Convertir MP3 a FLAC

Aquí puedes convertir MP3 a FLAC gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.

  • Dónde se ejecuta En tu navegador. El archivo no se sube.
  • Con pérdida Se cambia algo de detalle por tamaño de archivo. FLAC no puede guardar todo lo que guarda MP3.
  • Límite de tamaño Hasta 100 MB por archivo, gratis y sin cuenta.
  • Conviene saberlo El archivo se vuelve mucho más grande sin mejorar. Lo que quitó la compresión original ya no está; un formato sin pérdida solo puede conservar lo que queda.

Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.

Un envoltorio sin pérdida alrededor de algo que ya la tuvo

FLAC es sin pérdida en un sentido muy preciso: devuelve exactamente las muestras que recibe. No afirma nada sobre de dónde salieron esas muestras. Entrégale audio que un codificador MP3 ya adelgazó y conservará ese adelgazamiento con toda fidelidad, para siempre, en un archivo varias veces mayor.

Aquí es donde casi todo el mundo esperaba otra cosa, así que conviene decirlo sin suavizarlo: nada en esta conversión, ni en ninguna otra, puede reconstruir lo que un codificador MP3 tiró. Esa información no está comprimida, ni escondida, ni aproximada. Se borró en el momento de codificar y el único sitio donde sigue existiendo es la fuente de la que se hizo el MP3.

La cuenta de megabytes cuando son cientos de archivos

Un MP3 a 192 kbps ocupa alrededor de 1,44 MB por minuto. Ese mismo audio, descodificado y vuelto a codificar como FLAC, se va a unos 5 o 6 MB por minuto, porque FLAC comprime muestras y no percepciones: solo puede aprovechar la redundancia que realmente está ahí. Una hora de grabación pasa de unos 85 MB a algo cercano a 350 MB.

A escala de una colección esa aritmética merece un momento de atención. Doscientas horas convertidas ocupan del orden de 70 GB para transportar exactamente lo que 17 GB transportaban un minuto antes. Si el objetivo era que un fondo entero estuviera en un solo formato, es un precio defendible y se paga una vez. Si el objetivo era que sonara mejor, son 53 GB gastados en nada.

El corte en lo alto del espectrograma delata la procedencia

Los codificadores MP3 descartan todo lo que hay por encima de cierta frecuencia, porque el contenido más agudo cuesta bits y aporta poco a la percepción. Dónde queda ese corte depende del régimen binario —suele rondar los 16 kHz a 128 kbps y sube algo a 320— y deja un borde horizontal limpísimo con nada por encima.

Ese borde atraviesa la conversión sin cambiar, lo que hace que un archivo transcodificado sea trivial de identificar. Abre el FLAC en cualquier visor de espectrograma y mira la parte de arriba: uno procedente de un CD llega hasta unos 22 kHz, y uno hecho a partir de un MP3 se corta en plano justo donde se cortaba el MP3. Es literalmente así como se detectan estos archivos en las colecciones compartidas, y también como lo detectará quien reciba tu entrega.

La grabación que solo sobrevive como MP3

Este es el caso en el que la conversión está justificada y no es el de una discoteca personal. Un programa de radio local del que solo queda el archivo que subió alguien; una conferencia grabada en un congreso; una entrevista de historia oral hecha con una grabadora que escribía directamente en MP3; el registro sonoro de un acto de una asociación o de un coro. La fuente no existe en ningún otro sitio y no va a aparecer.

Muchos repositorios institucionales y planes de preservación piden que el material sonoro se deposite en un formato sin pérdida, y no distinguen entre un FLAC que viene de una cinta digitalizada y uno que viene de un MP3. Cumplir el requisito es legítimo. Lo que hay que hacer a la vez es dejar constancia de la procedencia en la ficha del documento, porque el archivo por sí solo ya no la lleva escrita en ninguna parte visible.

Diez minutos buscando el original valen más que cualquier ajuste

Antes de convertir una carpeta entera, pregúntate de dónde salieron esos MP3. Un CD en una caja, una compra que se puede volver a descargar, un WAV en la carpeta de un proyecto de edición, una tarjeta de la grabadora que nadie ha formateado, el disco duro de la emisora. Cualquiera de esas cosas permite obtener un FLAC de primera generación, cuyo espectrograma llega arriba del todo y cuyos 250 MB de más por hora sí transportan algo.

