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Aquí puedes convertir MOV a OGG gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
MOV a OGG
Esta página tiene un lector distinto del habitual. No estás intentando abrir algo que te mandaron; lo grabaste tú, tienes los derechos, y quieres entregárselo a una colección que lo va a conservar: Wikimedia Commons, el repositorio institucional de una universidad, un archivo sonoro, una fonoteca, un wiki que documenta algo que filmaste.
Esos sitios tienen políticas de códecs, y las políticas hablan de libertad y no de calidad. Un formato con patentes no lo puede redistribuir cualquiera bajo cualquier licencia, así que la lista de admitidos es corta y abierta. Tu MOV, que lleva dentro H.264 o HEVC, no está en ella, y esa es toda la razón por la que estás aquí.
Ogg lo publicó Xiph.Org y está descrito en el RFC 3533. Puede transportar Vorbis, Opus, FLAC, Speex y un par de cosas que ya no usa nadie, lo cual significa que «un archivo Ogg» describe una envoltura y no dice nada sobre el audio que contiene.
Esta conversión escribe Opus. Es la elección moderna y el valor por defecto correcto: Opus es una norma del IETF, el RFC 6716, libre de regalías por diseño y mejor que Vorbis en todas las tasas que importan. También es que no es Vorbis, y si el sitio donde vas a depositar nombra Vorbis explícitamente, este archivo no cumple la letra del requisito aunque cumpla su espíritu.
Convertir hacia cualquiera de los dos destinos de este sitio produce Opus encapsulado en Ogg, con el mismo empaquetador. Lo único que cambia son los cuatro caracteres del final del nombre, y no existe ninguna versión de este archivo en la que el contenido y la extensión se contradigan.
Es cómodo y también es una trampa, porque los formularios de depósito y los validadores sí se fijan en la extensión. Algunos aceptan .ogg y rechazan .opus porque no lo conocen; unos pocos prefieren .opus para que un reproductor sepa qué recibe sin leer la cabecera. Si te rechazan uno, renombra al otro: no estás falseando nada, porque el archivo es legítimamente los dos.
Lo que sale es una recodificación. Si el MOV lleva AAC —que es lo que escribe un teléfono—, el audio ha pasado ya por dos códecs con pérdida y el techo es lo que dejó el primero. Si el MOV lleva PCM sin comprimir, cosa que hacen muchas cámaras, esta es la primera pasada con pérdida y Opus la resuelve muy bien.
Para material hablado, que es la mayoría de lo que se deposita, ninguno de los dos casos se nota. Donde asoma es en música con mucha textura aguda —aplausos, platillos, una sala llena de gente— grabada por el micrófono de una cámara y comprimida dos veces. Si la grabación es musicalmente importante, deposita además un FLAC, que la mayoría de estos archivos aceptan y que no cede nada.
El control ofrece tres niveles con el intermedio puesto por defecto, y esta página no dice a cuántos kilobits por segundo corresponde cada uno. La omisión es intencionada: nuestro código no los traduce a números, se los entrega a la biblioteca de multimedia, que resuelve la cifra según el códec.
En un depósito eso importa más que en otros sitios, porque las fichas técnicas piden datos concretos y quien los rellena copia lo primero que encuentra. Si el formulario pregunta por la tasa de bits, convierte el archivo, ábrelo con un analizador y anota lo que realmente salió. Es el único número que puedes defender si alguien lo revisa.
Hacia este destino se escriben todas las pistas de audio que el navegador pueda descodificar, no solo la primera, así que una grabación con un micrófono de corbata en una pista y el micrófono de cámara en otra conserva las dos. Es una diferencia real respecto a los destinos MP3, WAV, FLAC y AAC de este mismo sitio, que se quedan con una sola.
La excepción hay que decirla porque ocurre en silencio: una pista en AC-3, E-AC-3, DTS o TrueHD se descarta sin aviso. Son formatos habituales en material que pasó por una mesa de mezclas o por un flujo de distribución, no tanto en una cámara. Y como no todos los reproductores ofrecen un menú de pistas para un Ogg con varias, abre el primer archivo convertido en el programa que vaya a usar la colección antes de dar el trabajo por hecho.
La pista de vídeo se descarta, que es la intención. Con ella se queda fuera todo lo demás que llevaba el contenedor QuickTime: la pista de código de tiempo que escribe una cámara profesional, la localización que anota un teléfono, cualquier subtítulo incrustado.
Esa última merece un momento antes de depositar. Si la grabación es habla y el archivo quiere que sea accesible, una transcripción o un archivo de subtítulos es un depósito aparte y bastante más valioso que el audio solo. No se puede extraer de este archivo y tampoco se ha perdido: sencillamente nunca estuvo dentro del MOV.
