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Aquí puedes convertir PPT a ODP gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
PPT a ODP
Quien llega aquí casi nunca tiene una presentación. Tiene el material docente de un departamento, diez años de comisiones, un plan de acogida, las ponencias de un grupo de investigación: decenas o cientos de archivos en una unidad compartida, hechos por gente que ya no está, en un formato del que la organización ha decidido dejar de depender.
Eso cambia lo que significa un buen resultado. Con una presentación puedes arreglar en diez minutos lo que la conversión haya estropeado. Con doscientas no puedes, así que la pregunta útil no es «¿ha salido perfecta esta?» sino «¿qué tipo de cosa se rompe y con qué frecuencia?». Y la respuesta a esa segunda pregunta se consigue mirando una muestra, no leyendo una página web.
En España la decisión no suele ser estética. El Esquema Nacional de Interoperabilidad, desarrollado por sus normas técnicas, fija un catálogo de estándares que las administraciones públicas deben usar para los documentos que intercambian y conservan, y OpenDocument está dentro. Un ayuntamiento, una consejería o una universidad pública que archiva presentaciones no está eligiendo un formato: está cumpliendo una norma.
La propiedad que se compra con eso es el número de implementaciones independientes. Un ODP lo leen y lo escriben LibreOffice Impress, Microsoft PowerPoint, Google Slides, Apple Keynote y una cola larga de herramientas menores. Si cualquiera de ellas desaparece, los archivos siguen siendo legibles. Para un archivo administrativo eso vale más que cualquier comparativa de funciones entre los dos formatos.
El otro origen frecuente de esta conversión es la enseñanza. Varias comunidades autónomas llevan años manteniendo distribuciones propias basadas en software libre para sus centros —LliureX en la Comunitat Valenciana, Guadalinex en Andalucía, MAX en Madrid, LinEx en Extremadura—, y varios países de América Latina han seguido caminos parecidos en sus programas de informática educativa.
En esos equipos la suite instalada es LibreOffice y no hay PowerPoint al que recurrir. Un profesor con quince años de presentaciones en .ppt puede abrirlas en Impress tal cual, pero cada apertura y cada guardado pasa por un filtro de importación de un formato congelado en 2003. Convertir una sola vez deja el material en el formato nativo del programa que se va a usar todos los días, y a partir de ahí guardar es simplemente guardar.
Conviene reconocer que esta conversión le pide al motor más que la mayoría. LibreOffice tiene que leer un archivo binario compuesto pensado para PowerPoint 97 y expresarlo en el modelo de OpenDocument, y los dos se diseñaron con quince años y un fabricante de por medio. Todo lo que no tiene una contrapartida directa se traduce a lo más parecido que exista.
Por eso el registro clasifica la calidad de este par como aproximada y no como sin pérdida. No es una advertencia genérica: significa que los dos formatos describen el contenido en términos distintos y que el resultado es una reconstrucción. La misma etiqueta llevan un documento renderizado a PDF o un libro electrónico repaginado, y por el mismo motivo.
La advertencia que el registro guarda para este par es corta y merece citarse tal cual: el formato sobrevive; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
En una presentación de la época binaria eso suele afectar a tres cosas concretas. La macro en VBA que hacía de menú de navegación, y que hoy resuelve un hipervínculo. El gráfico traído en vivo desde una hoja de cálculo o la fórmula del editor de ecuaciones antiguo, que llegan como imágenes y dejan de ser editables en su sitio. Y los comentarios y cambios de la fase de revisión, que en una presentación de archivo casi nunca hacen falta. Merece la pena auditar específicamente las diapositivas con ecuaciones: una fórmula que se dibuja con el tamaño equivocado es un defecto real en material docente.
Una presentación antigua nombra las fuentes que venían con Office en su día; el destino es un equipo sin software de Microsoft que no tiene ninguna. El contenedor donde se ejecuta la conversión instala clones con las mismas métricas, así que se puede afirmar que la maquetación se conserva para documentos que usen Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri, Cambria o fuentes incrustadas en el propio archivo. Para nada más.
Cualquier otra tipografía se sustituye en silencio y el texto refluye, y una diapositiva castiga eso mucho más que un documento. Un documento refluye y sale una página más largo; un título de diapositiva que crece una línea se sale de su caja, se monta encima de una imagen o desaparece por el borde. Como el objetivo de la migración es justamente que estas presentaciones se abran en equipos sin las fuentes originales, lo sensato es normalizar la tipografía como parte del proyecto: dos familias que existan en todas partes, aplicadas desde el patrón.
Merece la pena ser explícito sobre dónde termina lo que este sitio puede sostener. La lista de fuentes del párrafo anterior está comprobada contra lo que instala el contenedor. La ruta del archivo, los límites y los tiempos que se describen más abajo están leídos del código. Eso es lo verificable.
La fidelidad de una animación encadenada, de una serie concreta de un gráfico o del sombreado de una autoforma de 2003 no lo está: la hace LibreOffice y nosotros no la medimos. Otras páginas te dirán con seguridad que «las animaciones se conservan». Aquí la respuesta honesta es que no lo sabemos y que la única prueba que sirve es presentar la presentación entera, que tarda lo que tarde la presentación y es lo único que ejercita la parte que falla.
