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Aquí puedes convertir MKV a OGG gratis y sin cuenta: suelta el archivo arriba y en un par de segundos tienes el resultado listo para descargar. La conversión ocurre en tu propio navegador, así que el archivo no se sube nunca. Funciona igual en Windows, macOS y Linux que en iPhone y Android, y sigue funcionando aunque cortes la conexión.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
MKV a OGG
Los sistemas de grabación de aulas y de salas escriben Matroska más que ninguna otra cosa. Los equipos de captura que registran a la vez la cámara y la señal de las diapositivas necesitan meter dos flujos de vídeo y varios micrófonos en un archivo sin discutir con el contenedor, y OBS graba en MKV por defecto porque un MKV sobrevive a un corte de corriente donde un MP4 interrumpido queda inservible.
Eso es excelente para grabar e incómodo para publicar. Los sistemas donde acaban estas grabaciones —repositorios institucionales, campus virtuales, wikis, plataformas de vídeo federadas— tienen listas de formatos admitidos escritas alrededor de lo que es libre de implementar, y Matroska queda a un lado de esa línea mientras que Ogg queda de lleno en el otro.
Ogg es un contenedor y no un códec, y de esa confusión sale casi todo el problema de este par. Ha transportado Vorbis desde el año 2000, FLAC desde poco después y Opus desde 2012. Un archivo con extensión .ogg no te dice, por tanto, casi nada sobre lo que va a necesitar el descodificador del otro lado.
Lo que esta conversión escribe es Opus. Es la elección correcta con diferencia —mejor sonido por byte que Vorbis y diseñado expresamente pensando también en la voz, que es de lo que está hecha una clase—, y a la vez es lo que sorprenderá a quien redactó un requisito hace una década. Durante la mayor parte de la vida de Ogg, «Ogg» quería decir Vorbis, y hay software que lo sigue dando por supuesto.
La lista de formatos admitidos de un repositorio suele ser más antigua que el software que lo sirve, y falla en las dos direcciones: una página que dice «Ogg Vorbis» está a menudo respaldada por un reproductor que lee Opus perfectamente, y una que dice «Ogg» a secas está a veces respaldada por uno que no. Leyendo no se resuelve ninguno de los dos casos.
Así que convierte una grabación corta, súbela y reprodúcela con el reproductor del propio destino y no con el tuyo. Diez minutos al empezar el curso son la diferencia entre un archivo que funciona y ochenta archivos que hay que rehacer. Si resulta que Opus no vale, lo que necesitas es Vorbis, y eso tiene que salir de una herramienta de escritorio: aquí no se escribe.
MP3, AAC, WAV y FLAC guardan exactamente una banda sonora, así que convertir un MKV de varias pistas a cualquiera de ellos tira el resto. El contenedor Ogg no tiene ese tope, y esta conversión escribe en el archivo todas las pistas de audio que el navegador sepa descodificar en lugar de elegir una.
Tómalo como almacenamiento y no como una función en la que apoyarse. Que un reproductor concreto te ofrezca el segundo flujo es una pregunta sobre ese reproductor, y merece la pena comprobarlo antes de que importe. Una captura con micrófono de atril y micrófono de sala va a contener los dos de todas formas; si poder alternar entre ellos es el objetivo, el destino M4A es el pensado para eso.
Una captura de OBS o una descarga combinada llevan Opus con frecuencia, lo que invita a suponer que el flujo se copia tal cual. No se copia: cada pista se descodifica de vuelta a muestras y se comprime otra vez, así que de Opus a Opus se paga una segunda generación.
En voz grabada en un aula eso es sencillamente inaudible, y para el volumen de material que produce un archivo docente la comodidad vale más que la diferencia. Donde no lo es —un concierto grabado, un seminario con interpretación musical dentro— una herramienta de escritorio mueve el flujo Opus existente a un contenedor Ogg en segundos sin cambiar absolutamente nada.
El tamaño que importa no es el del MKV. Hacia un destino de solo audio, la pista de vídeo se descarta explícitamente en lugar de procesarse, y en una grabación de clase la imagen es casi todo el archivo: una cámara fija apuntando a una persona durante noventa minutos comprime mal y ocupa una barbaridad.
Lo que queda es un archivo de audio cuyo tamaño depende de la banda de calidad y de la duración, y de nada más. Por eso una captura de varios gigabytes da un archivo de decenas de megabytes sin que haya ningún truco de compresión detrás: simplemente se ha tirado la parte cara.
Se ofrecen tres bandas de calidad con la media por defecto. No verás un número de kilobits por segundo en esta página: nuestro código no traduce las bandas a cifras, se las entrega a la biblioteca de codificación, que resuelve el valor según el códec. Poner un número concreto como si fuera nuestro sería inventarlo.
La regla práctica es la que se puede comprobar de oído. Para una sola persona hablando en una sala, la banda baja es defendible y deja el archivo notablemente más pequeño. Para una mesa redonda, un debate o cualquier situación en la que varias personas se pisan, la banda media se gana su tamaño. Convierte los diez primeros minutos de una grabación con dos bandas distintas y decide escuchando.
Si un archivo se detiene con un mensaje que dice que no se pudo convertir nada de lo que había dentro, es que el navegador no supo descodificar la banda sonora y, descartada ya la imagen, no quedaba nada que escribir. Los códecs implicados son AC-3, E-AC-3, DTS y Dolby TrueHD.
