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Aquí puedes convertir FLAC a M4A gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
FLAC a M4A
Apple se decidió pronto por su propio par de formatos: AAC para el audio comprimido y ALAC para el sin pérdida, los dos envueltos en el contenedor MPEG-4 que lleva la extensión .m4a. FLAC llegó de otro mundo —Xiph.Org, especificación abierta— y Apple nunca lo añadió al lado de la biblioteca. Hay aplicaciones que reproducen un FLAC sin quejarse en un Mac o en un iPhone; añadirlo a la biblioteca es donde se acaba el camino.
Por eso existe esta conversión y por eso es tan frecuente. No es una decisión de calidad, ni de espacio, ni una preferencia. Alguien reunió una colección en el formato por el que se decidió el resto de internet y después compró un teléfono que quería el otro.
Quien convierte desde FLAC es, por definición, alguien a quien le importó lo bastante como para elegir un formato sin pérdida. Merece decirse sin rodeos: el M4A que sale de aquí lleva AAC, que es con pérdida, y no ALAC, que sería el equivalente exacto dentro del mundo de Apple. La extensión es la misma en los dos casos, y así es exactamente como empieza la confusión.
Es un resultado defendible mientras sea una decisión y no una sorpresa. La colección sigue siendo sin pérdida porque los FLAC se quedan donde están; los M4A son un conjunto derivado para un aparato con almacenamiento finito y unos auriculares puestos. Lo que no hay que hacer es convertir a M4A, borrar los FLAC y creer que se sigue teniendo una biblioteca sin pérdida.
El control ofrece tres bandas —baja, media y alta— y la media es la que viene puesta. Lo que no vas a encontrar en esta página es «128 kbps» ni ninguna otra cifra, y la ausencia es deliberada: el valor concreto lo resuelve la biblioteca de codificación en función del códec, no lo fija nuestro código, así que publicar un número sería atribuirnos una garantía que no damos.
Eso no deja al lector sin criterio, solo sin una cifra falsa. La banda alta merece la pena en grabaciones en directo, en música orquestal o coral y en cualquier cosa con platos sostenidos o reverberación larga, que es donde un codificador con pérdida enseña las costuras. Para el resto de una discoteca escuchada en el móvil o en el coche, la banda media es la elección normal. Si dudas, convierte un disco con cada una y escúchalos con los auriculares que vas a usar de verdad.
Aquí toca ser preciso en lugar de tranquilizador. La conversión no le da ninguna instrucción sobre etiquetas a la biblioteca que escribe el contenedor, así que lo que ocurra con el título, el artista, el número de pista, el año y la imagen de portada es el comportamiento por defecto de esa biblioteca y no algo que nosotros afirmemos. No te vamos a decir que se conserva todo, porque no está en nuestro código decidirlo.
La consecuencia práctica es la misma recomendación que haría cualquiera con experiencia etiquetando: convierte un disco, añádelo a la biblioteca y míralo antes de lanzar doscientos. Los campos donde se ve antes si algo falta son los que no son título y artista —compositor, número de disco, campos de ordenación, agrupación—, y son justamente los que sostienen una colección de clásica. Corregir un lote entero con un editor de etiquetas después es rutina; darse cuenta tras doscientos discos, no.
Un FLAC contiene todas las muestras del original, así que el AAC hecho a partir de él es una codificación de primera generación trabajando con la información completa. Eso es materialmente mejor que convertir desde MP3 de los mismos discos, donde el segundo codificador tiene que apañárselas con un daño que no puede identificar y que a menudo acaba subrayando.
También significa que el conjunto derivado es desechable a voluntad. Otra banda de calidad, otro formato, otro aparato dentro de tres años: todo eso sale de la biblioteca FLAC y no de los M4A. Que lo derivado sea prescindible es lo que permite que cualquier otra decisión de esta página tenga poco riesgo.
Los dos funcionan, y M4A es la mejor respuesta para un destino exclusivamente Apple: AAC es el formato de la casa y el contenedor es el que la biblioteca entiende de forma nativa. Si todo lo que tienes es de Apple, no hay ningún argumento a favor de MP3.
MP3 gana en cuanto aparece cualquier otra cosa. Un equipo de coche de 2012, un reproductor portátil barato, un pendrive que va a un coche de alquiler, un disco que le pasas a alguien: MP3 es el formato que nunca hay que probar antes. Convertir una colección dos veces es tiempo tirado, así que decide para qué son los archivos antes de empezar y no a mitad de camino.