Compara las dos rutas con honestidad. Diez minutos de búsqueda dan una copia sin pérdida de verdad; diez segundos de conversión dan un archivo grande que solo lo parece. Convertir es la respuesta correcta cuando el original se ha perdido realmente, y es la respuesta equivocada más o menos con la misma frecuencia con la que la gente recurre a ella.

Lo que no puedo prometerte sobre las etiquetas y la carátula

MP3 guarda su información descriptiva en bloques ID3 y FLAC tiene su propio sistema de campos con nombre, además de un bloque específico para imágenes. Los dos formatos tienen sitio donde poner un título, un intérprete, una fecha y una portada, de modo que la travesía es concebible. Lo que no puedo decirte es qué hace exactamente esta conversión con ellos.

El motivo es concreto: esta ruta no le pasa al codificador ninguna instrucción sobre etiquetas, así que el resultado es el comportamiento por defecto de la biblioteca que hace el trabajo, y en este proyecto no hay ninguna prueba que lo fije. Prefiero decírtelo a asegurarte algo que no he comprobado. Convierte un archivo, ábrelo en el reproductor o en el catálogo donde va a vivir, y mira qué campos llegaron antes de lanzar la carpeta entera. Si faltan, un editor de etiquetas los repone en minutos; descubrirlo después de trescientos archivos es otra tarde.

No lo entregues como si fuera una copia maestra

Un FLAC hecho a partir de un MP3 es indistinguible de uno auténtico por el nombre, por la extensión y por el tamaño, y perfectamente distinguible con un espectrograma. Las colecciones compartidas, los archivos sonoros y los repositorios tratan esos archivos como un problema serio precisamente por eso, y casi siempre acaban identificándolos.

Si conviertes por motivos de orden interno, deja el rastro: anota la procedencia en la ficha, en el nombre del archivo o en un campo de la propia etiqueta, para que la siguiente persona —que muy probablemente serás tú dentro de cinco años— no confunda el archivo con un máster. Etiquetar con honestidad no cuesta nada y evita que un MP3 se convierta en silencio en la copia de conservación de algo que tuvo una mejor.

Aquí no hay control de calidad, y así tiene que ser

En las páginas de destino con pérdida —MP3, AAC, Opus— aparece un selector de tres bandas para elegir entre archivo pequeño y buen resultado. En esta página no aparece, y no es un olvido: un destino sin pérdida no tiene nada que negociar, porque conserva todas las muestras se le pida lo que se le pida.

La consecuencia práctica es que no hay ninguna decisión que tomar antes de soltar los archivos, y también que no hay ningún ajuste con el que mejorar el resultado si no te convence. Lo único que determina cómo suena el FLAC es cómo sonaba el MP3. Cualquier página que te ofrezca una calidad regulable hacia un destino sin pérdida está moviendo un control que no hace nada.

Dónde se ejecuta el codificador y qué descarga la pestaña

La descodificación la hace el propio navegador con el mismo componente que usa para reproducir audio en cualquier página. Para escribir el FLAC se comprueba primero si la máquina puede hacerlo por sí sola; si no puede, se carga en la página un codificador compilado a WebAssembly, y solo en ese momento, nunca al abrir la página. En audio siempre hay una respuesta, que es la diferencia con el vídeo: allí, si la máquina no sabe codificar, no hay repuesto y la conversión falla con una frase en lugar de mandar el archivo a ningún servidor.

Los dos pasos ocurren dentro de la pestaña, así que convertir un fondo entero cuesta tiempo de procesador y no de conexión, y en ningún momento se sube nada. Es la propiedad que hace utilizable esta herramienta con material que no puede circular: entrevistas con consentimiento limitado a un proyecto, grabaciones de reuniones internas, ensayos que nadie ha publicado todavía.

Cien archivos por tanda y cien megas por archivo

Se pueden soltar hasta cien archivos de una vez y descargarlos juntos comprimidos. Si sueltas más, los que sobran se descartan sin avisar, así que con una carpeta grande conviene ir por tandas y comparar la cuenta de salida con la de entrada antes de dar nada por hecho.

El techo por archivo son 100 MB, que en un MP3 es muchísimo: a 192 kbps son más de una hora de audio, y a los regímenes bajos con los que se grabaron muchas conferencias, bastante más. Es más probable que te encuentres primero con la memoria del equipo si conviertes cientos de archivos largos seguidos sin cerrar la pestaña. No hay cuenta de usuario, ni marca de agua, ni recuento diario para lo que se ejecuta en tu navegador.

