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Aquí puedes convertir DOCM a PDF gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se convierte allí y se borra en cuanto termina el trabajo.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
DOCM a PDF
Un .docm es un .docx con una diferencia declarada: puede contener macros en VBA. Word lo trata con desconfianza por ese motivo y muchos filtros de correo también, así que el archivo que funcionaba perfectamente en el equipo de quien lo escribió es el que llega bloqueado, con un aviso amarillo encima o directamente rechazado por el buzón del destinatario.
El PDF resuelve ese problema por eliminación: no es un formato que ejecute nada, así que nadie tiene que decidir si confía en él. Por eso la mayoría de las conversiones de esta página no buscan un documento más bonito, sino un documento que llegue.
La conversión abre el documento con LibreOffice y le pide una impresión a PDF. El código VBA no se ejecuta ni se traslada: el PDF resultante es papel electrónico y no tiene dónde guardar una rutina. Si el .docm era una plantilla de presupuestos que se rellenaba sola, el PDF es la foto de un presupuesto ya rellenado, no la herramienta que lo rellenaba.
Conviene tenerlo claro antes de convertir y no después. Si el archivo es tu herramienta de trabajo, guarda el .docm original y usa el PDF solo para enviar. Si el archivo lo has recibido y lo único que quieres es leerlo sin habilitar contenido, entonces el PDF es exactamente la respuesta y la pérdida no es una pérdida.
Casi todo lo que hace este sitio ocurre dentro de tu navegador. Esta conversión no. Renderizar un documento de Word con su maquetación intacta requiere LibreOffice, que es un programa de escritorio de cientos de megabytes y no algo que se pueda descargar a una pestaña, así que el archivo se envía a api.quinvert.com y se convierte allí.
Decirlo así, sin rodeos, es parte del trato. Un sitio que promete que nada se sube y luego sube treinta y seis tipos de documento está mintiendo en la línea que más importa. Si el contenido del .docm es confidencial hasta el punto de que una subida es inaceptable, la respuesta honesta es que uses LibreOffice o Word en tu propio equipo, no que uses esta página.
Se crea un directorio temporal nuevo por trabajo y el documento se guarda dentro con el nombre input.docm. Tu nombre de archivo no llega a tocar el disco: si el documento se llama «despido_procedente_borrador.docm», ese texto no existe en ningún punto del servidor. El directorio entero se borra en un bloque que se ejecuta también cuando la conversión falla, no solo cuando sale bien.
El contenedor donde corre LibreOffice no tiene salida a internet, el PDF se devuelve con Cache-Control: no-store y en el despliegue no hay ni base de datos ni almacén de objetos donde pudiera quedarse nada: las únicas conexiones son el propio contenedor y el contador de cuota.
El contenedor instala Liberation, Liberation 2, Carlito, Caladea, DejaVu Core, Noto Core y Noto CJK. Carlito es el clon métrico de Calibri y Caladea el de Cambria, lo que significa que cada carácter ocupa exactamente el mismo ancho que en la fuente original. Por eso un documento en Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri o Cambria sale con los saltos de línea y de página donde estaban.
Fuera de esa lista, y salvo que la fuente vaya incrustada en el propio documento, la sustitución es silenciosa y el texto refluye. Un informe corporativo maquetado con una tipografía de marca comprada aparte cambiará de aspecto y puede ganar o perder una página. Revisa el resultado antes de enviarlo si la paginación importa, que en un documento con índice importa siempre.
El límite de esta conversión son 25 MB por archivo, no los 100 MB que rigen para lo que se convierte dentro del navegador. La diferencia no es caprichosa: una subida cuesta ancho de banda y tiempo de contenedor, y una conversión local no nos cuesta nada.
Hay un detalle incómodo que merece estar escrito: la zona de arrastre aplica el límite del navegador a cualquier archivo, sin mirar si el par es local o remoto. Un .docm de 60 MB se acepta en la interfaz y lo rechaza después la API con un error 413. Si eso ocurre, el archivo no tiene nada malo; es demasiado grande para este camino y hay que adelgazarlo, normalmente comprimiendo las imágenes que lleva dentro.
Cada visitante puede hacer cien conversiones en servidor al día. La ventana es el día UTC, no las últimas veinticuatro horas, así que el contador vuelve a cero a medianoche en tiempo universal: la una de la madrugada en el horario peninsular de invierno y las dos en verano. Hay además un tope de ráfaga de cinco peticiones por minuto.
Ese contador guarda un único registro con la fecha y el número de usos. No hay dirección IP en claro, ni nombre de archivo, ni agente de usuario: la clave es un hash con sal que rota cada día, y el registro se borra solo aproximadamente veinticuatro horas después del último uso. Las conversiones que ocurren en el navegador no cuentan para nada, porque no nos cuestan nada.