El audio se codifica dentro de la pestaña del navegador. En los navegadores que traen un codificador de AAC se usa el de la máquina; en los que no, se descarga un codificador compilado a WebAssembly. Esa es la diferencia importante con el vídeo de este sitio: en audio siempre hay una alternativa disponible, así que aquí no existe el caso de «tu navegador no puede».
Tampoco existe un servidor detrás. Ninguna de las dos rutas envía la música a ninguna parte, no hay cuenta que crear ni recuento diario que gastar, y la comprobación es de diez segundos: abre el panel de red del navegador mientras conviertes y mira que no sale ninguna petición con el archivo dentro.
El software de música suele llevar una opción para convertir a menor calidad las canciones al copiarlas al dispositivo, presentada como una forma de ahorrar espacio. Con esa opción activada, un AAC hecho con cuidado se descodifica y se vuelve a codificar de camino al teléfono, que es exactamente la acumulación que esta página se ha dedicado a evitar.
Merece mirarlo una vez, antes de la primera sincronización, porque el daño es silencioso y los archivos del dispositivo parecen correctos. Desactívala si ya has elegido aquí una banda sensata; déjala puesta solo si de verdad quieres una copia más pequeña en el aparato que en la biblioteca.
Se pueden soltar hasta 100 archivos de una vez. Cada uno se codifica por separado y el conjunto vuelve como un ZIP plano, sin carpetas, así que conviene trabajar disco a disco si te importa cómo quedan ordenados en la carpeta de descargas.
El tope por archivo son 100 MB, que en FLAC da para bastante más que una canción y se queda corto en algunas grabaciones largas de una sola pista: un movimiento sinfónico extenso o una mezcla continua de una hora pueden pasar de ahí. Cuando eso ocurre, la pista no es un caso perdido, simplemente hay que codificarla con una herramienta de escritorio en vez de aquí.
El motivo real de esta conversión suele ser que la colección no cabe en el teléfono, y la respuesta honesta es que va a caber mucho mejor: FLAC comprime sin descartar nada y AAC descarta, así que la diferencia es de varias veces y no de un porcentaje. Lo que no vas a leer aquí es la fracción exacta, porque depende del ritmo de bits que elija el codificador y ése no lo fijamos nosotros.
Hay una forma de saberlo que además es la única que vale para tu música: convierte un disco representativo de tu colección con la banda que pienses usar y compara el tamaño de la carpeta con el del original. Cinco minutos de prueba dan una cifra que sirve para tu biblioteca, en lugar de una media que no describe a nadie.
La biblioteca en FLAC es el archivo del que salen todas las demás. Mientras exista, cualquier decisión de esta página se puede deshacer volviendo a convertir; en cuanto deje de existir, la colección que tengas es la que hay, con la banda de calidad que elegiste una tarde y sin vuelta atrás.
Merece la pena tratarla como se trata un archivo: en un disco propio, con una copia en otro sitio, y con los M4A viviendo en el teléfono como lo que son, una entrega. Si algún día Apple, o el aparato que la sustituya, acepta otra cosa, el trabajo de convertir se vuelve a hacer en una tarde a partir del FLAC. A partir del M4A no se recupera nada.
| FLAC | M4A | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Free Lossless Audio Codec | MPEG-4 Audio |
| Extensión de archivo | .flac | .m4a |
| Tipo de medio | audio/flac | audio/mp4 |
| Compresión | Sin pérdida — no se descarta nada | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 2001 | 2004 |
| Publicado por | Xiph.Org | Apple |
| Especificación | RFC 9639 | — |
| Licencia | Estándar abierto | Publicado, no estandarizado |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Profundidad de bits | 32 | — |
| Canales de audio | hasta 8 | hasta 48 |
| Se abre en el navegador | Todos los navegadores | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | WAV, AIFF, MP3 | MP3 |
las propiedades del documento pueden pasar: FLAC y M4A tienen dónde guardarlo.
M4A es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente AAC y ALAC—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
VLC lee tanto FLAC como M4A, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
Los dos apuntan a trabajos distintos: FLAC a el archivado y M4A a entregar un archivo terminado y los teléfonos. Conviene sopesarlo antes, porque la razón de ser de uno suele ser la razón por la que el otro resulta incómodo.
FLAC es el formato de Xiph.Org, publicado en 2001. Registra 32 bits por canal.
M4A viene de Apple y es de 2004. iTunes, VLC y FFmpeg lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
M4A comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad.
M4A es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente AAC y ALAC—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
las propiedades del documento pueden pasar: FLAC y M4A tienen dónde guardarlo.