El MP3 de partida no se toca

La conversión lee el archivo y escribe uno nuevo; el original sigue en el disco exactamente como estaba, con sus etiquetas y su fecha. Eso importa más de lo que parece en un flujo de archivo, porque permite convertir, revisar el resultado con calma y repetir sin haber puesto en riesgo nada.

Y si lo que buscabas no era cambiar de formato sino quitarle a un MP3 lo que lleva escrito encima —el nombre del equipo que lo grabó, una carátula, comentarios de un programa antiguo—, este sitio tiene una herramienta aparte para eso que no vuelve a codificar el audio: recorta los bloques y deja las muestras intactas byte a byte. Convertir a FLAC para limpiar un MP3 sería el camino largo y peor.

Cómo convertir MP3 a FLAC

  1. Suelta tu archivo MP3 en esta página, o haz clic para elegir uno.
  2. Elige FLAC como destino. La conversión ocurre en tu navegador y el archivo no se sube.
  3. Descarga el archivo FLAC terminado.

MP3 frente a FLAC: qué cambia

MP3 frente a FLAC
MP3FLAC
Nombre completoMPEG Audio Layer IIIFree Lossless Audio Codec
Extensión de archivo.mp3.flac
Tipo de medioaudio/mpegaudio/flac
CompresiónCon pérdida — el tamaño se paga con calidadSin pérdida — no se descarta nada
Publicado por primera vez19932001
Publicado porFraunhofer IISXiph.Org
EspecificaciónISO/IEC 11172-3RFC 9639
LicenciaEstándar abiertoEstándar abierto
Situación actualVigenteVigente
Profundidad de bits32
Canales de audiohasta 2hasta 8
Se abre en el navegadorTodos los navegadoresTodos los navegadores
Considerado en su lugarAAC, OPUSWAV, AIFF

Qué se pierde

FLAC no tiene dónde guardar las etiquetas ID3 con intérprete, álbum, número de pista y carátula, así que no pasa del archivo MP3. Conviene comprobarlo antes de borrar el original, y saberlo si lo que buscabas era justamente eliminarlo.

Qué añade el formato de destino

FLAC es un formato de trabajo y MP3 uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.

Abrir el resultado

Audacity y VLC leen tanto MP3 como FLAC, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.

Tamaño y calidad

El resultado ocupa más que el original y no es mejor. MP3 ya descartó detalle y FLAC guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.

Para qué sirve cada formato

Los dos apuntan a trabajos distintos: MP3 a entregar un archivo terminado, los teléfonos y la transmisión y FLAC a el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.

MP3 es el formato de Fraunhofer IIS, publicado en 1993. Está recogido en ISO/IEC 11172-3, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.

FLAC viene de Xiph.Org y es de 2001, recogido en RFC 9639. Audacity, foobar2000 y VLC lo leen.

De MP3 a FLAC: preguntas frecuentes

¿Se sube a algún sitio mi archivo MP3?

No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.

¿Convertir MP3 a FLAC es gratis?

Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.

¿Se pierde calidad al convertir MP3 a FLAC?

FLAC comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. El archivo se vuelve mucho más grande sin mejorar. Lo que quitó la compresión original ya no está; un formato sin pérdida solo puede conservar lo que queda.

¿Mejora la calidad al convertir a FLAC?

El resultado ocupa más que el original y no es mejor. MP3 ya descartó detalle y FLAC guarda lo que queda sin descartar más: evita pérdidas futuras, no deshace la primera.

¿Se conservan los metadatos?

FLAC no tiene dónde guardar las etiquetas ID3 con intérprete, álbum, número de pista y carátula, así que no pasa del archivo MP3. Conviene comprobarlo antes de borrar el original, y saberlo si lo que buscabas era justamente eliminarlo.

¿Se puede editar el archivo FLAC después?

FLAC es un formato de trabajo y MP3 uno terminado. Vuelve texto editable en lugar de una imagen de la página, que suele ser el motivo de la conversión y también su límite.

¿No sabes cuál necesitas?

Esta página convierte lo uno en lo otro. Si todavía estás decidiendo en vez de convirtiendo, MP3 vs FLAC responde para qué sirve cada uno y qué hace mal cada uno.

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