Un Ogg puede llevar comentarios de estilo Vorbis: una lista de claves con valores de texto donde caben perfectamente un título, un autor, una fecha y una licencia. Lo que esta página no te va a prometer es que esos campos aparezcan solos después de convertir, porque no lo hemos medido y no vamos a afirmarlo por si acaso.
La consecuencia práctica es simple y conviene asumirla: da por hecho que el archivo llega mudo y escríbele las etiquetas tú, con un etiquetador, antes de subirlo. El formulario de depósito recoge esos datos y es donde se van a indexar, pero los archivos sobreviven a las páginas que los describen, y una grabación que dice dentro de sí misma quién habla y cuándo se hizo es la que sigue siendo útil dentro de veinte años.
Conviene separar dos cosas que la gente mezcla. Que un formato sea libre de regalías es una propiedad del formato y es lo que la política del archivo te está exigiendo. Que tu grabación esté bajo una licencia concreta es una decisión tuya y se declara en el formulario de depósito.
Ninguna de las dos se resuelve con la otra. Convertir a Ogg no licencia nada, y elegir una licencia abierta no arregla que el archivo esté en un formato que la colección no acepta. Si lo que vas a depositar tiene voces de otras personas, la conversación sobre permisos ocurre antes de todo esto y no la sustituye ningún formato.
Los archivos distinguen entre la copia que se conserva y la copia que se sirve, y este Ogg es lo segundo. Es una recodificación con pérdida: sirve para escuchar, para citar y para enlazar, y no sirve como el ejemplar del que se generarán todos los demás dentro de quince años.
Así que decide qué papel le estás dando antes de subirlo. Si la colección acepta el original —o una versión sin pérdida—, deposita eso como ejemplar de conservación y el Ogg como copia de consulta, y dilo en el formulario si hay dónde. Si la colección solo acepta formatos libres y tu original no lo es, la conversación honesta es que el ejemplar de conservación se queda contigo, y eso conviene que lo sepan tanto el archivo como tú.
El límite recae sobre el vídeo que entregas, no sobre el audio que sale. El material de cámara es enorme, así que una grabación larga no va a pasar aunque el Ogg resultante sea minúsculo. Es la asimetría más frustrante de esta página y no hay forma de esquivarla, porque el archivo entero tiene que caber en la memoria de la pestaña antes de descodificar nada.
La vía para un depósito largo es exportar el audio desde el programa que ya tiene el material y convertir eso, o recortar el vídeo antes. Y vale la pena decirlo: muchos archivos preferirían tener también la imagen, en WebM. Si esa opción existe, deposita las dos cosas y deja que el Ogg sea la copia ligera para escuchar.
La conversión ocurre en esta pestaña, en tu máquina, con los códecs que ya tiene. Nada que lleve la grabación se envía a ningún sitio, y eso se comprueba en la pestaña de red de las herramientas de desarrollo mientras conviertes.
Para un depósito esa es la secuencia correcta de acontecimientos. El archivo va a ser público, a propósito, en un momento que eliges y bajo una licencia que eliges, y no hay ninguna razón para que antes haya estado en un servidor ajeno, bajo las condiciones de nadie en particular, de camino hacia allí.
| MOV | OGG | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Película QuickTime | Ogg Audio |
| Extensión de archivo | .mov, .qt | .ogg, .oga |
| Tipo de medio | video/quicktime | audio/ogg |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 1991 | 2000 |
| Publicado por | Apple | Xiph.Org |
| Especificación | QuickTime File Format | RFC 3533 |
| Licencia | Publicado, no estandarizado | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Algunos navegadores | Navegadores actuales |
| Considerado en su lugar | MP4, MKV | MP3, AAC, OPUS |
OGG se abre en los navegadores actuales, pero no en los antiguos. MOV llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
OGG es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente Vorbis, Opus y FLAC—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
Los programas de siempre no coinciden: MOV se abre en Final Cut Pro, QuickTime Player y Adobe Premiere Pro, y OGG en Audacity, VLC y foobar2000, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
Los dos apuntan a trabajos distintos: MOV a la edición y la difusión y OGG a la web y entregar un archivo terminado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
MOV es el formato de Apple, publicado en 1991. Está recogido en QuickTime File Format, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
OGG viene de Xiph.Org y es de 2000, recogido en RFC 3533. Audacity, VLC y foobar2000 lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
OGG comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. Se conservan todas las pistas de sonido que el navegador sabe decodificar, así que una película con segundo idioma o con comentarios mantiene ambas. Una pista en AC-3, E-AC-3, DTS o TrueHD se descarta sin avisar.
OGG es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente Vorbis, Opus y FLAC—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.