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Aquí puedes convertir MKV a MP3 gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
MKV a MP3
Muchísimos archivos MKV no son películas. Son una clase grabada desde el fondo del aula, una ponencia sacada de una retransmisión, una charla de asociación, un ensayo de la banda, un seminario web, un pódcast grabado con OBS porque OBS graba en Matroska por omisión. La imagen no aporta nada —un plano fijo de un atril, una diapositiva que lleva seis minutos sin cambiar— y multiplica por veinte lo que ocupa el archivo.
Para eso sirve esta conversión, y explica por qué el resultado es mucho más pequeño de lo que la gente espera. Una hora de alguien hablando como MP3 son decenas de megabytes en lugar del gigabyte que ocupaba el MKV, y la diferencia es casi por entero la imagen que nadie estaba mirando.
Un MP3 tiene sitio para exactamente un flujo de audio. Matroska no pone un tope que merezca la pena nombrar, y los archivos usan varias pistas continuamente: el doblaje en español de España y el de Latinoamérica, la versión original, un comentario del director, o en una grabación de OBS el micrófono y el sonido del sistema deliberadamente separados.
Cuando hay más de una, se conserva una sola y las demás se descartan sin decir nada. Lo que esta página no puede decirte es cuál de las tuyas va a ser: eso depende de cómo se armara el archivo, y la manera fiable de saberlo es convertir y escuchar los primeros segundos. Si la que necesitas resulta no ser esa, el camino corto es convertir a M4A, a OGG o a OPUS, que son los destinos de solo audio que conservan todas las pistas que el navegador sepa descodificar, y elegir después la que quieras en un reproductor.
Algunas conversiones se detienen antes de empezar con un mensaje que dice que no se ha podido convertir nada del archivo. No es un archivo dañado ni un fallo del programa: significa que se le preguntó al navegador si sabía descodificar la pista de audio y contestó que no, y como la imagen ya se había descartado no quedaba nada que escribir.
Detrás siempre está la misma lista corta: AC-3 y E-AC-3 de los DVD y los Blu-ray, DTS en sus variantes y Dolby TrueHD. Son codecs de audio de cine con sus propias licencias y ningún navegador incluye un descodificador para ellos. Un MKV salido de OBS, de un móvil, de una capturadora o de una herramienta de descarga lleva AAC u Opus y se convierte sin drama; un archivo copiado de un disco muy a menudo no. No hay ajuste que ayude: hay que pasar el audio a AAC antes con una herramienta local y volver aquí.
Toda esta familia de conversiones se apoya en los codecs que el propio aparato tiene instalados: el navegador pregunta al sistema operativo, y por eso el mismo navegador en dos portátiles distintos puede dar respuestas distintas. Antes de aceptar el archivo se hace una comprobación en la sesión para saber qué se puede hacer y qué no.
Y si la respuesta es que no, no hay red debajo. El único módulo de este sitio que sube archivos a un servidor no lee ni escribe ningún formato de audio o de vídeo, así que lo que falla en tu navegador falla del todo, y lo que recibes es una frase que nombra navegadores donde sí funciona. Es menos cómodo que un respaldo silencioso y es la única versión honrada: un respaldo silencioso sería subir tu grabación a algún sitio sin decírtelo.
Los ajustes son tres: archivo pequeño, equilibrado y alta calidad, con el equilibrado por omisión. Están expresados como bandas y no como una tasa de bits a propósito, porque el número que significa “bien” cambia entre codecs por más del doble, y nadie que esté convirtiendo una clase sabe si quiere 96 o 192.
Aquí tampoco vas a encontrar la cifra a la que se traduce cada banda, y eso es deliberado: quien las traduce a números es la biblioteca de codificación, por codec, y ninguna prueba de este repositorio fija esos valores. Publicar “128 kbps” como si fuera nuestro sería inventarse un dato. Lo que sí se puede decir es cómo elegir: para voz, la banda pequeña vale de sobra y reduce el archivo a la mitad frente al equilibrado, lo que importa cuando un cuatrimestre de clases va a un móvil. Para música grabada, sube a la alta.
El audio que hay dentro de un MKV ya viene comprimido con pérdida, y el MP3 lo comprime otra vez. Esto no es una conversión desde un original: es una segunda ronda sobre lo que la primera ya había descartado, y nada de lo que se ajuste aquí recupera lo que se fue entonces.
Para voz es inaudible y no hay que darle más vueltas. Para música empieza a notarse en los platillos y en las colas de reverberación, que es donde dos rondas de compresión se pisan. Si existe alguna posibilidad de que el archivo se vuelva a convertir más adelante, la banda alta se paga sola, porque cada nueva generación parte de la anterior.