Una grabación docente no se topa prácticamente nunca con esto, porque el software de captura escribe AAC u Opus. El que falla es el Matroska que viene de un disco, cosa que conviene saber si el fondo que estás publicando incluye material antiguo digitalizado a partir de un DVD. Esos hay que pasarlos una vez por una herramienta de escritorio antes de que aquí se puedan leer.
Xiph propone .oga para audio dentro de un contenedor Ogg y .opus para Opus en concreto, y el resto del mundo siguió usando .ogg para todo. Si el formulario de subida pide .ogg, usa .ogg: renombrar un archivo no cambia nada de lo que hay dentro y aquí nada depende del nombre.
Lo que sí conviene es dejarlo escrito en la ficha del depósito. Un repositorio que conserva material durante años agradece que en algún campo ponga que ese .ogg contiene Opus, porque dentro de diez años la persona que se pregunte por qué su reproductor no lo abre va a encontrar la respuesta en un segundo en lugar de en una tarde.
Conviene decirlo aunque juegue en contra de esta página: una clase grabada no es únicamente sonido. Si en la sesión se escribió en la pizarra, se señaló una diapositiva o se resolvió un problema paso a paso, el archivo de audio pierde justo la parte que sostiene lo que se está diciendo, y el resultado son noventa minutos de referencias a algo que no se ve.
La solución habitual no es renunciar al audio, sino depositar las dos cosas: el archivo sonoro para quien escucha en el transporte y las diapositivas o el guion junto a él en el mismo registro. Una transcripción escrita, además, es lo que convierte ese depósito en accesible y en localizable por búsqueda, que es la mitad del sentido de un repositorio.
Se admiten hasta cien archivos por tanda y se devuelven juntos en un ZIP plano, sin reproducir las carpetas de origen. Para un curso entero eso ahorra la parte más tediosa del trabajo, que es repetir la misma operación sesión a sesión.
Los nombres son lo único que hay que vigilar. Dos sesiones grabadas con el nombre por defecto del equipo de captura llegan con el mismo nombre, y aunque el segundo se numera en lugar de sobrescribirse, un depósito con archivos numerados sin criterio es un problema que aparece meses después. Renombra con la fecha y el nombre de la asignatura antes de convertir, y la conversión conserva ese nombre con la extensión nueva.
La conversión ocurre dentro de la pestaña, en tu procesador, sin cuenta y sin que nada llegue a un servidor. En material docente eso pesa más que en casi cualquier otro tipo de archivo: una grabación de clase contiene voces de estudiantes, preguntas y a veces nombres propios dichos en voz alta.
Subir eso a un conversor web para obtener un archivo de audio es una cesión de datos que alguien tendría que haber valorado y firmado. Aquí no hay nada que valorar, y se puede comprobar en la pestaña de red mientras se convierte. El tope gratuito es de 100 MB por archivo, y como lo caro es la imagen, conviene recortar la grabación antes si la captura completa se pasa.
| MKV | OGG | |
|---|---|---|
| Nombre completo | Vídeo Matroska | Ogg Audio |
| Extensión de archivo | .mkv | .ogg, .oga |
| Tipo de medio | video/x-matroska | audio/ogg |
| Compresión | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad | Con pérdida — el tamaño se paga con calidad |
| Publicado por primera vez | 2002 | 2000 |
| Publicado por | — | Xiph.Org |
| Especificación | Matroska | RFC 3533 |
| Licencia | Estándar abierto | Estándar abierto |
| Situación actual | Vigente | Vigente |
| Se abre en el navegador | Algunos navegadores | Navegadores actuales |
| Considerado en su lugar | MP4, WebM | MP3, AAC, OPUS |
OGG se abre en los navegadores actuales, pero no en los antiguos. MKV llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
OGG es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente Vorbis, Opus y FLAC—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.
VLC lee tanto MKV como OGG, así que puedes comparar el resultado con el original sin un segundo programa.
MKV se publicó en 2002. Está recogido en Matroska, y conviene conocerlo si el archivo tiene que sobrevivir a la herramienta que lo escribió.
OGG viene de Xiph.Org y es de 2000, recogido en RFC 3533. Audacity, VLC y foobar2000 lo leen.
No. Esta conversión ocurre por completo en tu navegador, así que el archivo no sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo tú: abre la pestaña de red de las herramientas de desarrollo y convierte algo. Verás la propia página y las peticiones de estadística y publicidad con las que se paga este servicio, y ni una sola que lleve tu archivo. El motor de este par concreto es mediabunny, una envoltura de WebCodecs, que aprovecha los descodificadores de tu propio aparato; tu navegador lo descarga una vez y lo guarda.
Sí. Sin cuenta, sin marca de agua y sin cupo diario que se gaste: se ejecuta en tu propio equipo, así que puedes volver tantas veces como quieras. El navegador procesa archivos de hasta 100 MB, 100 a la vez. mediabunny se descarga en tu equipo y se ejecuta allí, y por eso no hay contador.
OGG comprime, así que se pierden datos. Con el ajuste por defecto no se aprecia; si quieres asegurarte, sube la calidad. Se conservan todas las pistas de sonido que el navegador sabe decodificar, así que una película con segundo idioma o con comentarios mantiene ambas. Una pista en AC-3, E-AC-3, DTS o TrueHD se descarta sin avisar.
OGG es un contenedor, no un formato único. Lo que se reproduce es el códec de dentro —normalmente Vorbis, Opus y FLAC—, y por eso dos archivos con la misma extensión pueden comportarse distinto en el mismo aparato.