La descodificación usa los códecs de tu propio equipo, así que si un Ogg concreto se abre o no lo decide el navegador en el que estás, no esta página. El registro marca el soporte de Ogg como irregular, y no es una forma elegante de escurrir el bulto: es la observación de que Opus está en todas partes porque las llamadas lo exigieron, Vorbis está en casi todas y FLAC dentro de Ogg está en bastantes menos.
Cuando falta el códec, la conversión se detiene y dice que nada de ese archivo pudo convertirse y que puede usar un códec que este navegador no sabe leer. No escribe un WAV vacío y se marcha. Si te sale ese mensaje, prueba el mismo archivo en otro navegador antes de dar el material por dañado: casi siempre el archivo está bien y la limitación es la máquina.
El registro reconoce dos extensiones para este formato, `.ogg` y `.oga`, y ninguna de las dos dice nada del códec que hay dentro. Lo que sí lo dice son los primeros bytes: todo archivo Ogg empieza con las cuatro letras `OggS`, y cuando lo que lleva dentro es Opus aparece además la marca `OpusHead` poco después del principio.
Con eso se resuelven en un minuto las dos confusiones habituales. Un archivo que alguien renombró a `.ogg` y no empieza por `OggS` no es un Ogg y la conversión lo dirá en lugar de adivinar. Y un `.ogg` con `OpusHead` dentro es en realidad Opus, lo cual importa porque este mismo sitio tiene una página propia para ese origen y porque el soporte de Opus en los navegadores es notablemente mejor que el de Vorbis.
Si lo que quieres es una copia local que puedas archivar y volver a abrir, FLAC guarda las mismas muestras que el WAV ocupando bastante menos, y lo lee cualquier editor moderno. Para almacenar, gana casi siempre.
WAV gana en el caso contrario: cuando el destino es un aparato o un programa que no negocia. Un muestreador antiguo, una cadena de análisis, un motor que espera muestras crudas o un editor de los que sólo listan `.wav` en su diálogo de importación. Elige por lo que va a leer el archivo, no por cuál de los dos formatos suena más moderno.
Puedes soltar hasta cien archivos a la vez y recuperarlos en un único ZIP, con un tope de 100 MB por archivo, que está muy por encima de cualquier efecto y es cómodo para casi cualquier tema musical. No hay cola, porque el trabajo lo hace tu procesador y no un servidor que alguien tenga que pagar.
Dos apuntes prácticos. Los cien son el lote, no una recomendación: una carpeta de cinco mil efectos son cincuenta tandas, y lo que pase del centésimo en cualquiera de ellas se queda fuera. Y la licencia del audio de un juego no cambia porque hayas cambiado su envase: los archivos extraídos siguen siendo obra de quien la publicó, y convertirlos para modificar tu propia copia no es lo mismo que redistribuirlos.
La descodificación y el empaquetado ocurren dentro de la pestaña, sobre tu procesador. No hay ninguna petición que lleve el archivo, y el panel de red de las herramientas de desarrollo lo enseña mientras conviertes mejor de lo que puede hacerlo esta frase.
Importa más de lo que parece con este material concreto. El audio de un proyecto sin publicar, los recursos con licencia de un juego ajeno y las grabaciones hechas en un aula son, cada uno por su motivo, cosas que no deberían acabar en el disco de un servicio elegido en una página de resultados.
| OGG | WAV | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Ogg Audio | Waveform Audio |
| Extensión de archivo | .ogg, .oga | .wav, .wave |
| Tipo de medio | audio/ogg | audio/wav |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Sin comprimir |
| Publicado por primera vez | 2000 | 1991 |
| Publicado por | Xiph.Org | Microsoft |
| Especificación | RFC 3533 | RIFF WAVE |
| Licencia | Estándar abierto | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | — | 32 |
| Canales de audio | — | hasta 65.535 |
| Se abre en el navegador | Navegadores actuales | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | MP3, AAC, OPUS | FLAC, AIFF |
las propiedades del documento pueden pasar: OGG y WAV tienen dónde guardarlo.
WAV es un formato de trabajo y OGG uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.
WAV se abre en cualquier navegador actual. OGG llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
WAV es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Audacity lee tanto OGG como WAV, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
Los dos apuntan a trabajos distintos: OGG a la web y entregar un archivo terminado y WAV a la edición y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
OGG es el formato de Xiph.Org, publicado en 2000. Está recogido en RFC 3533, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
WAV viene de Microsoft y es de 1991, recogido en RIFF WAVE. Audacity, Adobe Audition y Reaper lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
WAV comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El archivo se vuelve mucho más grande sin mejorar. Lo que quitó la compresión original ya no está; un formato sin pérdida solo puede conservar lo que queda.
WAV es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente PCM—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
las propiedades del documento pueden pasar: OGG y WAV tienen dónde guardarlo.
WAV es un formato de trabajo y OGG uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.