Elige cinco que entre todas usen todo lo que usa la colección: una densa en ecuaciones, una con gráficos, una que sea casi solo fotografías, una con animación pesada y una del año más antiguo disponible. Conviértelas primero. Lo que se rompa en esas cinco es lo que se va a romper en todas.
Una hora ahí te dice si la migración es un trabajo por lotes o un proyecto con trabajo manual dentro, y esa distinción es la que decide el calendario y quién lo hace. Es también el único momento del proceso en el que rehacer el patrón sale barato, porque todas las presentaciones se van a tocar de todos modos: un departamento que mueve doscientas suele estar mejor servido convirtiéndolas y aplicando después un patrón nuevo y limpio que intentando preservar un estilo corporativo de 2003 que ya no le gusta a nadie.
A nuestro servidor, no a tu navegador. Leer un archivo binario de PowerPoint y escribir OpenDocument necesita un motor ofimático de verdad, y esta página lo dice claramente en lugar de dar a entender que todo en este sitio se ejecuta en tu equipo. De las conversiones vivas del sitio, la gran mayoría no salen del dispositivo; esta es una de las que sí.
El archivo viaja cifrado hasta api.quinvert.com y allí se escribe en un directorio recién creado para ese trabajo, con el nombre input y la extensión que corresponda, de modo que el nombre que tú le hubieras puesto no llega a tocar el disco. El contenedor no tiene salida a internet. Al terminar, el directorio entero se borra en un bloque que se ejecuta también por cada camino de error, y el resultado se devuelve con la cabecera que impide que se guarde en caché.
Cada trabajo arranca LibreOffice con su propio perfil de usuario dentro de su propio directorio. Ese detalle no es decorativo: dos procesos compartiendo un perfil lo corrompen, y el síntoma no es un error sino una conversión que no vuelve nunca hasta que el temporizador la mata. Con un perfil por trabajo, el servicio puede atender una segunda conversión mientras la primera sigue en marcha.
El temporizador está en sesenta segundos y se aplica a cada proceso lanzado, no a la petición completa. Para este par eso es relevante por un motivo muy concreto: LibreOffice tiende a quedarse parado, y no a fallar, con un binario antiguo mal formado, y el corte a los sesenta segundos es lo que convierte ese cuelgue en una respuesta.
El límite gratuito de este par es de 25 MB por archivo, la cuarta parte del que se aplica a las conversiones que se ejecutan en el navegador, porque aquí hay una máquina que alguien paga. Hay además un tope de cien conversiones de servidor por visitante y día, y la ventana es el día UTC: se reinicia a la una de la madrugada en la España peninsular en invierno y a las dos en verano, no a las cero horas locales.
Y un aviso práctico que preferimos dar antes que dejar que lo descubras: la zona de arrastre de la página aplica el límite de las conversiones locales, más generoso, sin comprobar de qué lado se ejecuta el par. Una presentación de 60 MB será aceptada por la interfaz y rechazada después por la API con un error 413 y una frase escrita. Si tu material pesa más de 25 MB, hay que aligerarlo antes: las presentaciones antiguas engordan casi siempre por imágenes insertadas a resolución de cámara.
Conserva los archivos originales al menos un ciclo docente o de gestión completo después de la migración, en una unidad que alguien sepa encontrar. No porque la conversión sea insegura, sino porque los defectos que produce son del tipo callado: una fórmula que se dibuja algo mal, una animación que revela todo de golpe, un pie de página que se ha ido dos centímetros.
Esos defectos los encuentra quien presenta la diapositiva delante de un aula, no quien hizo la conversión un martes por la tarde. En cuanto una presentación se ha impartido desde su ODP sin que nadie se queje, el original ha cumplido su función y se puede archivar en frío.
| PPT | ODP | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Presentación de PowerPoint 97-2003 | OpenDocument Presentation |
| Extensión de archivo | .ppt | .odp |
| Tipo de medio | application/vnd.ms-powerpoint | application/vnd.oasis.opendocument.presentation |
| Publicado por primera vez | 1990 | 2005 |
| Publicado por | Microsoft | OASIS |
| Especificación | — | ISO/IEC 26300 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Antiguo, aún se lee en todas partes | Vigente |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Ningún navegador |
| Considerado en su lugar | PPTX, PDF | PPTX, PDF |
PPT y ODP admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
PPT es de 1990 y está prácticamente superado. ODP es lo que escribe el software actual, así que convertir también es una forma de seguir pudiendo leerlo.
Microsoft PowerPoint y LibreOffice Impress leen tanto PPT como ODP, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
ODP viene de OASIS y es de 2005, recogido en ISO/IEC 26300. LibreOffice Impress y Microsoft PowerPoint lo leen.
PPT se publicó en 1990 y ODP en 2005. El más antiguo suele ser el archivo más seguro para entregar; el más reciente hace lo mismo con menos bytes.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
PPT y ODP describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. El formato se conserva; las macros, los objetos incrustados y el historial de revisiones normalmente no.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo ODP terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente OpenDocument Presentation.