Cookies de estadística y publicidad
Usamos cookies de estadística y de publicidad, y ambas van a Google. Si rechazas, para ti no cambia nada visible.Ir a la página de privacidad
Aquí puedes convertir BMP a PDF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
BMP a PDF
Casi nadie elige un mapa de bits. Lo escribe el controlador de un escáner doméstico, un programa de gestión con quince años encima o una utilidad de captura que solo ofrecía esa opción. Y del otro lado hay un registro electrónico, un aula virtual o un departamento de recursos humanos con una lista de formatos admitidos donde figura PDF y poco más.
La conversión es, por tanto, un trámite y no un trabajo creativo. La imagen no tiene que mejorar: tiene que llegar dentro de un envase que el destinatario acepte y con unas medidas que no hagan que alguien, al abrirla, se pregunte qué ha pasado. Ese segundo requisito es el que falla, y es del que trata casi toda esta página.
La opción de tamaño de página viene por defecto en «ajustar a la imagen», y para una fotografía, un diagrama o una captura de pantalla es lo correcto: la página mide exactamente lo que mide el dibujo, sin franjas blancas ni un tamaño de papel supuesto.
Con un documento escaneado es una trampa, y la aritmética explica por qué. En ese modo las dimensiones en píxeles pasan a ser puntos PDF directamente, y un punto es 1/72 de pulgada. Un A4 escaneado a 300 puntos por pulgada mide 2.480 por 3.508 píxeles, de modo que la página resultante ronda las 34 por 49 pulgadas: el documento es el correcto y se abre con el tamaño de un cartel.
Ambas están en el desplegable y hacen lo evidente. A4 produce una página de 595,28 por 841,89 puntos, que es el papel de toda Europa y de buena parte de América Latina; Carta produce 612 por 792, que es lo que espera una oficina en México o en Estados Unidos. La imagen se coloca dentro de la página elegida.
Si el destino es un expediente, una impresora o un archivo que alguien guardará, elige una de las dos y olvídate del ajuste automático. La regla práctica es sencilla: en cuanto el mapa de bits sea la fotografía de un papel, pide un papel. Un tercer valor no existe, así que un formato de página distinto hay que resolverlo después con un editor de PDF.
El campo de margen admite de 0 a 50 y la unidad son milímetros, no puntos. Se convierten internamente a puntos antes de aplicarse, así que un margen de 20 es un margen de dos centímetros de verdad y no un tercio de eso.
Merece la pena decirlo porque durante un tiempo no fue así: la cifra se tomaba como puntos y todos los márgenes del sitio medían aproximadamente un tercio de lo que prometía la etiqueta. Está corregido, y si tu destinatario exige un margen concreto para encuadernar o sellar, ese número es ahora el que sale. Con «ajustar a la imagen» el margen sigue teniendo efecto sobre el espacio disponible.
De las tres opciones del desplegable, únicamente «horizontal» cambia el resultado: «automática» y «vertical» se comportan exactamente igual. Y las tres se ignoran por completo cuando el tamaño de página es «ajustar a la imagen», porque una página que ya tiene la forma del dibujo no tiene ninguna orientación que girar.
Con A4 o Carta sí importa, y es el segundo error más frecuente después del tamaño. Un escaneo apaisado sobre una página vertical queda pequeño y centrado con dos franjas enormes; lo que hace falta es la página horizontal, no rotar la imagen. Girar el mapa de bits y dejar el papel en vertical produce un documento que alguien tiene que leer inclinando la cabeza.
Un PDF puede alojar directamente un JPEG o un PNG. Un BMP no es ninguno de los dos, así que se descodifica a píxeles y se vuelve a codificar como PNG antes de incrustarlo. PNG es un formato sin pérdida, de modo que cada valor que había en el mapa de bits está en el documento.
Eso tiene dos consecuencias prácticas. La primera es que aquí no hay control de calidad, porque no hay nada que negociar: ninguna espera adicional produce una imagen mejor que la que traía el archivo. La segunda es que un escaneo ilegible seguirá siéndolo, y el arreglo está en el escáner y no en esta página: 300 puntos por pulgada en escala de grises es el ajuste que deja legible una página de texto.
Diga lo que diga el documento escaneado, dentro del PDF hay una cuadrícula de píxeles. No se puede seleccionar, ni buscar, ni copiar, ni leer con un lector de pantalla, y quien esperaba un documento de texto lo nota en cuestión de segundos.
Si lo que hace falta son las palabras, eso es reconocimiento óptico de caracteres y en este sitio corresponde a la conversión de BMP a TXT. Son dos operaciones distintas y con frecuencia se quieren las dos a la vez: el PDF para presentar y el texto para pegar en un formulario. Van en páginas separadas a propósito, porque el reconocimiento puede equivocarse con aplomo y esta conversión no: o produce el documento o falla con un mensaje.
No hay ningún paso de ensamblaje. Cada archivo de entrada sale como un documento de una sola página, así que una carpeta con ocho hojas escaneadas produce ocho PDF y no un PDF de ocho hojas.