Además de las macros, no se trasladan los comentarios ni el historial de revisiones. Un documento que ha pasado por tres personas con el control de cambios activado sale como texto limpio en su estado actual, sin las marcas laterales ni las inserciones tachadas.
Vale la pena leer eso dos veces según de qué lado estés. Si querías enviar el documento sin que se viera quién había propuesto qué, es exactamente lo que necesitabas. Si querías conservar la discusión, el PDF no es el sitio y el .docm original tiene que sobrevivir en algún lado.
Ningún par de este sitio escribe un .docm. El formato está marcado como no escribible en el registro, así que ninguna regla puede generar uno ni por accidente. La razón es sencilla: un PDF no tiene estructura que recuperar, y reconstruir encabezados, tablas y columnas a partir de posiciones en una página es adivinar.
Tampoco hay un camino de PDF a Word aquí, y el motivo está anotado en el registro: la biblioteca evidente para hacerlo depende de PyMuPDF, que es AGPL y queda fuera por la política de licencias. Un resultado a medias que parece correcto y espacia mal es peor que no ofrecer el par.
Cada programa que se lanza en el servidor tiene un tiempo máximo de sesenta segundos, y si lo agota se le mata y la petición vuelve como un error 504 en lugar de quedarse colgada. Es un reloj por proceso y no por petición: en las conversiones que encadenan varios pasos, la suma puede superar el minuto sin que nada esté fallando.
Para un documento de Word esa distinción rara vez importa, porque LibreOffice hace el trabajo en una sola pasada y un archivo de veinte o treinta páginas se convierte en unos pocos segundos. Donde sí se nota es en documentos con muchísimas imágenes de alta resolución incrustadas, que es también el caso en el que probablemente estés cerca del límite de tamaño.
No hay registro, no hay inicio de sesión, no hay versión de pago que desbloquee nada y el PDF no sale con ningún distintivo impreso encima. Los límites son los que están escritos en esta página y no hay otros escondidos: el tamaño por archivo, las cien conversiones diarias en servidor y el máximo de cien archivos por tanda.
Eso también significa que no hay ninguna cola de prioridad ni ningún camino más rápido que comprar. Si una conversión falla, falla por el archivo o por el tamaño, y el mensaje lo dirá; no es una invitación encubierta a pagar por algo.
Un archivo de Office guarda autor, organización, fecha de creación, última modificación y —la que sorprende a todo el mundo— el tiempo total de edición, un contador de minutos acumulado durante toda la vida del documento. Convertir a PDF no es la herramienta para limpiar eso, porque lo que hace es producir un archivo distinto.
Para eso hay una herramienta aparte en este sitio que trabaja sobre el propio .docm: sustituye las partes docProps por partes vacías con la forma correcta en lugar de borrarlas, de modo que el archivo sigue siendo válido, y elimina la miniatura incrustada junto con su relación. También funciona sobre PDF, si lo que quieres limpiar es el resultado y no el origen.
| DOCM | ||
|---|---|---|
| Nombre completo | Documento de Word con macros | Portable Document Format |
| Extensión de archivo | .docm | |
| Tipo de medio | application/vnd.ms-word.document.macroEnabled.12 | application/pdf |
| Compresión | — | Ambas, según el ajuste |
| Publicado por primera vez | 2007 | 1993 |
| Publicado por | Microsoft | Adobe |
| Especificación | ECMA-376 | ISO 32000-2 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Color que puede describir | — | RGB, CMYK, escala de grises |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | DOCX | DOCX, HTML |
El documento pasa a ser una página fija: PDF guarda cómo se ve, no cómo se hizo.
DOCM puede llevar macros y PDF no. El código se descarta en lugar de convertirse — y eso suele ser lo que se busca, porque un archivo con macros es justo el que rechaza una pasarela de correo o una política de empresa.
DOCM y PDF admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
PDF se abre en cualquier navegador actual. DOCM llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
Los programas de siempre no coinciden: DOCM se abre en Microsoft Word, y PDF en Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
Los dos apuntan a trabajos distintos: DOCM a la edición y PDF a entregar un archivo terminado, la impresión y el archivado. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
DOCM es el formato de Microsoft, publicado en 2007. Está recogido en ECMA-376, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
PDF viene de Adobe y es de 1993, recogido en ISO 32000-2. Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos. El trabajo lo hace LibreOffice, la suíte ofimática completa, sin interfaz.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso. El límite existe porque LibreOffice necesita una máquina nuestra para funcionar.
DOCM y PDF describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. La maquetación se reproduce con tipografías de reemplazo de métricas equivalentes. Las macros, los comentarios y el control de cambios no viajan.
El documento pasa a ser una página fija: PDF guarda cómo se ve, no cómo se hizo.
DOCM puede llevar macros y PDF no. El código se descarta en lugar de convertirse — y eso suele ser lo que se busca, porque un archivo con macros es justo el que rechaza una pasarela de correo o una política de empresa.
Lo que esta página afirma sobre DOCM y PDF se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.