Por calidad no es la mejor elección y conviene decirlo. Opus y AAC suenan mejor que MP3 al mismo tamaño, y para voz la distancia es grande: una hora de charla en Opus puede ocupar un tercio. Si el destino es un móvil que controlas, uno de esos dos es el archivo correcto.
El MP3 gana en lo que no tiene que ver con el sonido. Lo lee todo desde 1993: la radio del coche de 2006, la megafonía de un colegio, el equipo de música del salón de actos, un reproductor barato comprado para caminar, el ordenador viejo de secretaría. Cuando el archivo tiene que funcionar en un sitio que no puedes probar antes, ese es todo el argumento, y suele ser el argumento correcto.
Ningún navegador sabe codificar MP3. Es el formato de audio más pedido de internet y el que todos rechazan por igual, así que la primera vez que pides uno se descarga una compilación en WebAssembly del codificador y se reutiliza para todo lo que venga después.
Por eso el primer archivo de cada sesión hace una pausa antes de empezar y los siguientes no. Lo mismo pasa con AAC y FLAC; con Opus y con PCM no, porque esos ya están en el navegador. El resto del tiempo lo marca la propia grabación: como la imagen se descarta en lugar de recodificarse, una hora de charla suele quedar por debajo del minuto en un portátil normal.
Es la pregunta habitual: si el MKV lleva título, artista o fecha, ¿aparecen luego en el reproductor? La respuesta honrada es que en esta conversión no lo sabemos. La rutina de conversión no pasa ninguna instrucción sobre etiquetas ni sobre carátulas, así que lo que ocurra lo decide por completo la biblioteca que hace el trabajo, y nada aquí lo comprueba.
Otras páginas de conversores contestan que sí con toda seguridad. Nosotros no vamos a hacerlo mientras no esté medido, entre otras cosas porque la mayoría de los MKV salidos de grabadores no llevan etiqueta ninguna y el resultado habitual es un archivo con el nombre del original y poco más. Si vas a ordenar una serie de charlas, poner las etiquetas después con un editor es un trabajo de dos minutos y es la única vía que da un resultado seguro. Donde sí hay una respuesta cerrada es en la herramienta de quitar metadatos de este sitio, que sobre un MP3 recorta bytes sin descodificar y quita la carátula.
La capa gratuita acepta archivos de hasta 100 MB, y se mide sobre el MKV que entra y no sobre el MP3 que sale. La grabación de una reunión de dos horas puede ser tranquilamente un gigabyte de vídeo casi inmóvil, lo que la deja fuera aunque el audio de dentro fuese a ocupar cuarenta megas.
Es un límite molesto en este caso concreto y merece decirse en vez de esconderse. Cuando un archivo se pasa, el camino más corto es una herramienta local que copie el flujo de audio sin descodificar nada, o recortar antes la grabación a la parte que de verdad quieres. El techo no tiene que ver con el ancho de banda, porque no se transmite nada, sino con cuánto trabajo es razonable pedirle a una pestaña del navegador.
La descodificación y la codificación a MP3 ocurren las dos dentro de la pestaña, en tu propio procesador. No hay ninguna petición que lleve el archivo a ninguna parte, y se comprueba abriendo las herramientas de desarrollo y mirando la pestaña de red mientras se convierte.
En este par eso pesa más de lo que parece, porque el material es a menudo delicado sin que nadie lo haya pensado: una reunión interna, una consulta, una sesión de una junta, la grabación de una clase con las voces de los alumnos dentro. Subir eso a la primera web del buscador es una decisión que casi nadie toma conscientemente, y aquí no hay que tomarla.
| MKV | MP3 | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Vídeo Matroska | MPEG Audio Layer III |
| Extensión de archivo | .mkv | .mp3 |
| Tipo de medio | video/x-matroska | audio/mpeg |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 2002 | 1993 |
| Publicado por | — | Fraunhofer IIS |
| Especificación | Matroska | ISO/IEC 11172-3 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Canales de audio | — | hasta 2 |
| Se abre en el navegador | Algunos navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | MP4, WebM | AAC, OPUS, FLAC |
MP3 se abre en cualquier navegador actual. MKV llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
VLC lee tanto MKV como MP3, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
MKV se publicó en 2002. Está recogido en Matroska, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
MP3 viene de Fraunhofer IIS y es de 1993, recogido en ISO/IEC 11172-3. Audacity, VLC y iTunes lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
MP3 comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. Solo se conserva la primera pista de sonido. Una película con segundo idioma o con pista de comentarios la pierde.
Para la conversión no: ocurre en el navegador que ya tienes abierto. Para abrir el resultado necesitas después el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente MPEG Audio Layer III.