Es una limitación real justo para el motivo más habitual por el que alguien convierte un escaneo, y es mejor contarla que dejar que se descubra. Unir documentos es otro trabajo y tiene su propia herramienta. Si el registro donde vas a presentar admite varios adjuntos, mandarlos tal cual suele ser más rápido que buscar la manera de fusionarlos.
Cuando eliges A4 o Carta, la imagen se escala hacia abajo hasta entrar en la página con su margen, conservando las proporciones. Si ya era más pequeña que ese hueco, se deja como está y se centra.
La asimetría es deliberada. Estirar un mapa de bits pequeño hasta llenar un A4 convierte un logotipo nítido o un escaneo de baja resolución en una mancha, y un conversor que lo hiciera en silencio estaría empeorando una imagen para rellenar un papel que nadie le pidió rellenar. Una imagen pequeña en una página grande parece una imagen pequeña, que es honesto y tiene arreglo.
Conviene decirlo porque otras herramientas sí lo ofrecen y la gente lo busca. Esta página no tiene ninguna casilla de resolución, ni calcula ninguna: no existe un ajuste de 150 ni de 300 puntos por pulgada, y prometer lo contrario sería inventarse un control que no está.
La resolución real del documento sale de dos sitios y de ninguno más. En modo «ajustar a la imagen», de la aritmética que ya hemos visto, que equivale a 72 puntos por pulgada. Con A4 o Carta, de dividir los píxeles que traía el mapa de bits entre las pulgadas de la página: un escaneo de 2.480 píxeles de ancho colocado sobre un A4 conserva sus 2.480 píxeles y los reparte sobre 21 centímetros, es decir, con la misma finura con la que se escaneó. Si necesitas más, hay que volver al escáner.
La descodificación, la codificación en PNG y la escritura del PDF ocurren dentro de esta pestaña. El archivo no se sube a ningún sitio y puedes comprobarlo en la pestaña de red de las herramientas de desarrollo mientras conviertes.
Para este par en concreto eso no es un detalle. Lo que la gente escanea son contratos, nóminas, informes médicos, partes de siniestro, el DNI y el libro de familia; es decir, casi exactamente el catálogo de datos personales que uno no entrega a un tercero a cambio de un cambio de envase. El techo gratuito es de 100 MB por archivo, que equivale a unos 33 megapíxeles de mapa de bits sin comprimir, y puedes soltar hasta cien archivos de una vez.
Abre el PDF y mira tres cosas. Las dimensiones de la página, que cualquier visor muestra y que son el fallo del que avisa toda esta página. El número de páginas, que será uno por imagen. Y la legibilidad al cien por cien, porque lo que costaba leer en el mapa de bits cuesta exactamente lo mismo en el PDF.
La razón para comprobar en vez de suponer es que una presentación suele ser una jugada única frente a un sistema que no te va a explicar qué le pareció mal. Un formulario acepta cualquier cosa con la extensión correcta y por debajo del tamaño permitido, y la persona que acaba mirando el documento no es la que puede decirte cuál era el problema. Las tres comprobaciones detectan fallos que esta conversión puede producir sin dar ningún error.
| BMP | ||
|---|---|---|
| Nombre completo | Mapa de bits de Windows | Portable Document Format |
| Extensión de archivo | .bmp, .dib | |
| Tipo de medio | image/bmp | application/pdf |
| Compresión | Sin comprimir | Ambas, según el ajuste |
| Publicado por primera vez | 1987 | 1993 |
| Publicado por | Microsoft | Adobe |
| Especificación | — | ISO 32000-2 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Antiguo, aún se lee en todas partes | Vigente |
| Profundidad de bits | 8 | — |
| Color que puede describir | RGB, paleta indexada | RGB, CMYK, escala de grises |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | PNG, TIFF | DOCX, HTML |
No se descarta nada. BMP y PDF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
PDF admite transparencia y BMP no. Es espacio que tiene el resultado y que el original nunca usó: convertir no crea un fondo transparente, solo lo hace posible después.
BMP es de 1987 y está prácticamente superado. PDF es lo que escribe el software actual, así que convertir también es una forma de seguir pudiendo leerlo.
Los programas de siempre no coinciden: BMP se abre en Microsoft Paint, GIMP y IrfanView, y PDF en Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
Los dos apuntan a trabajos distintos: BMP a mover datos entre programas y PDF a entregar un archivo terminado, la impresión y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
BMP es el formato de Microsoft, publicado en 1987. Registra 8 bits por canal.
PDF viene de Adobe y es de 1993, recogido en ISO 32000-2. Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es pdf-lib, un escritor de PDF que corre enteramente en JavaScript; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. pdf-lib se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
No. PDF guarda el mismo contenido sin tirar nada: el resultado es idéntico en calidad al original.
No se descarta nada. BMP y PDF guardan su contenido sin pérdida, así que la conversión cambia el envoltorio y no la calidad, y puede repetirse sin que el daño se acumule.
PDF admite transparencia y BMP no. Es espacio que tiene el resultado y que el original nunca usó: convertir no crea un fondo transparente, solo lo hace posible después.
Lo que esta página afirma sobre BMP y PDF se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.